La emperatriz de los etéreos [Sakura]

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La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 22/01/15, 02:38 am



Cuenta la leyenda, que vive una bella dama en las inmediaciones de un castillo, más allá de la civilización, más allá de donde el hombre habitualmente es capaz de llegar. Se dice de boca en boca que esta señora es guardiana de grandes tesoros, no solo de riquezas y semejantes objetos de valor, sino también de secretos tales como la inmortalidad o el poder de la invencibilidad. Vestida de blanco y con una belleza abrumadora, la dama se concibe como un ser divino, más allá de lo humano. Con una sonrisa infranqueable poblando su rostro, un cabello níveo que deslumbra al mundo con su pureza y unos ojos azulados tan calmados y al tiempo variables como el agua marina. Se dice que esta mujer jamás ha sido humana, sino que es en realidad... la emperatriz de los etéreos Mas susodicha emperatriz, estaba encargada de proteger toda aquella tierra helada, la que rodeaba su castillo y permitía el acceso al mismo. Por esta razón, se decía, estaba prohibida la entrada a aquel lugar, y por lo tanto la búsqueda de la dama blanca o su castillo, para todo aquel que no quisiera encontrar una muerte cruel y horripilante.


O eso era lo que decían los habitantes de aquella fría aldea. Ciertamente, los páramos helados eran un lugar al que pocas personas podían hacer frente, era imposible incluso para los aventureros más audaces recorrerlos sin la ayuda de ningún tipo de magia.  Sin embargo, de ahí a creer que en las inmediaciones de ese lugar se encontraba tal dama como la que se describía... resultaba algo un poco difícil de creer, al menos a primera vista.

Disculpadme la disensión, supongo que con lo poco que he dicho ya os he confundido. Primero de todo, ubiquémonos. Las tierras del norte de Fiore son por regla cálidas, casi abrasadoras, pero a medida que se va bajando por el país uno puede sentir como este calor se va perdiendo hasta llegar al sur, compuesto por tierras heladas y azotadas por temporales críticos de viento y nieve. La aldea de "Frozen" se encuentra en la parte más baja del país, concretamente en el extremo suroeste del mismo, colindando con tierras heladas, desconocidas, que muchas veces se intentaron explorar, mas no pudo lograrse tal fin en una sola de aquellas ocasiones. Se las conoce como "los páramos helados".

Puede parecer banal el concepto de un lugar en el que el frío y el viento son enemigos principales, mas creedme cuando os digo que no lo era. Las ventiscas que en aquellas tierras se desarrollaban estaban más allá de lo jamás visto: no había ser humano alguno que hubiera logrado pasar toda una noche en ellas. Con magia o sin magia, aquel temporal tenía la capacidad de traspasar toda barrera, todo calor, y congelar el cuerpo humano en cuestión de unas pocas horas. O eso era lo que se decía. Aunque por experiencia puedo decir que, en un sinfín de ocasiones, este tipo de historia son llevadas a la exageración por aquellos que han encontrado alguna dificultad en alcanzar su ardid y han perecido en el intento. No digo que no fuera un lugar temible, solo dudaba que lo fuera tanto como lo aseguraban los habitantes del sur.

Con palabras de disuasión, intentando asustarme y hacerme retractarme en mi intentiva, los habitantes de Frozen buscaron por todos los medios hacerme cesar en mi ardid de atravesar aquellos páramos; pero yo rechacé todas y cada una de las opiniones y advertencias que ellos me ofrecían, no sin antes agradecer su preocupación y sus buenas intenciones. De cualquier modo, no era algo a lo que yo pudiera hacer caso, precisamente. Si me encontraba en aquel lugar, tan lejos de mi casa y de los lugares que solía habituar, no era con otra intención que la de cumplir con el cometido que me indicaba una misión. Al parecer, en la parte más profunda de los páramos helados crecía una planta medicinal exclusiva de aquel frívolo ambiente, la cual no podía sobrevivir fuera del mismo. Mi tarea era obtener un ejemplar de aquella planta y guardarla en el interior del recipiente aislante mágico que se me había entregado, el cual se encargaría de asimilar las condiciones del entorno y mantenerlas en su interior junto al contenido. Mi tarea como mago era esa y ninguna otra: cumplir con aquello que se me pedía. No sabía cuan importantes podían ser los efectos de aquellas plantas medicinales, o si solo eran un espécimen vegetal del que no se tenía información alguna... todo lo que sabía era que debía conseguir mi ejemplar y entregarlo a mi contratante en la brevedad de lo posible.

Así fue como llegué a confrontar la poderosa ventisca que se ofrecía frente a mi mirada: un mundo blanco dominado por el viento y la nieve siendo agitada con violencia a un lado y a otro. Mi cuerpo estaba ataviado con ropas ligeras, pero sobre las cuales se habían conjurado hechizos para poder mantener mi temperatura corporal y protegerme del frío todo lo posible... sin embargo, este ya empezaba a calarme y hacerme sufrir algún que otro inoportuno escalofrío. Me preguntaba si de verdad podría superar el objetivo que me había puesto en mente. Como mínimo... debía intentarlo, al menos.

Spoiler:
Disculpa que me haya salido el post tan largo, pero suelo extenderme bastante a la hora de introducir el tema. Dejo a tu decisión si quieres que Saku también tenga la intención de adentrarse en esos páramos helados, si quiere disuadir a Kasuka o como quieras introducirla al tema. Cualquier cosa, no dudes en preguntarme ^^

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 22/01/15, 05:04 pm

Un día anterior, unos aldeanos se acercaron a la chica cuando esta ayudaba a curar las heridas de un niño pequeño preguntándole a la misma sobre si por algún casual pertenecía a algún gremio pero la misma negó aquello con calma. ¿Un gremio?, ella no recordaba nada de aquello y dudaba de pertenecer en alguno.

Sakura les explicó que sabía sobre las plantas y el hacer antídotos con ellas si tenía lo necesario. La joven se adentró a una tienda donde compró unas cosas para comer en su camino pero al salir de esta, dos hombres se le acercó avisando de un problema, unas personas habían sido atacadas por algo que desconocían lo que era exactamente. Le pidieron el hacerlo contándole todo sobre su localización de aquel pueblo como de la leyenda de la dama de las nieves, como si trataran de ponerle a prueba sobre si sería capaz de ir o se asustaría de aquello.

Sakura a pesar de los peligros que podía correr, aceptó sin duda alguna pues no quería que vidas inocentes fueran arrebatadas sin que puedan hacer algo al respecto.

En este momento, Sakura caminaba por un camino de aquella inmensa nieve según le habían contado el día anterior, Kero se encontró dentro del bolso donde la castaña llevaba unas provisiones no solo de alimentos, si no parte de lo que necesitaba para aquel antídoto.

Sakura, ¿Estas segura de lo que haces?.. Ya oíste a aquellas personas, este lugar es peligroso solo para una chica- Mencionó Kerberos saliendo del bolso de la joven en su forma de oso de felpa, al menos mas de uno lo confundían de muñeco.

Lo se, pero no quiero estar de brazos cruzados cuando hay gente que necesita cuidados.. Recuerda que no estoy sola Kero, tu siempre estas conmigo -comentaba la joven de ojos esmeralda con una agradable sonrisa dibujada en su rostro pues aquellas palabras eran honestas. Desde que curó a Kerberos, este con el paso de los días y sin darse cuenta, le fue agradando la compañía de la chica. -Los amigos de verdad están para eso, ¿cierto?.. O eso es lo que llaman los humanos llevarse bien con otros -Mencionaba el pequeño amarillo.

Con forme iban avanzando, el frío se comenzó a notar pues Kerberos sin previo aviso, estornudó y se refugió en el abrigo de la joven sacando solo la cabeza- ¿Qué fue eso de una planta que solo crece en la nieve? ¿y como se supone que lo encontraremos?-Hizo una pausa para salir del abrigo de la joven y cambiar de apariencia a la de un león- No hay quien pueda con este frío invernal.. ¿por que unos humanos tienen que vivir en lugares como este?-reprochó frustrado el león mientras caminaba junto a la chica.

hum.. Algunas plantas suelen necesitar la luz del sol pero parece que hay otras solo pueden crecer con el ambiente frío.. lo de encontrarlas.. No me dieron la localización exacta pero si que la describieron un poco..-trató de recordar lo que le comunicaron- Es una planta alargada y fina -Trató de aclarar pues fue lo único que le habían dicho sobre aquella planta- Menudos humanos tan detallados..-Se sintió molesto el león por tener que ir a un lugar frío donde supuesta mente sus vidas correrían en peligro con forme iban avanzando solo para buscar unas hojas que ni siquiera saben como es exactamente.- Tranquilo Kero, ya veras como todo saldrá bien -la joven mencionaba con amabilidad como era costumbre en ella, posó una mano en la cabeza del acompañante- No me gusta este ambiente, es demasiado traicionero.. Habrá que buscar un refugio para aguardarse antes que llegue una tormenta de nieve-Advirtió un poco serio asta que este se detuvo- Sakura, parece que un poco mas adelante de nosotros hay una persona-mencionó comenzando nuevamente su camino seguido de la joven- ¿Crees que podría conocer aquel pueblo que mencionaron?-preguntó con curiosidad- No se, eso es preguntar, pero primero deberíamos de preguntar sobre la planta- Respondió Kerberos y este mismo se agachó frente a la joven para que la misma se subiera- Esta bien-menciona la joven de ojos esmeralda subiéndose en su lomo.

Kerberos de inmediato la cargó y comenzó a correr en dirección a aquella persona. Se encontraba alejada pero con la rapidez que corría Kerberos, aquella distancia se fue cortando mostrando que se trató de un joven- ¡Muchacho!- Trató de llamar su atención, aquella rapidez que su compañero iba, era como si entrara en calor o al menos eso solía pasar cuando hace frío y quieren entrar en calor.

El león se detuvo al llegar cerca del chico- Perdona, ¿sabes si por aquí cerca hay un pueblo?-preguntó la castaña.- ¿No tendríamos que preguntar por esa planta rara?-preguntó Kerberos de manera confusa- Puede que en el pueblo puedan ayudarnos con eso y sobre su localización exacta- Responde a su compañero, bajándose del mismo especialmente para no agotarle o le estaría exigiendo comida o incluso que este acabe comiéndose los ingredientes que llevaba consigo.

La pelicastaña esperó con paciencia observando con sus ojos esmeralda al chico pues esta prestaría atención para no perderse, sabía que Kerberos no se iba a quedar con las indicaciones, esto fue demostrado cuando le dieron una pequeña descripción de una planta que podría usarse de antídoto.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 23/01/15, 05:16 am

La descripción de los peligros dada por los aldeanos no parecía ser demasiado exagerada, tal y como había previsto en un principio. El frío era verdaderamente intenso, tanto que por alguna razón lograba superar las capas mágicas de protección térmica convocadas sobre la ropa, haciendo que sintiera como si ni siquiera la llevara conmigo. Sufrí un leve esalofrío. La temperatura de mi cuerpo estaba bajando considerablemente, si no hacía algo al respecto probablemente acabaría convirtiéndome en uno más de esos viajeros muertos por hipotermia en las inmediaciones de aquellos páramos. Inicialmente me llevé las manos y traté de bañarlas en mi aliento para calentarlas, sin éxito. Posteriormente pasé a frotarás entre sí para que la fricción despertara un foco de calor. Era doloroso, y el efecto también era inexistente. Chasqueé la lengua y después la pasé por mis labios para humedecerlos ligeramente.

-No me queda otra... -murmuré para mí mismo.

Una vez más, alcé las manos y las coloqué con las palmas dirigidas hacia mí. Poco a poco, los poros de todo mi cuerpo fueron abriéndose, y a través de ellos pequeñas esferas de luz surgieron, rodeando toda mi figura y bañándola en una intensa y cegadora iluminación -para quien la viera desde fuera. Sin embargo, una a una cada esfera lumínica se fue uniendo, creando finalmente una segunda piel sobre el resto de mi cuerpo, la cual solo tuvo que acoplarse a mi figura y empezar a trabajar como una segunda piel blanquecina, por encima de mi ropa. Empezaba el calor de toda esa luz acumulada filtrándose a través de las prendas y calentando lentamente mi cuerpo. Las gélidas temperaturas perdieron terreno en su ardid para convertirme en un muñeco helado, si seguía utilizando mi poder mágico probablemente no tendría problemas en seguir adelante al menos durante unas horas.

Reemprendiendo mi camino miraba a uno y otro lado, bañando mi mirada en ese infinito infierno blanco. La ventisca era tan intensa que impedía que pudiera ver correctamente más allá de cinco metros desde mi posición. No había color más que el blanco de la nieve y el gris claro del cielo, ni animales ni árboles o hierbas de ningún tipo habían salido a mi encuentro hasta ese momento. Seis horas de caminata a un ritmo considerable me habían llevado a adentrarme varios kilómetros en aquellos páramos helados, y aun no había encontrado ni señal de aquella planta que era mi objetivo. Tenía que hacer un balance del peligro de la situación para entender cuándo debía seguir buscando y cuándo debía empezar a preocuparme por encontrar un refugio en el que descansar y protegerme del frío. Sin embargo... en un lugar como ese no era fácil, en absoluto. Miraras donde miraras todo lo que veías era un terreno blanco, con algunas dunas de gran tamaño y otras parte en las que el suelo ni siquiera estaba cubierto por la nieve, sino que era una fina capa de hielo -bajo la que, presumiblemente- había agua a temperaturas muy bajas- que podría quebrarse ante el mínimo peso sobre ella. Definitivamente, la tarea de encontrar refugio no iba a ser precisamente sencilla.

Un galope. El sonido de algún animal galopando hizo que mi atención se desviara de mis pensamientos, y que en su lugar volteara mi cuerpo para mirar en la dirección de la que venía. En la lejanía, una figura de tamaño considerable parecía acercarse a mi posición a gran velocidad. Fruncí el entrecejo: no sabía si era un animal salvaje o algún tipo de viajero que también se había perdido en las inmediaciones de este lugar... solo esperaba que no me trajera ningún problema. A medida que se acercaba, pude vislumbrar una segunda figura sobre la del galopante animal. ¿Un jinete? En ese caso el animal no podía ser salvaje. Esto me relajó notoriamente. Había muy escasa posibilidades de que un humano buscara problemas en un lugar como este. Mentalmente, indiqué a las esferas lumínicas unidas a mi cuerpo que dejaran de estar en la superficie y se escondieran bajo las capas de ropa, de modo que siguieran proporcionándome calor pero no fueran sospechosas a la vista de nadie desde el exterior. Fuera amigo o enemigo quien me visitara, no quería despertar sospechas de ningún tipo. Después de esto, solo esperé a la llegada de los dos visitantes, sin perderles de vista ni por un solo segundo.

En cuanto llegaron a mi posición, y después de hacerme alguna pregunta, la joven jinete -parecía ser una muchacha de mi misma edad, aproximadamente- descendió de su montura y esgrimió sus preguntas acompañadas de un comentario por parte del que parecía ser su compañero. Quedé mirando detenidamente al animal. Un león -o eso me parecía que era- con capacidad para comunicarse... interesante. En cuanto a la joven, mostraba un aspecto dulce y calmado, acompañado de una bella mirada esmeralda y una figura delgada. No me gustaba ser maleducado, por lo que no dediqué mucho tiempo a observarles, sino que me permití responder tan pronto como lo creí oportuno:

-No sé si será el pueblo que buscáis, pero el pueblo del que yo salí esta mañana está a más de seis horas de camino en esta dirección.-el joven señaló hacia su costado derecho, extendiendo el brazo completamente- Aun con la velocidad a la que os acercabais a mí probablemente os llevará al menos cuatro horas. No recomendaría que os dirijáis hacia allí ahora, anochecerá antes de que lleguéis y dicen que las tormentas nocturnas en este lugar son muy peligrosas.-incliné la cabeza ligeramente; era mi consejo, mas aun con este ellos podían hacer lo que gustaran- Sin embargo, si lo que buscáis es la planta que crece en estos páramos... yo también estoy en búsqueda de ella, y ya recibí toda la información que pude al respecto, aunque tampoco es mucha. Al fin y al cabo, son muy pocos los que han llegado a verla en realidad, y menos aun los que saben de sus efectos.-alcé el gesto y clavé esta vez mis ambarinos ojos en la mirada escarlata de la joven, dibujando con mis labios una leve sonrisa para que al menos se sintiera cómoda- Si gustáis podemos buscarla juntos. No tenemos mucho tiempo para hacerlo, este lugar es más peligroso de lo que esperaba. Probablemente tengamos que centrarnos en buscar un refugio dentro de poco.-cerré los ojos un instante y volví a inclinar mi cabeza, tanto en dirección a la joven como al animal, presentándome cortésmente:- Mi nombre es Kasuka, por cierto. Kakugo Kasuka. Encantado de conoceros.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 23/01/15, 06:55 pm

Kerberos cuando se dirigía hacia aquel joven, su cuerpo parecía entrar en calor aunque solo fuera un momento pero lo suficiente como para que no terminase congelado entre la nieve.

cuando la joven hizo su pregunta, el león trató de corregir a la chica pero la misma escuchó con detalle las palabras de aquel muchacho causando al compañero de la joven quedarse un momento en shock reflexionando sobre aquello. ¿Seis horas en aquel insoportable invierno? Era demasiado para el gusto del león pues en aquel lugar no hacía sol, ¿Cómo se iba a recargar si se quedaba sin su energía?.

Si Kero no recibía la luz del sol, su magia no se ira recargando y con ello sus habilidades de fuego se reducirían mas esto era sabido para el animal que no quería usar su propia magia y entrar en calor con ella solo para poder usarlo cuando el peligro se les acerca o si los habitantes del pueblo tuvieran razón de que era peligroso, debía de estar alerta en cada paso que dieran.

Sakura por su parte pensó en aquellas personas dañadas, no sabían cuantos eran ni como se encontraban pero pudo imaginarse o hacerse a la idea de que sufrían de verdad y es por ello que sabía que si tardaban cuatro horas en llegar al pueblo mencionado por aquel chico, si deben de buscar aquella planta sin saber su localización, ¿Cuánto le acabaría llevando? ¿una noche?¿todo el día siguiente? sin mencionar los cambios de ambiente que puede retomar la ventisca o ser atacados por algo si aquellas personas decían la verdad o no.

Al saber el tiempo que le retomará su marcha, supo que si iba al pueblo y luego buscar la planta misteriosa, varias vidas humanas dejarían de existir pero si pensaba en ello, aquel chico parece estar buscándola también y si iban todos juntos, probablemente ambos conseguirían sus objetivos- Esta bien, nadie sabe lo que puedes encontrar por aquí y.. Todo ira bien si estamos todos juntos- Comentó con calidez la joven, no sabía exactamente los peligros que habitaban en aquel terreno pero podrían proteger sus espaldas si lo hacían en equipo.

La joven al parecer notaba al chico honesto y amable mas solo escuchó la presentación del chico y la misma no iba a ser menos ya que iban a ser compañeros en aquel viaje y no tendría que estar llamándolo todo el tiempo muchacho. La pelicastaña solo sostuvo un lado de su vestido estirando un poco de este con su mano derecha - Yo soy Sakura- Se presentó con una cálida sonrisa y soltó el extremo de su prenda, tenía costumbre el vestir normalmente con ellas aunque en aquella situación, tubo un abrigo pues sabia que debía de protegerse o se helaría pero era consciente de que nunca revelaba su apellido solo por un motivo, no lo recordaba.

Los humanos tienen una extraña forma de presentarse..-Comentó molesto el león tras ver como los jóvenes se presentaban- Tsk.. Mi nombre es Kerberos- Desvió su mirada molesto, era común en el pues siempre era así con los desconocidos sobre todo con los humanos pues nunca se relacionaba con ellos asta que la joven de ojos esmeralda con el tiempo fue rompiendo aquella distancia que se había creado para las personas a su alrededor aunque aquello no significaba que se encariñaría con todos los humanos pues era consciente de que cada humano puede ser buena persona o mala pero este no se dejaría engañar así de primeras e trataría de analizar el comportamiento de las personas solo por precaución.

Kero no debes de ser tan desconfiado.. Estamos los tres juntos en esto, ¿cierto?-Preguntó observando al nombrado logrando que con ello, el león los mirara- Supongo que no tengo elección..-hizo una pausa para ponerse a caminar por el camino donde Kasuka se dirigía.

Perdona a Kero, tiene la costumbre de no fiarse de las personas -Trató de explicar la joven caminando en un lado de kerberos casi al lado de la cola del animal pues este iba unos centímetros delante de ambos sin llegar a sobrepasarlos del todo. Kerberos cerró sus ojos mientras caminaba con tranquilidad notando olores extraños y los abrió nueva mente con calma-Mocoso, cuando encontremos un refugio, me encargaré de hacer la primera guardia...-Comentó el león observando a Kasuka- si dice de suceder cualquier cosa, os avisaré con un rugido - Avisó, Kerberos decidió por su cuenta tomar la primera guardia si debían de pasar la noche en algún lugar, había notado unos olores de unos animales por lo cual debía de estar en alerta aunque sabía que aun estos estaban alejados pero sus orejas escuchaban pasos haciendo que este se detuviera. - Mocoso, Sakura.. Tenemos compañía - Tras el aviso, Kerberos se colocó en un lado de la joven para estar en alerta de que no los atacarían en la espalda sin dejar de ver el camino frente de ellos justo por donde se dirigían, se encontró retirado un poco del alcance de vista del león como de la joven pero con forme se acercaban las pisadas, una sombra de un animal o persona se acercaban a los tres que se encontraban en aquel lugar.

Kerberos tiene como costumbre en no llamar a los demás por su nombre, no por no saber o no querer, mas bien es que no tiene confianza con aquellas personas que ve la primera vez por ello suele llamar a la gente "mocosos" o "humanos". Cuando este mismo termina por ver a las personas como uno de sus amigos o que pueda confiar, comenzará por llamarles por su nombre.

Ahora mismo lo que al león tenía en su mente ¿Que es exactamente eso que se le acercaban?¿deben de ser los sin fin de peligros que empiezan a llegar? ¿Qué obstáculos se vendrán a aquellos que tratan de adentrarse al lugar para buscar esa planta?.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 26/01/15, 03:20 am

En un mundo donde el blanco todo lo poblaba era cada vez más difícil el diferenciar entre las cuatro direcciones. ¿Norte, sur, este u oeste? No había brújula o instinto que valiera, pues la primera se veía enloquecida entre la acumulación de energía mágica que había en el ambiente -lo cual, por cierto, resultaba cuanto menos perturbador- y el segundo simplemente se volvía ineficaz ante la imposibilidad de una correcta visión en cualquiera de las direcciones. No era como si nos encontráramos rodeados por un banco de niebla, si no que el va y ven de la nieve hacía que todo nuestro entorno se convirtiera en un mundo distorsionado. Nos atacaba de forma física, intentando congelar nuestros miembros, y al tiempo nos quería dejar encerrados de ese día en adelante en el interior de aquel escalofriante infierno helado.

Caminar sin dirección no era una solución práctica, pero no nos quedaba otro remedio. Mi cabeza intentaba ubicarme, llevando a cabo las operaciones más complejas y rememorando cada uno de los pasos que hiciera una vez entré a este lugar, pero resultaba esfuerzo arduo y vano, sin resultados. Chasqueé la lengua y fruncí el entrecejo, molesto por la situación en la que mi arrogancia me había metido al hacer caso omiso a cualquiera de las advertencias que me dieran los aldeanos. En un lugar tan terrible como este la posibilidad de supervivencia era prácticamente nula para cualquiera, por aventurero que sea su espíritu o fuerte que sea su cuerpo. ¿Encontrar un refugio? ¿Algún lugar donde descansar? Pobres inocentes, mirad a vuestro alrededor. No hay nada más que nieve y dunas más allá de vuestras miradas, y tampoco lo habrá cuando avancéis otros diez metros hacia el frente. Por primera vez en mucho tiempo me sentía desubicado, encerrado en mi propia ineficiencia. No tenía ni la más remota idea de cómo salir de aquella compleja situación.

Mis pensamientos de desaliento, sin embargo, no eran expresados más allá de mi mente, pues no consideraba que fuera a obtener ningún tipo de beneficio por preocupar a aquellos que se habían convertido en mis compañeros de viaje. Sakura y Kerberos, ¿Eh? Ciertamente agradecía su compañía, ya había experimentado la soledad por demasiado tiempo, mas al tiempo me sentía responsable por su bienestar y el peligro que podían correr sus vidas, y este era un peso considerable que no hacía más que aumentar la presión sobre mí.

"Tranquilidad, Kasuka, tranquilidad... tiene que haber algo que podamos hacer, aun no está todo perdido.-rezaba mi mente en un intento de mantener las esperanzas a flote"

De hecho, la breve conversación que me  daban la de mirada esmeralda y el de felina figura mientras caminábamos era suficiente como para desviar mi pensamiento brevemente de los problemas y dedicarme a temas más banales y agradable que pudieran quitarme peso de encima. Mientras ama y mascota -perdonadme por esta mala terminología, quizá solo debería asignarles como humana y animal- intercambiaban palabras entre ellos, algunas de ellas dirigidas a mí, me daba cuenta de la despreocupación con la que trataban la problemática que nos envolvía, y no podía hacer más que envidiarles y unirme a su conversación. Al fin y al cabo la tensión excesiva llevaba a la desesperación, y si quería mantener las esperanzas no podía dejarme encerrar en un mundo tan oscuro y denso.

-No te preocupes, Sakura-san, se dice que los gatos son desconfiados por naturaleza.-decía tranquilamente en respuesta a la disculpa que me había ofrecido por el comportamiento de su compañero- Y supongo que a mayor sea el neko también será más grande su orgullo y su desconfianza. ¿Verdad, neko-kun?-miraba al animal con una inocente sonrisa entre mis labios, aun cuando prevenía el posible enfado que iba a despertar en él por asignarle un apodo tan acertado y al mismo tiempo tan avergonzante en venganza por aquel que él usaba para llamarme a mí- No tengo problema con eso.-aducía en respuesta esta vez a la sugerencia -¿orden?- enunciada por parlanchín animal- Aun si encontramos refugio tendremos que estar atentos a los cambios del clima, si no lo hacemos podríamos quedar sepultados por la fuerza de una ventisca inesperada. Además, no sabemos si hay algún tipo de bes...

No acabé de pronunciar la palabra. Silencio, tensión, una presencia inesperada. Aun en la lejanía podía empezar a escuchar un pequeño cambio en el sonido del ambiente. Pasos. Lo primero que pasó por mi mente era que acabábamos de encontrar a una de esas bestias cuya presencia en estas tierras temía. Animales o bestias mágicas que se encargaban de la cruel tarea de cazar y devorar a todos aquellos viajeros que quedaran extraviados en este infierno helado. Sin embargo... había algo que no encajaba.

-Kerberos, Sakura, relajaos. Sea lo que sea lo que se está acercando no parece un enemigo.

¿Cómo lo sabía? Simple, instinto. Cuando llevas mucho tiempo entrando en el campo de batalla y enfrentando a una infinidad de personas y seres que intentan matarte, aprendes a diferenciar con facilidad entre aquellas personas con intenciones agresivas y aquellas que no las tienen. Podrías llamarlo una presencia agresiva, un aura, un ligero cambio en la percepción de su existencia que puede hacerte saber si alguien debería ser considerado como enemigo o aliado para uno mismo. Y mis instintos me decían que aquello que fuera lo que se nos estaba acercando no era enemigo, no tenía ninguna intención de causarnos daño alguno. Los instintos asesinos son fácilmente manipulables por los humanos, quienes son capaces de esconderlos o simplemente hacerlos mutar; pero esta no es una habilidad propia de los animales o las bestias, quienes eran siempre honestas con este tipo de sentimiento. Por lo pronto, todo lo que podíamos hacer era esperar a que nuestro nuevo visitante llegara hasta nosotros... esperar a su llegad y actuar correspondientemente en reacción a la misma.

Y así lo hizo. En la brevedad de un minuto una nueva figura apareció frente a nuestra mirada, lo suficientemente cerca como para que al menos pudiéramos observar sus facciones detenidamente entre la furiosa nevada. Se trataba a primera vista de un ser con forma de tigre, con una altura de dos metros -aproximadamente- y una longitud de tres -al alza-. Aun cuando podía ver su forma cuadrupedal y su apariencia de felino, no había mucho más que pudiera decir de él. Había algo que me llamaba la atención, pero no sabía decir lo que era, no le veía con la suficiente claridad como para poder saberlo. El aparente animal, después de quedar en pausa cerca de treinta segundos tras mostrarse frente a nuestra mirada, se limitó a mover su cabeza en nuestra dirección y seguidamente se dio la vuelta, caminando en la misma dirección por la que había llegado hasta nosotros.Tal y como había predicho no había sentimiento alguno de violencia, odio o rabia, era más como si... quisiera que le siguiéramos. ¿Un guía? ¿Tenían los animales tan buen corazón como para ayudar a unos viajeros desamparados o nos quería llevar hacia una trampa? Tch... no lo sabía, en realidad, pero por lo pronto no nos quedaba otra opción que no fuera la de seguirle y ver a dónde nos llevaba. Si no hacíamos, en pocas palabras... acabaríamos muertos en cuestión de dos horas a lo sumo.

-Creo que nos quiere llevar a algún sitio...-comenté hacia mis acompañantes- No sé exactamente a dónde nos lleve o qué quiera hacer con nosotros, pero no tenemos muchas más opciones aparte de seguirle.-entrecerré los ojos y traté de pensar en alguna medida de seguridad que nos pudiera mantener a salvo en caso de emboscada o de que aparecieran verdaderos peligros- Neko, tú le has detectado antes... ¿Crees que podrás sentir la presencia de una emboscada en la lejanía? No podemos descartar que nos esté llevando hasta donde se encuentre su manada para ofrecernos como festín a las crías... aunque no creo que sea probable, la verdad.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 31/01/15, 01:46 pm

Sakura se limitó a prestar atención al chico mas no fue la única que lo hizo, Kerberos al ser llamado gatito por primera vez, cerró sus ojos intentando auto calmarse asta que volvía a escuchar que lo estaba tratando como un simple gatuno, su auto control fue a pique y miró directamente a su contrario como si de sus ojos salieran chispas dirigidas expresamente a los de Kasuka como si se tratara un tipo de reto hacia el mismo. No le agradaba que le trataran de minino solo por ser un león, ¿no pueden ver exactamente la diferencia de un gato a la de un león?. Desde el punto de vista de Kerberos, el gato es una simple mascota que los consideran adorables los humanos por mostrar cierta "dosis" de ternura mientras que los leones como el, tienen el lado inverso aunque a Kero prefiere mil veces los dulces que la comida cruda como cuando los leones cazan a su presa. No solo a los niños pequeños e humanos tendrían ese tipo de gustos por los dulces, mientras fuera comestible y de buena pinta, Kerberos se lo comería sin problema alguno. - Humano, la diferencia de un gato y un león es mucha.. Yo no maulló si no rujo.. Los gatos son mimosos cosa que no veras eso en un león cuando se trata de humanos - Comunicó explicando el tipo de diferencias que hay entre uno y otro, lo que menos le agradaba era que lo comparasen con un "neko adorable" cuando el se describía justo lo contrario. Ya era de alguna forma "insoportable" que deba de mostrar una apariencia menos "aterradora" frente a las personas ya que muchos se asustaban por esta apariencia como si dijera de cazarlos a pesar que este no mostraba nunca inicios de querer comer humanos.

Siempre que pasan por alguna ciudad, debe de aparentar menos "peligroso" y es por ello que siempre tiene que cambiar a una apariencia de un oso de felpa que termina siendo adorado por los gustos de los mas pequeños. Tener que aparentar como un peluche hablador le incomodaba cuando tienen clavados unas miradas de los inocentes niños cosa que los mismos huirán de el solo por mostrar su verdadera apariencia. Ahora que no había humanos a la vista aparte de Kasuka y Sakra, Kerberos prefería no pensar en que dirá el chico si viera su otra forma.- "Los humanos son realmente molestos.." -pensó Kerberos indignado asta que empezó a escuchar la voz ajena pero fue interrumpido por la llegada de una bestia.

Kerberos al ver que este se acercaba a los tres que caminaban, puso un pie frente a su compañera por si tratara de atacar por la sorpresa asta que escuchó el aviso de Kasuka.- Hum.. -A pesar de la desconfianza que mantenía con todos los humanos, Kerberos notó como  el chico parecía estar seguro de sus palabras haciendo que no decidiera atacar pero no bajará la guardia ya que se le hacía un tanto extraño que en un lugar helado donde no hay humanos cerca y que aquella bestia te trate de llevar a cualquier parte, ¿será de fiar?.

Sakura sube- Mencionó Kerberos para asegurarse de la seguridad de la joven la cual terminó subiendo a su lomo. El león ya se sentía seguro de que no le pasara nada a su compañera mientras estaba a sus espaldas. Sakura y Kerberos escucharon con atención a su contrario. La joven miro hacia atrás desde donde estaba un momento mientras que Kerberos y Kasuka mantenían una conversación. La silueta no era demasiado clara debido aquel ambiente solo podía ver una silueta negra justo por donde provinieron los mismos. La joven de ojos esmeralda, volvió a mantener su atención a aquella conversación.- No sabría que decirte exactamente, puedo sentir la presencia de siete sujetos mas.. Pero esta actividad mágica hace que sea difícil de saber que tan peligrosas pueden llegar a ser- Pronunciaba el león con sus ojos cerrados cuando trataba de enfocarse en lo que habría mas adelante de los mismos.

Sakura volvió a mirar a sus espaldas donde estaba la silueta de antes pero la joven se sorprendió un poco al ver que no encontraba ninguna silueta.- "¿Que era eso?, ¿Uno de los monstruos que Kero y Kasu-kun mencionaron?" - Pensó por un momento pero quiso asegurarse- Kero, ¿No notaste nada detrás de nosotros?-Preguntó la castaña, aunque solo fuera alejado.- No, no noté nada raro detrás.. Seguro que lo habrás imaginado - Comentó Kerberos continuando su camino siguiendo a aquel tigre asta donde se encontraron siete tigres cerca de donde se ubicaban Kasuka,Sakura y Kerberos. Kero notaba las miradas clavadas en ellos- Mocoso.. Parece que los humanos no son bienvenidos a estas zonas..-comentaba con calma. Todos los tigres que estaban tumbados, se pusieron en pie al ver como avanzaban el camino y los acabó rodeando- Nunca me han gustado los mocosos y humanos.. Pero debemos de hacer una tregua.. Solo asta que nos libremos de estas bestias, ¿de acuerdo?-preguntó observando de reojo a Kasuka esperando su respuesta- Sakura- Llamó, la nombrada se bajó del compañero.- ¿Qué te parece un ataque desde el cielo?, así podrás tener mejor puntería, - Sugirió a Kasuka, desde el aire no les resultará tan fácil alcanzarlos, se posiciono frente al chico para que se montara, no suele hacerlo con las personas desconocidas pero aquello era una emergencia si querían salir de hay no le quedaba otra que cooperar con su "rival" o al menos lo considera así desde que le puso aquel apodo gatuno.

Sakura mantente oculta un momento- sugirió pero ¿Dónde debería esconderse?, la joven solo pudo alejarse un poco del sitio aunque no paso por alto por aquellos animales. Kerberos dio un rugido para llamar la atención de forma exitosa, ahora tenían clavadas las miradas de aquellos tigres en Kero y Kasuka- Es hora de alzar el vuelo, mocoso..- Mencionó dejando mostrar sus alas dando un salto que lo mantuvo en el aire- Veamos que tan fuerte eres mocoso- Comentó de forma burlona para molestar a su contrario como si lo estuviera desafiando. Sakura por su parte observó que uno de ellos dio un salto para alcanzarlos e intentar hacerles caer- ¡Kero!...Tama no Enerugi Puranto -Avisó poniendo la mano derecha con la palma abierta apuntando a aquel tigre que había saltado directo hacia donde estaba el león concentrando su magia en sus manos, pero antes de alcanzarlo, una bola de energía  de color verde fue dirigido hacia aquel animal impidiendo con ello su trayectoria. El tigre cayó al suelo, se encontró herido pero los otros estaban preparados para enfrentarse a Kero y Kasuka. La chica puede que no pudiera hacer mucho, no tenía mucha fuerza en tener ventajas, mientras la joven con forme avanzaba con su magia, su compañero Kero siempre estaba para cubrirle las espaldas aunque esta vez, fue la misma quien lo hizo.




Tecnica usada:
Nombre de la Técnica: Tama no Enerugi Puranto(bola de energía de las plantas)
Descripción:
Sakura hace aparecer una bola de energía sobre la palma de su mano (con esta teniéndola abierta), suele lanzar con la derecha que es donde mejor puntería consigue realizar que con su izquierda pero al lanzar al enemigo puede causar heridas pues le sirve especialmente a la hora de luchar cuando no le queda otra opción (las bolas son verdes pues concentra toda su magia en la palma de su mano para realizar dicho ataque). Puede lanzar 3 bolas de energía seguidas (en 1 post) pero en el siguiente necesita recargarse para luego volverlo a usar sin problemas. No resulta muy efectivo con el acero de su propio rango pero si resulta ser superior, no causará daños algunos. Esta magia no es eficaz tampoco al fuego pues si terminan colisionando ambos ataques causaría una explosión en el cual solo colisionan los ataques pero si resulta efectivo contra la tierra como con el agua. Puede llegar a los 5 metros pero si su adversario se aleja mas de aquel alcance, las probabilidad de que Sakura falle será inevitable.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 16/02/15, 03:28 am

Chasqueé la lengua y fruncí el entrecejo, sintiendo como había caído en una trampa simplemente por confiar en mis percepciones. Pero no había sentido en ningún momento sentimiento de maldad o de violencia por parte de aquella criatura, me resultaba extraño. No conocía animales salvajes que fueran capaces de guiar a sus presas en dirección a una emboscada, una estrategia tan rastrera solo era digna de un ser humano. ¿Cómo era posible que aquellos seres hubieran desarrollado este tipo de estrategia? No... no era factible. Si hubieran querido emboscarnos lo habrían hecho desde el momento en el que encontramos al primero de los tigres, ya deberíamos estar rodeados para entonces, pero esto era algo totalmente diferente. Había algo que no cuadraba en mi cabeza, e iba a descubrir lo que era. Viendo como el grupo de animales empezaba a rodearnos desenvainé mi espada, esgrimiéndola con ambas manos y observando a un lado y a otro a mi alrededor.

-Mucho me temo que tendré que declinar tu oferta, neko. Soy un espadachín, mis habilidades para luchar en el aire serían como las de un zorro intentando atrapar a un pájaro mientras surca los cielos. No creo que tenga posibilidades.-decía mientras formaba una media sonrisa entre mis labios, flexionando las piernas y preparándome para reaccionar frente a cualquier ataque enemigo- Llévate a Sakura contigo y observad la situación desde lo alto. Aunque sean tus hermanos felinos no creo que puedan alcanzaros si ascendéis lo suficiente, y yo os cubriré mientras tomáis altura. Además... es posible que podáis descubrir algo desde ahí arriba. Tengo un mal presentimiento, solo espero que esta vez tampoco sea acertado.

No era menester de los animales el esperar a que sus presas acabaran de hablar entre sí, por lo que aun mientras yo intentaba aclarar las ideas en mi cabeza dos de las bestias se abalanzaban sobre nuestra posición como depredadores sobre su alimento. Aun sin poder verles con claridad el sonido evidenciaba su ubicación, permitiéndome prevenirla y prepararme acorde a esta percepción. El primero de los tigres atacaba por mi costado derecho, por lo que todo lo que hube de hacer para evitarlo fue dar un pequeño salto hacia atrás. A continuación, esgrimiendo mi espada con ambas manos llevé a cabo un tajo horizontal que, a medida que el animal pasaba por delante mía, atravesaba sus patas y le hacía caer al suelo de bruces. No hubo, sin embargo, rugido de dolor alguno. Además, la sensación del corte había sido... extraña, no se sintió como si hubiera cortado un cuerpo animal en realidad. Esto cada vez me gustaba menos.

El ataque del segundo enemigo venía por lo alto, dirigido a la posición en la que se encontraba volando Kerberos, aun a pocos metros de altura. Mi cuerpo se volteó hacia su posición, y concentrando toda mi fuerza sobre las piernas di un salto que me permitió llegar hasta allá donde estaba mi nuevo compañero. Al llegar a su altura no monté sobre él, sino que utilicé su lomo como plataforma para volver a saltar hacia el frente, al encuentro del animal que intentaba llevárselo por delante. De nuevo, pasando por uno de los lados de la criatura, la hoja de mi espada atravesó su cuerpo, esta vez pasando a través de sus fauces y partiéndolo por la mitad a medida que avanzaba. Cuando volví a caer al suelo, absorbiendo la caída flexionando las piernas, los restos del animal cayeron justo a mi lado. Con una rápida mirada traté de encontrar aquello que requería ver para confirmar mis sospechas... y estas se confirmaron. No había sangre, ni una sola gota. Pasando la mano por encima de los restos del animal estos no se sentían cálidos, ni siquiera podía sentir pelaje o carne alguna, lo que sentía era nada más y nada menos que...

-Hielo...-comenté para mis adentros, apenas murmurando esta palabra- ¡Sakura-san, no son tigres en realidad, son estatuas de hielo! ¡Debe ser el trabajo de algún mago elemental make, hay que encontrarle, si no...!-frente a mi mirada, el cuerpo deshecho del tigre que acababa de abatir se unía de nuevo, retomando su anterior grandeza y forma; di un salto hacia atrás para ganar algo de distancia- No podremos acabar con esto ni aunque luchemos durante horas.-volvía a decir con el entrecejo fruncido, lo suficientemente fuerte como para que me escucharan tanto Kerberos como la joven maga.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 21/02/15, 04:59 pm

El león no mostró ningún cambio de moción en su rostro, este continuaba con su típica personalidad serena pero no relajada dado a que estaba alerta en todo momento. Kerberos asintió con su rostro sin decir nada al respecto, ¿para que molestarse?, el animal solo dejó que aquel chico siguiera sus propios instintos donde dio un gran salto abriéndose unas alas que mientras se movían constantemente, el león continuaba en el aire.

Uno de aquellos tigres se había percatado del vuelo de Kerberos, se dirigía hacia este para impedir que siguiera ascendiendo. Aunque aquel intento de ir a por sus alas fue en vano gracias a Kasuka que se las arregló para ayudarle y kerberos  pudo llegar donde se encontraba su compañera la cual se subió sin perder tiempo alguno. "¿Por que nos atacan unos tigres?"- Pensó la chica por su falta de memoria, ¿qué debía de hacer?, aquellos momentos en los que Sakura no podía hacer nada, era un poco frustrante esconderse o escapar pero sobre todo el no poder hacer nada debido a que si usaba su magia esta se debilitaría. Ella es consciente de que su poder mágico aun continua siendo débil, aunque sea duro, Sakura no tiene otra opción y sabiendo que hay momentos de lucha, Sakura siempre mostraba una gentil sonrisa de forma cariñosa fue lo único que recordaba de su pasado que al parecer nunca a olvidado.

En situaciones como esta, Sakura no mostraba aquella sonrisa, solo podía adaptarse a la situación en la que se encontraban. La joven de ojos esmeralda subida sobre el lomo de su compañero mientras este agitaba sus alas que hacían mantenerlo en el aire.

Mientras mas ascendían el viento los empujaba, la joven se agarró a su compañero el cual  este trataba de mantenerse en el aire recobrando el equilibrio de manera exitosa. - Este viento es muy fuerte..- Mencionó Kerberos molesto, se le hacía complicado mantenerse en el aire en un mismo punto pero el viento los movía aunque este luchaba contra el viento.

Sakura miro a los alrededores y pudo divisar algo a lo lejos  como si se tratara de una casa pero el viento impedía su vista con claridad llegándole uno que otro copo de nieve en su rostro. La joven escuchó la voz del chico- "Es como si alguien intentara impedir que lleguemos a algún lado..-  Pensó y se acercó a la oreja felina- Kero, sube un poco mas..- - Informó, el compañero de la joven volvió a alzar el vuelo y tras subir un poco mas, se detuvo, el viento los arrastraba pero kerberos de estar en un mismo punto.- "qué es lo que tratan de proteger?.. Aunque la pregunta sería ¿Dónde esta el creador de aquellos animales?"- No entendió la razón por la cual atacaban a los que se trataran de acercar y sin darse cuenta, su vista acabó dirigida hacia ¿una cabaña?, no.. Era demasiado largo para ser una cabaña a lo lejos- Espera.. ¿Eso no es un..? -su pregunta fue cortada por la fuerza del viento que iba aumentando haciendo que Kerberos perdiera el equilibrio y fueran empujados por el viento hacia el blanco suelo.

tsk.. Odio este clima.. -se puso en pie el animal y miró a su compañera que se encontraba a su lado levantada. -Kero, un poco mas lejos se a visto un castillo.. - Murmuró la chica- ¿Crees que tiene algo que ver con esto?-Preguntó la joven aunque lo que no pudo entender era ¿Quién creaba a estas criaturas de hielo?.- No lo se, pero habrá que investigar- sugirió el león mirando de reojo a los tigres- ¿Cómo nos libramos de estos?- Preguntó Kerberos notando que una de las puntas de su ala se había congelado por el fuerte viento.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 18/04/15, 01:57 pm

Mi cuerpo se resentía cada vez más de aquel frío antinatural que atenazaba mis músculos y ralentizaba mis reacciones. Aun era capaz de moverme con destreza y librarme de todos y cada uno de los ataques de mis enemigos, pero aun así veía difícil el poder seguir luchando de esta forma por mucho tiempo, teníamos que encontrar una salida para esta difícil situación cuanto antes. Eché una mirada hacia lo alto, allá donde Sakura y Kerberos seguían volando. Los ataques que llegaban hasta esa altura no eran muchos, pero aun así el tiempo estaba haciendo estragos también con el curioso animal. En definitiva, tampoco ellos durarían mucho de esta forma. Ah... tan problemático, quería esperar hasta descubrir a aquel que hubiera creado a estos animales helados, pero... si lo hacía las cosas se pondrían mucho peor. En fin, tendría que hacer una limpieza rápida cuanto antes.

Flexioné mis piernas, esgrimí mi espada con la mano derecha y adelanté la izquierda hacia el frente. Una película de luz blanquecina rodeó todo mi cuerpo, dotándolo de una cálida sensación y rechazando de este modo los achaques y las molestias del frío. También mi espada se vio rodeada por esa misma energía del mismo color de la nieve, con puntas afiladas y una notoria cantidad de energía mágica desbordando en ella. Todo a mi alrededor empezó a ralentizarse... la nieve seguía cayendo, pero más lenta. Los animales se movían, lentos. Mis respiraciones eran constantes, lentas. Podía observarlo todo, asimilarlo todo y crear en mi mente el trayecto concreto que debería hacer para acabar con las cinco criaturas que aun rondaban a mi alrededor, las únicas restantes entre el grupo que nos había rodeado. Una a mi espalda, dos frente a mí y las otras dos en cada uno de mis costados, rodeándome y moviéndose a mi alrededor como el depredador que rodea a su presa. Respiré. Tranquilidad, calma, fuera toda la tensión. Era el momento para dejarme de juegos inútiles.

Fui yo el que tomé la iniciativa, dando un rápido salto hacia el frente que me acercó en un segundo al primero de los animales helados. El arco que llevó a cabo mi katana fue perfecto, atravesando el espacio y cortando a través de su cuerpo hasta hacerlo caer al suelo sin fuerzas para seguir moviéndose. El segundo de ellos que había al frente saltó hacia mí, pero pude evadirle con un rápido y sencillo movimiento hacia mi derecha, arrebatándole la cabeza también con un tajo directo a la altura del cuello. El siguiente era el que antes tenía a mi derecha, que ahora venía por mi espalda. Cuando sentí que se abalanzaba sobre mí me coloqué de cuclillas, dejando que pasara por encima mía y alzando la espada para dar un golpe ascendente frontal que partiera en dos mitades semejantes su gran cuerpo. Finalmente, quedaba el que venía desde la izquierda y el que tenía detrás. Salté hacia mi derecha para ganar algo de distancia y evitar que sus mordidas se ciñeran sobre mi cuerpo, sino sobre el aire, y tomé el impulso de este mismo salto evasivo para salir disparado de nuevo hacia el frente y llevar un tajo horizontal que fue capaz de atravesar y partir por completo a mis dos últimas víctimas, deshaciéndolas en escarcha y convirtiéndolas en una parte del suelo imposible de distinguir. Suspiré profundamente, erguí mi postura y envainé la espada en su correspondiente funda.

Alcé la mirada hacia el cielo, tratando de detectar la figura voladora del león, y en cuanto la localicé empecé a agitar la mano, señalándoles que estábamos fuera de peligro y que podían descender. En ese momento me di cuenta de que podía sentir el calor que emanaba mi protección lumínica mejor que antes. No, no era eso... la ventisca había disminuído su insistencia notoriamente. Fruncí el entrecejo. De hecho, casi había desaparecido. ¿Tan repentinamente? No lo entendía, ¿Cómo podía existir un temporal tan variable y caprichoso? Esto no podía ser normal, ¿Tendría que ver también con aquellos tigres de hielo? No lo sabía, pero todo lo que podía hacer era esperar para descubrirlo. Esperé a que la muchacha y su compañero bajaran lo suficiente hasta mi altura para esgrimir mi obligada pregunta:

-¿Visteis algo ahí arriba? ¿Algo que llamara la atención?

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 19/04/15, 05:05 pm

Ni idea, pero se hace difícil enfrentarse a ellos..-La joven se acercó a su compañero Kerberos posando una mano en la cabeza de este.- ¿No te lastimaste?-preguntó la chica observando que una de sus alas se habían congelado.- Esto no es nada.. -El león concentró su magia de fuego en su cuerpo haciendo que el hielo que tenía en sus alas se derritieran dejando libre sus alas.- Monta- Advierte a Sakura la cual afirmó con su rostro y se volvió a subir en su lomo. El león vuelve a surcar los cielos para comprobar exactamente lo que era aquella silueta y confirmar que se trataba de un castillo.

Nuevamente, el viento se volvía un obstáculo en el vuelo de Kerberos, Sakura se aferró a su compañero para que no fuera arrastrada lejos de Kerberos o simplemente que los alejaran y mientras Kero divisó el castillo con algo de dificultad- Hay esta...-Murmuró el león, ambos sintieron una energía mágica proviniendo de abajo haciendo que tanto humana como exceed miraran lo que sucedía, viendo con ello al chico rodeado de un aura blanca junto a su espada. Observaron lo que estaba sucediendo, sin dejar que el aire los derribara asta que terminaron el enfrentamiento- Jum.. Debo de reconocer.. que el mocoso no a estado mal después de todo...-Murmuró el león.- Si..-La joven esbozó una agradable sonrisa- Kasuka-kun es increíble-Comentó con sinceridad, el león viendo la señal del chico, dio una afirmación y comenzó a descender, la ventisca aflojaba asta el estado de que apenas se hicieran notorias.- La ventisca a.. disminuido..-Murmuró Kerberos descendiendo asta tocar la nieve que cubría el suelo y la chica se bajó de su compañero que se encontraba frente al chico.- Hay un castillo en esa dirección -señaló al noroeste de las posiciones en la que se encontraba, el león soló clavó su mirada hacia la dirección en la que se encontraban.- Tardaríamos unas horas.. Pero desde el aire e podido ver que esta rodeado por hielo- Anunció con calma el felino.

El león comenzó su caminata en dirección del castillo siendo seguido por la joven castaña.- Kasuka-kun, ¿has realizado muchas misiones?, nos has sorprendido cuando te enfrentabas a aquellos tigres de hielo - La joven mostró tener curiosidad por un momento, había acabado con ellos en un momento. La chica desconocía que tan fuerte era su compañero pero aquello podía hacer que el camino se hiciera mas corto en lugar que se haga eterno.

Cuando finalmente llegaron, el exceed se detuvo teniendo delante de el el castillo con un suelo rodeándolo por un hielo- Tendremos que cruzarlo -Comentó la joven acercándose al hielo y pisar el hielo resbaladizo. La castaña se aferró a su compañero león para evitar caerse asta que logró mantener el equilibrio de esto. Nunca había imaginado que el hielo resbalara tanto como imaginó, el echo de no tener sus recuerdos consigo le iba a resultar un problema.- Yo no me puedo acercar tanto al hielo de esta forma o podría romperse con tanto peso -Dicho esto, Kerberos volvió a su forma peluche.- Estaré mas cómodo en donde hay calor- Se excusó para adentrarse al bolso de la chica y sacar su cabeza- Kero, no tienes remedio..-Murmuró Sakura viendo lo relajado que se había puesto de golpe su compañero.- Es tan relajante...- Kero parecía estar en su mundo ignorando por completo a la castaña la cual dio un suspiro indignada.- Al menos trata de no dormir -reprochó un momento la chica, intentó dar un paso pero casi pierde el equilibrio de estar en pie en el hielo.- Todo va bien- Murmuró la joven al lograr no caerse-"Vale, debo de caminar y evitar caerme.." - Trató de auto convencerse mentalmente, aunque si debía de ser honesta consigo misma, no lo estaba consiguiendo pero aun así trató de armarse de valor e intentarlo, pudo dar pocos pasos antes de resbalarse y caer sentada sobre el hielo que al mismo tiempo el bolso que llevaba la chica golpeó el duro hielo haciendo que el exceed mostrara su cabeza- Sakura ten mas cuidado, no es fácil caminar en el hielo sin caerte y si sigues de esa forma conseguirás hacerme morados con tantos golpes- Regañó a la joven por el inesperado golpe que se había dado a causa de la caída de su compañera- Sabes que es la primera vez que paso por el hielo - Se defendió la joven y al ver que su compañero volvía a ocultarse en su bolso, dio un suspiro volviendo a levantarse.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 20/04/15, 04:18 am

Poco a poco el entumecimiento y la dificultad de movimiento en mi cuerpo fueron desapareciendo, hasta hacerlo por completo al cabo de unos minutos. La ventisca había dejado atrás aquellas molestias y permitió que el cuerpo humano restableciera su estado natural. No es que hiciera calor precisamente, pero gracias a la presencia del elemento lumínico en el interior de mi cuerpo me era más fácil recuperarme de este tipo de molestias. Probé a mover los brazos, las manos, piernas y pies. Sin problemas. Las temperaturas seguían siendo muy bajas, pero no había punto de comparación con lo que ya habíamos pasado. Fue como pasar de el peor de los días invernales a un fresco día primaveral.

Al escuchar la voz de Kero y de Sakura volví a centrar mi atención en el mundo real, escuchando sobre aquel castillo helado que habían visto en las lejanías. Habían altas probabilidades de que aquella persona que enviara a los tigres a por nosotros se refugirara en un sitio como ese. De cualquier modo, un castillo helado... ¿Estábamos en una de esas historias de fantasía, hadas y príncipes o qué? Se me antojaba un gusto demasiado aristocrático. Fuera como fuere, el camino a seguir estaba bastante claro. No teníamos ninguna pista mejor, por lo que aquel lugar era sin dudas el mejor destino para nosotros.

-¿Mmm? Apenas llevo un año trabajando como mago, así que no creo que el número de misiones que he hecho en este tiempo sea muy impresionante en comparación a la gente que lleva más tiempo en el oficio... es más, ni siquiera llevo un conteo estricto de las misiones que llevo a cabo.-reflexionaba mientras hablaba con sinceridad, con cierto toque distraído en mis palabras; sin embargo, no creía que fuera eso a lo que se refería realmente...- Pero... la lucha y el campo de batalla llevan siendo parte de mi vida desde que tengo memoria. No es exactamente como el trabajo de los magos, pero desde que era un niño pequeño fui entrenado para convertirme en un guerrero. No es una historia agradable y tampoco creo que el resultado de esos años lo sea... me da la sensación de que con cada paso que he dado mejorando mi fuerza hay algo en mi corazón a lo que he tenido que renunciar. Quizá por eso ya no siento miedo en el campo de batalla, ya no dudo ni aun cuando mi vida está en peligro. -me sumí en mis pensamientos y en los recuerdos de todas aquellas veces en las que mi vida había estado en peligro en los últimos años, y solo podía rememorar ese temor a la muerte durante los primeros años de mi infancia- Es perturbador, ¿No te parece? Normalmente el miedo a la muerte es una característica natural del ser humano. Quizá por eso... ya ni siquiera pueda considerarme como tal

Había hablado demasiado, siempre lo hacía en realidad cuando me preguntaban algo personal. No me importaba darme a conocer en ciertos aspectos a las personas que me rodeaban, era como... advertirles del tipo de persona con el que estaban tratando. Muchas personas me rechazaron al entender cómo había crecido mi alma en estos pocos años de vida, pero de nuevo no me importaba. Si no eran capaces de aceptar el tipo de persona que yo era, si no podían siquiera dar el beneficio de la duda a los pecados que cargaba a mi espalda, tampoco yo necesitaba que lo hicieran.

Seguimos andando por largo tiempo, quizá una hora, quizá más. El tiempo no cambió en todo este tiempo, y tampoco volví a decir nada al respecto de lo que habíamos hablado. Finalmente, un campo helado se extendió frente a nuestras miradas. Alcé la mirada y miré hacia el frente. Podía verlo con claridad: la alta figura del castillo color cristalino. Se encontraba aproximadamente a una distancia de medio kilómetro desde nuestra actual posición. Antes de empezar a andar golpeé el suelo helado ligeramente, y posteriormente con una fuerte pisada. Ni una grieta se abrió en ambos casos. Así que la capa helada era gruesa... al menos no teníamos que preocuparnos por que se quebrara y nos hiciera caer al suelo. Chasqueé la lengua, ahora el problema era seguir adelante sin resbalarse... ¿Espera, de verdadera necesario? Ciertamente era difícil maniobrar mientras te deslizabas por el hielo, pero el campo helado que se presentaba frente a nosotros no mostraba obstáculo alguno: era un piso liso y resistente. Si tuviéramos una superficie para deslizarnos, como una tabla o algo parecido, el trabajo sería mucho más fácil; pero aun así podíamos deslizar de forma normal y corriente. ¿Que habría peligro de caer al suelo? Por supuesto que lo habría, del mismo modo que lo había al andar tranquilamente por el terreno; pero sin duda ahorraríamos gran cantidad de tiempo.

De este modo me coloqué de cuclillas, impulsándome y simplemente dejándome llevar por el terreno deslizante. No fue tan fácil como esperaba, pues en menos de un segundo ya había caído al suelo de culo, peor aun así mi cuerpo se seguía deslizando hacia el frente asta haber avanzado cerca de diez metros. Levanté solo una de mis dos piernas, usándola como punto de apoyo e impulsándome de nuevo para deslizarme. Mi cuerpo se movió con ligereza y rapidez, sin siquiera perder el equilibrio en este segundo instante y llegando a la ubicación de la joven Sakura, quien había empezado a avanzar antes que yo.

-Quizá es mejor que intentes deslizarte, solo tienes que mantenerte estable con un pie e impulsarte ligeramente. El resto es dejarse llevar.-le comenté escuetamente; caminar por el hielo requeriría un ritmo mucho más lento y además suponía igualmente un gran peligro de caer y hacerse algún tipo de torcedura. En cambio, deslizarse sin más también podía hacerte caer de culo, pero el golpe sería mucho inferior que del otro modo.

Unos pocos minutos deslizándome acabaron por llevarnos hasta quedar al frente del umbral del castillo. Aun habían cerca de cincuenta metros frente a nosotros hasta llegar a la escalera que llevaba a la entrada del castillo. Eché una mirada a mi espalda para asegurarme de que Sakura me había seguido, y en cuanto la vi salir también del campo helado empecé a avanzar hacia el frente, recortando las últimas decenas de metros y, finalmente quedando frente a aquella escalera y alzando la mirada para observar lo que había en lo alto. La figura de dos tigres helados de cerca de dos metros de altura se presentaba en la parte superior de la escalera, a cada lado de esta. Me llevé la mano a mi costado derecho para tomar mi arma envainada, flexionando las piernas y encorvando el cuerpo ligeramente. ¿De verdad tendría que repetir esa aburrida danza de antes? No... esta vez era diferente. Ahora podía decirlo con claridad, las criaturas que tenía frente a mí no desprendían el más mínimo sentimiento agresivo. Es más: ni siquiera se movían, estaban completamente congeladas, como una obra de arte esculpida con el único fin de servir a modo de decoración.

-¿Qué diablos.. es eso...?

Empecé a ascender con cuidado por la escalera, peldaño a peldaño hasta quedar en la parte superior, entre los dos seres de hielo. Tuve la tentación de tocarlos con mis manos, pero en el último instante decidí no hacerlo. Presentí que algo malo pasaría si lo hacía. De cualquier forma, no tuve más tiempo para pensar si debía o no acariciar aquellas estatuas heladas, pues la puerta del castillo, apenas dos o tres metros por delante de mi posición, empezó a abrirse lenta y ruidosamente.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Invitado el 27/04/15, 07:03 pm

Los jóvenes conversaban mientras continuaban con su camino, la castaña escuchaba atentamente a su compañero, mientras lo hacía, Sakura trataba de imaginar como Kasuka se sentía aunque no supiera nada de su pasado pero tal y como lo resumía parecía momentos difíciles y dolorosos- "Kasu-kun.."-pensó al escuchar sobre que ya ni siquiera se considerara como ellos, algo había ocurrido, había escuchado todo lo que dijo el chico en ese momento causando que se parara de improvisto y al apretar un momento sus manos, por un momento estuvo insegura de que sus palabras pudieran servir de algo pero trató de reunir el valor, corrió para sobrepasar al chico y voltear a verlo- Kasuka-kun, se que a habido momentos difíciles pero.. Tienes a muchos amigos que se preocupan por ti -Pausó un momento- ¿como podrán sentirse si saben que uno de sus amigos a muerto?- Preguntó dando la iniciatíva- Se que conseguirás ser un gran guerrero, no tengo duda de ello - sonríe ampliamente tratando de sacar las palabras correctas como sinceras- Se que mi magia ahora mismo no es de mucha ayuda pero.. si es necesario.. Te protegeré -Decía decidída, no quería ver como uno de sus amigos murieran delánte de sus ojos sin que esta pudiera hacer nada al respecto. No iba a dejar que aquello pasara y mucho menos delante de la castaña- Seguro que conseguirás encontrar lo que tu corazón ahora mismo anhela, no debes de perder nunca la esperanza- Trató de apoyar a Kasuka para que nunca se diera por vencido, aunque no se conocieran del todo, Sakura trataba de hacer saber que aquel chico no estaba solo, ella nunca lo iría a dejar de lado pues tiende a hacer las cosas que verdaderamente siente como el permanecer junto a sus amigos incluyendo a su compañero Kerberos que se encontraba parado un poco mas adelante de estos esperando a que continuaran.

Retomaron nuevamente el camino quedando Kerberos un poco mas cerca de la chica asta el lugar donde estaba la zona de hielo como el castillo. Tras varios número de veces de caídas, Kasuka la aconsejó sobre patinar en el hielo, la castaña observó como lo hacía el chico para luego tratar de hacerlo tal y como le dijo mientras Kero asomaba su cabeza- Me pregunto por que son tan aficcionados al hielo, esto es demasiado asta para mi ¿quien se supone que va a vivir aquí en medio de la nada?..-Comentó Kerberos algo indignado.

El deslizamiento comenzaba de froma desequilibrada pues en algún momento parecía que volvería a caerse mas no resultó ser de esa forma cuando supo equilibrar el momento de cambiar la pierna mientras se deslizaba  asta terminar alcanzando llegar donde estaba Kasuka. Sakura caminó al lado del chico haciendo que Kero saliera del bolso de la chica y se posara en el hombro de esta tratando de notar alguna presencia en el castillo pero por desgracia para el exceed no notó nada extraño.- Esto es raro, no siento nadie en el interior..¿Serán imaginaciones mías?-Preguntó Kerberos algo confuso.- No nos queda otra que investigar- sugirió mientras avanzaban la de ojos esmeralda.

Avanzaron asta hallar a dos figuras de unos tigres en cada lado.- Increíble, yo quiero una cosas de esas pero que trate de mi -alza el vuelo para subir asta la altura de la cara de una de ellas.- Claro esta, quiero que sea mucho mejor que estas dos- Dicho esto, el exceed amarillo regresó junto a la castaña- Suerte para buscar un sitio donde meterlo -Comentó la chica mientras subía las escaleras asta parar en la misma puerta- ¿Estará abierta?-Preguntó la joven- Vamos abrela y lo sabremos -Sugirió el exceed haciendo que esta lo intentara sin exito alguno.- Yo me puedo encargar de eso -Anunció el exceed y cambió de forma a como lo habia sido antes. El león retrocedió unos pasos y corrió a la puerta tras haberse rodeado un poco de su magia desprendiendo de este algo de calor abriéndola en el proceso.-Sigo teniendo mis cualidades- Presumió Kerberos mientras Sakura entraba dentro del castillo. Cuando miraban por los alrededores sin moverse del sitio, las puertas automática mente se cerraron.- ¿Una trampa?-preguntó extrañado Kerberos.- Deben de saber que estamos aquí.-Trató de decir la joven.- En un sitio como este funcionan las cámaras?- Kerberos quedó completamente extrañado.

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Re: La emperatriz de los etéreos [Sakura]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 12/05/15, 04:08 am

Mi mirada apagada se posó sobre el gesto de la joven Sakura. Se preocupaba por mí, lo veía en sus ojos, por mi situación y todas aquellas cosas que le acababa de narrar. Quizá fui demasiado descuidado a la hora de hablar con ella. La verdad… es que me gustaría poder haber creído en esas paabras, pero ya era demasiado tarde para mí. Yo no podía ser salvado, después de lo que mis ojos había visto y mis manos habían hecho no quedaba nada para Kakugo Kasuka que no fuera la penitencia en pos de la redención, una redención que jamás lograría alcanzar. Cerré los ojos momentáneamente. Yo no era digno de ser llamado humano, y por lo tanto tampoco era digno de la preocupación de los humanos. Yo era una máquina, un robot, un pecador al que no le quedaba ahora más que caminar hacia el frente y subsanar las heridas que él mismo abrió sobre el mundo y los de su raza. Ese era yo, y ese era mi destino:

-Supongo que estaría bien tener a alguien así, pero mucho me temo que he dejado a todas las personas que alguna vez se preocuparon por mí detrás, en el camino.-comento con pesadumbre, aun en tono melancólico, para añadir con un poco más de dureza:- No necesito que te apiades de mí, Sakura, este es el camino que decidí recorrer y así es como lo haré. Sé a lo que renuncio y a lo que me enfrento, pero aun así creo que esto y nada más es lo que merezco.

Esas fueron mis últimas palabras mientras nos acercábamos a la entrada del palacio. En cuanto llegamos a este lugar y subimos por las escaleras observé a mi alrededor con cierto interés, dádome cuenta un poco tarde de las intenciones que mostraba el intento de neko llameante. Traté de advertirle y hacerle parar, una entrada tan agresiva y violenta era totalmente innecesaria, pero no pude hacerlo a tiempo. En el momento en el que el cuerpo del felino golpeó la puerta y forzó su obertura pude sentir el movimiento de dos grandes figuras a mi espalda. Mi reacción fue casi instantánea: desenvainando la espada y dando un giro de 180 grados en el que el filo de metal cercenaba la cabeza de los dos tigres helados, haciéndolas caer al suelo y convirtiendo sus cuerpos en escarcha. Como suponía, aquellos seres no eran más que guardianes, y era natural que un guardián atacara cuando sentía como la puerta que protege es forzada. Suspiré profundamente y volví a girarme en dirección a Sakura y Kerberos, mientras envainaba la espada. No tenía sentido alguno el culparle o regañarle por algo como esto. Solo tenía que asegurarme de estar la próxima vez por delante de él para evitar una acción intrépida y temeraria como la de entonces.

En cuanto atravesé el umbral de la puerta esta se cerró a mis espaldas, haciéndome lanzar una desinteresada mirada en su dirección. Estaba claro que quien -o quienes- se encontrara en este lugar ya sabía de nuestra presencia, aunque probablemente era consciente de la misma desde el momento en el que empezamos a subir por la escalera, o incluso antes. Sin darle mayor importancia caminé a largos pasos rítmicos para liderar esta vez el grupo, mirando al frente y a mi alrededor para analizar el ambiente que nos rodeaba.

Nos encontrábamos en un pasillo que, aparentemente, se extendía frente a nuestra mirada por más de cien metros. Todo en este lugar parecía estar hecho de hielo: el suelo, las paredes, el techo, los decorados… todo. La combinación del tono blanco con ligeros brillos azulados le daba cierta belleza, pero al tiempo en algunos puntos hacía que pareciera frágil como el cristal, aun cuando podía afirmar sin tocarlo que probablemente sería más duro que el acero. Tanto en las paredes como en el suelo y el techo se podían descubrir relieves florales color azul, junto a otras representaciones de la naturaleza como enredaderas, animales e incluso árboles. A pesar del ambiente no hacía el más mínimo frío. Sentía cómo la temperatura de mi cuerpo se encontraba estable, en su punto perfecto para mantenerme en buen estado y forma física. Cerré los ojos un instante y centré mi atención en el entorno. En efecto, todo estaba cubierto por una ligera y fina, aunque poderosa, capa de energía mágica. Las temperaturas del exterior eran aisladas en este lugar, manteniendo cierta calidez a pesar del predominio del elemento gélido allá por donde miráramos. No hubo en todo el pasillo, sin embargo, puerta o bifurcación alguna, lo que nos llevó a seguir andando hacia el frente sin posibilidad de desvío, hasta el momento en el que el pasillo acabó… y llegamos a un gran salón.

Alzando la mirada y calculando al alza podía afirmar que la habitación debía medir aproximadamente quinientos metros cuadrados. Al llegar a este lugar me paré en seco e indiqué también a quienes me seguían que hicieran lo propio, mirando a un lado y a otro y tratando de hacer un plano mental de cada cosa que se encontraba en el lugar. Tenía una decoración muy simplista de estilo clásico aparentemente, con al menos una veintena de pilares de treinta metros de alto -esta era la misma altura de la habitación- colocados frente a nosotros, formando lo que parecía ser un nuevo pasillo que llevaba hasta lo que había al final de la habitación: un trono de hielo. El resto del lugar estaba conformado por nada más que el suelo deslizante y un grandioso número de estatuas de animales, decenas: no solo tigres, también aves y otras razas de animales, e incluso criaturas mágicas, aquí y allá. Chasqueo la lengua. Me pregunté si tendríamos que preocuparnos por todo esto. Ya habímos sido atacados por estas bestias en dos ocasiones, aunque la segunda de ellas, consideraba, fue por nuestra falta. ¿Nos atacarán las bestias y animales si entramos en este lugar? No lo sabía. Quizá lo más sensato sería retroceder y volver por donde…

-No es necesario que tengáis miedo, mis jóvenes visitantes. Por favor, entrad, no seréis atacados mientras no os convirtáis en enemigos de este palacio.-un escalofrío recorrió toda mi espalda, haciéndome estremecerme ligeramente al escuchar esa voz, que me tomó por sorpresa; sin embargo, una vez el susto desaparece me di cuenta de que la femenina voz que habímos escuchado no resultaba precisamente terrorifica o estremecedora, sino que era suave y amable como una ligera brisa de viento frío en el caluroso verano- Acercaos, venid hasta el trono y dejad que os vea. Hace mucho que nadie llega hasta aquí, así que quiero ver las caras de aquellos que lo han logrado.

Miré a un lado y a otro, intentando descubrir el origen de la voz, pero no vi nada fuera de lo normal. La voz se había escuchado demasiado cercana como para que se encontrara al final de la sala, a la altura del trono, y aun cuando levantaba la cabeza para mirar en esa dirección no distinguía figura alguna que se encontrara en él. Esto era extraño, pero… una vez más, mis sentidos me decían que no estábamos en peligro. Puede que fuera yo el temerario en ese momento, pero sentí que debía avanzar y encontrarme directamente con la dueña de esa suave voz que cautivó mis sentidos.

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