Nuigurumi!... desu? [Zein-san]

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Nuigurumi!... desu? [Zein-san]

Mensaje por Invitado el 27/11/14, 08:55 am

-Um... Di... Disculpe -pidió la joven, con la vergüenza colorando sus mejillas, mas con la determinación de hablar- ¿Le molestaría ser mi "mejor amigo"?
-¿Eh? -replicó el mago, que hasta ese momento charlaba tranquilamente junto a un compañero; sentados ambos alrededor de una mesa que formaba parte de la taberna-. Ve a molestar en otro lugar, niña...
Luego del ademán utilizado por él con motivo de despacharla, Chocolat emitió un suave suspiro de tristeza y dio media vuelta para alejarse. Esa misma pregunta la había hecho ya a una considerable cantidad de sus compañeros de gremio, pero ninguno de ellos le hacía caso alguno...

Cerca del saludo del alba, junto al cual la de largos cabellos castaños solía despertar siempre que se hallara en el plano terrenal, había decidido dedicar ese día al estudio de su nuevo libro, que trataba sobre el hablar cortés y el uso de sufijos. El día anterior, una ancianita la reprendió por no saber expresarse con formalidad, mas le indicó que si aprendía a hacerlo, le regalaría con uno de sus pasteles. Así que, por el bien de su postre, ¡aprendería a hablar correctamente ese mismo día!
... O, ese era su plan, pues poco había practicado cuando dentro de la guía que leía, se enteró del hecho de que la informalidad era utilizada para familiares y personas cercanas; junto a un amistad era innecesario ser formal por igual, y en especial si se trataba de "su mejor amigo". Chocolat desconocía que entre las amistades existiesen algunas que fuesen "mejores" o "peores", pero en cuanto preguntó para comprenderlo con mayor claridad, descubrió lo asombroso que era, de hecho, tener a un "mejor amigo".
Por ese motivo, se encontraba preguntando entre aquellos magos, en un intento de hallar uno también. Pero... mientras más la rechazaban, más se convencía de que no había razón para que alguien quisiera ser, siquiera, su amigo. Después de todo, aún luego de haber despertado en aquel prado poco más de un mes atrás, el espíritu no poseía amistades...
Su mente divagó hacia aquellos días que vivió antes de hallarse frente a las puertas de Grimoire Heart. El rechazo que recibió de todos a quienes intentó acercarse, fuese porque les resultase extraño su escaso conocimiento sobre el mundo que la rodeaba, por su falta de sentido común, por el sombrío engrabado en el dorso de su mano... Incluso por sus pequeñas orejas de oso panda, las cuales desde entonces cubría siempre con algún grueso velo, o con un gorro. Todo le había vuelto muy insegura de sí misma.
Sin embargo, cualquiera que fuese su doloroso recuerdo en ese momento, se vio abruptamente interrumpido cuando los ojos color miel de la joven se toparon con un curioso peluche. Se trataba de un gatito, uno de expresión severa y pelaje morado. A la de hebras castañas le pareció muy tierno, y debido a que amaba los peluches, no pudo evitar acercarse a éste y tomarlo en un cariñoso abrazo.
-waa, ¡qué lindo es! -exclamó con alegría; sus buenos ánimos recuperados gracias al pequeño de felpa, aunque no supiera quién lo había dejado allí o por qué.
Probablemente, si hubiese aprendido a prestar mayor atención a sus propias percepciones, su audición le hubiese informado de los latidos de un corazón dentro de aquel a quien abrazaba.

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Re: Nuigurumi!... desu? [Zein-san]

Mensaje por Zein el 09/12/14, 10:17 am

Todo había sido tan repentino... O así lo veía él, pues en realidad ya habían pasado varios años. Desde la caída de Édolas todo fue cuesta abajo. Llegó al Earthland junto a su familia y con la esperanza de seguir con su vida, en un mundo nuevo, tan solo halló la muerte de sus seres más queridos y la desesperación absoluta. Quitarse la vida así mismo hubiera sido fácil. Dejaría de sentir aquel pesar que le invadía, aquel dolor que le arrebató las ganas de vivir, convirtiéndolo en un cascarón carente de alma. De algún modo, no se suicidó, porque dejó de estar vivo hace mucho tiempo.

Tras liberarse de su vida como gladiador y matar al hombre que se lo quitó todo, descubrió que no era el final. Aquel no era más que un peón de una gran organización. Él fue el arma que ejecutó a su mujer y a su hija, pero tras de él estaba la persona que apretó el gatillo. Debía acabar con él, y con todo lo que le rodeaba pero ¿Cómo? Su poder debía ser abrumador y por ello, se unió a un gremio de magos. Incitado por demagogia de un líder ambicioso, fue tentado a inmiscuirse en un gremio lleno de delincuentes con el fin de obtener el poder necesario para vencer. ninguno de sus compañeros le interesaba, ningún objetivo del mismo gremio era de su incumbencia, tan solo quería hacerse mucho más fuerte.

Aquel día se encontraba sentado sobre un taburete, solo, como de costumbre. No tenía nada que compartir con aquellos humanos y tampoco esperaba que ninguno de aquellos tipos le ofreciese apoyo, lo mucho que hacían era burlarse de él por su tamaño y su aspecto similar al de un gato. Divagando la forma de hacerse más fuerte, se quedó ausente del mundo real, no prestaba atención a nada, hasta que algo le sorprendió. Notó calidez en su cuerpo y poco después vio como se elevaba en el aire. Al principio le gustó, hasta el momento en el que se dio cuenta que alguien le había agarrado y le estaba apretujando. Se zafó de la garre con un salto y al tocar el suelo se transformó a su forma de combate. Cabreado, cansado de que le tomaran el pelo por no ser como ellos y preparó el brazo derecho para golpear al sujeto en cuestión. Quedó atónito al ver que no era más que una niña. Se detuvo antes de alcanzar a la chica y se destransformó de inmediato.

-Perdóname, creía que eras uno de esos patanes intentando burlarse de mí.- Dijo Zein, excusándose por su comportamiento.

No dejaba de ser extraño que aquella muchacha le hubiese cogido en brazos  lo estrujase como si de un peluche se tratase. Él no entendía a que vino eso, pero sería incapaz de hacerle daño. No a una persona que parecía indefensa, muy a pesar de que aprendió por las malas que nunca había que juzgar a los demás por su apariencia. Sin embargo... Y aunque físicamente no se pareciesen en nada, le recordó a su hija. Su mirada se tornó melancólica, pero no lloró. Las lágrimas ya no saldrían de aquellos ojos que se habían secado hace tanto. Giró la mirada hacia un lado, en dirección al suelo y volvió a disculparse.

-Lo siento.-
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