Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

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Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 13/10/14, 04:24 pm

"Una vez, sólo una vez y no vuelvo a pedirtelo. Por hoy."
Ante aquella honesta petición, la castaña frunció el ceño y arqueó sus labios en un vano intento de opacar el sonrojo de sus mejillas, pero no pudo vencer la sonrisa ajena, tan relajada, entusiasta, pero especialmente cálida que le estaba siendo dedicada. Un suave suspiro fue el símbolo de su derrota, después de lo cual sólo le quedó bajar su mirada en vergüenza, sabiendo que la persona frente a ella esperaría sonriente por ella hasta que estuviese lista.
"H-haru..." inició en un dulce murmullo, mas demasiado sutil para ser propiamente escuchado, por lo cual se detuvo. Tal vez nunca lograría comprender porqué cantar frente a esa persona le hacia sentir tan avergonzada, y sin embargo solo así podía dar lo mejor de sí.
"Haru ni saku hana... " volvió a comenzar, esta vez con sus orbes cerradas y sus manos juntas sobre su pecho; gestos inconscientes de su entrega al canto y hacia su fiel público. "Natsu hirogaru..."


-... Sora... yo... -musitó en el más suave de los murmullos, y un instante luego, sus párpados empezaron a abrirse; la inconsciencia habiendo nublado su mente lo suficiente para no permitirle reconocer su entorno durante los primeros segundos. Lo único que lograba registrar era una sensación de alguna forma dolorosa en su pecho, una a la cual ya estaba familiarizada, aunque no pudiese descifrarla.
Pronto pudo incorporarse al utilizar ambos brazos como sustento. Sintiendose débil, con los párpados medianamente caídos, trató de atisbar algún detalle de su alrededor, pero estaba oscuro. Algunos rayos de luz lunar que se escabullían entre el número incontable de hojas rosas que la rodeaban, se esforzaban por trazar el perfil de la rama sobre la cual se hallaba.
Recordó entonces que esa tarde se había subido sobre la rama de ese cerezo con motivo de descansar de la fatiga mental a la que la condujeron sus estudios. Aún tenía junto a ella, incluso, el libro que había obtenido esa tarde a cambio de sus jewels. No entendía por qué tenía que dar jewels a cambio de el libro, pero el dinero no tenía significado alguno para ella, y el dependiente había dicho que "no se arrepentiría".
-Haru ni... -murmuró en tono melodioso, su mente aún milagrosamente fresca de los acontecimientos de su sueño. No estaba segura de si se trataba de una de sus memorias perdidas, pero era la primera vez desde su partida del prado que a ella llegaba algo parecido a un recuerdo- S-saku... hana?
Podía sentir las leves punzadas de dolor queriendo crecer en su cabeza, la cual intentó calmar con su diestra; era siempre la misma consecuencia de obligar a su mente a revelarle el pasado.
-Natsu... hiro...
Mas el dolor escaló rápidamente a un nivel que no pudo controlar, y el disgusto la incitó a perder la firmeza del brazo que aún la sostenía. En condiciones comunes, ella tendría la capacidad de evitar esa clase de caídas, pero esta vez la consciencia perdida en su descanso no había terminado de alcanzarla lo suficiente para ayudarla, por lo cual sólo tuvo el tiempo para emitir un pequeño grito asustado y cubrir sus ojos con ambas manos en espera de otra clase de dolor.
Spoiler:
Esta es la canción D: por si necesitas referencia ><
https://youtu.be/Sw_adAyjkqY

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 14/10/14, 12:14 pm


Como cae un pétalo de cerezo desde los grandiosos árboles de Sakura, aquel frágil cuerpo descendió y se preparó para lo que parecía ser una caída inminente, que la bañaría en un intenso dolor desagradable y punzante... o eso era lo que se suponía que debía pasar. En lugar de ello, para cuando la joven de dulce voz hubo descendido lo suficiente, ya me encontraba yo a los pies de aquel árbol para recoger su delgado y liviano cuerpo, evitando todo daño que pudiera haber soñado conrecibir, siendo bañada única y exclusivamente por cada una de las rosadas flores que se habían desprendido de la copa del árbol acompañando a su caída.

-Debería tener un poco más de cuidado, señorita.-pronunciaba mi voz suave y relajada, intentando transmitir esta misma sensación a aquella que aun no se recuperaba del susto- No es malo descansar en lo alto de un árbol, pero si no se tiene cuidado un mal despertar puede acarrear más de una sorpresa.

Una relajada curvatura en mis labios acompañaba a cada una de mis palabras, con un tono tan armonioso que parecía tener su propia melodía, perfectamente encauzada dentro del mensaje que trataba de transmitir. Coloqué a la joven en el suelo con delicadeza, apoyada su espalda sobre el tronco del árbol y seguidamente retrocedí un par de pasos para darle algo de espacio vital. No queria que se sobresaltara demasiado al encontrarse con un completo extraño que parecía haber estado en el lugar más oportuno en el momento idóneo. No pronuncié palabra alguna mientras esperaba a que la muchacha se recuperara lo suficiente, bebiendo tan solo de la palidez de su tez y la fragilidad, cual muñeco de porcelana, que transmitía su cuerpo en conjunto. Sí... sin duda la voz que había escuchado, la misma que me había hipnotizado hasta traerme allí, pertenecía a esta joven de tan exótica belleza. Ahora que la veía... todo cobraba sentido, en realidad.

¿No habéis sentido nunca ese sentimiento que os intenta decir que hay algo que deberíais estar haciendo en ese momento concreto?  Un pinchazo, un malestar que os indica que no es momento para descansar, para pensar, para jugar, para beber, para dormir... y que no descansa hasta que caéis presa de sus ardides y os dirigís allá a donde vuestro os instinto os señala. Sí, sé que es algo demasiado difuso, muy poco concreto, pero casi todas las grandezas del mundo son así. Jamás culparía a la gente que no deseara convertirse en cómplice de tan inestable instinto, pero habéis de comprender también que existen aquellas personas que creen interesante, e incluso apacible, el dejarse llevar sin más por este tipo de sentimiento. Ir al encuentro de algo, no sabes qué, tan poderoso y determinante que, intuyes, hará que tu vida sufra algún tipo de cambio de ese momento en adelante. Cuanto poco es... curioso, ¿Verdad?

Tal fue el impulso que nació en mí. Decir si nació en mi mente, en mi corazón o dónde fue... no es realmente tarea fácil, prefiero dejar este tipo de aseveración sin respuesta, pues poco importa en realidad. Me encontraba ya recostado sobre la mullida cama de mi habitación, arrendada en un hostal cualquiera de Magnolia, preparado para dejar pasar un día más y despertar a la mañana siguiente como cualquier otra noche haría... entonces ocurrió. No hay mucho de lo que hablar después de eso: de repente el cansancio desapareció, coloqué los pies sobre el suelo y dejé que mis deambulantes pasos me llevaran allá a donde debieran dirigirse. La caminata llevó más de una hora, quizá cerca de dos, pero paseaba a ritmo relajado por lo que no hubo cansancio ni molestia que me atacara furtivamente. Simplemente: caminé. Para cuando quise darme cuenta me encontraba en una zona donde la hierba verdeante crecía allá donde mirara. Sobre ella se alzaban un sinfín de árboles de rosadas copas, pobladas voluminosamente por abundantes pétalos rosados que se dejaban mecer por la leve brisa eólica, y bailando a su compás caían deslizantes hasta el suelo.  Era un bello escenario, sin duda, un obsequio de la madre naturaleza bañado por la claridad y la dulzura del foco lunar... pero no, no creía que aquello fuera lo que tanto incomodó mi descanso. Debía haber algo más... algo que me hiciera saber sin lugar a dudas que era la verdadera razón por la que me encontraba en ese lugar y momento concretos.

De repente apareció, acunada por la cándida brisa, portada desde el más recóndito escondite del mundo hasta allá a donde yo me encontraba. Una voz. Era eso. Eso y nada más que eso. En cuanto la primera palabra entró por mis oídos supe que no había otra respuesta a aquello que mi mente cuestionaba. Os preguntaréis por su tono, por su intensidad, por sus virtudes... pero no os hablaré de ello. ¿Por qué? Porque no haría honor con mis palabras a lo que de verdad habría de transmitir. Todo lo que diré es que se escuchaba muy... débil... frágil... como si pudiera quebrarse y perderse en un solo segundo. Supe que tenía que encontrarla cuanto antes si quería evitar que aquella voz se rompiera en pedazos. Las sílabas se pronunciaban con sublime armonía, pero se teñían con un ligero sentimiento melancólico y... ¿Dolor? No hube de pensar mucho para ubicar el origen de aquel mensaje cantado, y corrí todo lo rápido que estuvo en mis capacidades para llegar bajo el gran árbol de cerezo en el momento oportuno... justo antes de que la suave flor de humana apariencia descendiera hasta mis brazos.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 16/10/14, 08:05 am

Dentro del escaso lapso temporal que correspondía a su pacífica vida, o al menos de acuerdo a lo que su mente sabía, Chocolat nunca había experimentado un temor de tan profunda intensidad. Los pandas, aunque característicamente torpes, no eran propensos a ese tipo de caídas, puesto que escalar árboles u objetos de altura formaba parte de su definición; el deseo siempre presente de alcanzar la cima de aquello frente a ellos fluía con naturalidad dentro de sus cuerpos, y cualquier limitación era superflua ante ello. La incomodidad o el temor no existían arriba, porque ese era el lugar al que pertenecían sin importar la circunstancia; ese era el principio silencioso de un panda. Una caída de tal magnitud era impensable, razón por la cual la sorpresa y el desconcierto la envolvieron durante el primer instante, antes de que la incertidumbre la dejase zozobrar en el terror.
Pero el atemorizante séquito de la colisión no logró tocarla. Podía estar segura de alguna clase de impacto, mas no la esperada: la brusquedad de éste, incontables niveles menor a la debida, sólo tenía como culpable a los caprichos de la gravedad. El insistente estremecimiento de su cuerpo era prueba suficiente de lo que su corazón aún sentía, pero la confusión del suceso le dio la fuerza necesaria para apartar ambas manos de sus ojos, los cuales inmediatamente se iluminaron en asombro al contemplar al joven que acababa de salvarla de una severa consecuencia. La mezcla entre el susto cuya razón terminó perdida, y la sorpresa de aquella improbable presencia, la incapacitaron de construir cualquier línea de pensamiento y acción más que esa.
Fue la calidez ajena, desbordante de las palabras y de la sonrisa de aquel de cortos cabellos castaños, la causante de una incomprensible sensación punzante dentro de su pecho. Era incomprensible porque conocía bien ese dolor: uno tan dulce que era hermoso; inconsciente del daño que provocaba, porque había nacido de la felicidad que una vez tuvo y ya no recordaba. El sentimiento fue tan real, que por un momento se preguntó si era él aquel con quien había vivido en su sueño, minutos atrás.
"No" creyó escuchar en la lejanía del infinito vacío del que se disfrazaba su mente. Y una emoción que la recién nacida consciencia de Chocolat no sabía aún descifrar, le hizo sospechar que esa persona ya era imposible de alcanzar.

Desconcertada y aún sumisa de las emociones producidas en el suceso, la de largas hebras se dejó apoyar sobre el tronco y sus propios pies, sus manos ahora sobre su pecho con la intención de calmar su respiración. A medida en que lo hacía, su corazón pudo finalmente comenzar a llenarse de un pronunciado sentimiento que de alguna forma la impulsaba a decir algo, a realizar acción alguna. Gracias a una de las guías que estuvo leyendo ese día, necesitó pocos segundos para enterarse de lo que se trataba: estaba profundamente agradecida con el joven frente a ella.
-¡Ah! -apenas articuló al darse cuenta del hecho, y en un intento de colocar en práctica sus estudios, cesó del sustento del tronco tras ella y alzó su ahora ruborizado rostro-. G-gracias... No -negó, insegura, tan pronto como le fue posible, pues entonces recordó otra de las indicaciones de la mencionada guía, en la cual se señalaba que en ocasiones era apropiado disculparse si al recibir un favor, se estaba siendo una molestia-, q-quiero decir, ¡lo siento mucho! -rectificó, en conjunto a una pronunciada reverencia, antes de volver a detenerse al preguntarse de qué manera pudo "ser una molestia" en su caso; sus pensamientos arribando con demasiada rapidez para ser procesados correctamente, y su vergüenza incrementando con la costumbre de un experto.
Con sinceridad, podía decir que no sabía expresarse en absoluto. No obstante y en su defensa, también podía afirmar que ese día lo había dedicado, casi enteramente en vano, al aprendizaje, y no esperaba encontrar persona alguna junto a la cual interactuar; el simple pensamiento tenía la habilidad de retornarla a su tímida e insegura naturaleza.
-Aguarda... -susurró, su memoria esforzandose por resaltar otro detalle de sus estudios-, uno de los libros que leí ayer decía que, cuando se está muy agradecido con alguien, ¡debe dársele un obsequio de valor!
Tal vez la instrucción no era exactamente esa; lo más probable es que hubiese sido sólo una sugerencia y no una obligación, pero eso era tanto como Chocolat había comprendido. Dio media vuelta sobre su sitio en busca de su bolso, mismo que descansaba sobre la copa del cerezo a su lado, puesto que ella lo había colocado allí antes de escalar hacia su descanso. Acuclillada mientras hurgaba dentro de su bolso, se preguntó mentalmente qué tipo de objeto era considerado de gran valor por la sociedad, hasta que en breve halló el segundo de los dos libros que obtuvo ese día en la librería del sector de servicios de ese distrito. Apenas al verlo, estuvo segura de que ese era el obsequio ideal, por lo cual se irguió, giró de vuelta hacia su milagroso rescatista y caminó un par de pasos hacia él. Con ambas manos, extendió el presente; en su rostro dibujándose una sonrisa cuya alegría y dulzura revelaban su reciente confianza respecto a lo que estaba haciendo.
-Toma esto, por favor. El señor dependiente de la librería me pidió muchos jewels a cambio de él, y creo que eso significa que tiene mucho valor, ¿cierto?

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 16/10/14, 03:56 pm

Sinuosa la silueta de la joven que era bañada en pétalos de olor rosado y dulce color. Tal y como se me presentó en un primer momento, mi opinión fue corroborada en cuanto la flor caída liberó su suave rostro de los barrotes que lo ocultaban. Una muñeca de porcelana. Difícil era referirse a ella de una forma diferente. ¿O quizá no? ¿Un hada? No, era más delicada y menos llamativa. ¿Una sirena? Tampoco, su inocente gesto no poseía esos matices de atractivo adulto que describe a las señoras del mar. ¿Un ángel entonces, una diosa? Demasiado ostentoso, divino, antinatural. Ah... pensar en ello me daba dolores de cabeza, definitivamente la porcelana era lo que mejor le quedaba. Oh no... quizá matices de la inocencia animal pudieran también dar buenas pinceladas en la dulce criatura. No sería del todo descabellado imaginar su pequeña cabeza, cubierta por la capucha de su vestimenta, adornada con un par de graciosas orejas en lo alto.

Agité la cabeza ligeramente mientras obligaba a mi mente a olvidar pensamientos e ilusiones de tal desvarío. La realidad ofrecía más peso e importancia de lo que un simple sueño pudiera crear, por lo que valía la pena centrarse en ella y beber de las aguas que traía. Esperé pacientemente a que la doncella se fuera recuperando, e incluso disfruté apreciando cada cambio gesticular en su faz: danzando desde sus ojos a su pequeña nariz, pómulos, orejas y labios. Resultaban graciosos esos pequeños movimientos inconscientes de la persona que aun intenta despertar y ubicarse. Era como el apesadumbrado bebé, que al principio se encontraba totalmente perdido en un mar de colores y figuras desconocidas y, en cuestión de unos instantes, recuperaba la gracia y la felicidad al ir descubriendo cada uno de los misterios que envolvía al mundo. ¿Era yo ese bebé o lo era ella? Al fin y al cabo también mi persona se encontraba rodeada de nebulosas dudas, ni siquiera sabía aun la razón por la que había tenido que presentarme en semejante lugar. En cualquier caso, tenía la paciencia suficiente para esperar la respuesta, que llegaría en su momento oportuno, ni antes ni después.

Una palabra. No, más bien una interjección, una sorpresa. No fui yo el asaltado por aquel repentino "¡Ah!", sino la joven cuyo verdadero despertar aun me encontraba esperando. Y llegó un segundo sonido: "Gracias". La curvatura entre mis labios se acentuó, un agradecimiento formal y bastante comedido, pero al fin y al cabo sincero y... espera, ¿Lo siento? Seguido de una reverencia, además. Enarqué una ceja, intentando descubrir el funcionamiento de aquella pequeña cabecilla mirándola directamente a los ojos. Primero un agradecimiento y luego una disculpa, ¿Eran realmente necesarios ambos? Bueno, aquello no era tan grave, pero la lentitud con la que llegaban las palabras y las reacciones de mi exótica compañante resultaban cuanto poco... extrañas, lentas. Era como si a cada palabra que pronunciara tuviera que precederla una búsqueda en la gran biblioteca que conforma nuestro cerebro, nuestros conocimientos y recuerdos. Y perdonadme si me equivoco, pero a mi parecer una disculpa y un agradecimiento eran reacciones naturales que cualquier persona, por tímida que sea o por poco sentido común que tuviera, debería ser capaz de enunciar con fluidez y naturalidad. En fin... habían cosas que no entendía bien, pero por el momento solo sería natural y educado...

-No te preocupes, no hay nada de lo que te tengas que...

Corté mi oración a medio viaje desde mi garganta, pues la joven volvió a verse interna en lo que parecía ser un duro debate interior. ¿Aguarda? Bueno... si de verdad necesitaba que esperara...  No, parecía que se estuviera hablando a sí misma, diciéndose algo sobre unos libros... un regalo... ¿Pero qué tipo de lecturas acostumbraba? A cada momento que pasaba entendía menos a la de castaña y ondulada melena, pero también aumentaba mi interés hacia ella, por lo que cruzando los brazos a la altura de mi pecho esperé tranquilamente a que siguiera con su espectacular representación teatral. La delgada figura me dio la espalda por unos instantes, momento en el que ladeé ligeramente la cabeza intentando ver qué hacía. Buscar algo, supongo. Antes estaba diciendo algo sobre un regalo... un obsequio valioso para agradecer la ayuda de alguien. Sí, sin duda esta podía ser una regla social, pero ¿Hacer algo así de manera tan repentina y regalando con lo primero que tienes a mano? Dudaba que hubiera conocido a una persona lo suficientemente despistada e inocente como para hacer tal cosa. Bueno... tal vez la maga de fuego fuera también capaz de ello, aunque lo dudaba.

Y se dio la vuelta, tan repentinamente como había volteado segundos atrás. Volví a colocar la cabeza en posición y esperé mientras la fémina avanzaba, entregándome al instante siguiente aquel objeto que con tanto orgullo portaba. Escuché sus palabras de ofrecimiento sin reaccionar a ellas, todo lo que estaba haciendo era un trabajo de observación y análisis, e incluso cogí el libro por unos segundos para leer su título y tratar de deducir la temática sobre la que trataba. Sin embargo, en última instancia, volví a coger una de las manos de la chica con delicadeza y coloqué de nuevo el objeto sobre ella. Ya había jugado lo suficiente por el momento, por muy interesante que fuera no podía quedar en silencio eternamente.

-Has dicho que compraste este libro, ¿Verdad? Con tu dinero. Entonces es algo que tienes que atesorar y guardar, no puedo aceptarlo como regalo. Tú lo necesitarás más que yo.-depositado el regalo en la mano obsequiora volví a soltarla- Sin embargo... si de verdad quieres obsequiarme con algo, sí que hay una cosa que quisiera pedirte. En realidad no es necesario tampoco, el simple hecho de haberte ayudado es suficiente, pero...-me pregunté si por ser egoísta por una sola vez, caería aun más en el pozo de la desgracia... pero el deseo pudo más que el arrepentimiento, al menos en esa ocasión- ¿Podrías cantar? ¿Puedes cantar la misma canción que entonabas cuando estabas ahí arriba? Me gustaría volver a escucharla... por favor.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 17/10/14, 08:08 am

La vergüenza, que había sido opacada por el breve intérvalo durante el cual el joven de iris ambarina aceptaba su presente, volvió a asentarse con fuerza tanto en su corazón como en sus mejillas al ser rechazada, indicación de que se había equivocado en su forma de actuar, como era la costumbre. Decepcionada de sí misma, tomó el texto que volvía a sus manos y lo contempló: era uno para niños pequeños, el cual trataba de enseñar el buen comportamiento que estos debían tener. Fuese el caso que se hubiese equivocado respecto al valor del libro, o que las instrucciones leídas resultasen erróneas en su totalidad, el hecho de no saberlo confirmaba su dilema. Detalles que para todos los demás parecían ser tan sencillos, perdían sentido ante su mirada...
Colocó el libro sobre su pecho y lo abrazó, como alguna clase de consuelo, antes de ladear ligeramente su cabeza en interrogante, a modo de reacción a las palabras ajenas que hablaban de otra forma de agradecimiento.
-¿Can... tar? -repitió, sorprendida por tal petición. Acaso... ¿había escuchado su débil intento por evocar la canción de su sueño?
El recuerdo de aquella tonada, abandonado tras el desagradable susto, finalmente volvió a ella. Mas la tristeza se hizo visible en su rostro al darse cuenta de que no le era posible cumplir con lo pedido. Si bien no comprendía qué magnitud de valor podría tener su canto para él, y aunque tal vez no tuviese importancia alguna para el mismo más que una simple curiosidad, sentía que quería complacerlo en lo que pudiese.
-Lo siento... -musitó en un suave tono, más natural que su primera disculpa, puesto que en esta ocasión no se hallaba ponderando sus propias acciones-, desconozco esa canción. En... en realidad... es la primera vez que canto... -confesó, deteniendo su mirada en el suelo frente a ella al sentir su rostro terriblemente ruborizado- N-nunca antes lo había intentado, desde que tengo memoria.
Y, sin embargo, pudo sentirlo en el flujo natural de su propia voz, el hecho de que, a diferencia de ella, para aquél ser que fue en su pasado no sólo no era la primera vez que cantaba, sino que se trataba de un pasatiempo que disfrutaba, quizá de algo más. El antiguo espíritu celestial de Ursa Minor... Se preguntaba ahora que tan distinto de ella sería.
-Pero soñé que la cantaba para alguien -quiso explicar, aún sin alzar la vista; su voz provista de un leve toque de melancolía del cual ella misma no se enteró-. Por eso quería intentar recordarla al despertar, y eso hacía antes de caer.
Sus ojos finalmente retornaron al joven, en ellos expresando su disposición.
-Pero, si eso es lo que deseas, quisiera intentarlo de nuevo -admitió, y se mantuvo expectante a una respuesta.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 18/10/14, 03:11 am

Una brisa de gélido aire causó un estremecimiento en mi cuerpo al hacernos una inesperada visita. No había caído en la cuenta en todo ese tiempo, mas ciertamente la temperatura en este lugar era bastante baja; no lo suficiente como para menguar la movilidad de mis miembros, pero sí para conseguir causar unas ligeras punzadas aquí y allá. Froté las manos con rapidez para tratar de crear algo de energía calorífica entre ellas, intento que acabó vanamente pues aunque mi intentiva era alcanzada eventualmente el frío se propagaba más rápido de lo que lo hacía el calor. En fin, por lo pronto la molestia no era tan asfixiante como para convertirla en un enemigo al que abatir al instante. Podía dejar pasar un poco más de tiempo antes de centrarme en proponer otra solución. Por el momento, tenía frente a mí algo mucho más interesante a lo que prestar atención.

Las emociones fluían por el gesto de la delicada muñeca como el agua lo hace por el cauce de un río. No parecía ser capaz de esconderlo, pues era especialmente fácil descubrir en ella cada cambio emocional, cada modificación en su estado de ánimo, lo que también ayudaba a percibir lo que pasaba por su cabeza. ¿Cómo hacerlo? Bueno, este es un don que solo las personas observadoras poseen -sí, siempre he sido uno de esos sujetos que se fijan hasta en los últimos detalles de las cosas, sobre todo si se trata sobre el comportamiento humano-, es un simple trabajo de observación, análisis y deducción. No gustaría de aburriros, por lo que omitiremos la parte técnica por el momento. La decepción de una derrota -o una equivocación, como queráis verlo-, la duda derivada de algo inesperado y la tristeza...

Espera, ¿De dónde surgió esa tristeza? Podría haber entendido encontrar vergüenza o negación al imbuirse en las emociones de su mirada, pero la tristeza fue algo que me pilló por sorpresa. ¿Había pedido algo que no debía, había tocado un campo minado sin siquiera darme cuenta de ello? Fruncí el entrecejo levemente, no parecía haber sido la más acertada de las solicitudes, lo que hacía que mi arrepentimiento por el egoísta deseo fuera en aumento. Escuchar la dubitativa y desolada disculpa de la joven fue como experimentar una puñalada en lo más profundo de mi corazón. No quería volver a verla lamentarse de ese modo... esa tristeza no era algo que sentara bien a su rostro, en absoluto

-No, no. Perdóname tú, pedí algo demasiado egoísta, no debí hacerlo..-intenté calmarla y hacer que su tristeza retrocediera mediante ademanes y suaves palabras, tenía que enmendar mi error como fuera- Esto... cómo explicártelo...-desvié mi gesto hacia un lado, intentando descubrir una buena forma de hacerme entender- Fue tu voz la que me hizo venir aquí. Sé que suena raro, pero no hay otra forma de explicarlo, en cuanto te escuché cantando no he podido evitar pensar que esa era la razón por la que mis pies me han guiado hasta este lugar esta misma noche. Por eso... solo me preguntaba... cuál era la razón par que eso ocurriera.-suspiré profundamente, me daba la sensación de que todo lo que conseguía era hacer que ella entrara en duda y me entendiera menos por momentos... sin embargo, lo siguiente lo enuncié con tono más profundo, pensativo y sincero- No... miento, en realidad no es solo por eso. Además... cuando te escuché cantar no pude evitar pensar que te sentías... triste, dolida. Eso era lo que percibía de tu voz. Pero también se oía bella... más allá de esa tristeza se podía apreciar verdadera belleza y armonía. Por eso quería volver a escucharla... solo por eso te pedí algo tan egoista.

Me llevé la mano diestra tras la cabeza y por unos segundos dibujé una sonrisa de disculpa entre mis labios blanquecinos. Había acabado soltándolo todo... hay veces que me pregunto porqué he de ser tan estrictamente sincero en este tipo de situaciones. Bueno, la sinceridad no es un defecto, pero a veces hay cosas que es mejor guardárselas para uno mismo, si no lo haces son... demasiado embarazosas. Y era así como lo sentía en ese mismo momento. No llegué a ruborizarme como ocurrió con el rostro de marfil que tenía frente a mí. Me pregunté si no estaría siendo una molestia en ese momento, quizá lo que debería hacer era dejar a la joven a solas... pero ese sentimiento... no me gustaba dejar las cosas a medias, por lo que decidí al menos esperar por la próxima reacción descrita en la abierta expresión de ella. Entonces desapareció la tristeza, llevada con el mismo viento que nos acunaba en ese momento, y dio lugar a la melancolía, a la nostalgia. Era evidente que la joven estaba haciendo un viaje al tiempo pasado, una visita a los recuerdos ocultos en los más recónditos escondrijos de la memoria. Y sus palabras lo corroboraban: un sueño, una canción, una persona. Parecían nociones muy superficiales, pero era suficiente para demostrar que en realidad aquella melodía sí que provenía de alguna parte de su pasado, o al menos eso era lo que me daba a entender a mí.

-No tienes que forzarte a hacer nada, ya lo sabes. En realidad no es necesario que te preocupes por obsequiarme con algo, ya te he dicho que soy de ese tipo de persona a la que le gusta ayudar a otros sin la necesidad de recibir nada a cambio. También es bueno dar algo de vez en cuando sin esperar recibir nada a cambio.-le guiñé un ojo con la intención de animarla, aunque fuera un poco- Pero...-volví a relajar mi gesto y hablé con la misma naturalidad y dulzura que había usado la primera vez que nos encontramos- Si tú quieres recordarla, siempre y cuando tú y solo tú quieras traerla de vuelta, estaré encantado de escucharte cantarle.-alcé la mirada hacia el cielo estrellado por un instante, pensando si debía hacer algo o no... bueno, no había nada de malo en mostrárselo; volví a bajar los ojos para clavarlos en ella, mirándola solo de reojo en esta ocasión- Además, si lo haces te enseñaré algo realmente bonito. Te gustará, es una promesa.Pero recuerda, solo vale si lo deseas de verdad.-sonreí una vez más con ese sentimiento de calidez y amabilidad que sería capaz de reconfortar a todo aquel que fijara su vista en él. No quería forzarle a nada, pero si podía ayudarla en algo... lo haría sin dudarlo ni un solo instante.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 19/10/14, 01:06 am

Esa extraña preocupación que sentía de ser rechazada nuevamente fue disminuyendo a medida en que escuchaba las amables palabras del de cabellos castaños. Aunque no pudiese entenderlo en entero, no podía alejar su atención de cada palabra pronunciada y cada gesto; la característica que rodeaba a cada uno de ellos, por motivos que el torpe espíritu no podía atisbar aún, le llenaban de una agradable sensación. Era completamente distinto de sus compañeros de gremio, quienes hasta el momento eran sus únicos conocidos, de apenas breves palabras a causa del escaso tiempo que llevaba junto a ellos, según lo que ella alcanzaba a sospechar. Era diferente porque mientras más le escuchaba y veía, le hacía sentir... que estaba bien equivocarse. Que era posible cometer un error incluso mayor al de instantes antes, y no recibir aquella hiriente mirada que estaba habituada a esperar desde el corto inicio de su nueva vida. Pero, en realidad ¿era posible que existiese una persona así?...

"¿Es en serio? ¿Realmente, no tienes idea de porqué te miran así?..." interrogó, la molestia adherida a su voz, uno de los magos que acababa de conocer en ese curioso lugar al que llamaban 'gremio'. "No te creas especial, niña. No es personal: en este mundo, sencillamente, no existen ojos que no juzguen. Acostúmbrate y ve a trabajar."

No, no podía ser lo que ella pensaba; después de todo, no era el primero de sus propios sentimientos que llegaba a su destino y acababa siendo incomprendido. Aún así, estaba segura de que lo que estaba recibiendo era la amabilidad de aquel cuyos ojos, ahora que se había detenido a observarlos, le eran reminiscentes de un ocaso. Aunque sabía que podría no perdurar por mucho más tiempo, aquello que ya había obtenido era más que suficiente para hacerla sentir feliz.

Esa curiosa línea de pensamiento que tanteaba aventurarse a trazar su camino, fue interrumpida por completo al escuchar las últimas palabras del joven; así de sencilla era su mente de distraer.
-¿Algo... muy bonito? -repitió, inconsciente, y tan sólo al pronunciar dichas palabras, sus ojos se iluminaron con un fuerte brillo que mezclaba la curiosidad y la emoción que comenzaron a invadirla.
No tenía idea de lo que pudiera ser aquello a lo que se refería, pero se trataba de algo que le gustaría, pues él lo prometió, ¡así que definitivamente tenía que verlo!
-¡Sí! -respondió en conjunto a un asentimiento de su cabeza, una alegre sonrisa adornando su rostro-, ¡daré mi mejor esfuerzo!
Y, sin embargo, tan pronto como lo dijo, supo que no sería posible si seguía las condiciones que le eran impuestas; no en su totalidad.
-Pero -se apresuró, entonces, mas dudó un momento, dentro del cual sus ojos descendieron hacia una dirección insustancial, y su mano derecha, cerrada en un débil puño, se detuvo sobre sus propios labios; esto como un gesto pensativo instintivo, mientras ponderaba una explicación- um, aún no comprendo bien lo que es ser "egoista", p-pero... Es sólo que, en estos momentos, dentro de mi corazón siento un profundo agradecimiento que no se quiere ir -indicó, entrelazando ambas manos cerca de su pecho, al mismo tiempo en que cerraba sus ojos, sólo por un segundo, con motivo de concentrarse en el sentimiento que mencionaba-. No sé si es porque no sufrí de mi caída, o porque la persona frente a mi es tan cálida... pero creo que no podré cantar si sólo lo hago para mí.
Finalmente, su vista volvió a elevarse sobre la mirada del contrario, antes de preguntar:
-Por eso... ¿está bien si canto para nosotros dos?
Tenía entendido, según lo que le había sido dicho ya por otros, que sus explicaciones no solían tener sentido para nadie más que ella, mas era evidente que no conocía otra forma de expresarse hasta el momento.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 20/10/14, 05:05 pm


La ondulación de mis cabellos, acompañando a la seca brisa, obstaculizó mi mirada momentáneamente, instándome a llevar mi mano diestra al gesto y apartándolo oportunamente. Sin embargo, de uno a otro pasaba ese molesto baile improvisado, llevándome finalmente a apartarlos todos ellos y mantenerlos separados de mi frente durante unos pocos segundos. No me gustaba tener la mirada oculta. Siempre he creído que el sentido visual es el más grandioso de los sentidos humanas. Una mirada puede decir mucho más que una palabra, un roce, un sabor o cualquier otro tipo de estímulo enviado por el resto del sistema visual. Sentimientos, necesidades, deseos, preocupaciones... para el ojo avizor son pocas las cosas que escapan, y mi ojo había sido siempre tan rápido y ágil como la luz que lo guiaba.

Por eso empezaba a entender, aunque fuera poco a poco, a aquella muñeca de porcelana. Las señales no eran pocas, en realidad. Desde lo apresurado de sus palabras, las dudas en su entonación, su constante vacilar y al mismo tiempo su grácil y dulce deseo de comportarse como se debería esperar de ella... o como ella debería ser. Cual niño carente de sentido común, quien solo con aquella escasa información que yace al alcance de su mano intenta convertirse en un miembro de la sociedad y que los demás le acepten tal cual es. Esa es la sensación que me transmitía, un niño intentando encajar en un mundo de adultos. Sin embargo, aquella joven no tenía la apariencia de una niña, ni mucho menos. Ciertamente, podría tener uno o dos años menos que yo, pero nada más allá de esto, entonces... ¿Qué era lo que había ocurrido con ella? Su actuar no encajaba con el que debería ser, alguna información faltante debería haber de por medio, algo que pudiera dar una clara respuesta a mi cuestión.

La favorable reacción de la joven a mi querencia me hizo dejar de pensar en ello y volver a bajar los pies a tierra firme. Sonreí complacido, viendo que realmente era verdad que ella también poseía el profundo deseo de recordar aquel bello canto. Sin embargo, lo que siguió me pilló un poco por sorpresa. El egosimo, ¿Eh? Al parecer era un concepto con el que no tenía relación, una idea a la que su mente no podía relacionar concepto alguno. Ciertamente, a un niño podría serle difícil entender algo así... debía tener extremo cuidado con las palabras que usara para que pudiera comprender bien la idea.

-La gente... suele preocuparse mucho por sí misma.-inicié; sí, creía que ese sería un buen inicio- Hay personas a las que no les importa hacer daño a otros para conseguir algo que ellos desean. Eso es una persona egoísta. Alguien a quien no le importan los demás, ni lo que piensen ni lo que sientan, solo pensan en sí mismos.-suspiré profundamente y cerré los ojos por un instante- La gente se ha acostumbrado a este tipo de comportamiento... cada vez hay menos personas que se preocupan con otros, y más que arrasan con todos para lograr sus ardides... incluso con las vidas humanas.-en cuanto dije esto no pude evitar bajar la mirada, fruncir el entrecejo y apretar los puños con fuerza, reteniendo la rabia que en mí nacía- Gente que mata por afición... lo llaman trabajo, algunos, pero son personas que realmente disfrutan arrebatando la vida ajena sin ningún sentido. Eso es imperdonable...

Poco a poco sentía al ardor crecer en mí e instigarme a descargar la rabia que me dominaba. Aquello no era algo bueno, no era el momento para desahogarme de esa manera. Pensar en ese tipo de personajes tan egoístas e inmorales me sacaba de mis casillas, pero la hija de los Sakura no tenía ninguna culpa en esto... no podía dejarle pagar por ello. Cerré los ojos un instante y respiré hondo varias veces, relajando el latir de mi corazón, rechazando los intensos sentimientos de mi corazón y aclarando mi mente hasta volver a recuperar la tranquilidad anterior. En cuanto fui capaz de recuperar esa sonrisa amable y esa calidez ocular que tanto me caracterizaba, volví a abrir los ojos y respondí a la última de las preguntas que se me habían formulado:

-Lo que quiere decir... sí, puedes hacerlo.-la alegría y tranquilidad habían vuelto a mí gracias a escuchar la suave, inocente y dudosa cuestión de la castaña- Cantar para otros es bueno. Yo mismo te lo pedí antes, ¿Cierto? Eso quiere decir que si te oigo cantar, y tú misma deseas hacerlo de verdad, te estaré enormemente agradecido.-asentí con la cabeza animadamente, instándola a hacerlo- Eso es lo contrario a ser egoísta, hacer cosas por otros, y es algo por lo que puedes enorgullecerte.
Spoiler:
Perdóname por el cutre post ;O; Por las noches no tengo mucha inspi, y por el día el tiempo escasea... gomen uwu

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 26/10/14, 08:42 am

Una ligera expresión de asombro se asentó en su rostro a medida en que escuchaba la explicación de su interlocutor. Uno de sus libros tenía por concepto de egoísmo el "no compartir lo que se tiene con los demás"; una lección un poco complicada de acatar, por el hecho de que ella no tenía a nadie con quien compartir ninguno de sus recientemente descubiertos gustos. Pero poco después de leer ese dato, Chocolat descubrió que las personas usaban la palabra "egoísmo" para definir otro tipo de comportamiento que no parecía tener relación alguna con lo leído en el texto. Podía darse cuenta de que la explicación que ahora recibía era esa definición perdida... y eso le hizo llenar de preocupación.
¿Era posible que ella fuese ese tipo de persona?... Sabía que hasta ese momento, sus intenciones nunca habían sido la de causar daño a alguien, lo cierto es que estaba en la naturaleza del espíritu el desear ver una sonrisa en aquellos con quienes interactuaba, o tal vez ¿eso la incluía dentro de la descripción de egoista?... Personas que sólo piensan en sí mismos, no en los demás, no en sus sentimientos... Mientras intentaba rememorar los eventos de su corta vida, la duda incrementando dentro de ella, pudo darse cuenta de que nunca consideró si alguna de sus acciones ocasionaba daño alguno a otras personas, aún si su inconsciencia no le permitiera determinar del todo cual de sus acciones pasadas pudo tener ese efecto.
"Hay una razón por la cual tu magia está compuesta de oscuridad..." fue el pensamiento que repentinamente llegó a su mente. ¿Pensamiento? No... o ¿sí? Eso tendría que haber sido, puesto que se trataba de su propia mente, pero, por alguna razón, no se sentía como sus propias palabras, sino unas en entero foráneas. Y aún así... Algo en ello parecía tener sentido.

La consternación que sus pensamientos y corta memoria le causaban cambiaron su origen al obsevar la aflicción reflejada en el rostro del joven de castaños cabellos. Hablaba de personas que disfrutaban al llevarse la vida de otras... ¿existían esa clase de seres? Sonaba increíble, sin el menor sentido para ella, pero era lo que él le estaba diciendo, así que era la verdad. Y, sin embargo, al contemplar su expresión, y escuchar el enfado en su voz, Chocolat deseó que ese extraño tipo de personas realmente no existieran. No sabía de qué modo, pero podía ver que hablar de ellos le causaba pesar a aquel frente a ella, ¿quizá estaba teniendo un recuerdo muy triste?...
Instintivamente, quiso acercarse a él dando pocos pasos, observándole con preocupación. Quería hacer algo para aliviar su corazón de esos sentimientos dolorosos que ella conocía bien a pesar de su amnesia, pero no sabía qué; en la mayoría de las situaciones, era tan torpe como al animal que representaba...
Mas no hizo falta, ya que pronto el joven logró volver a su estado anterior, como si nada hubiese ocurrido. Verlo sonreir de nuevo la calmó, pero algo dentro de ella no le permitió olvidarlo del todo; era una sensación que no sabía explicar... Como dejar una ración de pastel sin terminar, tal vez. Aunque, pensándolo mejor, no se trataba de algo tan agradable como eso...
Quería preguntar, de verdad tenía muchos deseos de preguntar si se hallaba bien, si había algo que pudiese hacer. Mas ahora dudaba sobre si hacer eso sería egoista, porque estaba pensando en lo que ella quería y no en lo que él quería. Era más complicado de lo que creía, o quizá era su costumbre complicarlo todo de ese modo, pero no estaba triste ni desalentada por ello: por primera vez desde su despertar en el prado, sentía que realmente había aprendido algo, algo muy importante, porque era capaz de hacer sonreír y de hacer sufrir a una persona. No podía decir aún que había comprendido el concepto correctamente, pero ahora tenía la oportunidad de pensar en ello.
Por eso, negó suavemente con su cabeza en respuesta a las últimas palabras de su contrario, respecto a no ser egoista por querer hacer algo por los demás.
-Creo que sí lo soy -musitó, mas una cálida, agradecida sonrisa se hizo presente en su rostro-. Pero ahora lo sé, y daré mi mejor esfuerzo por cambiar. Por eso, ¡muchas gracias!
Tan pronto como dijo eso, aunque su alegría al hacerlo no se esfumó, se dio cuenta de que no había consultado su libro para cersiorarse de que agradecer por ese tipo de cosas no fuese parte del extraño comportamiento por el cual la sociedad la negaba. Observó, entonces, el texto que aún protegía entre sus brazos. Ya había cometido un error minutos antes, así que tal vez debería dejar su mente descansar de tantos estudios que pocos frutos habían dado...
Con ello en mente, se dirigió de nuevo hacia su bolso, el cual aún yacía bajo la copa del cerezo, y depositó el libro allí con cuidado, antes de volver a dirigirse hacia el castaño.
-Bien -dijo, su ceño fruncido momentáneamente en determinación, en contraste a sus mejillas que ahora se hallaban sonrojadas a causa de los nervios que repentinamente empezaron a crecer dentro de ella.
Con sus manos entrelazadas frente a su pecho, cerró los ojos y emitió un suave suspiro, como método de concentración.
Spoiler:
Lo siento muuucho por la demora ><!! ... de verdad ;//A//; !

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 28/10/14, 06:02 pm

"No lo olvides jamás, Kasuka. Tu vida no la debes a ti mismo, ni tampoco a tu familia, ni a los seres que amas ni a cualquier persona por la que te puedas compadecer. Tu vida la debes única y exclusivamente a tu señor, aquel que rige tu vida, aquel que nos acogió y nos permite vivir en el seno de su familia. Nadie puede dañarle mientras nosotros vivamos, nadie puede faltarle al respeto. Ese es nuestro deber como sus guerreros, joven Kasuka, el vender nuestra alma al diablo si es que es necesario con tal de ser un fiel siervo de aquel que nos gobierna. Eso es todo lo que debes comprender para vivir, nada aparte de ello es importante en lo más mínimo."

Palabras que se clavaban como un afilado puñal en el corazón de aquella persona que, por su sutil humanidad y su moral enriquecida, había sido incapaz de confiar en un principio básico tan simple como aquel. Sí... si lo pensabas bien aquello no era un "acto samaritano", como podía parecer a primera vista, sino un acto del egoísmo más puro y reprudiable. Hacer pagar a generaciones y generaciones de seres humanos con su libertad y su vida a costa de algo sucedido no siglos, sino milenios atrás. Creedme cuando os digo que... durante mucho tiempo he tratado con gente egoísta. Gente que piensa en sí misma y no solo en eso, en sus preceptos morales y sus ideas, imponiéndoselas ciega y cruelmente la voluntad del uno sobre la del resto... o a la viceversa. No es la mejor compañía que uno podría desear... creedme cuando os lo digo.

Sin embargo... no solo el egoísmo fue mi compañero de armas, del mismo modo que no todo el universo está compuesto por materia oscura. Donde hay oscuridad hay luz, donde hay maldad también existe bondad... en el yugo del egoismo, encontrarás también las claves y orígenes del altruismo. Entrecerré los ojos a medida que mi mente viajaba por unos instantes a mundos lejanos... un mundo tan lejano y tan cercano al mismo tiempo que la única palabra con la que podría ser descrito es: sueño.

"Nee onii-chan, onii-chan, ¡Vuelve a hacerme una corona de flores, vuelve a hacerme una corona de flores"

Antes de que su aguda y vivaz voz hiciera su demanda, mis delgados y hábiles dedos ya enlazaban la última de las flores en su lugar correspondiente, dando lugar a una perfecta circunferencia compuesta por flores de loto. Ni siquiera hube de incorporar mi cuerpo sentado sobre la hierba para colocarla sobre la cabeza de aquella bella princesa que alegraba mis taciturnas mañanas. Como siempre, la amplia sonrisa que dibujó al sentir como la corona poblaba su cabeza, por encima de ese largo y liso cabello color castaño claro, me hizo compartir también una ligera y afable media sonrisa.

"Una digna corona para la más bella de las relucientes princesas. Hikari, cada vez creo que tú misma naciste de una flor de loto... tienes la piel tan pálida como sus pétalos, ¿Estas segura de que no son tus familiares lejanas?"

Ella respondía a mi sarcástico comentario echándose las manos a la cintura y sacándome la lengua, diciendo con tono rebelde: "¡Onii-chan no baaaaaka!"; después de lo cual saltaba sobre mí y quedaba abrazada a mi cuello. Rodábamos por la hierba bañando nuestros cuerpos en los pétalos de los cerezos otoñales, y acabábamos tendidos en el suelo agotados, sin poder dar ni un giro más de lo mareados y cansados que nos encontrábamos. Después de unos minutos de silencio, era la pequeña quien lo rompía y decía con tono inocente y dulzón:

"Nee, onii-chan, gracias por el regalo. ¿Qué tiene que hacer Hikari para devolvértelo?"

Yo sonreía y entrecerraba los ojos. Mi hermana no era de esas personas a las que les gustara recibir algo sin dar otra cosa a cambio -algo que al parecer heredó de mí mismo-, por lo que una simple evasiva no era suficiente como para hacerla desistir. Sin embargo, mi respuesta a su querencia siempre era la misma:

"Ya sabes que no me tienes que dar nada, Hikari. Tú hermanito te hace ese regalo porque te quiere, no porque quiera recibir algo a cambio. Pero... si aun así insistes, y estoy seguro de que lo vas a hacer... ya sabes también cuál va a ser mi respuesta, ¿Verdad?"

Ella sonreía tan ampliamente como podía, y después giraba su rostro apoyando la mejilla en la húmeda hierba, para mirarme directamente a los ojos, pues yo había hecho exactamente lo mismo al mismo tiempo que ella. Mientras nos mirábamos, con el más puro cariño fraternal cargado en nuestras miradas, su mano derecha se enlazaba con la mía izquierda... y después volvíamos a sonreir. Finalmente, volvíamos a dejar la cabeza recostada con la mirada en dirección al azulado cielo, respirábamos hondo y... empezaba el espectáculo.

La dulce voz de Hikari envolvía el ambiente con una canción de suave y melódica tonada, fundiéndose con todo al nuestro alrededor y volviéndose uno con el mundo. Los pétalos danzaban en el aire, los rayos del sol se filraban entre las copas de aquellos árboles rosados, la suave brisa nos acariciaba y nos acunaba suavemente y... así nos quedábamos hasta que la canción llegaba a su fin, quedando dormidos sin la más mínima preocupación, como si...

-Como si todo lo que importara en el mundo fuéramos nosotros y ese fugaz instante que habíamos creado.

La imagen se deshizo en una cortina de neblina mientras una furtiva lágrima escapaba por mi mejilla. Intenté borrar su rastro a la velocidad del rayo, rasgando mi rostro con una uña y dejando tras de sí un delatador arañazo rojizo. Esta vez no conseguí recuperarme tan rápidamente como lo había hecho antes, era el problema de tener un corazón y un alma tan expresivas, pero luché con todas mis fuerzas contra el impulso de volver a rememorar aquella imagen de años pasados que al mismo tiempo tanto añoraba, tanto amaba y... tanto deseaba olvidar. Es como ese recuerdo que resume toda la belleza y la grandeza de tu infancia, pero como sabes que jamás podrás volverlo a ver repetido decides cerrar tu mente y tu corazón a él, o al menos intentarlo. Mas no siempre nuestras intentivas son efectivas, y en mi caso... no lo eran en una gran mayoría de las ocasiones.

-No puedo decir que no seas egoista, pues no te conozco... pero realmente no pareces en absoluto alguien así, y créeme: mi instinto no me suele fallar, o al menos no en estas cosas. -he de decir que la siguiente acción, llevada a cabo mientras veía como la joven se intentaba concentrar para empezar con su canto, requirió de un gran logro para no cambiar la afabilidad y la sonrisa en mi gesto, pues en realidad, en lo más profundo de mí, no consiguió otra cosa que quebrarme el corazón- No tengas miedo... no tengas dudas... yo estaré aquí y me encargaré de que no sufras ningún daño. No volverás a sufrir cantando como lo hacías antes... tienes mi palabra.

Mientras decía esto adelanté mi mano izquierda y con ella tomé su diestra, tan solo colocándola encima de esta. Hice que los poros de mi mano se abrieran para permitir que a través de ellos se filtraran, por la palma, unas pocas esferas lumínicas que por el momento permanecerían ocultas, pero si requería uso de ellas... podrían ayudarme a aliviar el sufrimiento que pudiera recorrer cuerpo, mente y alma de la joven muñeca de porcelana.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 31/10/14, 09:54 pm

Tan pronto hizo el intento de concentrarse en la tonada, dos emociones se apoderaron de ella durante los siguientes segundos. El primero fue la sorpresa, la más sincera entre sus distintas clases, porque ésta se originaba de la confusión nacida de percatarse, tan sólo en ese instante, que su mente recordaba con perfecta claridad los versos que daban inicio a la canción; a pesar de que los breves sucesos de su sueño mostraban, más con cada segundo, cuan ávidos eran en perderse entre la neblina del olvido. El segundo fue el miedo... porque cada palabra fue acompañada por una desagradable sensación. Ya lo había sentido antes, en su primer intento de remembranza: eran diminutos alfileres incrustándose en su corazón; alfileres que, insatisfechos, no demoraron en agredir a su mente por igual. No era un dolor de gran magnitud, sin embargo, sino sólo un preámbulo; uno que el espíritu decidió ignorar, junto al temor, pues sabía que no recordaría la tonada si se dejaba guiar por ellos.
Necesitaba saber por qué dolía, por qué le hacía sentir tan triste... Era cierto lo que le había sido dicho antes respecto a su canto; ella misma pudo oírlo, como un reflejo, en su voz. Pero aunque no supiese en entero los versos que componían la melodía, estaba segura de que ésta no trataba de ese tipo de sentimientos. Lo sabía porque en su recuerdo, la felicidad rodeaba cada gesto realizado por instinto, y cada nota emitida. ¿Por qué estaba feliz en ese entonces?... ¿Por qué ya no?

Sus párpados se abrieron en sorpresa al escuchar las palabras del joven castaño. No pudo entenderle, mas no necesitó hacerlo al advertir, por un breve instante, una lágrima escapar de sus ojos ambarinos, y morir antes de alcanzar cualquier otro destino. No sabía el motivo, y el ser incompleto que era ella ahora no le permitía comprender la razón para él querer esconderlo; pero sabía que, no obstante, el sentimiento estaba allí. La impresión que el espíritu tuvo antes, aquella que le indicó que no todo estaba bien, se lo repetía ahora mientras su mirada contemplaba la amable sonrisa de su contrario.
Su preocupación, su deseo de querer ayudar, su aflicción al percibir la tristeza de aquella persona; todo sentimiento dentro de ella incrementó al escuchar las palabras de éste, al sentir la calidez de su mano sobre la propia, antes de la cual ella misma no había reparado en la gelidez a la que su débil cuerpo estaba obligado por consecuencia de la frescura de la noche. Él sabía de su temor aunque ella no lo hubiese dicho, del misterioso malestar que le ocasionaba el esfuerzo por conocer un pequeño, inocente fragmento de su pasado. Pero... ¿Por qué le daba más importancia a ella que a sí mismo? ¿no se sentía triste?...
Por instantes, le observó, queriendo buscar una respuesta en su semblante, en su mirada y en su expresión. Inconsciente, con lentitud, elevó la mano izquierda, y con dos de sus dedos tocó, suave y sutilmente, el trazo de tonalidad rojiza sobre la mejilla del castaño. Era la única prueba de que no se equivocaba en su pensar, la única que su inexpertos ojos lograban atisbar.
-Ya veo... tu corazón también duele mucho -musitó, mas no le dejó espacio para una respuesta, porque no era una interrogante, sino una afirmación-. El mío duele a menudo, aunque no pueda recordar por qué.
En su deseo estaba saber el motivo de la tristeza oculta tras la agradable sonrisa del joven; estaba el querer sanar la herida que causaba dolor. Pero preguntar, insistir a aquel que sólo parecía desear esconder dicha herida... En su mente, estaba segura de que eso tendría que ser egoísmo.
Él le había asegurado que ella no era egoísta, y aunque a la de hebras castañas le resultase asombroso que él pudiera saberlo, ella le creía. Quizás durante el tiempo que corría desde el reciente inicio de su vida hasta ese momento, Chocolat no lo hubiese sido. Pero ahora que estaba consciente del término, necesitaba saber que podía hacer más que simplemente "no ser". ¿Qué era lo contrario al egoísmo? En sus libros hablaban de "generosidad", mas ahora que sabía que el egoísmo poseía un concepto mucho más amplio, también sabía que su antónimo era incluso más increíble.
Con ello en mente, decidió que si quería hacer lo correcto, si lo que quería era ayudarle realmente, tenía que pensar sólo en él y en sus sentimientos; debía dejar que fuese su deseo, y no el de ella, el que tuviese prioridad.
-Por eso... -continuó, y su mirada descendió hacia la mano que tomaba la suya, antes de resguardar la ajena entre ambas propias-. Está bien si permites que tu corazon respire aunque sea por un pequeño segundo. Lo que esté sintiendo, no se lo diré a nadie.
Sólo entonces, con sus párpados nuevamente cerrados, separó sus labios para inhalar el aire que necesitaba. Y cantó.

Lo había recordado, de qué trataba la canción. No era sobre la tristeza y la melancolía que en un principio su voz le hizo creer. A medida en que las palabras fluían a travéz de sus labios con una naturalidad desconocida, era cada vez más claro: hablaban de los cálidos sentimientos del corazón, del inquebrantable optimismo que nacía en medio de la oscuridad, de la fiel esperanza en alcanzar un anhelo sincero. A aquellas breves estrofas que expresaban más de lo que estaba en su capacidad, la de cabellos castaños les entregó su voz con la sinceridad de todo su ser; sin pensar en el malestar anterior, sin fijarse en si estaba allí ahora o no, porque confiaba en la promesa recibida.
Sólo eso podía hacer por esa persona a quien no conocía y que le había dado tanto en tan poco tiempo.
Spoiler:
Letra traducida de cancioncita oxó

Las flores que florecen en primavera
y el cielo que se expande en el verano
graban un resplandor
en el interior de mi corazón

Aunque cierro la ventana
en días lluviosos
mi corazón rebosa con una luz
que llega desde las nubes

Una lejana, lejana voz
me guía
como una sonrisa
como una canción
con el sonido resonante del viento

Felicidad, tristeza
Lo abrazaré todo y caminaré
Eso es lo que conecta
fuertemente
nuestras manos...

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 02/11/14, 02:22 pm

Los latidos de mi corazón se ralentizaron. Era como si mi sangre ya no circulara por las venas, como si el riego del cerebro hubiera quedad bloqueado y todo mi sistema nervioso se hubiera paralizado en el acto. Es asombroso el poder de las palabras, asombrosa la fuerza que pueden tener contra alguien que no las espera. Mi corazón... duele mucho... cuando la joven pronunció esa combinación de palabras, tan simple y tan natural a primera vista, todo mi ser quedó, literalmente, congelado por lo que debieron ser unos pocos segundos... pero para mí se convirtieron en realidad en horas, en largas horas de silencio y mortandad. No podía entenderlo... era demasiado ridículo... estaba esperando que hiciera cualquier tipo de comentario respecto a mi lágrima, razón para lo que ya tenía preparada una fútil y breve respuesta. Incluso sabía que podía preguntar si me dolía algo, si estaba sufriendo, pero... cuando lo pronunció de verdad, fue algo muy distinto a lo que esperaba. Era una afirmación, no una pregunta. Como una bala, una bala atravesando mi pecho e impactando de lleno en el corazón. Nunca se me dio bien eso de ser descubierto por los demás, aquello a lo que la gente llama “compartir el dolor” o “abrirse al exterior”, no recuerdo una sola persona a la que haya entregado el don... no, más bien la desgracia de comprender ese dolor que día a día tanto me atormentaba. ¿Por qué entonces lo había hecho ella? Había actuado como siempre... tranquilo, controlado, amable, sonriente... se me daba bien tomar ese papel, o... quizá no tanto como yo quería.

Mi mirada quedó clavada en el suelo, con los labios sellados y las manos temblorosas. Había prometido protegerla, cuidarle de todo el dolor, pero en ese momento mi control sobre el cuerpo y sobre mi poder mágico era nulo, necesitaba aun algo de tiempo para recuperarme. No podía dejar que me viera así, no podía dejar que de verdad lo entendiera todo... no podía saberlo, no podía saberlo, no podía saberlo, NO QUERÍA QUE LO SUPIERA. Porque si lo hacía, me culparía, me rechazaría, me odiaría, y todo eso... es doloros. Demasiado doloroso. Como aquellas malditas miradas clavadas en mí. Como aquellos sujetos que siempre me despreciaron y vieron como un ser inferior. No... no... no... no más... no más... Y de repente... calidez. Llegó de manera tan abrupta como el miedo y el desespero. Fue en mi mano donde comenzó, gracias a una capa protectora que había aparecido encima suya. Otra mano... la de ella, la de aquella joven que en ese momento me dedicaba unas palabras cargadas de fuerza y... de bondad. Alcé mi mirada hacia ella mientras procesaba aquello que me estaba diciendo. Mi corazón... respirar... pero no podía... simplemente lo podía...

Dejé de pensar. Cuando la voz de ella inició el entonar de aquella suave melodía, simplemente: dejé de pensar, y esta vez, teniéndola frente a mí, empecé a viajar y bailar entre un sinfín de recuerdos.

Las flores que florecen en primavera
y el cielo que se expande en el verano
graban un resplandor
en el interior de mi corazón...

Un verde jardín, rebosante de brillante hierba y flores de cerezo. Un joven y una pequeña princesa en el suelo, abrazados, durmiendo sin más bajo la intensidad del azul celeste. Sus respiraciones acompasadas, sin nada que les importune, desarrollando una calma y una felicidad que, sin duda, hacía que sus corazones pudieran descansar sin ningún tipo de preocupación...

Aunque cierro la ventana
en días lluviosos
mi corazón rebosa con una luz
que llega desde las nubes

Una oscura habitación, una imponente lluvia en el exterior amenazando con inundar el mundo y ahogar a todo aquel que se encuentre bajo su dominio. Un joven y una pequeña princesa, de pie el uno al lado del otro mirando con melancolía el escenario que en el exterior se les ofrecía. Él, con la sangre deslizándose por su mejilla, magulladuras y moratones a lo largo de su rostro, cicatrices diversas a lo largo de sus brazos. Ella abrazándole, a su lado, con los ojos rojos después de haber llorado tanto, pero en un estado de calma y tranquilidad después del berrinche. Los dos compartiendo su tristeza, su dolor... y calmándose, iluminando su camino, haciéndose saber que aun en el mañana, seguirían teniéndose el uno al otro.

Una lejana, lejana voz
me guía
como una sonrisa
como una canción
con el sonido resonante del viento

Una vacía y blanca habitación de un hospital. El cuerpo de un joven tendido sobre una camilla, con su cuerpo cubierto por vendas teñidas de un intenso color carmesí. La piel blanca, cenicienta, los ojos entrecerrados y la boca entreabierta. Débil respiración, débil determinación para seguir viviendo y enfrentar una y otra vez el suplicio de la muerte atrayéndote hasta sus brazos. A su lado, una niña: gritando, llorando, en el más puro estado de desesperación. Alargando sus pequeños brazos en dirección de él aun cuando es retenida por la fuerza de la adultez, rogando a su único ser querido, a la única persona en la que confía, que no la deje sola, que no desaparezca... y él no puede hacer más que escuchar sus peticiones y recuperar todo aquello que ha perdido. Su mirada se ensancha, sus labios se juntan, su respiración se recupera y sus heridas empiezan a cerrarse. Todo lo que fuera por ella. Todo lo que fuera por seguir estando a su lado

Felicidad, tristeza
Lo abrazaré todo y caminaré
Eso es lo que conecta
fuertemente 
nuestras manos...

Una habitación oscura. El joven, la niña en sus brazos. Él con las manos manchadas de sangre. Ella impoluta, con un blanco vestido, tan blanco como su piel, sin respirar, sin mirar, sin oir, sin tocar. En el suelo cadáveres: decenas, centenares, todos ellos con el mismo tono fantasmal, todos ellos con los corazones congelados, la respiración inexistente, la mente inerte. Los ojos de él cerrados, como los de ella, desprendiendo un par de lágrimas que caen sobre el níveo vestido y lo humedecen segundo a segundo. Los brazos tiemblan, las manos apenas pueden sostenerla... y sus piernas le echan al suelo, de rodillas. Un grito al cielo, un grito desesperado, un lamento eterno, un adiós sin retorno..

Grandioso el poder de las palabras... sorprendente su efecto sobre la mente humana. No había pasado mucho tiempo desde aquello... ¿Cuánto? ¿Un año? ¿Medio año? Intentaba pensar lo mínimo en ello, ni siquiera lo recordaba con claridad. Era como una parte de su vida que había quedado atrás hacía ya mucho, recuerdos borrosos y sin sentido que acudían de vez en cuando y le recordaban la razón por la que estaba ahí, la razón por la que tenía que seguir adelante a pesar de que su vida ya carecía de sentido. Así había sido hasta entonces pero... no en esta ocasión. Ciertamente, las imágenes revividas en mi mente despertaron tristeza y nostalgia, pero la vividez con la que aparecieron en esta ocasión también dejaron sentimientos puros, sentimientos que no quería olvidar y a los que no renunciaría ni aunque tuviera que dar su vida a cambio. Lo que sentía cuando su hermana estaba en vida... cuánto la quería, cómo deseaba -desde lo más profundo de su ser- protegerla, como estaba siempre a su lado cuando la necesitaba... y él no pudo corresponderle de ese modo. Tristeza y calma venían parejas, pero de algún modo habían hecho que mi alma se tranquilizara: todo mi cuerpo había dejado de temblar, los músculos relajados, los párpados semi caídos, los labios juntos y la mente clara, despejada.

-Así que era por esto... sí que tiene un gusto raro mi dichoso instinto...-alcé la mirada con ligereza y miré tímida y tristemente a los ojos de aquella joven que tenía al frente- Es injusto... es como si ya lo supieras todo.-cerré los ojos por unos segundos, intentando organizar mis ideas y tomar fuerzas suficientes para lo que iba a hacer; mi mente seguía dudando, tenía miedo de abrirse, tenía miedo de mostrarse, pero... sentía como si con ella fuera posible, como si nada malo fuera a ocurrir a cambio de ello- Hay pecados... que no pueden ser perdonados.-de repente caí en la cuenta de que, probablemente, la joven doncella no sabría lo que era un pecado, así que me apresuré a añadir:- Un pecado es... como... un mal acto, una mala acción que hace daño a algo o a alguien, incluso a uno mismo. Cuando cometemos un pecado la carga de este queda sobre nuestros hombros, y nos vemos obligado a seguir llevándola con nosotros por el resto de nuestras vidas. Es muy difícil llevar esta carga... bueno, hay gente que simplemente puede ignorarla, pero en realidad aquellos que no pueden hacerlo son las verdaderas personas de buen corazón... porque saben que lo que han hecho no es correcto y que tienen que remediarlo. Por eso, estas personas intentan enmendar sus pecados: ayudando a otros, haciendo a otras personas felices, llevando a cabo buenas acciones... y normalmente estas buenas acciones acaban siendo suficientes para olvidar esos males que hicieron en el pasado... aunque no siempre es así.-una vez hube explicado todo esto empecé a entreabrir los ojos lentamente, dejando la mirada clavada en el rosado suelo, entristecido y avergonzado- Hay sin embargo... algunos pecados que no pueden ser pagados. Hay cosas que ni con toda una vida ayudando a otros y salvando vidas, pueden ser olvidadas. Por ejemplo... matar a una persona querida, ser la causa de la muerte de la única persona que significó algo en tu vida. Ese tipo de mal... es algo imposible de olvidar, algo imposible de arreglar.

Después de decir esto deslicé mi mano y la liberé de sus protectoras, me puse en pie y por unos momentos di la espalda a la joven castaña. Di un paso hacia el frente, dejando de estar el rosado follaje sobre mi cabeza y clavando mis ojos sobre el oscuro firmamento. Mis manos se cobijaron en los bolsillos del pantalón con el que vestía, y seguidamente... silencio. Casi un minuto de silencio antes de volver a abrir la boca y dejar salir unas escuetas palabras de mis labios:

-Dime... ¿Querrías escuchar una historia...? Una historia sobre un joven que perdió a su único ser querido...

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 05/11/14, 10:15 pm

Al momento siguiente de vocalizar las últimas notas musicales, a pesar de que las mismas hubiesen concluido en perfecta armonía con cada palabra pronunciada, ella lo supo. No podría decir de qué manera, sino sólo culpar, quizás, a aquel caprichoso fragmento de su ser que conocía toda su verdad y no se animaba a confesar más que diminutos retazos de ésta. Era la misma que ahora le informaba al espíritu que su canto había sufrido de la ausencia de algunos versos. ¿Por qué?... Aún entre la fluidez desvanecida que su memoria mostró durante el lapso temporal de su entonación, ¿por qué no le fue posible recordar todas las frases de aquella melodía?...
La sensación de hallarse en carencia de algo importante, algo que sólo la anterior Ursa Minor conocía, le hizo pensar que los fragmentos perdidos de la canción poseían mucha más relevancia de lo que parecía. ¿De eso se trataba? De que, quizás, en algún nivel mental o físico ¿Chocolat no estuviese preparada para recordarlos?...

Cuando finalmente la mente y el corazón de la castaña aceptaron por completo su regreso a la realidad que les rodeaba, abrió sus párpados con lentitud, a medida en que sus sentimientos se recuperaban de una caída. En medio de ellos, una mezcla entre la dulzura y la preocupación se vieron reflejadas en la mirada color miel de la joven, la cual se detuvo en la de su contrario. Ésta última era distinta... ya no expresaba la serena amenidad que llegó a atisbar antes de su cantar. En algún espacio entre los versos de su entonación, algo en él cambió, pues el instinto le dijo al inexperto espíritu que en esos instantes estaba observando a aquella persona que hasta ese momento estuvo tratando de mantenerse oculta; y, aunque la tristeza que percibía en él producía otra dentro de ella, quiso permanecer atenta a él; a su corazón que, de alguna forma, parecía haber olvidado como respirar.
Fue por ese motivo que se mantuvo en silencio ante las palabras iniciales de éste, tan sólo separando levemente sus labios como gesto de su curiosidad al escucharle mencionar la palabra "pecado", pues ninguno de sus libros mencionaba tal cosa. No demoró en conocer el concepto, sin embargo; ni siquiera tuvo que pedir una explicación, porque aunque no lo hubiese dicho, él ya parecía saberlo...
No obstante, mientras más escuchaba al respecto, mayor temor sentía por aquella palabra; por pensar que, según lo que entendía, se pudiese cometer un acto tan egoísta que éste jamás pudiera ser borrado. ¿Que clase de acción podría ser considerada de esa forma?... "matar a una persona querida", "ser la causa de la muerte de la única persona que significó algo en tu vida". Pero no podía encontrar sentido en ninguna de esas dos frases... No lograba imaginarlo, ya que, según lo que sabía, las personas no tomaban la vida de quienes querían; la protegían, o hacían el intento. Y ese no era un dato que tuviese que leer en libros, porque era parte de la naturaleza de cualquier ser que tuviese la sorprendente capacidad de amar. Pero temía porque era el de cabellos castaños quien se lo decía; temía al no saber por qué lo hacía.

Por instinto, dio un pequeño paso al frente al verlo alejarse, mas se detuvo tan pronto como registró su acción. Con la aflicción aún escrita suavemente en su rostro, se obligó a tan sólo observarle luego de que él diese la vuelta. Aún con el calmo, armonioso ambiente que les rodeaba: la silenciosa gelidez de la noche, la curiosa coreografía de los pétalos que descendían a sus alrededores, la humilde melodía del viento rozando las ramas y hojas del cerezo..., los sentidos de Chocolat, en ese momento, no podían percibir nada de esto más que con vaguedad.
Y, entonces, una pregunta fue hecha. Una que le tomó por sorpresa, pues a pesar de sus palabras anteriores, estaba casi segura de que no sería escuchada, de que éstas serían rechazadas por provenir de un ser que nada conocía aún. Pero, ahora que la interrogante existía, ¿estaba bien ser honesta?...
- -respondió, ambas manos puestas, una encima de la otra, sobre su pecho-. Deseo escuchar todo lo que quieras decirme.
Su nueva, inconcreta creencia no le permitiría aceptar otra manera de proceder.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 06/11/14, 04:37 am

Memorias... memorias que te apuñalan con brutalidad; despiadadas, sangrientas, sin ningún tipo de lamentación. La mente las almacena, pero el corazón las rechaza, y por lo tanto se convierten en poco más que una caja de torturas que te hace temblar cada vez que es abierta. Cosas que no desearías haber hecho, pecados con cuya inexistencia sueñas cada día... cada mañana... cada noche. Ojalá todo fuera un sueño, te dices una y otra vez, ojalá todo esto fuera una macabra historia escrita por alguien que disfruta haciendo que sus creaciones se vean sumidas en la miseria... si no fuera real, sería suficiente para mí. Si pudiera escudarme bajo la protección del "no tenía opción" o "yo no quise hacerlo", todo sería más fácil... pero no. La responsabilidad es de aquel que esgrimió la espada, de aquel que apuñaló hasta la muerte, de aquel que rompió la promesa que tan fervorosamente había emperado. Y ese era yo, nadie más que yo. Ignorar este hecho y mentirme a mí mismo... no sería más que una mentira, un agravio al recuerdo de aquella persona que, aun hoy, vive en lo más profundo de mi ser.

Y como un alma en búsqueda de penitencia, como alguien que se hace sufrir a sí mismo ya que considera que es lo único que merece, mi gesto se alzó hacia la oscuridad de los anchos y sombríos cielos. No podía ver las estrellas ya... no ubicaba a la luna... era todo negrura, la más pura y profunda de las negruras. Mis ojos se entrecerraron y una media sonrisa dolorsa se formó al curvar mis labios. Quizá... eso era lo que merecía. Sí, ¿Qué más iba a poder pedir un ser de mi calaña? El gélido tacto del viento empezaba a dejar mella sobre mis manos, las cuales ya no se encontraban invadidas por la pasada luminosidad, procuradora de calidez y confortabilidad. Las alcé y bañé en mi aliento, al tiempo que descendía mi gesto y cerraba los ojos. Ni siquiera mi aliento parecía tener calidez alguna, por lo que las manos heladas quedaron en el mismo estado. Suspiré profundamente. ¿Qué estaba haciendo...? No era momento para eso... todo lo que tenía que hacer en ese momento... todo lo que podía hacer... era enfrentarme a aquel terror que por tanto tiempo había intentado evitar. Yo mismo lo había sugerido, al fin y al cabo... ya no era el momento de arrepentirse y negarse a ello. Como respuesta a mi contradictorio deseo, las palabras y los recuerdos más antiguos empezaron a fluir por la amplitud de mi mente, y las palabras con las que cada uno de ellos debía ser representados aparecieron en mis labios sin la necesidad de que yo me esforzara lo más mínimo en formularlas. El inició de la narración tomó un tono melancólico y pausado al inicio:



Hubo una vez... un niño. Un niño nacido en una familia de guerreros, unos guerreros que estaban a las órdenes de un malvado señor. Ese niño nunca fue como sus padres, como sus tíos o como sus abuelos. Todos ellos aceptaban la obediencia al señor como un hecho incuestionable, algo que llevaban haciendo por muchas generaciones... pero al niño no le gustaba eso, no aceptaba que su vida estuviera vendida desde el mismo día en el que nació, y especialmente no aceptaba que tuviera que estar bajo las órdenes de un ser cuya maldad y egoísmo le llevaban a tratar a todos sus siervos como... objetos desechables. Sin embargo, por mucho tiempo el niño tuvo que obedecer, tuvo que seguir los pasos de sus padres y de toda su familia, doblegándose sin más frente a aquello que despreciaba. ¿Por qué? Porque no quería estar solo. Solo había una cosa que le daba verdadero miedo, y eso era la absoluta soledad... él era ese tipo de personas que tenía que sentir a las personas a su alrededor: mirándole, hablándole, cuidándole. No podía vivir de otra forma, y por eso... hubo de esperar a la llegada de su heroína, su salvación... su hermana.-callé en este instante por unos segundos; di la vuelta para dejar de dar la espalda a la inocente joven de curiosa mirada y la obsequié en esta ocasión con un tono endulzado; era evidente que los hechos contados a continuación no eran especialmente desagradables en mis recuerdos, todo lo contrario más bien- El chico tenía ocho años cuando ella nació, tan bella y tan delicada como una flor, tan sutil y pura como una rosa blanca. Él supo desde el mismo momento en que la vio que ella sería su salvación... que ella sería esa persona que estaría a su lado hasta el último de sus días, protegiéndole, y al mismo tiempo sería él quien la protegiera a ella y a su vida a costa de la propia. Los dos hermanos se hicieron muy cercanos, se quisieron desde lo más profundo de sus corazones, y por eso hicieron una promesa: algún día serían libres, algún día huirían los dos de esa oscura cárcel y alcanzarían la grandeza y el placer de una libertad absoluta... esa fue su promesa: él se lo prometió a ella, que no dejaría que se pudriera en ese cruel y oscuro mundo.-la animosidad dio un seco parón, y al llegar a este punto volví a desviar mi gesto hacia el suelo, recobrando un tono neutro tanto en la voz como en la mirada- Sin embargo... las cosas no eran tan fáciles. El chico quiso salvar también al resto de su familia: a sus padres, sus primos, sus tíos, sus abuelos... pasó años intentando allanar el terreno, convencerles de que merecían esa ansiada libertad, el poder decidir por cada uno de ellos... mas no lo consiguió, nada, ni el más mínimo cambio en ello. Y mientras tanto... su hermana siguió sufriendo... fue utilizada... como un muñeco, como algo digno de observar en una estantería y... tocar cuanto se quisiera. Por eso llegó el día en el que el joven decidió que no podía esperar más. Llegó el día en el que tomó la decisión, dejarlo todo atrás, huir de esa vida y obtener una nueva oportunidad. Pero para entonces, para la noche de la huída... ya era demasiado tarde.-como un relámpago furioso surcando la oscuridad de una noche lluviosa, la rabia y el desasosiego se pintaron en mi faz, acompañados de la parte más horrible y realmente odiosa de mi historia- La niña murió a manos del malvado señor, solo por negarse a perder su pureza... solo por negarse a entregarle su cuerpo. La mató. El rechazo y la resistencia de ella fueron suficiente para enfadar al malvado hombre y llevarle a estrangular a la niña. Ella tenía nueve años... solo nueve años, cuando ocurrió. ¿Qué bestia inmunda desea robarle la inocencia a una pequeña de tan corta edad?-en ese momento mis ojos refulgían con verdadero odio, pero este sentimiento procedió a un proceso de degradación hasta que lo único que quedó en mi mirada fue... muerte, dolor... tristeza- Fue demasiado para él, para ese joven que tanto la había querido, para ese chico que tantas promesas vacías le había hecho. El dolor le cegó, le hizo convertirse en una bestia, y cuando volvió a recuperar su conciencia... todo había acabado. Un mundo teñido de sangre, una pila de muertos a su alrededor. Toda su familia estaba muerta... al igual que la del cruel asesino de su hermana.

La historia seguiría, aunque esta parte no fue enunciada: y aquel joven se convirtió en un guerrero errante; un guerrero que trataba de anular toda su vida y sus impurezas a costa de la gracia y el bien que pudiera otorgar a aquellos que le rodeaban. Alguien que seguía viviendo en este mundo cuando realmente... no lo merecía. Miento, sí lo merecía, pero con el único fin de convertirse en esclavo del bien y al virtud, no como alguien capaz de reír y decidir por su propia cuenta. Y por mucho que me quisiera engañar, por muchas veces que me repitiera lo mismo... yo no me encontraba atado por las cadenas de la absoluta redención. Yo seguía siendo yo, sin más, y esa era la razón por la que seguía disfrutando de la vida, -¿De verdad lo hacía?- de la misma vida que habría tenido de no haber ocurrido toda aquella desgracia. Era evidente... si no fuera así no sería capaz de reír, no sería capaz de hablar con naturalidad, ni siquiera sería capaz de concebirme como alguien útil para cualquier ser humano. ¿Quién puede, al fin y al cabo, querer la ayuda de un ser robótico que solo se toma la justicia por su mano, aun con el fin de ayudar a aquellos que lo necesitan? Sería perturbador cuanto poco... sin duda lo sería.Por eso seguía siendo humano, o eso es lo que creía, para convertirme en alguien más cercano a ellos y poder serles de alguna utilidad. A ellos... y al mundo, con el que también me encontraba en deuda.

-¿Lo entiendes ahora? Ese guerrero... después de lo que hizo... no merece piedad, no merece perdón, no merece nada. Aunque sus deseos fueran puros, aunque su amor por su hermana le llevara a pasar por las situaciones más insufribles... al final no sirvió para nada. La traicionó, a ella y a sí mismo, junto al resto de personas que habían formado parte de su realidad desde el día que nació. Este es un pecado que... no se puede perdonar. Este es un pecado que... perdurará en su alma hasta el fin de los tiempos.-finalmente alcé el rostro y obsequié a la joven con una melancólica sonrisa... una sonrisa acompañada de una gruesa lágrima cuyo rastro, esta vez, no intenté borrar.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 08/11/14, 09:27 am

Desde el inicio, el relato que escuchaba era uno infeliz... Una familia que no conocía la libertad de tomar sus propias decisiones; característica heredada por toda generación que le sucedía a otra, por todos salvo por un pequeño, quien, como un milagro, había logrado conservar el libre albedrío de su mente. El espíritu no comprendía; no sabía cómo, en primer lugar, un ser vivo podría entregar la libertad de sus pensamientos y acciones a otro, ¿estaba bien llamar "ser vivo" a alguien así?... Por ello, el hecho de que uno entre tantos, uno entre todos ellos, hubiese sabido conservar su propia esencia, le resultaba  un acontecimiento milagroso a la de cabellos castaños. Pero, de alguna forma, también le hacía sentir triste... porque eso significaba que él era diferente a todos quienes le rodeaban. Significaba que, así como ella, él conocía las interminables profundidades de la soledad.
El temor y la preocupación que esto le ocasionaba, no obstante, se convirtió en alivio; en la sutil alegría de quien, ingenuamente, no se detenía a sospechar del final de aquella historia; en el momento en que supo del nacimiento del único ser que salvaría al niño de aquel abismo. En su fuero interno, agradeció aquella existencia que llenó el relato de dulzura y júbilo, que tocó el alma del pequeño y la inundó de tan hermosos sentimientos... Mas la calma que el fragmento de esa narración pudo otorgarle no llegó a ser. La esperanza que poseía el joven por convencer a su familia de que era posible vivir, se volvió la suya propia, pero murió con la misma velocidad con la cual se produjo. La inesperada muerte le detuvo, le dejó inmóvil, por completo vulnerable al desgarrador sentimiento que seguidamente la atacó.
¿"Perder su pureza"? ¿"entregarle su cuerpo"? Desesperada, quiso entender el significado de ambas frases, y sufrió de un genuino desprecio hacia sí misma por no saberlo, por no poder siquiera comprender la razón por la cual aquel hombre decidió quitarle la vida a tan pequeña niña. Pero pronto entendió que en ellas no se hallaba el motivo tras la acción; lo escuchó en el enfado que reflejaba la voz del de cabellos castaños, en las consecuencias que trajo el suceso para el relato, así como en la alarma de sus propias emociones: la única razón que esa persona tuvo para robar aquella vida, se produjo de su deseo particular. Y, aunque ella conociera tan poco, aunque la línea que aislaba la bondad de la maldad se tornara tan difusa ante sus ojos, supo entonces, con entera certeza, que aquello no estaba bien. Que borrar la existencia de un ser que era preciado para otro, sin más motivo que el disfrute propio, era cruel, era el acto más egoísta que existía. No se trataba sólo de que él se lo hubiese dicho;  ella lo sabía porque le resultaba imposible creer que la desolación que estaba sintiendo en ese momento pudiera provenir de cualquier otro tipo de acto.
Los espíritus, debido a su propia naturaleza, comprendían la vida y la muerte a un nivel superior al que lo hacían los humanos. Pero la generalidad de este hecho no alcanzaba a Chocolat; quien, entre su falta de memoria y su deseo por ser parte de aquel desconocido mundo, comenzaba a obtener el pensar de un humano respecto a ambas realidades, empezaba a empatizar con la dicha y el sufrimiento que éstas ocasionaban. Mas su corazón, que apenas nacía, no tenía la madurez suficiente para sentir lástima. Lo que había dentro de ella era un sentimiento mucho más fuerte y profundo, era la tristeza de enterarse, apenas en ese instante, que en ese mundo pudiese existir una historia como esa, de pensar que vivir pudiera llegar a ser tan difícil, tan desgarrador...

Un pecado, un acto imperdonable, un castigo de eterno sufrimiento... escucharle hablar de forma tan cruel e hiriente contra sí mismo, acabó por romper el corazón del espíritu. Aunque trató con todas sus fuerzas de no mostrarlo, dolía tanto al escucharle, que apenas podía respirar correctamente; era cada vez más difícil hacerlo. El dolor que ella sentía... ¿se parecía al suyo? O ¿éste era mucho mayor?... la respuesta a esta pregunta, el temor de pensar cuanto más doloroso era para él, empañó su mirada. Quiso evitarlo; repetidas veces se recordó a sí misma que había decidido que en ese momento era él quien importaba, no ella, no sus sentimientos. Pero las lágrimas comenzaron a surgir sin permiso alguno, incesantes, y pronto supo que lo único que podía hacer era dejarles caer en silencio; su rostro, sus ojos, revelando su tristeza sin tener consciencia de ello.
-No... -emitió en un débil murmullo, que poco creció en volumen- Por favor, no hables así de él...
Trató de callar al darse cuenta de lo que estaba haciendo, pero era imposible. Todo lo que sentía y lo que pensaba se lo impedía; a pesar de haber sido ella quien le ofreció libertad al corazón del de cabellos castaños, aunque hubiese decidido ignorarse a sí misma, no podía evitar querer defender al joven de sí mismo.
Bajó la mirada al mismo tiempo en que sus manos, en un intento vano de contener su pesar, tomaban con fuerza la suave tela de su vestido blanco.
-No cometió ningún acto egoísta; todo lo que hizo fue pensar en su familia, en sus padres, en su hermana...
Cerró sus párpados con fuerza, sus lágrimas colisionando como gotas contra el corto pastizal del suelo, antes de elevar la vista hacia él; en sus ojos escrita la aflicción de saber lo que él pensaba de sí mismo, de conocer la razón tras su tristeza, de pensar en todo lo que la persona frente a él había sufrido desde su nacimiento.
-¿Por qué ninguno de ellos pensó en él, ni en ella?... ¿por qué los dejaron solos?... -cuestionó, su objetivo de interrogación inespecífico; pues tan sólo expresaba su sincero desconcierto. ¿Acaso sus libros le habían mentido? En ellos, los miembros de una familia no se relacionaban unos a otros por la simple compatibilidad de su sangre, sino por el amor mutuo que se expresaban, así como la preocupación y el deseo por el bienestar ajeno; toda clase de asombrosos sentimientos que, según sus textos, incluía a todos quienes conformaban el núcleo familiar. ¿Era eso una mentira?
El suave quebranto de su voz, sucedido en su última pregunta, le hizo parar, pero sólo por un segundo en el cual ésta descendió en tono y velocidad.
-¿Por qué pudo existir alguien tan cruel como ese señor?... Que hace que vivir sea tan difícil... -pudo apenas susurrar. Finalmente, su mirada volvió a decaer, incapaz de mirarle a los ojos antes de volver a hablar, porque sabía, sentía, que lo que estaba haciendo no estaba bien- Por favor... no hables así de él...

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 10/11/14, 05:34 am

Resultaba enternecedor ver la reacción que tuvo la joven frente a la historia que se le había narrado. Desde el inicio de esta hasta su final los sentimientos y pensamientos de ella se dejaron entrever como el agua más cristalina. No hubieron sorpresas, ni siquiera cuando el corazón de ella le llevó a declinarse por proteger a aquel joven y brindarle el beneficio que el esfuerzo y las buenas intenciones debieran darle. Sí... realmente era muy inocente. No hubieron más lágrimas descendiendo por mi gesto, todo lo que lo poblaba en ese momento era una sonrisa piadosa y comprensiva. No era difícil comprender el porqué de sus palabras. Alguien que lo ha dado todo por otros, alguien que se esforzó para salvar a aquellos que se encontraban a su lado, alguien que solo quería liberar a los esclavos de su opresor amo... pero que al final no logró nada. Desde un punto de vista benevolente, aquel joven había hecho todo lo que estaba a su alcance, y aquel final caótico y desesperanzador no había sido más que una cruel jugada del destino... pero no era así en realidad. Las cosas no eran tan fáciles como para aceptar solamente eso.

-Hay jóvenes... que se creen héroes. Se creen personas con la suficiente fuerza como para cuidar a todo el mundo, proteger a todo el mundo, salvar a todo el mundo... pero eso no es más que una fantasía, nadie tiene en realidad la fuerza o el poder para conseguir algo así.-volvió a enunciar mi voz, esta vez con tono fluído y tranquilo- Aquel joven guerrero creyó ser un héroe. Creyó que podría salvarlos a todos, y se olvidó de que la única persona que realmente tenía valor para él, la única persona a la que debía proteger, era a su hermana. No hay razón para salvar a aquellos que te han abandonado desde el día de tu nacimiento, aquellos que te han vendido como esclavo y no lucharían por ti ni aunque tu vida estuviera en peligro. Los parientes de ese joven... no eran en realidad su familia, tan solo estaban emparentados por sangre. Una familia debe estar ahí para apoyarse, para quererse, para abrazarse, protegerse y estar el uno al lado del otro por el resto de sus días. La única familia del guerrero fue su hermana... aquella hermana a la que renunció por intentar salvar a unos extraños.

Con la tranquilidad y la seriedad reflejados en mi faz volví a acercarme a la posición en la que se encontraba mi escucha, sentándome en el suelo frente a ella y acabando por tumbarme sobre la fresca y húmeda hierba. Coloqué mis manos tras mi cabeza y apoyé esta sobre ellas. Una vez más el manto de pétalos, tan conocido para mí, se representaba frente a mis ojos como lo hiciera en el pasado en aquel brillante y amplio jardín. No hubieron más lágrimas, no hubo más tristeza por esa noche. La calma había vuelto a acariciar las dimensiones de mi alma, y en ese momento me daba cuenta de que todo lo que había hecho hace un instante carecía de cualquier sentido posible. No había hecho más que cargar con la melancolía de mi historia a una persona que no tenía nada que ver con ella. Era la primera vez que lo hacía... la primera vez que podía hablar con alguien hasta ese punto, pero me sentía culpable por ello. No era de mi agrado atormentar a las almas puras, carentes de pecado, con el peso de aquellos que a mí me pertenecían.

-Mira... quizá deberías olvidar todo eso. Creo que he ido demasiado lejos contándotelo todo, simplemente ignóralo... olvida mis palabras.-enunciaba mi voz mientras cerraba los ojos- Todo lo que tienes que entender de esta historia... es que en este mundo existe mucha maldad. No hay razón para ello, pero existen un sinfín de personas que disfrutan haciendo sufrir a otros y quitándoles todo lo que tienen. No desperdicies tiempo en pensar si la vida es justa o no lo es... simplemente vive y conviértete en el tipo de persona que quieras ser. Si lo haces no habrá nada de lo que tengas que arrepentirte el día de mañana. Sé inteligente y no empatices con ese guerrero descorazonado, él lo perdió todo, mientras tú aun tienes la posibilidad de obtenerlo.

Palmeé mis mejillas ligeramente y al instante siguiente me volví a incorporar, con una sonrisa alegre entre mis labios y un buen simulacro de paz y tranquilidad en la mirada. No podía seguir mostrándome decaído, si lo hacía la joven seguiría preocupándose por mí y por la historia que le acababa de contar en mis breves momentos de debilidad. El muro penetrable se había vuelto a alzar... aunque aun podía tener, quizá, algunas grietas. Junté las dos manos y estiré los dos brazos sobre mi cabeza. Posteriormente me moví levemente hacia un lado y hacia otro, haciendo crujir mis huesos en el proceso.

-Por cierto... creo que aun no te lo dije, pero la canción ha sido preciosa. Sin duda solo por haberte escuchado cantar el haber venido hasta aquí esta noche ya tiene sentido.-desenlacé los dedos y volví a bajar mis brazos a ambos costados- Te dije que después de eso te mostraría algo bello... ¿No? Bueno... el que te parezca bello o no dependerá de ti, pero personalmente... creo que te gustará.-en un instante junté mis dos manos, pegando la palma de una contra la otra, y al segundo siguiente pregunté a la joven de pardusca mirada- Dime... ¿Qué crees que es el mundo? O mejor dicho... ¿Qué es el mundo para ti? ¿Qué es el aire, qué es el agua, que es el fuego, qué es el viento...? ¿Qué es todo aquello que nos rodea?-esgrimí una vivaz y alargada sonrisa juguetona, fingida por supuesto -ni siquiera yo era tan bipolar como para cambiar mi humor a esa velocidad-, mientras mantenía mi gesto a una distancia media del de ella. Mientras lo hacía, en mis manos, los poros empezaban a abrirse y preparaban el túnel que permitiría la salida de aquello que mi cuerpo guardaba en su interior...

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 10/11/14, 06:25 pm

No la escuchó. Con tristeza, la joven de largos cabellos castaños lo observó; sus lágrimas aún recorriendo sus mejillas silenciosamente, pues entendía que no podía hacer nada por evitar las palabras del contrario, como tampoco podía evitar la desolación que se desbordaba desde su interior. No sabía si su tristeza se debía más al pasado del joven frente a ella, o a su presente, porque a pesar de que el semblante de éste volviera a tornarse relajado, el espíritu podía oírlo; como una tonada, débil, pero constante...

Tener la fuerza para proteger a todos quienes se quisiera... Tal vez era cierto que nadie poseía esa capacidad. Pero, ¿por qué estaba mal intentarlo? ¿por qué estaba mal desearlo?... Desde el inicio, Chocolat aceptaba que todo lo que le era dicho era lo correcto, pues, de otra forma, ¿por qué se lo dirían?... Sin embargo, esta vez, al observar a la persona frente a él, la extraña sensación de hallarse en desacuerdo la invadía. Aunque la inexperiencia la envolviese en cada pensamiento y acción, una parte de ella se atrevía a contradecir, quizá el sector más ignorante de su mente. O tal vez su mente no tenía nada que ver en ello.
No emitió palabra alguna, no aún después de que le fuera sugerido que olvidase todo. Olvidar... lo único que realmente detestaba, porque sólo en ello parecía destacarse. No respondió, porque tan sólo oírlo era cada vez era más difícil, verle sonreír era más doloroso, a tal punto en que tuvo que obligar su mirada a descender. ¿Por qué?... realmente quería saberlo. ¿Por qué era tan difícil vivir?... No estaba cuestionando el destino ni a la vida misma; su propia existencia, las condiciones y leyes que le rodeaban, fueron desde el inicio prueba suficiente de la naturaleza de ambas, pues esa fue su primera lección, aquella que la acompañó en su despertar: la vida no era amable ni era cruel; sólo era vida. Su pregunta, su confusión, iba dirigida hacia los seres que la poseían.

Con lentitud, se dejó caer sobre sus propias piernas para nivelar su altura con la del castaño; sin estar consciente del todo, sin embargo, pues su mente continuaba inmersa en sus pensamientos y sentimientos. Sus lágrimas apenas comenzaban a calmarse; la lenta, pero creciente ausencia de ellas, trayendo como secuela un sereno pesar. Le tomó, incluso, un par de segundos recordar la promesa que él le hizo con anterioridad, si ella cantaba. No necesitó tiempo para pensar en una respuesta para la pregunta hecha, sin embargo, pues ésta respectaba aquello en lo que la de cabellos castaños más pensaba. Aún así, guardó su contestación en primer momento.
Tantas preguntas en su mente a las cuales no lograba encontrar respuesta...
-¿Ella... te lo pidió? Que desistieras de salvarlos a ellos también... -dijo, apenas, en un murmullo tan suave que probablemente sólo ella pudiese distinguirlo, puesto que aunque lo decía, no quería ser escuchada esta vez- Tratar de no ser egoísta, tratar con todas nuestras fuerzas... ¿también es malo?
Finalmente, permitió que su mirada, llena de pena y confusión, se alzara hacia la ajena. Hacia el rostro de aquel que sonreía, relajado, aunque ella pudiera oír lo contrario.
-¿Por qué sonríes si no quieres hacerlo?... -musitó, incapaz de ocultar su duda por más tiempo, así como de ocultar el temor de haber hecho mal en su siguientes palabras- Acaso... ¿Interrumpí... el respirar de tu corazón?
Oírlo llamarse a si mismo un "guerrero descorazonado", verlo resignado a su pasado, a cerrar sus ojos y encerrar su alma en un mundo sin sentimientos; no hacían más que aumentar la firmeza de aquel rebelde fragmento de su ser que continuaba estando en desacuerdo con él, sin tener fundamento alguno más que el instinto y su propia inexperiencia. No esperaba respuesta alguna, sin embargo. La mascara del joven estaba nuevamente en su sitio, y ella no confiaba en sí misma, no tenía la seguridad de poder cambiar esa realidad. Lo único que podía hacer, era expresar lo que sí sabía.
Por ello, con la sutileza que la caracterizaba, alzó su mano derecha y la colocó sobre el pecho del joven, después de lo cual se permitió cerrar los ojos. En ese instante, no podía confiar en ellos, ni en ninguno de sus otros sentidos más que el de la audición, porque sólo este le hablaba con sinceridad.
-Está aquí -pronunció en un susurro-. Al principio no podía escucharlo, creo que porque aún no sé prestar atención. Pero ahora lo escucho latir... y su melodía es muy triste... Aún está vivo, pero está muriendo...
Desde que abrió sus párpados por primera vez, aunque su ingenuidad le prohibiese ver con claridad, fue testigo en repetidas ocasiones de la sorprendente forma en que los sentimientos eran evadidos, la manera en que aquellos que más dolían eran ignorados. Jamás lo entendió, puesto a que, para ella, no existía nada más maravilloso que la capacidad de sentir, de conocer todo aquello que pudiese provocar la risa y el llanto, porque su desconocimiento general del mundo y la vida, eso que la obligó a actuar por instinto desde el comienzo, le enseño también que el error, lo único que con verdadera decisión hacía daño, era el no sentir; era elegir la insensibilidad por encima de sí mismo. Era morir.
Ella misma lo había intentado momentos antes, en un esfuerzo por aplacar su propio egoísmo, y no había funcionado. Pero algo dentro de sí le decía ahora que de eso no trataba el concepto.
-¿Por qué sonríen las personas cuando no quieren hacerlo?... -prosiguió, después de abrir sus ojos nuevamente, mas aún sin verle, pues esta vez hablaba sin caer en la cuenta de que sus pensamientos estaban siendo expresados- ¿Por qué tienen miedo de llorar?... Sus corazones están vivos, pero poco a poco mueren... y luego no puedo escucharlos.
La razón para ello, la desconocía. Sus pequeñas orejas de oso panda continuaban siempre en su misma ubicación, pero, en su caso, la suma sensibilidad que los describía se mostraba caprichosa, lo cual era otra forma de decir que ella poco comprendía las percepciones de su propio cuerpo.

Con delicadeza, movió su cabeza de un costado al otro; esta vez como una negación a las palabras anteriores del joven guerrero, aquellas que antes no pudo responder, aún si no hubiesen sido emitidas con ese motivo.
-No lo olvidaré -respondió, al fin. Aunque su tono de voz fue bajo y suave, hubo firmeza en sus palabras-. Todo lo que me has dicho hoy, todo lo que eres, es ahora un recuerdo valioso para mi. Has hecho tanto por mi en tan poco tiempo, y yo no he podido hacer nada por ti...
Su mirada volvió, finalmente, a dirigirse a la del color ámbar. No obstante, siendo inoportunos, las lágrimas volvieron a nacer para demostrar nuevamente que ella no poseía control alguno sobre ellas, mas su intensidad fue menor en esta ocasión.
-Lo siento... Aunque estoy llorando, en realidad estoy feliz, porque hoy pude conocerte. Es sólo que lo escucho sufrir, y quiero sanarlo, pero no sé como...
Sólo entonces, su brazo perdió la fuerza que le sostenía, y dejó caer su mano sobre el regazo propio. Era su manera de indicar que pararía, que volvería a dejar de fijar su atención en ella misma. Aceptaría que ese tipo de mascara que llevaba el joven no podía ser removida a la fuerza, y, más aún, no por alguien como ella.
-Creo que todo lo que nos rodea... es vida.
Así fue siempre para ella, desde el momento en que la tonalidad celestial de la mañana, la frescura del aire errante, y la caricia de las hojas verdes del prado la saludaron por primera vez, poco tiempo atrás.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 11/11/14, 06:42 am

Mi mirada, huidiza y traicionera, había intentado evitar mirar directamente al gesto de la joven desde el momen to en el que las barreras volvieron a alzarse, pues sabía perfectamente lo que vería si llegaba a clavar mi mirada en la de ella. Sin embargo, traicionera mi capacidad empática, maldito el sentimiento del arrepentimiento, los ojos fueron deslizándose poco a poco, centímetro a centímetro, hasta mirar en lo más profundo de los de ella, captando, ahora sí, esas lágrimas y ese dolor del que quería haber permanecido ignorante. Suspiré profundamente...

Dejar las cosas a medias no era... digamos... algo de mi agrado. Lo entendéis, ¿No? Como cuando alguien os cuenta algo y os deja a medias, o simplemente acaba por ignorar el tema sin más repercusión ni molestia que  la curiosidad, la tristeza y el dolor despiertos en el corazón ajeno. A esto también se le podría llamar egoísmo, ¿No creéis? Hay tantas expresiones diferentes en las que se puede expresar ese vil sentimiento que resulta imposible mantenerlo bajo control en todo momento. Al fin y al cabo, tarde o temprano, de un modo u otro, cualquier persona es egoísta en su propia manera. Entonces, ¿Qué diferencia a los egoístas que viven de este sentimiento, esgrimiéndolo como su pan de cada día y aprovechándose de él para lograr todo aquello que deseen, y aquellos que también  lo portan como compañero de andanzas, aun sin desearlo o requerirlo por voluntad propia? La única diferencia es el modo en que cada uno trata al susodicho. Por ejemplo, algunos simplemente lo usan a su gusto y deseo, mientras que otros, cuando se dan cuenta de su compañía, mueven cielo y tierra con tal de revertirlo y evitarlo dentro de sus posibilidades. Los que no gustan del egoísmo, se esfuerzan por no serlo. Esa es la única diferencia entre ellos y los otros.

Es por esto que los sentimientos puros acaban siendo traicioneros tarde o temprano. No, traicioneros no es la palabra... tan solo acaba siendo difícil lidiar con ellos. Tienes que decidir entre el camino fácil o el camino doloroso, y mientras que la mayoría de personas inteligentes toman la solución fácil, los más honestos y honrados, en ocasiones, se ven obligados a tomar el camino del sufrimiento. Solo porque alguien lo necesita, solo porque es responsable de los actos que con anterioridad llevó a cabo. Como en ese momento, había sido yo quien abrió la caja de Pandora, quien dejó salir todas aquellas palabras que como un torrente de oscuras emociones y recuerdos invadieron el ambiente, pentrando tanto en el corazón propio como en el acompañante. Solo había que mirar a la cara de ella para vislumbrar su efecto: dolor, tristeza, duda, arrepentimiento... y yo, dentro de mi macabro egoísmo, había intentado ignorarlo, había intentado olvidar el tema y simplemente dejarlo en el limbo. Era mi responsabilidad, pedirle que lo olvidara -engañándome y diciéndome que era por su propio bien, mientras que lo era por el mío- no era más que una de esas vías de huída fácil. Un camino que, en este caso, estaba vedado. No iba a ser tan fácil. No iba a ser tan apacible. No iba a poder escapar de todo aquello con semejante sencillez. La sonrisa volvió a congelarse en mi gesto con el mismo matiz melancólico que en el pasado se viera en ella, los ojos entrecerrados y mi ritmo cardíaco, al igual que la respiración, ralentizado..



-¿De verdad no puedes simplemente olvidarlo...? No... perdóname, no puedo pedirte eso, no después de haberlo contado todo ya. Es solo que... siempre es más fácil huír que enfrentarse a los recuerdos difíciles.-cerré los ojos del todo y coloqué mi frente en contacto con mis manos, la cercanía a mi elemento lumínico me ayudaba al menos a calmar mis dudas, mis sentimientos y entrar en un verdadero estado de calma- Intentar no ser egoísta no es malo... nunca lo es... pero no hay que confundir eso con la arrogancia. Hay veces en las que más vale salvar a una persona, estar seguro de que puedes salvarla... que intentar salvar a cien y no conseguir salvar a ninguna. La arrogancia te hace creer que intentas salvar a esas cien por altruísmo, porque eres buena persona y quieres su bien... pero en realidad no es así. Ese tipo de logros tan disparatados solo los hace alguien que cree en su fuerza por encima de todo... y quiere conseguir demostrarse que en verdad, puede hacerlo. Ese también es un acto egoísta, uno de los peores.-callé por unos segundos, respiré hondo y a continuación proseguí:- Ella... ella nunca me pidió nada, nunca me exigió nada. Ni siquiera me pidió que la salvara, por supuesto que tampoco me dijo que dejara a los otros atrás. Pero yo... debería haber sido yo quien lo decidiera por mí mismo. Porque... teniéndola a mi lado, sabía que no necesitaría nada más para seguir adelante, pero sin tenerla... día a día... me pregunto una y otra vez qué sentido tiene que siga haciendo todo esto. ¿Para redimirme? Es estúpido... nunca voy a conseguiirlo, sé que el dolor que atenaza mi corazón no va a desaparecer. Porque ella ya no está, y nunca sabré si en el momento de su muerte... me odió, si me culpó por haberla dejado de lado por tantos años... o si simplemente me perdona por haber sido un hermano tan descuidado que prometió mucho con sus palabras, pero no logró nada con sus actos. Aunque en realidad... No... eso no es cierto, tampoco... hubo algo que sí compartimos... hubo algo que sí pude enseñarle...-repentinamente mis ojos se abrieron lentamente, al mismo tiempo que poco a poco iba despegando mis manos y dejaba que de entre ellas salieran decenas de pequeñas esferas de luz blanquecina, las cuales ascendieron y se fundieron con el ambiente, danzando a un lado y a otro a nuestro alrededor como simpáticas luciérnagas reproduciendo un bello baile bajo su libre albedrío- Tu respuesta es... correcta. "Alza la mirada y observa lo que te rodea: el rugoso tronco del árbol, la suave brisa de viento, el cálido azote de las llamas, el constante y frío fluir del agua... todo ello es vida en sí misma. Cada elemento, cada centímetro de este mundo... todo ello es un regalo de la madre tierra, y es algo que hemos de respetar y proteger. El mundo esta vivo, desde la piedra más pesada hasta el tornado más destructivo. El mundo está vivo, y nosotros somos los testigos de esta grandiosa realidad."-la remembranza de estas palabras logró, esta vez sí, que una sonrisa sincera se dibujara en mis labios- Eso... fue lo primero que lo enseñé. Quizá lo único útil que aprendió de mí, verdaderamente. Mi hermana y yo teníamos un don, un don que nos permitía ponernos en contacto con ciertas partes del mundo que nos rodeaba. Yo siempre fui atraído por la belleza de las luces, pude comprender cada rayo de sol, cada reflejo, cada pequeña iluminación... y aprendí a entender su mensaje de manera casi instintica.-coloqué las manos con las palmas hacia arriba, permitiendo que algunas de aquellas pequeñas esferas de luz se posaran sobre ellas; otras, sin embargo, ya se habían colocado sobre mi cabeza y sobre mis hombros, mientras que algunas habían decidido hacer lo propio sobre el cuerpo de mi sincera acompañante- Mi hermana, en cambio, entendió la elegancia de las sombras, la soledad de la oscuridad, y se apiadó de ella hasta el punto de ser su eterna acompañante. Mucha gente piensa que la oscuridad es malvada, que solo trae terror y pánico... pero se equivocan. En realidad, no es más que una vida incomprendida... una existencia a la que nadie se atreve a acercarse... o a conocerla. Ella lo hizo desde muy corta edad: jamás temió a quedarse sola en su habitación, a dormir sin ninguna luz consigo, es más: muchas veces ansiaba que llegara el momento de acostarse para verse rodeada por toda ella. La oscuridad no es malvada, eso es algo que ella me enseñó a mí, todo depende de la percepción y las intenciones de las personas que están bajo su poder.-aquellos no eran recuerdos dolorosos, evidentemente aun existían resquicios de tranquilidad y placer en mis memorias que me podían hacer enorgullecerme de lo vivido en mi pasado- Si sonrío ahora, aun cuando mi corazón exige que llore... es porque ella me enseñó a sonreír. Antes de que llegara a la vida no había conocido más que tristeza, soledad, dolor... no esperaba nada del mundo, no creía en nada ni tenía ningún tipo de esperanza. La primera luz que se mostró en mi oscuro camino... fue su sonrisa. Es gracioso... incluso cuando era una bebé, lo primero que hacía ella nada más verme era sonreír, sonreír con su pura inocencia y reír con alegría y sinceridad. Fue así como yo aprendí a disfrutar de la vida y aceptar el mundo tal y como se me mostraba. Por eso... no quiero perderlo. No quiero perder esas sonrisas que ella tanto se esforzó en inculcarme. Por supuesto, también lo hago para fingir frente a la gente, si mi rostro verdaderamente expresara lo que siento en mi corazón probablemente me tomarían como alguien carente de vida o alegría... porque no la tengo, en realidad. Por eso siempre he creído mejor sonreír, ayuda a que los demás se sientan más cómodos... y me ayuda a recordarme a mí mismo que hubo un tiempo en el que fui feliz. Si pudiera hacerlo con sinceridad sería mucho más agradable, pero... creo que eso es algo que nunca volveré a recuperar.-cuando la joven posó su mano sobre mi pecho me pilló un poco desprevenido, pero la sorpresa ni siquiera me hizo dar un respingo; en cambio, coloqué mi propia mano derecha por encima de la suya- Eres muy observadora... al fin y al cabo el lenguaje del corazón nunca miente. No hay nadie que te conozca mejor que él mismo. Sin embargo... nosotros tendemos a ignorarlo. Él corazón te dice cuándo necesitas reír, cuándo necesitas llorar, cuándo estás vivo de verdad y cuando no... pero la gente no le escucha. Ya sea por miedo... por dudas... por la razón que sea... son muy pocas las personas que viven con verdadera sinceridad y expresan aquello que verdaderamente sienten. Los que no lo hacemos... todo lo que conseguimos es reprimirlo... como tú dices: no le dejamos respirar, no le damos oxígeno. ¿Por qué...? Porque tenemos miedo, supongo. Yo al menos... tengo miedo que todo lo que tengo ahí dentro guardado, acabe desbordándome y no pueda llegar a controlarlo...-lentamente aparté su mano de mi pecho y acabé cubriéndola, tal y como había hecho ella antes, también con mi zurda, protegiéndola con una capa de calor que, además, se veía intensificado gracias a la presencia lumínica a través de ellas- No te lo volveré a pedir... discúlpame, fue demasiado egoísta pedirte simplemente que lo olvidarás, pero... no quiero que sufras por mí. No dejes que mi pasado te haga sentir dolor, ni tampoco que mi presente te haga llorar con tristeza... no me gusta ser causa del llanto de nadie, si bien las sonrisas y la felicidad nunca serán rechazadas. y... te equivocas.-llevé su propia mano hasta su regazo, donde la coloqué lenta y delicadamente- Me has escuchado... y eso es más que suficiente. Eres la primera persona que escucha esta historia... la primera persona con la que de verdad puedo sincerarme. Se podría decir... que esta es la primera vez en mucho tiempo en que mi corazón ha podido volver a respirar, aunque sea por un breve lapso de tiempo. No me debes nada, sino que más bien te lo debo yo a ti. Curar mi corazón... ni siquiera yo sé si es verdaderamente posible, por lo que no puedo ayudarte con eso... pero lo que sí puedo afirmar es que hacía mucho tiempo que no me sentía tan libre al lado de alguien. Eso es más de lo que nadie ha hecho por mí en todo un año, ¿No te parece suficiente?-una honesta y piadosa mirada fue otorgada junto a estas palabras- La verdadera pregunta es... ¿Puede hacer algo este humilde mago por ti? Ya te lo dije... la vida se rige por un constante equilibrio, si recibes algo has de dar algo equivalente a cambio... y mi deuda contigo ahora mismo es más grande de lo que puedes imaginar.

Spoiler:
X_X Mega diálogo me ha salido, gomenne X_X Solo como un dato curioso, mientras las luces que salen de las manos de Kasu están alrededor suya y de Choco tienen tanto efectos curativos como purificadores owo La parte curativa tiene poca relevancia, porque ninguno de los dos están heridos, pero los efectos purificadores ayudan a nuetralizar todo aquello que el usuario considere como "impuro", tal como: las enfermedades, el veneno... o lo que viene más a cuento ahora: la tristeza o el dolor. En otras palabras, si Choco tiene algún tipo de flashback sobre su vida pasada o lo que sea, que le hace sentir algo de dolor, sufrirán considerablemente menos que en otras circunstancias o-o Solo es un dato, por si te sirve en adelante x3

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 16/11/14, 12:25 am

Sorprendida, lo observó y escuchó. No había esperado que él respondiera ninguna de sus dudas, en especial aquellas que ella misma emitió en murmullos, puesto que no deseaba realmente que él las oyera; temía ser rechazada por su falta de comprensión en un tópico del cual ella nada más sabía sospechar. Mas la respuesta que le siguió no le produjo alivio alguno. Las palabras que le explicaron el difuso concepto de  la arrogancia, las cuales de alguna forma quisieron convencerle de que ese era el caso de su hablante, así como aquellas emitidas con desesperanza, no lograron apaciguar su débil y silencioso llanto.
No obstante, los orbes color miel de la joven se agrandaron en asombro, su mente por un momento olvidando su tristeza al observar unas pequeñas esferas, transmisoras de una hermosa luz blanca, nacer entre las manos del de hebras castañas. El brillo que desprendían, la armonía con la cual danzaban entre ellas junto al libre albedrío del viento en torno a ellos, mezclándose a sí mismas al ambiente, interrumpiendo al manto nocturno que todo cubría en un intento de hallar la serenidad que lo representaba, jugando en consonancia con los pétalos rosados que descendían bajo la copa del cerezo... La belleza del espectáculo le abrumó de tal manera en que las lágrimas finalmente comenzaron a desaparecer.
Genuinamente sorprendida, alzó una de sus manos con cautela, en un tímido intento de tocar alguna de ellas. Pero antes de poder hacerlo, una foránea, intensa sensación se esparció desde su interior sin aviso, y con la velocidad de un instante paralizó todo su cuerpo. Un dolor, mucho más profundo de lo que alguna vez antes sintió, alcanzó su mente, y una violenta punzada de nervios viajó con la misma rapidez hacia su pecho; algo que ya le había ocurrido antes, y sin embargo no de esta forma, nunca de esta manera.
Su vista, que en ese instante se deleitaba con el luminoso baile, se perdió en el siguiente a través de un viaje de imágenes incomprensibles. En primer momento no supo si eso eran en realidad, pues en éstas podía contemplar la misma dispersión de diminutas estrellas que la rodeaban ahora, pero no podía apreciar nada más en el oscuro ambiente. Sólo podía ver una pequeña mano de sonrosada tez extendida hacia una de ellas, en un gesto similar al que ella intentaba realizar en ese instante. ¿Era su mano?... No, eso era imposible. Los espíritus eran evadidos por cualquier proceso de crecimiento o envejecimiento; no poseían edad, pues todos eran maldecidos por la eternidad desde su nacimiento. Pero era su propio recuerdo, y en él, era ella quien intentaba alcanzar aquel pequeño tramo de luz.
La magnitud de su dolor le impedía pensar en una razón para ello, sólo le permitía sentir desconcierto; sólo eso, hasta que, repentinamente, la intensidad de su malestar decreció. Cuando sus ojos le concedieron parcialmente el regreso de su percepción visual, cayó en la cuenta de que la lumínica esfera que en un principio había sopesado tocar, se había posado por sí sola sobre los dedos propios, mientras que varias de sus semejantes descansaban ahora sobre sus hombros, su largo cabello y probablemente el grueso manto que cubría su cabeza. Como si la intención de éstas fuese consolarla, sintió el dolor descender a un nivel soportable.
Fue gracias a esto que pudo percatarse de una cálida y amena sensación, que luego de haber sido opacada con anterioridad, logró hacerse notar. Y en la lejanía de su memoria oyó una voz hablarle; una inentendible e irreconocible... ¿Qué decía?
"...El mundo está vivo..." finalmente, le escuchó; como un acompañamiento, la repetición exacta de lo que el joven frente a ella le decía en ese momento. "... y nosotros somos los testigos..."
Su mirada, que mezclaba el asombro con la confusión, fijó su atención hacia el castaño, cuyas palabras culminaron en las mismas con las cuales acababa la lejana voz en su mente. ¿Cómo... era posible? ¿estaba, tal vez, confundiendo su recuerdo con su realidad? Eso tenía que ser...
"Te lo diré, si tanto quieres sufrir" se escuchó a si misma decirse en su fuero interno. No sonaba como ella, no hablaba como ella, pero así como en la ocasión anterior, y como varias veces antes, tenía que serlo, puesto que el pensamiento nacía de su propia mente. No obstante, pese a la promesa, todo lo contrario ocurrió: el trance que la sujetaba con fuerza finalmente la soltó, el leve malestar se desvaneció por completo, el agradable sentimiento la abandonó por igual. Todo lo que en el segundo anterior la embargaba, había desaparecido en el siguiente, dejándole sólo con el profundo desconcierto al cual, con cansancio, ya estaba habituada.
Pero era la primera vez que sus memorias, aquellas dejadas por la anterior Ursa Minor, se apiadaban de ella y dejaban mostrar un rastro de sí más de una vez en tan sólo una noche. No, no se trataba de cualquier noche: mientras observaba al joven de cortos cabellos castaños envuelto en el amable resplandor de su magia; mientras sentía el frío del ambiente morir en aquel espacio que les comprendía; a medida en que escuchaba las palabras ajenas que ahora exponían su sentir con sinceridad... Chocolat supo que esa noche era diferente a las que había vivido y a las que continuaría viviendo.

Mientras trataba de calmar sus latidos, y hacerles ver que ese episodio ya había acabado, supo el porqué de aquellas sonrisas que nacían del vacío en el rostro del joven. El no querer perder la sonrisa que su hermana le había enseñado... Aunque decidió no hablar a causa de la grave posibilidad que siempre la acompañaba de estar equivocada, internamente se preguntó si eso estaba bien. Si lo que su hermana le habría enseñado sería sonreír... o sonreír desde el corazón.
Ahora lo comprendía, y a medida en que lo escuchaba, otra de sus dudas expuestas recibía una respuesta. No era el temor a llorar lo que sentían las personas, lo que les hacía ignorar sus sentimientos más profundos; era el temor de pensar que si lo hacían, nunca volverían a reír. Ella tenía otra creencia al respecto, sin embargo: si no hubiese conocido sus propias lágrimas, no hubiese reconocido la dicha del reír. No creía que éstas tuviesen la capacidad de abandonar a una persona sin más, pues, a sus ojos, la alegría y la tristeza existían ambas gracias a la otra, y si alguna debía morir, las dos lo harían. ¿Tendría eso algún sentido? O ¿esa clase de pensar también era culpa del vacío hallado en su mente?...
Pero, lejos del hecho, ahora podía decir que los comprendía, a aquellos que temían a lo irreversible, porque ese temor era un enemigo al cual ella tampoco lograba vencer.

Luego de que él hiciese la pregunta, Chocolat, durante algunos instantes, sólo le observó. A aquella persona que tenía miedo de olvidar su propia sonrisa, que estaba convencido de estar muerto, que prefería escoger la mentira para no ser juzgado como tal por otros. ¿Era eso lo que las personas pensaban? Que su verdadero ser carecía de vida alguna... Ella no podía saberlo, porque aún no los conocía. Más que de trato breve, desde el comienzo de sus memorias la única persona a la cual había podido escuchar, con la cual había podido hablar, estaba frente a ella.
-Creo que te ves más vivo ahora que antes -comentó, en un tono suave que no quería imponer su pensar, más que sólo expresarlo. Después de ello, sin embargo, no diría más al respecto, pues ella aún poco sabía y poco entendía...
Su mirada del color de la miel, entonces, ascendió hacia las pequeñas esferas resplandecientes que aún se entretenían junto a la brisa de la noche; sus ojos volviendo a brillar por sí mismas al observarlas, una dulce sonrisa apareciendo en sus labios. El pesar y la aflicción que cómodamente se asentaron en su corazón con anterioridad, aún se encontraban allí, mas su magnitud había descendido con la calma que la magia del castaño le proveía.
-Estrellas -las nombró, en un tono más alegre-. Son estrellas, ¿cierto?
En un intento de imitarlo, juntó los costados de sus manos y elevó las palmas de éstas en espera de que en ellas se posara alguna de aquellas pequeñas estrellas, de las cuales varias se animaron; hecho que provocó una breve y sutil risa en el espíritu.
Aún sonriente, bajó su mirada y las observó. Le resultaba sorprendente el hecho, porque hasta ese momento creía que las estrellas eran intocables, inalcanzables, incluso para ella que recibía su vida y energía de éstas. Aunque su relación con ellas fuese estrecha e inquebrantable, era imposible acortar la distancia del lazo que las unía; aún en su mundo, en el plano espiritual. Ser capaz de observar tantas desde tal cercanía era un privilegio que ella jamás llegaría a merecer, pero que agradecía desde el fondo de su corazón.
-Ella debió ser... muy feliz -susurró, incapaz de detener su pensamiento y a la vez segura de éste-. Aunque su alma se hubiese ido tan pronto, debió ser muy feliz durante todos los años en que estuvieron juntos...
Era lo que con sinceridad creía, al pensar en aquella pequeña que tuvo a su lado a esa persona, quien con amor la hubo guiado a lo largo de su efímera vida, le hubo mostrado la belleza que con frecuencia escapaba desapercibida de los ojos humanos, aquella de la cual él ahora le mostraba tan sólo una pequeña, hermosa parte a la de cabellos claros. Sólo podía imaginar... sospechar, con inevitable torpeza, cuantas memorias podrían nacer entre dos hermanos como ellos.
Con ambas manos cobijó las diminutas esferas que aún descansaban en sus palmas. Las acercó a su pecho, con motivo de encontrar en ellas consuelo del desconcertante vacío que pronto invadió su ser.
-Debe ser maravilloso... -prosiguió, cerrando sus ojos-, poder tener cálidos recuerdos de alguien a quien quieres mucho, y poder llevarlos siempre contigo. Como si, pasara lo que pasara, esa persona estuviese siempre aquí.
Y, a pesar de la desagradable sensación que persistía dentro de ella, no cesó su gesto sonriente, pues sus palabras no estaban llenas de envidia, sino de alivio, de contento al creer con firmeza que la historia de aquel joven no estaba en entero manchada de tristeza y dolor.
Una vez expresado su pensar, decidió responder a la amable pregunta que antes le fue hecha:
-Hasta ayer no tenía nada... -confesó, después de lo cual volvió a abrir los ojos, y elevó la vista hacia su contrario- Pero hoy me has dado un recuerdo que puedo atesorar por siempre, y me has enseñado mucho. De verdad... no sabía que se pudiera recibir tanto... -murmuró, luego de que su mirada volviese a recaer sobre las estrellas que aún se mantenían sobre sus manos; una pequeña sonrisa agradecida presente en su semblante, antes de devolverlas a su libertad al lado del viento nocturno.
Era su honesta creencia, pues desde sus recientes comienzos, no esperó un futuro que le obsequiara nada más que su existencia. A pesar de sus esfuerzos por conocer aquel enigmático mundo, de escapar de su profunda soledad por medio de la aceptación de otros, jamás creyó con certeza que algo de ello fuese a dar frutos. Lo que él le había dado era mucho más de lo que ella se atrevería a desear...
-Nunca necesitaré nada más -dijo, entonces, junto a una negación con su cabeza, pues no podía imaginarse queriendo nada mejor.
Pero su hilo de pensamiento, el cual al fin se aventuraba a regresar a su común desviación, fue por tanto abruptamente interrumpido por la remembranza de las palabras del contrario en referencia a la curiosa ley bajo la cual debía darse un equivalente de lo que se recibía para así mantener el equilibrio sobre el cual se regía la vida; un precepto que no sólo indicaba la deuda que ella tenía, sino el quebranto que esto ocasionaba.
Alarmada, volvió a verle en busca de una solución al nuevo dilema.
-Pero, eso está mal, ¿cierto? ¿quiere decir que estoy rompiendo con el equilibrio de la vida?
No sabía exactamente cómo funcionaba esa clase de equilibrio, pero se escuchaba como un asunto bastante severo y complicado. ¿Se enojaría el Rey de los Espíritus si la descubriera?

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 18/11/14, 03:01 pm


Ambientación


Era un verdadero espectáculo observar cada emoción, cada reacción, cada sencillo y sincero sentimiento nacer en el gesto de aquella pura muchacha y dar lugar a un mundo de reacciones y acciones que resultaban de lo más inocentes y gráciles. Sus lágrimas de asombro y felicidad, sus dudas, e incluso esa intensa preocupación reflejada en los grandes y coloridos orbes... mas no la aflicción. En cuanto vi como cierto grado de dolor y sufrimiento aparecía repentinamente entre las facciones de la muchacha no pude hacer otra cosa que preocuparme por ella. ¿Le dolía algo, un brazo, una pierna... o era el corazón? Fruncí el entrecejo al sentirme culpable por si había sido este último el causante, o por si de mis labios había salido alguna palabra que no debía nacer. Con un ligero movimiento deslicé mi mano derecha en dirección a la joven, colocándola en contacto con su frente por unos segundos. Al tiempo que lo hacía el baño de luces se concentró en ella, creando una bella y nívea corona. Progresivamente, el dolor fue desapareciendo y el rostro de la bella joven volvió a recuperar su naturalidad; sin embargo yo quedé en esa posición por unos segundos, hasta quedar conforme y seguro de que ya no se sentía atormentada por molestia alguna:

-Deberías tener cuidado si hay algo que te duela... si no vas al médico podría acabar convirtiéndose en un dolor mucho peor.-había enunciado, mas ni siquiera yo estaba seguro de lo que decía; cuando posé la mano sobre su cabeza y las luces trataron de calmar su molestia, no sentí como si esta procediera de músculo o hueso alguno... sino de algo mucho más profundo, algo que yo mismo era incapaz de identificar.

Mi mano, transformada el la hábil batuta del director orquestal, se movía con ligereza y fluidez describiendo una serie de movimientos ondulantes, lentos y suaves. Al compás de mi ritmo la forma de aquellas bellas estrellas, tal y como la joven las había llamado, se dejaba llevar y simplemente empezaba a danzar alrededor de mi mano y brazo, atesorándola y poblándola en cada centímetro de la piel. Finalmente, en cuanto mi miembro cesaba en su movimiento, aquellas pobladoras alzaban el vuelo y se perdían entre el sinfín de pétalos rosados que caían a nuestro alrededor, ansiando la libertad sin fin. Sin embargo, en toda su libertad y su gracia, no se dejaban llevar por más que unos instantes, tras los que descendían una vez más y empezaban a girar en torno a mí, como las vivaraces y canturrinas aves que buscan con su piar levantar el ánimo de aquellos que se encuentran bajo su manto de plumas. Solo hube de poner las manos con las palmas hacia arriba, en cuanto lo hice, sin mediar orden o pedido alguno, todas y cada una de las brillantes esferas empezaron a posarse sobre ellas, y una a una procedieron a volver a entrar allá por donde habían salido, desde la primera... hasta la última.

-Si me veo más vivo... supongo que es porque hacía mucho tiempo que no podía descargar todos estos sentimientos. Ciertamente, son una carga muy pesada...-comentó mi voz en un tono sencillo, ni alegre ni esperanzador, simplemente neutro- Estrellas, ¿Eh? Quizás lo sean... o puede que sean luciérnagas. O también podrían ser las almas y los corazones de cada ser vivo que habita esta tierra. Lo puede ser todo y puede ser nada... se trata del mundo, de la luz que puebla el mundo. Aquella que decidió acompañarme en toda la travesía que es la vida.-en cuanto la última luz hubo entrado por mis manos hice que estas se juntaran, las coloqué frente a mi gesto y mentalmente enuncié unas palabras de agradecimiento en honor a la ayuda que me acababan de prestar- En realidad... esto es algo que la gente conoce hoy en día como magia. Es un don que se me otorgó desde el día de mi nacimiento, del mismo modo que a mi hermana se le prestó la compañía y la atención de la noche, la oscuridad y todo lo que ella representa.-separé las manos y volví a abrir los ojos, para clavar la anaranjada gema que en ellos se escondía sobre la insaciable mirada de la joven- Es curioso, ¿No? A ella, con su espíritu puro, su buen corazón, e incluso con su nombre, "luz"... le fue otorgado el don de las sombras, mientras que a mí, quien siempre ha estado perdido entre la oscuridad y la indiferencia... se me otorgó el poder de la luz. No creo que pueda entender nunca porque lo decidieron así... porqué fui yo quien sobrevivió y quien ella hubo de sacrificarse para que yo fuera libre.

Eché los brazos hacia atrás y apoyé mi peso sobre ellos, colocando la palma de las manos en contacto con la fresca humedad de la hierba. Mi rostro se alzó para clavar la mirada en la poblada copa de los árboles, y en el momento en que lo hice un ligero pétalo se posó sobre mi frente. No hice, sin embargo, intento alguno para apartarlo; no era una sensación desagradable, al fin y al cabo. Empezaba a pensar que las palabras de aquella inocente persona tenían algún tipo de poder sobrenatural, capaz de encontrar las grietas más pequeñas abiertas en el alma y atacar directamente a ellas. Feliz... ¿De verdad podía haber sido Hikari feliz? ¿Por qué? ¿Por tener a un hermano inútil? ¿Por haber estado apresada por toda su vida? ¿Por no ser capaz de respirar ni por un solo día el aire de la libertad? ¿Por qué...? Simplemente no lo entendía...

-¿Por qué... lo crees? ¿Por qué crees que fue feliz? Yo no estoy tan seguro. Si yo no hubiera estado a su lado probablemente habría sido más feliz. No habría soñado con extrañas ideas como ser libre, y probablemente habría conseguido muchas más amigas entre nuestras primas... pero por mi culpa tuvo que entregar toda su vida y todos sus sueños a un deseo que no alcanzó. Es un poco... desalentador.

Cerré los ojos, suspiré tan solo por un segundo y los volví a abrir al instante siguiente. Yo mismo quería creer que su vida no había sido insustancial, que algo en ella tuvo sentido, que de verdad hubo una pequeña parte que atesoró y quiso guardar para sí sola... pero no había forma de que lo supiera, ya no, y mi constante arrepentimiento no dejaba de taladrar en mi cabeza para intentar disuadirme de esa idea. Mientras mis pensamientos iban y venían, entrando en un constante conflicto por hacerme caer aun más en el lodo o sacarme de él, dos más de esos rosados pétalos aparecieron frente a mi mirada, descendiendo con lentitud con la intención de posarse esta vez sobre mis labios. Alcé la mano y en lugar de esto hice que cayeran sobre la palma. Seguidamente los acerqué yo mismo a mis labios, los coloqué frente a estos y soplé para que volvieran a ascender y a danzar por el aire libremente.

-No sabes hasta qué punto lo es...-volvía a decir, en respuesta a las palabras enunciadas por la de hebras castañas- Es difícil... porque resultan a la vez dolorosos y agradables... pero sin duda son algo a lo que jamás desearía renunciar. Ni aunque me prometieran convertirme en la persona más feliz del mundo, en alguien que no volviera a dudar de sí mismo ni sufriera por nada... jamás desearía olvidar. Debe ser terrorífico... olvidar quién has sido... quién eres... Eso es mucho peor que simplemente tener unos pocos recuerdos que te causen dolor.-igual que lo había hecho antes, me tendí en el suelo por completo y apoyé mi cabeza sobre las largas manos- Seguro que también tú tienes alguno de esos... recuerdos que no entregarías por nada del mundo. ¿Verdad? Y aunque no fuera el caso... nunca es tarde para crear nuevos recuerdos. Solo tienes que encontrar a la gente alrededor de quien los quieres formar. Estoy seguro de que hay ahí fuera muchas personas esperando a conocer a una persona tan dulce como tú y convertirse en tus amigos. Solo tienes que salir a buscarlos...

No lo había notado hasta el momento, pero realmente la noche era perfecta. El frío había desaparecido por completo, tampoco hacía calor, y la suave brisa de viento no hacía más que acunarnos y hacer bailar nuestros cabellos. No había luz artificial en las cercanías, no más que aquella natural proporcionada por el satélite nocturno. Lo primero que deseabas al encontrarte en tan perfecto ambiente... era cerrar los ojos, cerrar los ojos y volar al mundo de Morfeo. Eso es lo que hice yo, aunque limitándome tan solo a la primera parte. No era fácil para mí conciliar el sueño, y no tenía razón alguna para hacerlo en este momento, pues la conversación estaba resultando mucho más estimulante que todo descanso. Sin embargo, nunca era tarde ni pronto para ser abrazado por el planeta, sentirte acunar entre cada brizna de hierba, entre cada caricia del aire, en cada sonido de la naturaleza... todo ello era capaz de calmar al alma humana hasta el punto de apaciguar hasta las mentes más torturadas.Mi respiración se había acompasado de tal manera que a vistas externas podía llegar a parecer que me hubiera dormido al instante, pero el movimiento de mis labios y las palabras surgiendo de ellos fueron prueba suficiente para anular susodicha hipótesis en quien la pudiera haber emperado:

-Si tanto ha significado esta noche para ti... me alegro. No lo negaré: me alegro mucho, pues... también yo necesitaba algo esto desde hace mucho, pero he estado tan sordo a lo que mi mente me decía que he tenido que venir hasta aquí sin siquiera saber porqué lo hacía.-sonreí para mí, me debía una buena disculpa a mí mismo... ni siquiera yo entendía cómo había podido aguantar todo eso por tanto tiempo, había tenido que soltarlo todo de golpe para darme cuenta; en cuanto la muchacha dijo no necesitar nunca nada más, seguido de un intenso ataque de pánico, no pude evitar soltar una ligera carcajada, sincera y divertida- ¿Que no vas a necesitar nunca nada más? Ni se te ocurra pensar en eso, hay demasiadas cosas en el mundo que, sin ni siquiera darnos cuenta, son necesarias para nuestra vida. Y no solo me refiero a necesidades vitales, por ejemplo... mira, te haré un regalo.-alcé ligeramente la cabeza y miré divertido a la de pardusca mirada- Acuéstate sobre la hierba, colócate como yo y cierra los ojos. Después no pienses en nada... solo siéntelo.

No le dije más, solo permití que la enigmática sonrisa entre mis labios y el propio resultado de sus actos le hicieran sentir lo necesarias que eran todas y cada una de las cosas sencillas que nos ofrecía el mundo. Quizá no fuera como un objeto, algo que pudieras querer comprar; o un deseo egoísta que quisieras ver cumplido... pero por el simple hecho de haberlo sentido, por el mero sentimiento de haberte convertido en uno con la naturaleza, la sensación era tan pura y grandiosa que uno no podía evitar, inconscientemente, desear que nunca acabase. Y cuando sientes su ausencia, cuando estás en falta de ello, lo primero que acude a tu cabeza es el sencillo y sincero deseo de volver a tumbarte en el suelo y ser dominado por el mismo sentimiento de paz interior que en ese momento dominaba tu interior. Así era como yo lo vivía, al menos... así era como mi ser percibía este mundo. Quizá fuera diferente para ella pero quería creer, quería esperar, que también la joven encontrara la misma paz y afabilidad en este poderoso sentir.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 21/11/14, 08:34 pm

La sorpresa volvió a su rostro al escucharle preguntar por qué creía que aquella pequeña había sido feliz. Ladeó su cabeza ligeramente mientras él negaba sus palabras, y hablaba con aquellas que hasta minutos atrás habían sido la causa de sus lágrimas; el rebelde e irracional sentimiento que discrepaba con él aún se hallaba allí, mas esta vez se detuvo antes de emitir respuesta inmediata. Con anterioridad, había determinado que ella no tenía la capacidad ni experiencia suficiente para defenderlo contra sí mismo, pese a ser ese el deseo del espíritu. Temía que su torpeza no hiciera más que causar molestia, pues sabía por experiencia que eso era lo que provocaba al hablar con las personas; así había sido hasta el presente.
No obstante, sus pensamientos al respecto se vieron interrumpidos; la expresión de la castaña descendió a la quietud, luego de que el joven mencionara lo terrorífico que debía de ser el no saber quién se era, de preguntarle si ella por igual poseía recuerdos invaluables... En un principio, durante los primeros días de su vida, la absoluta ignorancia del vacío que colmaba su interior le había otorgado la ilusión de una paz que no conocía. El peor momento dentro de su corto mes de existencia fue al percatarse de él... Fue al observar los asombrosos sentimientos que nacían de querer a una persona, de convivir con ella, de compartir todo aquello que por sí sólo se disfrutaba. Y fue, especialmente, al comprobar la amplia diferencia que había entre ella y todo a quien se aventuraba conocer... El rechazo constante, firme y unánime que sufrió hasta encontrarse frente a las puertas de Grimoire Heart. El de cortos cabellos castaños, por su forma de hablar, le daba a entender que encontrar a una persona junto a la cual lograr todo aquello era, de hecho, sencillo... pero, entonces, ¿por qué se le dificultaba tanto?
A modo de gesto inconsciente, su vista cayó sobre su bolso, el cual aún yacía relajado junto al tallo que producía aquellas hermosas flores rosadas. Su reciente costumbre por buscar libros, guías, cualquier medio que le permitiera ser menos de lo que era y más de lo que podría llegar a ser, nació ese día.
Tenía prohibido preguntarse si eso era lo correcto.

Sus mejillas se sonrojaron profundamente después de escuchar la risa ajena en respuesta a las palabras propias, y se preguntó si habría dicho algo muy tonto. Sinceramente creía que no había nada más que pudiera desear que no hubiese recibido ya... ¿estaba equivocada?
Dudosa, se detuvo un momento a sopesar la idea que le presentó el joven, al mismo tiempo en que ambas manos se alzaban para sujetar el borde del manto que cubría su orejas. La desconfianza era un aliado con el cual ella aún no trataba, pero la inseguridad que poseía respecto a sí misma la había acostumbrado a ese tipo de comportamiento. Sin embargo, su duda se disipó al recordar que dicha prenda se hallaba sujeta para, precisamente, evitar cualquier preocupación al respecto.
Con delicadeza, se colocó a si misma a un lado de él y se tendió sobre la suave, ligeramente cosquilleante hierba, con ambas manos ahora tomadas sobre su pecho. Durante un segundo, se limitó a contemplar el brillante cosmos que sólo la noche podía revelar, aquel que para ella significaba más que la belleza visual que les entregaba; y, antes de cerrar sus párpados, no pudo evitar pensar en las similitudes y divergencias que existían entre ese último instante y el primero de todos ellos en su vida.
Al cerrar sus ojos, el primero de sus sentidos en mostrar percepción alguna fue la audición. Aquella que en ocasiones no reconocía, comenzó a hablarle en cuanto le hubo prestado atención. Lo primero que oyó fue, curiosamente, el acompasado latir del corazón de la persona a su lado. Luego, el tenue canto de la brisa nocturna circular en el pleno ejercicio de sus deseos; y, justo después, llegó al espíritu el sonido del amable roce de ésta con las cortas hojas del verdegal que les comprendía. Pronto, la agudeza de su sentido le permitió escuchar más allá: a los animales que no hallaban descanso en la noche, como aquel curioso trote de las hormigas, cuyo paso se le antojaba rítmico.
Lenta, desapercibida, la percepción del tacto se le había unido al primero, presentándose por medio de la delicada caricia de las hojas que rodeaban su cuerpo; a través de la frescura que le contagiaba el invisible viajero al cual su audición ya la había introducido. Su olfato le indicó de aquello que dicho elemento llevaba consigo, del sutil aroma dulce, y ligeramente cítrico, de las flores de cerezo, esparcido entre los pétalos rosados que descendían de la copa.
Todo su alrededor estaba lleno de vida; podía sentirle respirar con cada fibra, hablar con una calma voz en un idioma cuya sencillez escapaba del oído común. Mas en ese instante, ella comprendió lo que quiso decirle. Y, con lentitud, sus párpados volvieron a abrirse; las palabras escapando de sus labios sin caer en cuenta de ello:
-Ah... -musitó, en un débil tono, mientras su mirada, distraída, volvía a contemplar el oscuro y brillante cielo-. ¿Es posible que... nunca haya estado sola?...
Alzó ligeramente una de sus manos, y la observó, como si fuese a encontrar respuesta alguna en ella. En su mente se preguntaba si sería cierto, si así como todo su entorno se conformaba en una sola vida, si de la misma forma en que las estrellas eran parte de una constelación, y las constelaciones eran fragmentos del todo que correspondía al vasto firmamento... Era posible que ella también fuese parte de aquel mundo.
Fue entonces cuando la verdadera sorpresa surgió en su interior. Porque, de alguna forma, no sentía que acabase de descubrirlo; no le parecía hallarse frente a un hecho desconocido. El sentimiento de familiaridad, en cambio, era lo que la invadía en ese momento. Como si, en vez de conocer por primera vez aquello que ahora percibía, estuviese reconociendolo. Como si siempre lo hubiese sabido y a la vez lo hubiese ignorado. ¿Podría ser?...
Pensó en aquellos lapsos temporales en los cuales la mano que observaba se convertía en las garras y la extremidad de un diminuto oso panda. Inevitablemente, aunque nunca dejase de ser ella misma, el instinto corría con mayor fuerza cuando tomaba aquella forma, le informaba de detalles que ella aún no lograba descifrar. ¿Era eso lo que intentaba decirle?..

Su mirada siguió al gesto parsimonioso en el cual dejó caer su mano hacia su lateral. Su brazo estaba cubierto por la tela de su atuendo, por lo cual acarició las verdes hojas de la hierba con el dorso de su mano, con sus nudillos y sus dedos. A medida en que registraba la sedosidad de éstas, una suave sonrisa pareció en su semblante; una nueva, curiosa, pero especialmente agradable sensación comenzó a inundar su corazón.
-Fue feliz... -susurró, casi inconsciente de lo que decía, antes de que sus ojos se elevaran para observar al joven, aún sin poder evitar su sonrisa-. Su hermano le dio todo su amor, ¿cierto? y le enseñó a ver la vida en todo lo que nos rodea.
Era el impulso de una firme creencia lo que le hacía hablar, aún después de su anterior decisión y de su presente temor. Ese mismo impulso le hizo alzar la mano que aún descansaba sobre su pecho hacia el cielo, su dedo índice señalando una estrella en particular, hacia la cual dirigió su mirada por igual. Se trataba de aquella dentro de su propia constelación cuya ubicación sobre la bóveda celestial le había marcado con el gran cargo de guiar a las personas hacia su destino. La primera vez que hubo cruzado palabra alguna con aquel espíritu, éste le indicó que para referírsele, debía de utilizar el sufijo "-sama" sin excepción. Ella aún no se introducía en el mundo de los sufijos y no estaba habituada al habla respetuoso, pues aún no se había dado a la tarea de leer esa guía, aunque la poseía, por lo cual no hizo más que aceptar lo que se le decía.
-Como Polaris-sama -indicó, haciendo uso de la orden dada-, que guía a las personas en la noche, creo que ambos fueron la estrella que guió al otro.
Su brazo descendió nuevamente, mientras continuaba pensando en lo que el joven a su costado le había dicho. Desconocía la razón tras su propia seguridad al hablar; aunque eso hubiese entendido en su conversación, no estaba en su derecho de asegurar que lo que ella decía era un hecho...
-Ellos... -prosiguió, en un tono de voz distante- no se escuchan como si alguna vez hubiesen estado vivos. O tal vez es mi culpa, porque no puedo entender su decisión... pero... me pregunto... si, de haber sido de otra forma, ella hubiese tenido "sueños"...

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 25/11/14, 07:02 pm

Como el dióxido de carbono que deja el cuerpo a cada exhalación, la energía empezó a desprenderse de mi cuerpo para pasar a formar parte del ambiente que me rodeaba. En un momento, fue como si la escasa luz lunar brillara más, como si los colores relucieran con más intensidad, como si el mundo estuviera más vivo... pero las sensaciones que recorrían mi cuerpo eran las opuestas. Poco a poco la sensación soporífera empezó a hacer que mis párpados se hicieran pesados, mi respiración se acompasaba y mi pulso se ralentizaba hasta tomar un ritmo perfecto para el estado de reposo. Mis párpados se separaron ligeramente y parpadeé dos veces para evitar que cayera dormido en ese mismo instante; sin embargo, no pude mantener la mirada completamente despejado, sino que los ojos quedaron entrecerrados sin más. El sueño apareció como un repentino fogonazo, inesperado y de fugaz visita, queriendo llevarme consigo en el mismo momento en que llegó su primer ataque. Debí prevenirlo, sabía perfectamente que el más mínimo uso de magia drenaba mis energías, y si bien lo que había usado unos instantes atrás era una cantidad relativamente pequeña de mi poder, bien cierto es que en la noche, cuando el cuerpo ya se encuentra falto de descanso, podía significar una gran diferencia.

Sin embargo, mi voluntad, yo mismo, se negaba a dejarse llevar con semejante facilidad, al menos no de forma tan abrupta. El sentido de la responsabilidad y mi verdadero deseo de seguir escuchando a la joven eran lo suficientemente fuertes como para mantenerme con la conciencia activa, pero no estaba seguro de cuánto tiempo sería capaz de soportarlo. Por el momento, simplemente me negué a cerrar los ojos y quedé en silencio escuchando a mi joven acompañante, cuyas palabras se fundían con el vaivén del viento, con el criar de los grillos y el sonido de las briznas de hierba al rozarse entre sí y también al deslizarse por nuestro cuerpo. Por alguna razón... quería escucharlas de verdad, o más bien... necesitaba escucharlas. Ni siquiera yo acababa de entenderlo, pero es posible, tan solo posible... que en el fondo de mi corazón también yo quisiera creer que mi existencia había hecho bien alguno para ella. Que realmente... nuestra vida juntos sí que había tenido algún significado. Para mí siempre lo había tenido, pero para ella... siempre dudé si había ocurrido del mismo modo. Ser un mártir no era algo fácil, tampoco algo agradable... pero era algo a lo que yo mismo me había sentenciado.

-Quizá tengas razón... quiero creerlo...-mi voz se escuchaba ahora aletargada, baja, somnolienta- Todo sería más fácil si pudiera creerlo sin más.

Y de hecho, a medida que las palabras de la joven de porcelánica piel seguían dando paso, no podía evitar empezar a creerla más. Recordaba escenas, seguía rememorando más y más de aquellos viejos momentos que no habían dejado de venir a mí a lo largo de toda la noche, solo que en esta ocasión no tenían otra razón de ser que la de secundar aquello que se me quería hacer comprender. Y yo en realidad no podía negarlo, porque recordaba su rostro de jubilo cuando estábamos juntos, recordaba lo tranquila que dormía cuando estaba a su lado, lo feliz que era cuando nos costábamos en los jardines mirando al cielo y hablando de los días en los que podríamos ver ese mismo cielo desde un millón de lugares diferentes... sí, sabía que todos aquellos eran sentimientos puros y sinceros, y por eso aun podía sentir un mínimo de paz y tranquilidad en mi interior...

-Realmente... no sé como lo haces, pero... siempre dices... lo que necesito oír...-de nuevo un ataque de somnolencia hizo que mi consciencia vagara hacia las tierras regidas por Morfeo- Sí... quizá no fuera tan malo... quizá... solo quizá... todo tuviera... algún sentido...-un bostezo bien marcado, seguido de una nueva palabra:- Gracias...

Se me cerraron los ojos, y casi sentí como todo mi ser se apagaba junto a ellos... pero no, aun no. Aun había algo importante... algo importante que debía decir... y algo importante que debía saber. Era mi filosofía la de recordar a las personas que me habían ayudado a lo largo de la vida para devolverles el favor, la de mantener bien grabado en mi memoria cada nombre y cada detalle de sus existencias, para llegado el momento no fallar en mi intentiva de convertirme en aquel que luchara por ellas. Y como era evidente... aquella joven me había ayudado mucho. Más de lo que ella pudiera imaginar, probablemente. Por eso, aun entre los susurros de la inconsciencia y los abrazos del mundo soñado, mi voluntad quiso pronunciar unas últimas palabras.

-Kasuka... mi nombre es Kasuka... -enunciaba en voz sumamente baja, como un simple susurro- ¿Cuál es tu nombre...? ¿Como he de llamarte la próxima vez que nos veamos...?

Un último esfuerzo, nada más que eso. La mente presente entre los dos mundos aun tenía la conciencia suficiente como para escuchar y grabar en su interior el mensaje deseado, las palabras esperadas. Pero no sería más que eso. En cuanto la conjunción de sílabas y significados atravesaran el oído y quedaran grabados en un lugar seguro... entonces sí que sería la hora de que mi yo, relajado y libre de culpa y agonía, tomara un merecido descanso después de tanto tiempo.

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Re: Ashita Kuru Hi [Kasu-chan]

Mensaje por Invitado el 29/11/14, 06:43 pm

Mientras su mente divagaba, tratando de comprender aquello que se escapaba de sus propias manos, continuó dedicando la atención de sus sentidos al ambiente que la envolvía; todo aquello que, como el joven le había dicho, era necesario en su vida, en un nivel tan básico que resultaba invisible. Mas ahora podía verlo, oírlo, sentirlo con claridad; ahora estaba en entero consciente de aquella abrumadora verdad, que quiso hablarle desde que la vida le dio la bienvenida con la amable caricia de un verde pastizal.
Volvió a juntar sus manos, entrelazando sus dedos esta vez, y cerró sus ojos. En ese instante, prometería que nunca volvería a ignorar la melodía con la cual la prodigiosa orquesta del mundo obsequiaba, llena de humildad, a sus habitantes. Ni a su sincero abrazo, ni al consuelo de su compañia...

Cuando volvió a abrir los ojos, detuvo su vista sobre su acompañante, a quien podía oírle sucumbir a una agradable inconsciencia, en la lentitud que comenzaba a dominar la frecuencia en los latidos de su corazón y en su respiración. No dijo más ante las palabras que él, con mayor dificultad, emitía; internamente se preguntaba cómo podía estar ella tan segura de lo que decía, siendo alguien ajena a todo lo que lo lastimaba... Y, al mismo tiempo, se preguntaba porqué él dudaba, por qué le era más fácil creer que para aquella pequeña él fue mucho menos de lo que el espíritu creía desde el fondo de su corazón. Pero no lo expresó, pues una parte de ella seguía teniendo miedo de su torpeza, y la otra aún se preocupaba por el significado del egoísmo, en si estaba pensando más en ella misma que en él al querer aliviar su dolor por encima de sus propios deseos.
"¿Qué puede saber alguien como tú?" escuchó, nuevamente, a aquella insistente voz que sonaba como ella, y al mismo tiempo, era en entero distinta a sí misma. Pero, como en ocasiones anteriores, Chocolat pensó que debía de tener la razón...

La expresión de su rostro se dejó consumir por la sorpresa al escuchar al de cabellos castaños decir "gracias". Aún habiendo escuchado su motivo para ello, el espíritu no lo entendió. Sabía que no había hecho nada para sanar la herida que tanto dolor le causaba... Aunque él le hubiese dicho que había logrado respirar con mayor libertad a la cual se hubo permitido antes, aquella profunda herida que prohibía la entrada a su felicidad, a su tranquilidad, seguía allí.
Junto a la sutil tristeza que por instantes recorrió su faz, regresó su mirada hacia el mar de luces que decoraba la oscuridad del cielo; aquella incomprendida y temida oscuridad cuyo secreto muy pocos conocían, como ella, y como la pequeña hermana de la persona junto a ella. No merecía agradecimiento alguno... Si había alguien quien realmente lo mereciera, era él, que tanta amabilidad le había regalado, sin pedirle favor alguno o recompensa, como mencionaba su libro que debía ser.
Amabilidad... ¿sería eso lo contrario al egoísmo?

-Kasu... ka... -susurró, con suavidad, tratando de pronunciar el nombre que él acababa de revelarle.
Los nombres nunca tuvieron relevancia alguna para ella, a quien sólo le importaba las personas que los portaban, por lo cual era propensa a olvidarlos; pero, al escuchar el de aquel joven, de alguna forma sintió que no lo olvidaría. No... más que eso, tuvo una muy ligera sensación de familiaridad, como si, en algún nivel indefinible, ya lo hubiese sabido. Pero eso no tenía sentido ¿cierto? la familiaridad que ese nombre le transmitiera podía explicarse: Según tenía entendido, las personas de ese mundo poseían la costumbre de reutilizar los nombres de otras personas, por lo cual no sería extraño que ya hubiese oído ese, aunque no le hubiese sido dicho a ella en específico, a causa de su fina capacidad auditiva.
-Chocolat... -respondió en otro suave susurro; una pequeña sonrisa adornando sus labios, como siempre que daba su propio nombre, puesto que le recordaba al dulce que tanto le gustaba, siendo ese el único motivo por el cual decidió conservarlo hasta ese momento.
Una vez dicho, sus párpados cayeron de nuevo, mientras su mente pensaba en si era posible, realmente, que volvieran a verse; no se permitiría desearlo, sin embargo, porque su imaginación no sabía esperar más que el recuerdo de ese día.
A diferencia del castaño, el sueño no llegaba aún a ella, quien decidió seguir escuchando la vida que se desprendía de su entorno. O, al menos, eso creyó...

Luego de breves instantes, emitió una leve exhalación, después de lo cual se permitió abrir los ojos nuevamente. Lo primero en lo que estos se enfocaron fue en la cálida, entusiasta sonrisa de su único público.
"Nunca te había oído cantar esa canción. ¿Tiene un nombre?"
Ella asintió con su cabeza, mas antes de responderle realmente, lo observó en silencio, con detenimiento, por más tiempo del cual su orgullo y vergüenza solían dejarle. Porque sólo había una persona a quien pudiese cantarle aquellos versos... Porque en él se hallaba el título de aquella tonada:
"Ashita Kuru Hi."

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