No estás sola [Fic - Segunda magia]

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No estás sola [Fic - Segunda magia]

Mensaje por White Hastorn el 09/06/16, 09:58 am

¿Estás segura de que esto es cierto?, le pregunto un tanto insegura, incapaz de creer al cien por cien que lo que estaba buscando esté frente a mis ojos, casi como si hubiera salido de mi propia mente. Musca me mira de reojo, sin soltar el gran libro que siempre lee en ocasiones.

Sabes muy bien que la información que poseo no es mentira; toda es real, o al menos lo fue en algún momento. La magia llamada Onda del alma es una magia que te permitirá manipular tu propia energía de la vida para usarla a voluntad. Aunque, por supuesto, primero tendrás que entrenar para ello, Musca extiende su mano y, a través de un portal, saca una pequeña taza de té de la cual toma unos sorbos, volviéndola a introducir en el portal y luego cerrarlo tras regresar su mano.

¿Y dónde puedo encontrar el entrenamiento?, le vuelvo a pregunto mientras rebusco entre toda la información, usando la ayuda de mis gafas mágicas para leer toda la información más rápido, pero no encuentro ninguna información que explique o detalle el entrenamiento que se necesite para aprender a usar esta magia.

Eso no lo encontrarás; los mismos usuarios de tiempos antiguos que aprendieron esa magia le pidieron al Rey Espíritu Celestial que no guardara ninguna información sobre esta magia, ya que es algo que ellos mismos deben enseñarles a sus discípulos, Musca me mira ahora, haciendo que levante la vista también. Esta magia no sonará peligrosa, pero lo es. Y el entrenamiento no será menos si aún pretendes intentar aprenderla.

Aun así… quiero intentarlo, mi mirada llena de decisión provoca un suspiro en el Espíritu Celestial, quien parece rendirse en seguir insistiendo que no lo haga. De otro portal vuelve a sacar un libro, el cual sustituye el que tenía en su regazo, y comienza a ojear rápidamente las hojas con un ligero movimiento de su mano.

Hoy en día, puedes contar a los magos que usan esta magia con los dedos de tus manos, pero por suerte puedo decirte algunos lugares en los que podría encontrarse alguno de estos resquicios de este extraño poder. Coge un papel, saco rápidamente un folio de debajo de la mesa y una pluma, y comienzo a anotar los tres lugares que menciona, además de las zonas donde supuestamente podré encontrarlos, si es que todavía siguen ahí.

Gracias, Musca. Esto me ayudará mucho, le agradezco con una sonrisa, y la otra vuelve a posar su mirada en el libro, silenciosa. Con el Star Dress, me sentí un poco más cerca de mis Espíritus –rozo el llavero que cuelga de mi cintura con las yemas de mis dedos- y ahora, con esta magia, creo que podré ser capaz de ayudarlos más de lo que hacía antes…

Sí, sí. Lo sé. Venga, date prisa. Si sales en un rato, quizás puedas llegar antes del atardecer al primer sitio que te indiqué, ya que está bastante cerca., Musca se levanta de su silla, haciendo desaparecer todas las montañas de libros que anteriormente ocupaban los alrededores de la mesa, quedando ahora con un gran vacío, dando unos pasos antes de detenerse. Ten cuidado, me dice con un tono de preocupación antes de cerrar ella misma su puerta, desapareciendo tras brillar su cuerpo, sin dejar rastro.

Sí, lo tendré…, le respondo aunque ya se marchó, siguiendo con los dedos en contacto con las llaves de mis Espíritus contratados, los cuales espero que me oigan –a pesar de la distancia- porque seguramente pensarán lo mismo que Musca.


En unos quince minutos, logro guardarlo varias mudas de ropa, comida y complementos del baño –como toallas y champú- para el viaje, sin inmutarme por el pequeño peso que se posiciona sobre mi cabeza: Cerberus, ese pequeño pero poderoso demonio con el que también tengo un contrato. Cuando todo está listo, cojo el monedero de Tora y guardo todo poco a poco, cabiendo a la perfección. Siempre se me olvida preguntarle de dónde sacó este increíble monedero con un espacio dimensional en su interior, pero con uno tengo más que suficiente, aunque no creo que le haga mucha gracia que me lo lleve.

White, la comida ya está-, su frase se ve cortada al verme introduciendo tantas cosas dentro de su monedero, mirándome extrañado. ¿Vas a algún lado? ¿Una misión?, me pregunta sin mucha sorpresa, ya que no es la primera vez que preparo las cosas por adelantado para una misión u otro motivo que me haga salir de casa.

Voy a hacer un pequeño viaje, así que tomaré prestado tu monedero para poder llevar mejor las cosas, cuando todo está guardado, me vuelvo hacia él, y este muestra preocupación. No te preocupes. Prometo que volveré en unos meses, si no lo hago antes, me acerco a él y doblo las rodillas para serme más fácil acariciar su cabeza, sonriendo para que no siga con esa cara de preocupación.

De acuerdo… Ten cuidado, me dice tras unos segundos de silencio, levantando la cabeza para mirarme a los ojos, y yo me limito a asentir para responderle.


Tora se despide de Cerberus y de mí desde la entrada de la casa, ya que le pedí que se quedara para cuidarla y así tener a alguien que nos diga, a la vuelta: “bienvenidos”. Tampoco esperaba llevarme a Cerberus conmigo, pero su insistencia me impidió darle una negativa, aceptando su compañía para el viaje que nos espera.

Para salir de la ciudad de Margaret sólo tienes dos opciones: el tren, o en un bote o barco que te lleva a través de los canales, hacia las afueras. Dado que la primera zona más cercana son una serie de montañas, situadas al suroeste de la ciudad, decidimos optar por el tren, esperando en la estación una hora hasta que llega el nuestro, el cual nos lleva en esa dirección. El viaje dura bastante, tardando dos horas más en llegar a nuestra parada, en un pequeño pueblo, a medio kilómetro de las montañas.

Según la información de Musca, en algún sitio debería haber un pequeño pueblo que se mantiene oculto, y en ese pueblo debería haber una persona que sabe usar ese poder…, releo lo que había escrito en la hoja de papel, justo cuando llegamos al pie de la primera montaña, y comenzamos a subir por los estrechos y peligrosos senderos.

Los árboles me impiden ver más allá de dos metros por su densidad, y apenas logro sentir el sonido de los animales en la lejanía, manteniendo una distancia segura con nosotros, sobre todo por el olor a demonio que suelta Cerberus. Ese olor incluso me hizo temerlo la primera vez que lo vi, pero ahora no lo relaciono con el peligro, sino todo lo contrario.

Casi llegamos al epicentro de todas las montañas que se acumulan en la zona, cuando un extraño sonido hace que me detenga. Creería que fue el de un animal, si no fuera porque lo escuché demasiado cerca, e incluso las criaturas más peligrosas de la zona dudarían de acercarse al detectar el olor de Cerberus.

Por tanto, no se trata de un animal…, pienso nerviosa, mirando a mi alrededor al escuchar otro sonido, más cerca que el anterior. Finalmente, tras unos segundos de pesado silencio, varias figuras aparecen, hombres con escasa ropa y unas extrañas máscaras tribales que me hacen tener más miedo. Cerberus se propone tomar su verdadera forma, pero yo lo detengo antes de que haga eso, posando mi mano sobre su cabeza.

¿Quién eres, y qué haces en nuestro territorio?, me pregunta uno de los que está delante, a escasos metros, y quién parece verse como el jefe, ya que las pintadas en su cuerpo y máscara se ven todavía más amenazadoras y llamativas que las de los demás.

He venido a aprender a usar la magia llamada Onda del alma, mis palabras crean una pequeña conmoción entre los hombres, quienes se miran y murmuran en una extraña lengua que no entiendo en absoluto. Finalmente, tras parecer deliberarlo, el “jefe” se me vuelve y me mira antes de hablar.

¿Y cómo conoces esa magia?, me vuelve a preguntar, para deducir mis intenciones, claramente.

Un Espíritu Celestial, con el que tengo un contrato, me contó sobre esa magia, y que en este lugar podría haber alguien que me la podría enseñar, aparto ligeramente el lado izquierdo de mi abrigo para dejar ver mi llavero en primer lugar –y hacerles ver que no tengo ningún arma- y luego sacarlo lentamente para sujetar la llave de Musca, para dejarles claro que es verdad. De nuevo se ponen a hablar en un idioma que desconozco, y tengo que esperar un rato hasta que vuelven a callar.

Síguenos, pero no se te ocurra hacer nada, me advierte el mismo hombre antes de darme la vuelta y comenzar a caminar, seguido por otros. Yo siento a mis espaldas a otros cuatro o cinco hombres, esperando a que me ponga en marcha y quedar ellos de últimos, para poder observarme mejor.


El resto del viaje nos lleva por zonas bastante arriesgadas: precipicios, cascadas, una diminuta zona pantanosa… pero todo eso merece la pena, ya que por fin logramos llegar al lugar que quería venir: un pequeño poblado, oculto completamente de cualquiera que quiera llegar hasta aquí –considerando las zonas por las que tuvimos que pasar para llegar- con muchas cabañas hechas de tela de animal y gente con ropa similar, hecha también con ropa de animal y otros materiales que se asemejan a los que suelen usar en el exterior para confeccionar ropa. Los hombres me llevan directamente, cruzando a través del pueblo, hasta una gran cabaña que se encuentra un poco apartada de las demás.

Es increíble la cantidad de personas que hay aquí… ¿Y aun así nadie los encontró?, pienso con sorpresa mientras todas las miradas se dirigen hacia nosotros, ya que los bronceados tipos armados deben de ser los encargados de traer comida o materiales a la zona. Y si traen a una chica consigo, debe ser una razón más para mirarnos tan fijamente.

Todos se paran frente a la gran tienda, dejando un espacio de dos metros entre ellos y la entrada, y posteriormente pasan a arrodillarse, sobresaltándome ya que termino siendo la única en pie cuando una persona sale del interior: una mujer, de mediana edad, de cabellos negros, piel bronceada y una mirada que parece mirar directamente en tu interior, haciendo que se me encoja el corazón aún más cuando posa su mirada sobre mí.

Bienvenida. Te estaba esperando, me recibe con una sonrisa, y además hablando mi idioma, lo que me deja más descolocada e incapaz de comprender la situación, pero a pesar de eso camino hacia ella, pasando al interior a un ritmo lento, asustada con la idea de que los hombres de detrás salten a por mí si hago algo mal.

En el interior, hay un escaso espacio que rodea una pequeño fuego brillante. Me quedo en pie, a un lado para no bloquear la entrada, y espero a que la otra entre y me indique que me siente, tomando lugar sobre un pequeño cojín que había dejado ya colocado, como si realmente supiera que iba a venir.

Yo soy Alleria Muknar Ilptro, la mujer que puede enseñarte a usar la Onda del alma, sus palabras me dejan como petrificada, sin saber cómo responder a tal acontecimiento, hablando de tal forma como si pudiera ver el futuro mismo. Después de todo, estás aquí por eso, ¿verdad?, me toma unos segundos responder, asintiendo despacio con la cabeza, todavía con el asombro en la mirada.

Seguramente estarás pensando algo como que “puede ver el futuro”, pero no es así. Con esta magia, puedo comunicarme directamente con el alma de las criaturas que habitan el bosque, y con la misma naturaleza, pero eso puede llevarte bastante tiempo ya que son cosas que no todos logran conseguir, su cara se pone seria, y por fin dejo de mostrarme sorprendida, lista para pasar a lo realmente importante-

No tengo ninguna objeción en enseñarte todo lo que sé, pero ¿te crees capaz de superar la prueba que necesitas para ello?, su seriedad, combinada con ese aire siniestro al decir “prueba”, me provoca un gran desconcierto, pero no pienso echarme atrás a estas alturas.

Si… Yo quiero… aprender a usar esa magia, por favor, inclino lentamente la cabeza, como señal de petición que algunas personas suelen hacer ante otras. No podría obligarla a aceptarme como discípula así como así, por eso la prueba, y es por eso mismo que estoy dispuesta a aceptarla.


Alleria terminó aceptando mi petición, y me dijo en qué consistía la prueba: debería marcharme sola a una cueva que hay a lo lejos, cerca de un pequeño lago. Debería entrar sola, y lograr superar lo que quiera que hubiese allí dentro. Tras decirme eso, dejé todas mis cosas en el interior de la tienda, y al propio Cerberus, quien se veía inquieto ante la idea de dejarme sola. Pero logré convencerlo para permanecer con Alleria, ya que esta prueba deba hacerlo sola.


La cueva estaba dónde me decía, completamente oscura incluso desde la entrada. Respiro profundamente, y luego comienzo a andar hacia el interior, sintiendo un viento helador que me envuelve, y poco a poco empiezo a sentir como un persistente y pesado olor a quemado, a cenizas; e incluso la temperatura parece crecer con cada paso que doy.

¿Por qué me siento tan inquieta?, pienso con los brazos cruzados, sintiendo un gran temor dentro de mi corazón que crece y crece, casi como si me estuviera devorando en el interior. Cuando quiero darme, frente a mí estaba la salida de la cueva, pero no era nada de lo que esperaba: el Infierno, llamas quemándolo todo hasta la distancia, si signos de vida sin importar dónde mire. Y lo peor, son las grandes criaturas que se pueden entrever desde la distancia: dragones, de todos los tipos, gritando con todas sus fuerzas mientras se pasean tranquilamente, como si fuera su propio mundo. Pero no lo es, ya que soy capaz de darme cuenta –entre toda la marea de fuego en movimiento- las escasas figuras de antiguos edificios, derruidos y en llamas, y las montañas calcinadas. Fiore, todo lo que veo se trata de Fiore, o lo que era antes al menos…

No… No puede ser…, contengo las ganas de gritar, hasta que unas llamas se pasan cerca y las siento tan ardientes que grito del susto, corriendo hacia el interior de la cueva, para intentar regresar, pero termino chocando con un muro a los diez metros, un muro que supuestamente antes no estaba. Al girarme, la cueva parece haberse ensanchado, más corta de lo que pensaba. ¿Y la salida? ¿Dónde está la salida? No quiero estar aquí, no quiero que me encuentren, no quiero morir…

La desesperación me envuelve, y no puedo hacer más que caer de rodillas y sentir las lágrimas descender por mis mejillas, mientras contengo el llanto que tantas ganas tiene de salir al exterior.

No quiero estar sola… No quiero estar sola… No quiero estar sola…, busco desesperadamente el llavero con mis llaves en mi cintura, pero no estaba. Me habían dejado hace tiempo, o eso es como lo siento… Casi ni soy capaz de recordar al propio Cerberus, convirtiéndose en una mancha que se desvanece poco a poco de mis recuerdos. Incluso los recuerdos con Tora parecen cambiar, desapareciendo la mayoría y apareciendo, como una gran imagen grabada con fuego, su cadáver cubierto por un charco de sangre, mientras me alejo corriendo, gritando del miedo y el dolor, abandonándolo.

No… No… No es verdad…, cubro la cara con mis manos, llenas de suciedad como el resto de mi cuerpo, por todo el tiempo pasado en este lugar. ¿No habían sido unos minutos? Pero yo lo siento como si hubiese sido mucho más, semanas posiblemente… ¿o meses? Ya hace demasiado tiempo que sigo en pie, dentro de este infierno, y quiero que termine de una vez, quiero dejar de sentirme sola.

Entonces escucho otro llanto, haciendo que gire lentamente la cabeza, y aguante un grito ahogado al ver a una chica, a la distancia, hecha un ovillo, con el pelo envolviéndola casi del todo, llena de suciedad: yo, esa soy yo… ¿Pero cómo es posible?

No quiero estar sola… Que alguien me salve… Que alguien me ayude… No quiero seguir sola más tiempo, no quiero morir sola…, su voz desgarra mi corazón por todo el sufrimiento que emana, y mi cuerpo se mueve solo, tambaleándose como si me faltaran las fuerzas, por no haber comido y bebido en mucho tiempo, siendo un milagro que me pueda mover. Me detengo frente a la chica, y me dejo caer por delante, estirando con gran esfuerzo mis brazos para colocarlos sobre sus manos y acariciar por detrás su cabeza.

No estás… sola…, le susurro al oído, sintiendo más cercanos sus llantos. Acaricio su cabeza, lentamente, para intentar confortarla, sintiéndome como ella: quiero que alguien me abrace y me diga que no estoy sola, que no tengo que preocuparme de nada… Todo… se resolverá… porque no estás sola…, continuo hablando para amortiguar el sonido del fuego y los gritos de los dragones del exterior, logrando que poco a poco desaparezcan.

Es cierto… Yo no… estoy sola… Tengo a mis Espíritus: Rammesses, Ramis, Eria, Ite, Usagi, Yosei, Tsukino, Nyala, Eater, Ciel y Musca… Y también a… Cer… Cerberus… y a Tora…, los recuerdos logran regresar, poco a poco, y una brillante luz aparece a mi espaldas, oscureciéndolo todo a mi alrededor y haciendo desaparecer a la otra yo que lloraba.

Cuando me doy la vuelta, las lágrimas vuelven a salir, esta vez más rápido que antes mientras contengo mi grito de sorpresa: frente a mí, envueltos por esa radiante luz llena de esperanza, están todos ellos, todos los que siguen conmigo, los que me cuidan, los que he conocido y he llegado a apreciar… Todos están ahí, con sus manos estiradas hacia mí, sonriendo de tal forma que ya ni siento dolor, si no alivio.

Gracias… Gracias…, repito mientras se rompe mi voz por los llantos, estirando mis dos manos hacia ellos para poder cogerlas, y pedirles que me abracen, que me consuelen, que sigan conmigo para siempre…

Todo ellos se funden conmigo en un cálido abrazo que me quita todo el pesar del corazón al momento, queriendo seguir así más tiempo, el máximo posible para no olvidar esta sensación.


Yo no estoy sola. No estoy sola, pienso con gran alivio antes de abrir los ojos, y encontrarme de nuevo en la oscura cueva, con la salida iluminada por una brillante a unos metros. Lentamente camino hacia ella, y me cubro la cara para no quedar ciega, apartándola al rato para poder mirar a mi alrededor y sonreír de alivio: no hay fuego, si no el verde de los árboles, de la hierba; el azul del cielo y el del agua; el sonido de los animales. Y también, frente a mí, puedo ver a Alleria y a Cerberus, quien salta volando hacia mis brazos, y yo lo cojo y atraigo hacia mi pecho para poder abrazarlo a él también, llena de felicidad.

Esta prueba trata de quitarle a todos su mayor miedo, porque si son capaces de superarlo, también serán capaces de abrir su propio corazón, su propia alma, hacia los demás, sin temor a ser heridos. Has conseguido superar la prueba, White Hastorn. Enhorabuena, Alleria estira su mano para estrecharla conmigo, y yo estiro mi brazo derecho para estrechar manos, viendo como una llama azul envolviendo su mano, y una de color verde envolviendo la mía en cuanto hace contacto con la contraria, convirtiéndose en una pequeña danza que sucede a nuestro alrededor, una danza de distintas luces coloridos que parecen celebrar algo con entusiasmo.

Enhorabuena. Has conseguido aprender lo que tanto querías, me vuelve a felicitar, ensanchando su sonrisa, y yo me seco las lágrimas que aún quedaban en mis ojos para sonreír también, contenta por haberlo logrado, por haber entendido al fin que ellos nunca me abandonarán, ni me dejarán sola. Y yo tampoco lo haré, porque es lo menos que puedo hacer para corresponder a su devota confianza.


Desde la distancia, casi imposible de ver, Musca observa con una sonrisa la cara de felicidad de White, al igual que el colorido baile de luces que danzan a su alrededor. Me alegro por ti, White, piensa Musca antes de regresar al Mundo Celestial, contenta porque todo saliera bien para la joven maga.

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