One last cup of tea? {Fic}

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One last cup of tea? {Fic}

Mensaje por Ashriel el 24/04/16, 02:56 pm

Este Fic es una continuación de Este otro (Clickea para ir a él). No se recomienda leer si no se ha leído el anterior, por el hecho de que se explica a los personajes y todo eso.

Escribí el fic con Esta canción de fondo, y es la que recomiendo escuchar mientras se lee.



Un año.

365 días desde la muerte de “uno de los héroes de Faraam” (Una historia que como ya he dicho, contaré en otro momento).

365 días desde que dejaron de ver su sonrisa, desde que dejaron de escuchar su risa, o su voz.

365 días desde que todo había llegado a su final. Amarant había perdido a un su compañera, a quien trabajaba siempre a su lado por hacer un reino mejor lejos de los errores cometidos, a quien le perdonaba todo lo que había hecho, a quien no le importaba lo rojas que fueran sus manos, o lo negra que llegó a ser su alma cuando tan solo se preocupaba de su venganza.

365 días desde la última vez que mantuvieron una conversación. Elise seguía destrozada, su sonrisa no había vuelto a ser la misma, su anciana expresión estaba más cansada que de costumbre. A veces aun confiaba en abrir los ojos y ver que su niña, aquella a quien había criado como si fuera propia, seguía ahí. Despertándola, gritando “¡Mamá, mamá, ya es de día! Rápido, vamos a ver a los otros”. Pero, por mucho que la llamase en sueños, al despertar seguía sin haber nada.

365 días desde la última vez que alguien escuchó como llamaba su nombre con esa aterciopelada voz que se había mantenido a pesar de la vejez. Adeline había perdido una amiga, quien aceptaba sus disculpas a la primera, sin recelo u odio, quien estaba dispuesta a enfrentarse a dragones, escalar montañas o ir al fin del mundo a su lado, todos juntos.

365 días desde que su salud empeoró pese a la medicación. Juliet había perdido a una de las pocas personas que sentía que realmente la conocía en este mundo, ellas siempre se escuchaban mutuamente, contándoselo todo, incluso cosas que no podían decirle a Ashriel.

365 días desde su último suspiro. Alex había perdido mucho más que una hermana. A quien confiarle su vida, a quien coger de la mano, quien le tejía mullidas bufandas de todos los colores, quien le aceptaba.

365 días desde que no volvió a abrir los ojos. Iván todavía se echaba a llorar cuando cada pequeño detalle le recordaba a ella. Era como cuando se peleó con su hija y esta huyó de casa. Buscando consuelo mutuo, había acabado saliendo con Ashriel, hasta que el pequeño esqueleto se convirtió en una parte importante para él y comenzaron una relación. Era agradable tener a alguien con quien poder llorar, y abrazarse durante horas, aunque solo ahogase esa sensación de dolor durante unos minutos.

365 días desde que Ashriel se desmalló al sentir que su vida se escapaba de su cuerpo, y cuando despertó aquella alma roja, con un brillo cálido, estaba frente a él. Ashriel la abrazó y lloró durante horas ese día. Queriendo que todo volviera a ser como era antes, si tan solo pudiera volver a introducirla en su cuerpo, si tan solo no fuera la jodida muerte y no tuviera que cargar con esto sobre sus espaldas…

Pero Kaylie estaba muerta.

Kaylie estaba muerta y no podían hacer nada para que volviera.

Kaylie estaba muerta, y como si fuera alguna broma cruel y descorazonadora del destino les había dejado vivos para recordarlo.

Era extraño estar sin ella, sin esa pequeña bola de alegría, diversión, determinación y amistad que trataba de ser todo lo que los demás necesitaban. No era justo, lo efímeras que resultaban las vidas de los seres humanos

Como un acuerdo no escrito ni hablado, todos decidieron que volverían a su lado en cada aniversario de su muerte, siempre. Al igual que la primera vez, la semana contigua serian solo ellos una vez más, en aquella abandonada casa. Aquella casa que se sentía tan grande y vacía sin el sonido de Kaylie correteando por los pasillos acompañada de su risa. Tan hueca y carente de vida, tan horriblemente mal. Aun recordaba cuando entre los ocho comenzaron a construirla, aun recordaba todas las penurias que pasaron juntos, y como las superaron. Eran una familia, no un grupo de amigos, eran todo lo que tenían los unos de los otros. Pero ahora faltaba el sonido de la musiva que provenía de la habitación de Kaylie a todo volumen, aun recordaba cuando entraba a su habitación, y bailaban juntos mientras reían. O cuando almorzaba en su regazo, o cuando los abrazaba, dios… la echaba tanto de menos.

Todos almorzaron juntos, sentados en las escaleras del porche, observando como el sol se iba escondiendo. Era duro, el silencio. Cuantas veces habían hecho eso, todos juntos, y ahora había un hueco entre Alex y Ashriel, el escalón se sentía vacio. El silencio era incomodo, hasta que Alex lo rompió. Comenzó a hablar de Kaylie, contando historias sobre ella, de lo que habían vivido juntos, rememorando sensaciones que ya creían olvidadas. Después fue Elise, y después comenzaron todos los demás a hablar, como si ella estuviera allí, como si pudieran ver su rostro sonrojado. Ashriel reía, sonreía, los recuerdos que volvían a su mente eran precioso, las situaciones que contaban todos, por muy pequeñas que fueran eran algo realmente satisfactorio, sus ojos se llenaron de lagrimas mientras le tocaba hablar a él, describiendo cuando solo eran ellos tres, Kaylie, Alex e Ash. Ashriel pasó su brazo por la espalda de su amigo, aquel al que consideraba su hermano, y lo atrajo así a él en un abrazo tomándolo por el hombro. Iván le cogía la mano y le limpió las lágrimas cuando termino de hablar con una caricia.

En la distancia, le pareció verla a ella, danzando, junto a las hojas de los arboles que caían. Cuando pestañeó, ella desapareció, y la sensación de vacío aumento.

Aquella misma noche, Ashiel pasó por delante de la habitación de Kaylie, entrando en su interior. Amarant estaba mirando al infinito en la cama, ni siquiera pareció darse cuenta de que Ashriel estaba allí. Se le veía mala cara no era él mismo, había dejado de ser el mismo desde que Kaylie se fue. Ashriel se sentó a su lado y puso una mano en su hombro y le sonrió, o lo intento, pero no pareció alegrarle demasiado, no parecía estar ahí, solo un cascarón vacío. Caminó hasta el escritorio de Kaylie recordando todas esas veces que le había ayudado con los deberes, o cuando habían ideado aquí miles de proyectos que llevar a cabo juntos. Había perdido miles de magos celestiales, pero no fue capaz de superar su perdida, ella era diferente. Era gracioso como aquella habitación seguía impecable, Elise debía de haber seguido limpiando el polvo cada día, ahora solo estaba ella aquí, y Ashriel trataba de visitarla siempre que podía para que lidiar con la tumba no tuviera que ser algo que afrontase sola, los recuerdos eran un arma de doble filo dolorosa y poderosa.

Ashriel fue a su propia habitación, observando el desorden generalizado que seguía habiendo allí. Toda la ropa vieja tirada de cualquier manera, el colchón apartado a un lado de la habitación, ni siquiera tenía cama, él y Kaylie estaban en proceso de arreglarla, haciendo una nueva cabecera para ensamblarla al resto. Caminó a su interior y se tiró sobre el colchón, mirando el techo. Había pegatinas de estrellas brillando en el mismo, simulando su propia constelación, idea de Kaylie. Apartó la cabeza y observó el retrato donde estaban todos juntos frente a la casa, su sonrisa era radiante. Todo le recordaba demasiado a ella, no quería permanecer allí. Al menos no en su habitación, luego aparecería por la del pelirrojo (Iván), era agradable poder dormir entre sus brazos, no pensaba en nada, salvo en su aroma y el sonido de los latidos de su corazón.

Caminó hacia la cocina, sabía que era tarde, que debería estar durmiendo, pero aquella casa tenia tantos recuerdos que simplemente estaba saturado. Cuando llegó a la misma le sorprendió observar que Amarant e Iván estaban dialogando, sobre cómo había sido su estancia en la casa durante este año, todo sonaba demasiado doloroso. Ashriel se sirvió una taza de café y se sentó junto a Iván, tras disculparse por interrumpir y que los otros dejasen claro que no había ningún problema, observando como el vaho escapaba de su taza.

“No pensé que viviría para ver morir otro de mis hijos.” Su voz era profunda, dolorosa y rota, como su alma. Un humano no lo notaria, pero Ashriel podía verla, reluciendo titilante, con una luz mortecina. “Elise y yo hemos sufrido demasiado en esta vida. Todos los hijos que hemos perdido” Su mano era incapaz de permanecer quieta, su voz era temblorosa. “Todos nuestros hijos han nacido muertos.” Iván miro a Ashriel y viceversa, no sabían que decir. “Luego vino nuestro pequeño y pensé que todo podría ser diferente, pero entonces acabaron con su vida, y ahora cargo con todo el peso de aquella guerra” Su mirada estaba vacía, miraba en la dirección de la pareja, pero no los veía, no, su vista estaba fija en un pasado distante. “Cuando vosotros llegasteis fue como una bendición. Volver a tener una familia, volver a estar junto a Elise, aunque no sea en una relación.” Caminó hasta donde ellos estaban sentados y apoyó una mano en el hombro de cada uno. “Me alegra saber que habéis encontrado la felicidad el uno con el otro a pesar de todo este dolor. No cometáis mi error, no perdáis ni un solo segundo” No les dio tiempo a responder cuando comenzó a alejarse. Se detuvo un instante, y miró al esqueleto, cuyos ojos azules estaban tambaleando ligeramente. “Ash. Escúchame bien y escúchame ahora. Sé que vendrás a por mí pronto, y no te culpo por nada. He sufrido mucho, y nada me hará más feliz que poder descansar. Podre volver a ver a Kaylie, y a mis niños… llevo esperándolo todos estos años” Ashriel frunció el ceño mientras Amarant seguía hablando “Un padre no debería vivir para ver a un hijo morir, no es el orden natural de las cosas. Cuando vengas a por mí no te entristezcas, piensa en ello como un regalo a un viejo amigo, aunque no podamos volver a tomar té juntos como acostumbramos a hacer”.

Amarant se fue, dejándolos sin palabras. Cuando Ashriel fue a revisar su estado escucho sollozos desde la puerta y decidió dejarlo solo. Después revisó el estado de Alex, quien dormía abrazado a una de las bufandas que le había tejido Kaylie. Elise estaba despierta, meciéndose en su mecedora con un libro y una vela en la mesita de al lado para alumbrarse, decidió no molestarla. Juliet y Adeline estaban ambas durmiendo como lirones, en la misma cama, casi envidiaba la facilidad que tenían para dormir.

También revisó la habitación vacía, la habitación de Kaylie por muy doloroso que pudiera resultar el no verla allí. Era una costumbre de Ashriel, siempre comprobaba que todos estaban bien, cada noche, incluso cuando se separaron. Eso de poder teletransportarse le facilitaba mucho el proceso.

Sin mediar palabra, Ashriel apareció por la ya familiar habitación de Iván, llegando al momento en el que este se quitaba la ropa para acostarse. Ashriel no dijo nada, Iván tampoco. Ashriel se quitó la camisa y escaló a la misma, acurrucándose en el pecho de su pareja y ahogando sollozos en la seguridad de un ritmo conocido. Bump, Bump. El sonido del corazón, nunca se cansaría de él. Iván, por su parte, abrazó al esqueleto e intento reconfortarle dibujando círculos con sus caricias en la zona de su nuca. Al día siguiente, todos dejaron la casa una vez más.

(…)

Dos años.

Dos años desde que Kaylie les había dejado. Solo quedaban seis.

Elise, Juliet, Adeline, Alex, Iván y Ashriel.

Amarant ya no estaba, una semana después del último aniversario de Kaylie. Ashriel se presentó allí, en sus últimos momentos, cuando notaba que se iba y el peliblanco le dio las gracias. Esas fueron sus últimas palabras. “Gracias”, después de tomarse una última taza de té juntos como habían hecho durante todos estos años cuando simplemente hablaban, murió con una sonrisa.

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