The Devil is within me. [Fic-2º Magia-Satan soul]

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The Devil is within me. [Fic-2º Magia-Satan soul]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 19/04/16, 05:07 pm

Había empezado como una mañana lluviosa, fría y desagradable dentro de la ciudad Márgaret, era uno de esos días que realmente no entraban ganas de salir de la cama, sino que más bien se prefería meterse entre las sábanas para escapar del frío de la mejor forma posible, sin embargo pese a que cualquiera hubiese pensado eso en la mente del pelirrojo no estaba la posibilidad de evitar un día siquiera, no era del tipo de personas que perdiese el tiempo de aquella forma. Esa mañana se había reunido con los integrantes del gremio de forma que se podía notar la extrañeza de los mismos, sin embargo se había acercado a estos por una razón bastante simple, su compañera, Misaki, casi le había obligado a socializar con ellos por una razón bastante simple, en el año que había llevado Seikuro había conocido a menos gente que la pelirrosa en un mes que había permanecido en aquél gremio, y no le extrañaba, parecía tener una facilidad innata para caerle bien a la gente, le había caido bien a Seikuro y eso ya era un paso de gigante para poder establecer una amistad con él siendo que era alguien frío y apartado del resto, pues bien, por alguna razón la presencia y las acciones de ella le eran bastante cómodas, lo suficiente como para establecer mentalmente el hecho de que ella podía ser su compañera en el gremio, incluso la anciana maestra se había mostrado bastante de acuerdo en esto. Desde que llegó a aquél gremio, se podía decir que la maestra del gremio le había tratado bastante bien, lo ocurrido en la habitación en la que le hizo su prueba final fue sin dudas lo que desencadenó esa confianza ciega que tenía la anciana hacia él.

Pues bien, esa confianza llevaba también a otros asuntos un poco más turbios. Con un gesto, la maestra del gremio hizo que Seikuro fuese hacia esta caminando tranquilamente dándole un pergamino, mejor dicho, un cartel enroscado en forma de pergamino bastante sospechoso, era de color marrón oscuro y parecía como si le hubiesen pasado de cerca algo ardiendo haciendo que estuviese medio en cenizas. Tranquilamente lo abrió viendo allí algo que le dejaría bastante blanco, una persona había realizado una masacre, una persona que símplemente... Era como él, como su antiguo él, solo que con el pelo de color blanco. Incluso los ojos de color amarillo antinatural habían acompañado a la imagen que ahora le estaba persiguiendo mentalmente, sin embargo, esta vez no había sido él el que había provocado aquella masacre, no había tenido manera de serlo por el simple hecho de que se había mantenido en todo momento realizando misiones acompañado por su nueva compañera, tenía una coartada y había estado asistiendo a los controles del consejo, por lo que, teniendo en cuenta el día y la hora simplemente no se le podía echar la culpa de nada que se le pudiese imputar. Por otra parte, dentro de su cuerpo, de su mente, se había instalado la necesidad de detener a ese ser de forma inmediata, tenía que ir, tenía que pararlo.

Sin esperar mucho Seikuro y Misaki prepararon las mochilas para poderse poner de camino al sitio en el que se había provocado el incidente, si bien iban hablando animadamente de las cosas que podían hacer a la vuelta, Seikuro no sabía si realmente quedaría algo que poder hacer o si aquél ser lo mataría, aquellos ojos de hicieron sentir algo que hacía mucho que no sentía, miedo, un terror tan absoluto que se le había helado la sangre en cuestión de segundos con el primer vistazo. En todo momento llevaba su katana fuertemente agarrada, intentando de alguna manera quitarse la tensión de encima de la forma más efectiva posible, mas sabía que eso no se solucionaría de aquella forma, tenía miedo, si, pero especialmente con Misaki. Si lo que creía que iba a pasar era lo que estaba pensando, seguramente se estarían enfrentando a un demonio y uno bastante poderoso, esperaba que Misaki pudiese aguantar contra este aunque su magia la curase a ella. Cuando salieron del tren, su sangre empezó a correr con fuerza por su cuerpo como si sus venas fuesen una pista de fórmula 1 y sus bólidos de carreras estuviesen ocupando el lugar de su sangre. La cabeza le daba vueltas en todo momento y Era parecía que tenía el ambiente demasiado sobrecargado como para hacer realmente algo que fuese productivo, al menos, a su modo de ver las cosas.

Se podía decir que estaba incluso viendo el cielo rojo y un eclipse solar de cómo estaba afectándole todo aquello mentalmente, en cuanto Misaki notó que algo no iba bien con Seikuro, le agarró del brazo y este reaccionó diciendo cosas para que no se preocupase, que podía seguir. Era algo bastante obvio que podía seguir, de hecho, mientras más tiempo estuviese aquél ser vivo seguramente peor se pondrían las cosas para Seikuro ya que lo que le estaba pasando estaba mucho más dentro de él de lo que se podía imaginar ya que tenía que ver con su propio ser, con su propia esencia. Al menos lo tenían fácil, Seikuro solo tenía que seguir aquella sensación de malestar hasta el epicentro de la misma mientras sus tatuajes literalmente se volvían locos por su cuerpo. A esas alturas ya ambos sabían qué era la demonización, básicamente porque en el pasado mes había tenido bastante tiempo para explicar porqué aparecían por su cuerpo. Era gracioso que la explicación para el pelirrojo llegó por parte de alguien a quien había matado, alguien que ni siquiera humano sino que era un demonio.

Cuando llegaron, realmente estaban viviendo un infierno, había muchos cuerpos muertos tirados por los lares, hasta el punto que se podía incluso perder la vista entre la sangre y los cuerpos. Desde ese momento Seikuro se adelantó a Misaki elevándose en el aire para empezar a avanzar sobre los cadáveres con una mano en su katana mientras dejaba que su cuerpo fuese guiado por su propio viento. Se suponía que no habían tantos muertos, o al menos, eso había visto en la foto, sin embargo, era algo que posiblemente fuese incluso más allá de su comprensión, lo único que sabía es que a un lateral suyo una mano hecha de cuerpos se alzó para golpearlo, cosa que consiguió haciendo que el pelirrojo saliese volando hacia un lado.

-Sabía que eras tonto, pero no tanto. -Dijo una voz a sus espaldas, no lo había visto, pues simplemente antes no estaba allí. Sentado en un trono de cadáveres había podido ver el verdadero rostro de quien había provocado todo esto.- ¿Eres consciente de que era todo una trampa para traerte aquí? La muerte de mis compañeros no quedará impune. -Seikuro no respondió, simplemente desenvainó su katana aún flotando en el aire.- Un juguete no podrá hacerme daño, esto si que lo haría. -El demonio, que aún tenía la forma corporal de Seikuro pero con el pelo blanco y largo alzó su mano haciendo que una lanza de color negro se formase sobre esta.- Äeshma. -Y tras decir eso, un sin fin de lanzas de color negro salieron volando hacia el pelirrojo, este no pudo esquivar, y todas se juntaron en un punto, su corazón. El poder de este demonio era tal que le era imposible reaccionar siquiera, como si fuese un manchón justo delante de sus ojos. Inerte, Seikuro cayó al suelo.- Hmmm, esperaba más de tí, muchacho. Supongo que le toca ahora a la chica que hay a la entrada de mis dominios.

Sin embargo, aquella magia había desatado algo de él, era la primera vez que recibía una maldición directamente y pese a la magia de Seikuro no había podido evitarla, aunque había oido las palabras del demonio, se podía decir que su conciencia estaba lejos de allí, como si el tiempo se hubiese congelado a la par que una última lanza se clavaba en su pecho, justo donde las otras, haciendo que el suelo detrás de sí se rompiese. Su sangre pareció sufrir una parada de golpe, mientras, notaba como algo empezaba a apoderarse de su cuerpo y no era precisamente la muerte.

En otro tiempo, en otro lugar, hace más de dos décadas se podía ver la figura de una mujer pelo de color rojizo y ojos azules tirada en el suelo, sangrando por la boca por los golpes que se le había dado tanto en la cara como por el cuerpo. Se le podía ver la ceja partida y un brazo descolocado, si, se podía ver porque estaba completamente desnuda tirada en una celda de un subterráneo. Su espalda estaba cosida a una pared para que no se pudiese mover, habían sido lo suficientemente crueles como para hacer que aquella mujer no pudiese escapar de aquella forma, sin embargo, sus ojos no mostraban ilusión ni esperanza alguna, parecía que solo esperaba la muerte de la forma más rápida posible.

No podrás escapar muchacha, me has dado ocho hijos hasta ahora, y aún no hay ninguno con tu poder. Cuando mi sangre se mezcle con la tuya, el demonio perfecto aparecerá. -No pudo distinguir a la figura, pero, algo empezó a resonar en su cabeza.-

No, por favor, no... No más... ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!! -Y de nuevo en la realidad, la tierra se sacudió de golpe a la par que la lanza se rompía sobre su pecho. Una onda de choque sacudió el lugar de color completamente oscuro mientras que el grito de Seikuro se alzaba por encima de cualquier otra cosa. Este pudo resonar con fuerza hasta el punto que seguramente incluso Misaki pudo escucharlo, sin embargo, no se trataba del grito de una persona normal y corriente, sino que era un grito bastante más grave, como si la garganta no fuese suya, tal vez porque de la potencia se había desgarrado las cuerdas vucales. El cuerpo de Seikuro mutó de golpe, su brazo derecho se transformó de golpe en una garra dejando su brazo metálico como un mero recuerdo, en su cabeza aparecieron un par de cuernos mientras sus ojos se volvieron de color amarillo brillante, aunque esta vez, con el globo ocular de sus ojos completamente carmesíes. Los tatuajes de su cuerpo volvieron a mostrarse de forma que parecía que se habían vuelto locos, especialmente en su brazo, pecho, cara y alrededor de aquellos cuernos que habían crecido. Poco a poco su cuerpo se elevó en el aire a la par que su katana era sujetada por aquél monstruoso brazo y, mientras se alzaba, los pelos de su cabeza empezaron a crecer más allá de la cintura como si fuesen hilos de humo que estaban adhiriendose a él.

El demonio miró complacido, creyendo que había despertado a uno de los suyos y que podría razónar con él, sin embargo, lo que había en su mente no era hablar, sino proteger a quien estaba esperando fuera de aquél territorio del demonio. Con una potencia sobrehumana, Seikuro se movió con gran velocidad atravesando las barreras que el demonio le ponía, parecía no poder creerse que un simple humano estuviese atravesando sus defensas y hubiese llegado hacia él, atravesándole el pecho con su katana.- Tenías razón, un juguete no te hará nada. -Y sin decir más, empujó con fuerza atravesando con el resto de la katana y con su mano el pecho del demonio llevándose de paso su corazón e incluso sacándole varias vértebras por la potencia usada, seguido de una explosión de oscuridad pura que los rodeó a ambos hasta hacer que una zona bastante amplia quedase absolutamente vacía, solo con Seikuro flotando en el aire.

Después de eso todo fue confuso, su brazo volvió a la normalidad, incluso a ser de carne y no de metal, su pelo volvió a la normalidad y no habían cuernos, había sido algo temporal aunque realmente no se hubiese dado casi ni cuenta, solo sabía que había sentido una oleada de rabia más allá de lo que había sentido nunca mezclado con un sentimiento que le era completamente desconocido, pero que ahí estaba. Mientras caía al suelo de nuevo, comprobó que a sus alrededores el suelo volvía a la normalidad y los cuerpos desaparecían... Luego, el grito de una voz conocida... Había acabado.

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