Pasado de la doncella

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Pasado de la doncella

Mensaje por Nayla el 01/03/16, 04:26 am

- ¡Pero... mi señor Virion...!

- No se hable más Nayla, marchate ya, hija mía.

Y mientras las llamas danzaban por todos lados y la gente huía despavorida por el miedo a la muerte y al rugido asesino de los dragones, la joven doncella vio a su señor desaparecer dentro de la casa en la que había crecido, mientras, por primera vez, Nayla si sentía la grandeza de ese noble que la había criado como si fuese su hija, porque, realmente, lo era.

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22 años atrás en una gran casa noble, un día como otro cualquiera y como de la nada, empezó un gran revuelo de golpe "Imposible" "¿Y que hacemos ahora?" "¡Esto parece una broma!" son algunos pocos ejemplos de lo que, de buena mañana, empezó escucharse en el lugar, y era normal el revuelo: Un bebé abandonado delante de la puerta lloraba a puro pulmón, una pequeña niña de cabellos rosaditos que apenas debía tener unas semanas de vida.

No es que no se pudieran hacer cargo de la pequeña, ni nada por el estilo, es que ¿quien podría tener el estomago para abandonar a una pequeña así porque si? era algo completamente inhumano y, pese a ser la casa de un nombre, no reinaban la hipocresía y el ego, si no el respeto, dentro de su medida claro. El señor de la casa, un alto hombre de 23 años, pelo azulado, buena presencia, y de nombre Virion, era un hombre realmente fanfarrón y muy mujeriego, pero también un hombre que siempre quería lo justo y que trataba bien a sus criados -Y en especial a sus criadas- en todo momento, lo único que exigía era respeto. Con este hombre al mando, no tardaron en acoger a la pequeña criatura, bajo el nombre de Nayla.

5 años después... -5 años-

Un torbellino de pelos rosas recorría la casa de arriba a abajo como si fuese un campo de juegos mientras el noble de la casa iba detrás de ella para que parase quieta.

Dos años después... -7 años-

Las pobres doncellas de la casa sufrían para enseñar a la pequeña. Cabezota y que solo atendía a las palabras de su señor, a las de nadie mas, pero, poco a poco, Nayla fue aprendiendo los modales de una doncella.

Tres años mas... -10 años-

Pese a mostrar un vocabulario y una educación perfectos, la pequeña doncella seguía mostrando un carácter engreído y fanfarrón cuando ella decidía que ciertas personas no merecían respeto, lo que le empieza a causar problemas en la casa.  Sin embargo, su señor Virion siempre era capaz de quitarle las castañas del fuego.

Sigamos otros tres años... -13 años-

Poco a poco se fue acostumbrado la pelirosa a respetar a los demás en todo momento, siempre y cuando fueran educados, aunque claro, con su señor siempre lo era. Parecían tan unidos que era extraño pensar que eran señor y sirvienta, el buen Virion incluso la llevaba a merendar a la colina cercana y, fue en una de esas meriendas en la cual la pequeña le preguntó por su familia, la familia real, quería saber quien era su madre, su padre, si tenia hermanos y alguien a quien ver. Al principio, Virion se mostró reacio y esquivó todas las preguntas, pero acabó confesándole todo lo que sabia.

Sabia quien era su madre, pese a que lo había guardado en secreto, y no solo eso, si no que algo mas. Nayla tenia una hermana gemela, de la cual solo sabia su nombre: Minerva.

Y por fin así, llegamos a una de las cosas mas importantes de la vida de la pequeña doncella, a la edad de 15 años.

¿Que quieres que? ¿acaso estas loca? - Nayla se encontraba delante de su querido señor, con una mirada firme y decidida, la cabezonería en ella era demasiado grande como para ocultarla con modales finos.

- [color:97c0=ff9900] Ya lo ha oído, mi señor Virion, quiero ir a buscar a mi familia, llevo mucho tiempo pensando en ello, casi desde el mismo día en el que me dijo lo de mi madre y mi hermana, dos años atrás.

Lo normal seria recibir una negativa rotunda una y otra vez pero, para sorpresa de Nayla, solo un suspiro salio como respuesta antes de que el noble se dirigiese a una ventana de la habitación y se pusiese a mirar por ella- Supongo que el día iba a llegar... yo no te detendré, pero ten en cuenta que no se donde pueden estar, quizás incluso fuera de Fiore... puedes pasar años buscando sin éxito.

Ante esas palabras, en el rostro de la joven Nayla se dibujó una sonrisa de oreja a oreja y se lanzó hacia el, sin dudarlo, pese a que una sirvienta no debiese hacer esas cosas, abrazándole con fuerza- Muchas gracias mi señor... y no tema... al fin y al cabo... soy una doncella de la gran casa Virion, estaré bien. En cuanto las encuentre, le prometo volver a casa.

Y así, la joven doncella emprendió un viaje de duración indeterminada pocos días después, sin armas, sin conocimientos de algo que no fuera la casa Virion o sus alrededores, no sabia prácticamente nada del mundo, y ahora se abría ante ella. Todos los de la casa la despidieron con cariño pese a los problemas que, a lo largo de la vida de la pequeña pelirosa, habían surgido por su carácter.

Sin idea de adonde dirigirse, sin guía, sin camino, no tenia un punto al que dirigirse, pero eso no importaba. Iba a buscar a su familia.

No fue fácil, como es obvio, se le acababa el dinero que conseguía muy rápidamente y la joven se veía obligada a trabajar deteniendo su búsqueda, pero, poco a poco, prefirió seguir sus caminos con campos y bosques aun sin comida, pues prefería la naturaleza al bullicio de los humanos, tenia que cazar a esos pequeños seres que ella consideraba hermosos, que eran los animales, pero era un pequeño precio a pagar, realmente le gustaba vivir en la naturaleza.

Dos años, dos años se pasó la joven sin rumbo hasta que, una pequeña pista, la dirigió hacia un poblado, había oído que allí había una niña pelirosa de nombre Minerva hacia años, muy querida por todos los campesinos por su buen carácter y su dedicación a ayudar. Pelirosa y llamada Minerva, era lo que buscaba, no había  muchas chicas pelirosas con ese nombre, o eso esperaba, pues por fin tenia algo a lo que aferrarse.

Sin embargo el mundo cruel siempre se vuelve contra las personas, la única esperanza que había tenido de encontrar a su familia se desvaneció cuando llegó a donde, teóricamente, estaba la casa de la pequeña pelirosa que vivía con sus abuelos. Todo quemado, todo hecho cenizas y destrozado. La cara de Nayla empalideció por momentos y comenzó a preguntar por todos lados hasta que le contaron la historia completa. Si, ciertamente allí antaño vivía esa pequeña... pero una terrible noche todo prendió fuego y se encontró el cuerpo de la pequeña calcinado al día siguiente, no se pudo aclarar los motivos de su muerte, el cuerpo estaba muy dañado, pero la gente supuso que había muerto por el incendio, teóricamente provocado por un amigo que vivía con la pequeña, un niño peliblanco de ojos amarillos, la gente decía que pese a que cuidaban el huevo de un pajarillo juntos como si fuesen sus padres, ese niño siempre había sido una persona en la que no se podía confiar.

Nayla quedo destrozada, fue al cementerio y allí estaba, la tumba de Minerva, con una fotografía de ella al lado... definitivamente era su hermana gemela. Eran idénticas.

¿Que hacer ahora? Había encontrado lo que quedaba de su familia... ahora debia cumplir su palabra y volver con su señor Virion, pero ¿para que regresar si no quería vivir? Volvió, cierto es, fue a la casa, pero se encerró al mundo por completo. No hablaba, no comia y solo se dedicaba a entrenar para desestresarse, al final, estaba sola... o eso creía. Como una familia, la gente de la casa noble la recibía, le hablaba y la cuidaba para verla mejor cuanto antes, aunque solo una persona, Virion, logró sacarle de esta depresión con un cariño paternal impropio de un noble con una doncella, como había sido siempre.

Poco a poco, la doncella fue volviendo a ser la misma, pero nunca abandono los entrenamientos. Un día tras otro entrenaba con grandes hacas, se ponía pesadas armaduras y entrenaba la magia; sentía que no debía fallarle a nadie mas, no quería fallarle a nadie mas, así que debía ser cuanto mas fuerte, mejor.

De los 16 a los 20 años, Nayla podría decirse que vivía con la armadura puesta y el hacha a la espalda, se había vuelto la mas fuerte de toda la casa Virion, siempre pedían su ayuda... pero poco después de cumplir 20 años, estalló algo mundial y peligroso: el ataque de los dragones. Casa Virion no tardó en verse envuelta en llamas, la gente se asfixiaba por los humos nocivos y se quemaba con las llamas, pero allí estaba Nayla. Una tras otra fue sacando a todas las personas junto a su señor, hasta que solo quedaban ellos en la casa.

Ya están fuera señor, marchemonos -Sin embargo, aquel gran noble algo fanfarrón pero bondadoso con todos, negó, con una sonrisa en la cabeza.

Sal de aquí, yo me quedo... un noble no huye como una comadreja asustada, esta es mi casa y aquí me quedaré...  tu se fuerte y vive, se feliz Nayla, no te hundas de nuevo en la desesperación... se la hija que este hombre siempre ha tenido - Sin pararse a esperar, aquel hombre empujó a Nayla sacándola por una ventana del primer piso de la casa. Desconcertada por sus palabras aun, Nayla trató de entrar pero la casa comenzó a desmoronarse.

- ¡Pero... mi señor Virion...!

- No se hable más Nayla, marchate ya, hija mía.

Y mientras las llamas danzaban por todos lados y la gente huía despavorida por el miedo a la muerte y al rugido asesino de los dragones, la joven doncella vio a su señor desaparecer dentro de la casa en la que había crecido, mientras, por primera vez, Nayla si sentía la grandeza de ese noble que la había criado como si fuese su hija, porque, realmente, lo era.

Nayla comprendió entonces que, lo que había salido a buscar, había estado siempre junto a ella, el porque Virion nunca le dijo quien era su padre, porque era tan bueno con ella, lo comprendió todo, su madre era una campesina, su padre un noble, su relación era inviable, la madre no podría cuidar de dos criaturas... decidieron quedarse una de las gemelas cada uno para darles una vida, aunque Nayla tuviese que crecer como una doncella y Minerva como una campesina, fingiendo el abandono de la primera delante de Casa Virion.

Había tenido siempre ahí a su familia, a su padre... y ahora ya no tenia nada, había fallado, ahora estaba sola... pero haría caso a las palabras de su padre.

Ahora debía ser fuerte.
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