I finally found you... [Priv. Eyleen]

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I finally found you... [Priv. Eyleen]

Mensaje por Zoe el 11/02/16, 07:35 pm

“¡Corran! ¡Corran todos! ¡Se acerca!”

“¡Por favor, no nos lastimes!”

“¡Nos matará a todos!”

La marejada de gritos horrorizados y suplicantes de ayuda continuaba golpeando sus oídos. Puertas cerrándose, ventanas aseguradas, tablones y muebles fortaleciendo las entradas a las casas. Las mujeres recogían a sus niños, y los hombres recogían a sus mujeres. Conforme las primeras gotas de lluvia descendían hasta impactar en la viscosa piel de una de sus cabezas, mientras la otra continuaba su camino entre gruñidos guturales en su respiración profunda y constante; buscando y vigilando. A cada paso que sonaba al son de sus propios pies, era otra puerta cerrándose y otro transeúnte huyendo atemorizado. ¿Por qué corren? ¿Por qué nadie era capaz de acercársele y responderle? ¿Por qué se aterraban tanto…? Una de sus extremidades extras gruñó secamente, quizás respondiéndose a sí misma. “Porque somos un monstruo”, escuchó, “La gente nos teme. Nadie quiere estar cerca nuestro.” se seguía respondiendo. Agitó su cabeza principal para apartar aquellas voces tan perturbadoramente parecidas a la suya. Sus pies continuaban moviéndose entre la húmeda tierra y sus cabezas continuaban buscando a los alrededores… Cualquier rastro que pudiera llevarla junto a Leen…

Había huido de las tierras donde fue obligada a estar con un mago al que no quería. Tras la muerte de su último propietario, había tomado su propia llave recelosa y protectora, dispuesta a llevarla hasta aquellas pequeñas manos realmente merecedoras de su poder. Huyó, cruzó el océano y emergió de los mares de Fiore hasta llegar a la costa de aquel humilde pueblo pesquero. El dónde estaba exactamente era un misterio para ella, pues aun no veía ningún letrero y nadie era capaz de orientarla. Estaba en Fiore, sí, pero eso solo le dejaba todo un país para encontrar a Eyleen… Lo más lógico, por supuesto, era regresar a la casa de la niña. ¿Pero hacia dónde? ¿Cuál camino debía tomar? Los marineros usaban a las constelaciones para ubicarse en la inmensidad de las aguas, pero no era opción para ella; principalmente porque aun faltaba un par de horas para noche y había una gruesa estela de nubes grises ocultando el cielo… Solo le quedaba la opción de preguntar. Solo necesitaba a alguien que pudiera hablarle sin sentirse atemorizado.

Una silueta solitaria llamo su atención entre la ahora notoria lluvia. Inmóvil, perdido. La figura que cobraba definición, conforme acercaba sus pasos camuflados por el incesante sonido de las gotas de agua, lograba adivinar que se trataba de un hombre. ¿Por qué se quedaría ahí parado bajo la lluvia? Mientras más se acercaba, lenta y calmada, la respuesta vino ante su único ojo visible… Era un hombre ciego… Pero cuanta conveniencia.

Podría resultar horrible el pensar en la fortuna de encontrarse con un hombre privado de su visión. Pero pónganse en su lugar. En medio de un escandaloso pueblo que huía y evitaba su presencia, ser capaz de acercarse a alguien que no podía verla resultaba beneficioso. Se acercó al hombre, ignorando a las personas atemorizadas pero curiosas observando desde la seguridad de sus ventanas. Guardo completo silencio en sus cabezas extras, y uso una de ellas para proteger al pobre invidente de la lluvia. — Discúlpeme, buen hombre… — Habló en voz calmada y suave. — Estoy perdida en esta tierra extraña y necesito con urgencia encontrar a alguien importante… ¿Sería tan amable de indicarme dónde estoy? — Pronunciaba sus palabras tranquilamente, manteniendo una expresión completamente neutra y apacible. Parecer lo más humanamente posible en un sentido auditivo era la estrategia. No quería asustarlo con sus gruñidos y siseos. — Oh, claro, mi niña. — Jhm. Gracioso que alguien tan viejo como una constelación, como lo era ella, fuera llamado “niña”. — Estas pisando el suelo de Manaro. Un pequeño pueblito dedicado a la pesca, a las afueras lejanas de Fiore. — Palabras algo desalentadoras para la mujer de blanca piel, pues solo significaba que su pequeña de bufanda roja aun estaba lejos. Fiore era grande, así que si quería encontrar a su Leen debía moverse rápido. Debía saber hacia dónde debía ir. — ¿Niña, serías tan amable de advertirme cual es el escándalo? No veo nada desde hace años y la lluvia entorpece mi audición. — La voz del señor sin vista llamo su atención, obligándola a dejar el tema de su búsqueda hacia un lado temporalmente. Después de todo, Eyleen podría haber sido demasiado torpe e inocente para su propio bien; pero los años habían pasado, y a estas alturas debía ser toda una mujer. Frente suyo había un hombre discapacitado. ¿Cómo ignorar eso?  — Al parecer hay un monstruo merodeando. — No es que se considerara a sí misma un monstruo. Solo repetía lo que los otros gritaban. — Yo no he visto nada más allá que personas corriendo… Pero aun así. No es sano permanecer bajo la lluvia… — Dijo antes de tomar la mano rasposa del hombre de edad avanzada entre las suyas, pálidas y frías.

Mientras guiaba a aquel amable hombre hasta un techo seguro, sus pensamientos divagaron a un comentario que había cruzado su mente hace apenas segundos… Habían pasado los años… ¿Qué tanto habría cambiado Eyleen? ¿Aun seguiría tan alegre y vivaz como la recordaba? ¿Aun usaría aquella vistosa bufanda roja? ¿Aun se acordaría de su amiga imaginaria Bumbum…? Tantas preguntas atormentaban su mente, pues había salido disparada y desbocada a una búsqueda insegura. No sabía dónde estaba Eyleen, ni siquiera sabía cómo lucia la Eyleen de ahora… O si aun quisiera verla a ella de nuevo… Sin embargo, jamás estaría tranquila si no hacia el esfuerzo de encontrarla. Debía hacer a un lado todas esas inseguridades. Pasara lo que pasara, solo quería asegurarse de que su pequeña estuviera bien. Luego vería qué hacer una vez se encontraran de nuevo.

Finalmente, dejó al hombre en la puerta de lo que suponía, era una posada. Tocó el timbre un par de veces antes de alejarse unos pasos, de nuevo a la lluvia. No quería asustar de más a la gente, así que lo mejor sería mantener distancias. — Muchas gracias, niña. — Escucho aquella voz rasposa del ciego. — ¿No entraras? Es peligroso andar por ahí bajo la lluvia. Más todavía con un monstruo cerca. — Un sentimiento entremezclado entre diversión y gratitud se formaron dentro de ella. ¿Cómo reaccionaría aquel pueblerino si le revelara que ella era el monstruo? — Estaré bien. — Contesto simplemente. — Además… Quizás el monstruo solo necesite un amigo… Y algunas indicaciones. — Murmuró las últimas palabras, procurando que el escándalo del aguacero la encubrieran perfectamente. Aquella situación la obligó a asomar una pequeña sonrisa entre sus labios. Había pasado tanto tiempo desde que intercambiaba más de cinco palabras con alguien…

Mientras se alejaba, perdiéndose entre el vendaval precipitado de una tormenta, logró escuchar como los vecinos del invidente lo recibían con preocupación y alivio de verlo a salvo… Sentía un sincero sentimiento de envidia y anhelo. Ansiaba ser recibida así por alguien… Y deseaba que esa persona fuera su pequeña Leen… Pero bueno, no lograría nada solo imaginándolo. Aquel escenario podría o no suceder. No lo sabría hasta hallarla… — ¿Dónde habrá un mapa por aquí…?

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Re: I finally found you... [Priv. Eyleen]

Mensaje por Eyleen el 17/02/16, 02:31 pm

Una pequeña y leve misión personal la había vuelto a llevar hacia las afueras de Fiore, hacia Manaro; un pequeño pueblo que previamente no había conocido, un lugar que se asemejaba a su previo hogar pero carente de la calidad con el que este le enfundaba, siempre sentía algo de melancolía al encontrar un pueblo así, con gente sonriente y compartiendo, pero no se permitía ahondar demasiado en ello, puesto sino sus deseos de volver al orfanato le ganarían a su objetivo principal, y no podía volver, no sin antes dar con ella.

Termino de ayudar finalmente al ciego anciano a apilar ordenadamente unas cajas de mercadería que ella había traído en ayuda de una carreta. Simplemente no había podido negarse a llevar el pedido a su destino luego de que el joven herido se lo pidiera, habían sido kilómetros de viaje a solas, pero no había tenido mayor problema al respecto, además ver la amable sonrisa de aquel hombre en señal de agradecimiento era suficiente, después de todo no podía imaginarse como él podría haber ordenado todas esas cajas luego de desembalarlas.  Al poco tiempo empezó a llenar las cestas vacías con las frutas y verduras que había traído, llenando el pequeño negocio que tenía el hombre, le ayudo con las ventas y a atender a los pueblerinos que animados llegaban a comprar las nuevas provisiones, y así se mantuvo por varias horas, hasta que el sol estuvo brillantemente posicionado frente a ellos, indicándole que eran las doce del día aproximadamente.

- Se ha vendido casi todo! –Exclamo sonriente antes de apilar las cajas desarmadas y vacías a un lado de las que aun mantenían su contenido, volviendo a acomodar su bufanda mientras observaba que quedaba más de la mitad de la mercadería, de manera perfecta para continuar con las ventas el resto de la semana.

- Muchas gracias por la ayuda, jovencita… -Comento el hombre con una cansina sonrisa mientras se sentaba con dificultad en una silla cercana, recibiendo la ayuda de la castaña para terminar su objetivo.

- No hay de que, ha sido muy divertido… -Respondió rápidamente Eyleen restándole importancia, antes de decidirse a dejar las cosas lo suficientemente ordenadas para poder marcharse con calma- Cuide su espalda y no se sobre esfuerce! Trataré de volver en otra ocasión para ayudarle nuevamente –Dijo animadamente antes de denotar como una hermosa y rojiza fruta era depositada sobre sus manos con decisión.

- No es mucho, pero es la mejor fruta que tengo –Fueron las únicas palabras del hombre antes de que la muchacha agradeciera intensamente más de una vez y con tal emoción, que logro que el hombre riera divertido, para luego marcharse a pequeños saltos de felicidad mientras observaba la fruta entre sus manos.

Recorrió gran parte de la extensión del pueblo mientras degustaba la fruta, lo que su estómago agradeció puesto no comía del día anterior. Detuvo su andar al denotar como unos niños jugaban a la lejanía, centrando su atención en un pequeño que corría torpemente con una bufanda mucho más grande que él enredada en su cuello y cayendo a sus costados e interponiéndose en el camino de sus pies un sin número de veces. La joven sonrió con cierta ternura ante el inminente recuerdo que llego a su mente, hace casi diecisiete años que algo similar había sucedido, y así había conocido a su querida Bumbum, a quien infantilmente creyó su amiga imaginaria por años.

Con una leve sonrisa, aun perdida en sus recuerdos se aproximó al grupo de niños, se presentó con una pose absurdamente heroica que les hizo sonreír, y luego se arrodillo frente al niño de la peculiar bufanda, dando otra vuelta con esta alrededor de su cuello para impedir que sobrara demasiada tela, y así evitar que cayera tantas veces, después de todo si ella había tenido una hermosa Bumbum que la salvara, ¿porque no hacer lo mismo por otros? Ella también podía ser una Bumbum para alguien, si, era una extraña metáfora o manera de verla, pero para ella funcionaba.

- Listo, estas perfecto para volver a jugar –Dijo la muchacha sonriente antes de desordenar sus cabellos y levantarse.

Pero al momento de voltearse con la intención de irse sintió la tenue firmeza de la pequeña mano sobre la suya, el niño estrecho su agarre y sin más tiro de ella invitándola a jugar con ellos, ¿Cómo decir que no? Simplemente se les unió sin darse cuenta del paso de las horas, corriendo, jugando, cayendo y riendo por mucho tiempo hasta que el cielo comenzó a oscurecerse, manchado por nubes grisáceas que solo presagiaban lluvia. De manera inmediata madres o hermanos mayores fueron en búsqueda de cada uno de los pequeños para que se refugiaran en casa, y rápidamente término por quedarse sola en aquel amplio campo de juego que hasta hace poco se había visto lleno de risas.

Lanzo un largo suspiro antes de estirarse para desperezarse y luego comenzó a caminar lentamente, dejando el pueblo atrás mientras disfrutaba de la lluvia. Más de una vez se detuvo en el camino, girando sobre su eje con los brazos extendidos a sus costados y con el rostro en dirección hacia el cielo, gozando de la lluvia, saltando en algunas pozas de agua para luego refugiarse bajo su bufanda, realmente le fascinaban los días lluviosos y siempre se dedicaba a disfrutarlos por completo, además no tenía mucho que hacer por lo que volver con rapidez no era algo que le preocupara.

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