Maybe im just a monster. [Fic del pasado]

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Maybe im just a monster. [Fic del pasado]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 26/01/16, 04:34 pm

-¿Estás seguro de que es en ese asentamiento donde se esconden los bandidos y los asesinos?-

-Completamente, solo hay una panda de asesinos sueltos que has de eliminar.-

Un momento en la oscuridad que estaba grabado a fuego y que sería el desencadenante de un sinfín de atrocidades que serían vistas una noche cualquiera en los exteriores de Magnolia. Dinero de por medio se iba a vertir sangre…

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Antes de esa noche, un joven muchacho pelirrojo con una cicatriz vertical (Pues la horizontal apenas se notaba) en la cara de 16 años se encontraba sentado delante de una modesta cabaña limpiando su katana con una total tranquilidad y paz, no porque realmente la tuviese, sino porque no le quedaba más remedio que tenerla, se había prometido a sí mismo que no se dejaría domar por los sentimientos que había procesado de dolor ante la muerte a sus manos de su maestro, aquello estaba ya demasiado lejano para un joven que símplemente había hecho lo que había hecho para poder sobrevivir, cierto era que su mente estaba todavía recuperándose, pero el hecho de no poder conciliar sueño sin ver esos sucesos una y otra vez no iban a vencerlo, iba a ser más fuerte, después de todo ahora era más persona de lo que alguna vez lo fue en toda su vida y ya no era aquél número en la casa de un noble, ya no era el niño que no sabía hablar o escribir y solo robaba comida aunque estuviese podrida, ahora se había convertido en una persona con nombre propio y lo usaría cuanto pudiese.

Sus manos habían sido manchadas de sangre, la primera vez no sintió más que la punzada de la culpabilidad al haber quitado una vida, aunque había sido luego cuando su maestro le echó la bronca que realmente había encontrado la realidad de las consecuencias de sus actos, como si hubiese tenido que aprender que matar a gente desarmada estaba mal y es que con la crueldad que había mostrado hasta el momento su espada simplemente no podía ser la de alguien que protegiese, más bien, la que segase la vida de aquellos que se pusiesen por delante, algo que debía remediar si o sí. Con el tiempo había aprendido a armonizar con la sociedad, había aprendido a ser uno más que se hiciese respetar y de vez en cuando hacía que los bandidos pagasen por sus crímenes ya fuese mandándolos a la cárcel. Era una carga que había aceptado por la memoria de los que había matado, incluso se había hecho tatuar sus nombres en la espalda para no olvidarlos nunca, tatuajes que aún escocían al estar casi recién hechos sobre los números de cuando era un esclavo.

Así pues, recibió una visita de lo más inesperada, alguien que estaba contratando sus servicios al haber escuchado que era el nuevo maestro del estilo Hiten y que estaba haciendo limpieza por Magnolia. Desde un primer momento no se fió de esa persona, sin embargo, dejó que hablase y ese fue posiblemente el mayor error que cometió Seikuro en su vida, o símplemente el segundo error que iba a marcar una cadena de desastres que eran referentes a él. Por su parte escuchó detalladamente los informes que le estaba dando.

-Mi grupo y yo queremos lo mismo que tú, mi buen señor, solo queremos que los corruptos y los bandidos dejen nuestras fronteras en paz y hay un asentamiento que debe ser exterminado para ello. –Obviamente se podía notar que había algo más, sin embargo, la joven e inocente mente de Seikuro, ajena a las mentiras, creyó en sus palabras ciegamente y sin pedir ningún tipo de de explicación. Estaba viendo el mapa que tenía en su casa de la zona exterior de Magnolia, seguramente tardarían un buen rato en llegar y e la climatología iba a dificultarlo todo, el cielo estaba encapotado, listo para dejar caer las primeras gotas de lluvia… Incluso podía oler la tierra mojada allí a donde girase la cabeza. Tomando su bufanda salió de la casa colocándose su katana en la cintura, y, tras salir, cerró con llave para asegurarse de que no se encontraría la susodicha en un estado lamentable porque no había hecho lo correspondiente.

Eran tres personas las que acompañaban a su contratante, así que pudo dar por hecho que aquél hombre bajito y delgado era alguien importante dentro de la nobleza de Magnolia, alguien que por cierto no conocía. Por su parte no confiaba del todo en las palabras del hombre, sin embargo, dadas las circunstancias climatológicas lo único que quería era terminar el trabajo y volver, especialmente porque en los días de lluvia las riadas que habían alrededor de su casa se volvían demasiado inestables. –No sois muy hablador, ¿Cierto?. –Preguntó el hombre en el momento en el que el silencio del pelirrojo había empezado a inquietarlo en gran medida, desde que lo vio no dijo ni una palabra y aquello normalmente era algo que podía hacer desconfiar a los otros. Por su parte Seikuro miró hacia atrás con cierta desgana, luego, hacia delante de nuevo… ¿Cómo iba a querer hablar si iba a tener que matar a gente para que otra se sintiese segura? Era cierto que no le gustaba tener que derramar sangre, sin embargo sabía bien cual era su papel en todo aquello, sabía qué era lo que tenía que hacer y cómo tenía que hacerlo aunque no le fuese agradable.

Así pues, entre las bromas de los guardaespaldas del hombre contra el menudo pelirrojo, quien símplemente los ignoraba y tras ser abrigados por el silencio y la oscuridad de la noche pudieron llegar a la aldea, esta era completamente de madera, por no decir que parecía que estaban en una edad completamente distinta a la que lo estaba la propia Magnolia, incluso la muralla que había era de aquél material aunque bueno, si eran bandidos qué más daría si se protegían bien o no. Era lo de menos, solo haría que su trabajo fuese aún más fácil de lo que había esperado, no se podía decir que estuviesen demasiado protegidos contra alguien que tenía algunas nociones en la magia.

-¿Estás seguro de que es en ese asentamiento donde se esconden los bandidos y los asesinos?- Preguntó Seikuro a resultado de la sorpresa que había tenido al ver la poca protección y lo descubierta que estaba la aldea, sin embargo, aquello fue rápidamente respondido por el hombre quien se apresuró a escusarse.

-Completamente, solo hay una panda de asesinos sueltos que has de eliminar.- Parecía demasiado seguro de aquello, tal vez los había seguido con algunos espías o algo, el tema era que iba a empezar a la par que la lluvia empezaba a volverse más fuerte, aquello ayudaría a que si tenían perros no detectasen al pelirrojo quien, sin decir mucho más, descendió por la colina andando.

Dos guardias salieron al paso del pelirrojo poniéndose a la defensiva con sus lanzas rudimentarias, aquello sería algo demasiado fácil a la hora de enfrentar, no parecían ni siquiera ser reales milicianos por la posición que habían tomado con estas, es más, estaban hasta temblando ante la figura del baijto joven que apenas medía en ese tiempo 1’50 de altura. Podía ver a los arqueros de los torreones apuntándole, era un factor a tener en cuenta, tal vez tendrían mala puntería con suerte, lo único que sabía era que debía empezar cuanto antes. En cuanto fueron a hablar casi bajando la guardia uno de ellos se encontró con que el pelirrojo prácticamente había desaparecido dejando apenas un chapoteo de agua junto a un reguero de sangre que había provocado una estocada contra su epíglotis atravesándola con una facilidad aterradora… Después de todo el cuello era el punto más desprotegido de una persona.

Apenas dejó a su compañero reaccionar, había saltado contra el cuerpo del ya muerto guardia, degollando sin ningún tipo de piedad al segundo en apenas una fracción de segundo que tardó en salir disparado hacia él mientras daba vueltas en el aire como si fuese un tornado de cuchillas. Nada mas caer al suelo pudo escuchar el grito de los arqueros que habían quedado casi helados del miedo y entonces fue cuando la lluvia de algo más que agua comenzó.  Una flecha cayó junto al pelirrojo haciendo que este reaccionase pegándose a la muralla, para luego empezar a escalarla como si corriese sobre ella gracias al viento que lo impulsaba por la magia. Uno a uno fue despachando a los arqueros con una velocidad y facilidad que simplemente podía ser descrita como una ráfaga de viento que traía muerte consigo. Las flechas pasaban siempre de cerca ante la fría mirada del que aún no era un adulto, sus ojos azules relampagueaban entre la oscuridad sin ningún tipo de emoción, solo aquella frialdad que iba seguida de un río de sangre que ahora bajaba las murallas.

Obviamente la alarma fue dada, las ludes de las al menos 50 casas que habían se encendieron y la gente empezó a salir de estas algunas armadas, otras no. Sin fijarse mucho, bajó hacia dentro de la aldea y atrancó la puerta para que absolutamente nadie pudiese entrar o salir de ella. No podía distinguir bien las figuras de los atacantes, solo sabía que como mucho llevaban a veces cuchillos, otras, armas de astas que apenas era capaz de reconocer pero que en realidad no eran más que tridentes y hoces para los cultivos, sin embargo, el pelirrojo detectaba aquello como armas que estaban usando para intentar darle muerte de la forma más lenta y horrible posible, instrumentos que solo estarían allí para destruir su existencia tal y como su katana estaba haciendo con ellos. Llegó un momento en el que cuando mató a treinta hombres de la aldea, el resto empezaron a pensarse si de verdad podrían derrotar al pelirrojo quien, con la sangre húmeda de sus víctimas cayendo por los brazos, pecho y rostro se acercaba a ellos andando mientras envainaba su katana.

A cada paso que daba el demonio carmesí, cuatro pasos eran dados por los varones de la aldea.

-¡Déjanos! ¡No hemos hecho nada malo!-

“Silencio”

-¡Si quieres oro, llévatelo todo, pero déjanos vivir!-

“Cállate…”

De pronto, notó una estocada en su costado por la espalda que le hizo detenerse por completo, instintivamente dio también una estocada hacia atrás para luego mirar.

-Has… Matado a mi papá… Te mataré...-

El niño cayó por la punzada en el pecho provocada por la katana, Seikuro rápidamente clavó una rodilla en el suelo sujetándolo por la cabeza sin quitarse la espada mientras empezaba a hiperventilar una y otra vez… “Era una aldea de bandidos” …Pensó… “No deberían haber niños” …Se engañó. Su cuerpo se tensó de repente mientras cerraba los ojos con fuerza. Alguien desclavó la espada de su costado aprovechando que estaba de aquella forma, pero el dolor que sentía no era por su cuerpo, era dolor más allá de lo sentimental, más allá de lo espiritual. Fuese quien fuese le hizo un corte en la mejilla como fallo de un golpe que había lanzado contra su cabeza provocando que su cicatriz vertical fuese acompañado de un profundo corte en horizontal que provocó que el pelirrojo reaccionase. Junto con un agónico grito de alguien cuya existencia acababa de ser quebrada, una sacudida de viento tiró hacia atrás a todos y cada uno de los que estaban allí rodeándolo.

Agachó la mirada con un gesto completamente cansado, agotado, para luego empezar a levantarse dejando el cuerpo del nió en el suelo quien le agarró con furia del hakama, sin embargo, Seikuro ya no estaba allí, lo único que había quedado era un ser con amarillentos ojos y tatuajes por todo el cuerpo que estaba mirando a los aldeanos ignorando toda herida que tenía. La hiperventilación del pelirrojo no había cesado, ni sus gritos, de hecho, de no ser por la lluvia se le habría podido ver llorar… Estaba furioso, estaba llorando de pura rabia que estaba sintiendo todo su ser en esos momentos y que estaba llevándole a ser dominado por algo que no tenía nombre, algo que símplemente podía ser denominado como un monstruo más que un hombre.

Segundos que parecían horas en los que se veía a sí mismo mutiñando los cuerpos de los varones y las mujeres, degollando niños con crueldad poseido por una fuerza que estaba más allá de su comprensión mientras que se podía decir que sonreía con crueldad y a la vez sus ojos lloraban. No paró hasta que no quedó nadie vivo en la aldea, había sido un total exterminio por parte del pelirrojo, ni los ancianos ni los bebés… Absolutamente nadie había sobrevivido y lo único que había quedado allí era la figura de Seikuro de rodillas llenándose las piernas de barro mientras gritaba agónicamente al cielo pidiendo que le cayese un rayo y que acabase con su existencia, pidiendo que si realmente habían seres divinos en ese mundo hiciesen el favor de quitarle del medio y que le hiciesen pagar por todo lo que había hecho esa noche en la que había dejado de ser una persona para volverse un animal. Su katana estaba medio quebrada, justo siendo el reflejo de su espíritu el cual no podía ser calmado.

Unos aplausos se pudieron escuchar detrás de él, al mirar se encontró al que le había contratado con una sonrisa de lo más satisfecha en su rostro.

-Eran inocentes… -Murmuró Seikuro sujetando con fuerza su katana hasta tal punto que esta casi temblaba por el pulso erróneo del mismo.

-Se me pasó el detalle de contarte la verdad, lo cierto es que me gustan las vistas de este poblado y mi mansión seguramente podría quedar bastante bonita, además, el hecho de que haya un poblado de muertos del pasado hará que en el futuro pueda hacer dinero con ella como una mansión encantada en la que que el fantasma del asesino sigue dando caza a los vivos.-

-¡¡Hijo de puta!! -Los guardias del noble se pusieron delante de él, aunque por un momento maldijeron el momento en el que lo hicieron por el simple hecho de que Seikuro se estaba levantando incluso aunque su espíritu estuviese quebrado, incluso aunque su mente estuviese al límite e incluso aunque sus piernas estuviesen completamente temblorosas y erráticas. Una esfera de viento se materializó alrededor de Seikuro haciendo que la sangre del suelo y el agua se levantase junto con esta en el momento en el que los guardaespaldas se lanzaron a atacarlo, provocando que sus ataques chocasen contra esta. En una fracción de segundo, Seikuro salió de la cúpula cortando en un amplio arco todo lo que había alrededor suyo en 360º, provocando que los guardias cayesen al suelo sin cabeza y sin brazos.

El noble en ese momento entendió que no debió hacer aquello, se estaba disculpando como podía, pero lo único que encontró fue a un pelirrojo clavándole la katana en el estómago tal y como lo hizo el niño antes, para luego, cuando cayese de rodillas del dolor cortarle la cabeza, eso ya por cortesía suya.

Ese fue el nacimiento del asesino que había dentro de él… Y a la vez, la ruptura existencial de Seikuro. ¿Cómo sobrevivió a las heridas? Cada quien tiene sus trucos y esa sería una historia diferente.

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