Memorias perdidas

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Memorias perdidas

Mensaje por Silver el 21/11/15, 07:14 am

El característico sonido del piano de siempre. Y la misma joven, sentada frente a él. No podía distinguir si sonaba la misma melodía o cambiaba cada vez que la veía. Conocía a aquella mujer, sólo que con muchos años más encima, con más experiencias sobre su piel y lágrimas derramadas por sus ojos. Se veía feliz, como pocas veces se había mostrado al mundo, sonriendo sin preocupaciones, dejándose llevar por la música, tocando con su alma. Verla le producía paz, lo hacía sentirse tranquilo, aunque no sabía si aquello se debía a la música o a la persona que la tocaba.

La mujer lo miró, y cambió su expresión. Poco a poco la pieza comenzó a tornarse más agitada y desesperada. Algo no iba bien ¿Era su culpa? ¿Le había hecho algo malo? No lo sabía, pero la angustia era palpable, y la melodía frenética. Justo antes de que terminase, despertó.

Suspiró con pesadez y se llevó una mano al rostro, de nuevo el mismo sueño, y la misma mujer que no podía descifrar de dónde conocía. Con aquella, era la onceava vez en el mes que soñaba lo mismo, despertando siempre en la misma parte. Llevaba ya mucho tiempo de viaje, había partido de su ciudad de nacimiento hacía ya unos cuantos años, y desde entonces no había parado. No se había establecido por más de un mes en ningún lugar, pero había uno en específico del que se le había hecho más difícil desapegarse.

Se había planteado incontables veces el regresar allí, quizá conseguirse alguna novia duradera y conseguir un empleo, algo que no se le haría difícil, ya que existían esos llamados “gremios” a los que podía ingresar cualquier mago. Fiore era único. Y ya conocía a un par de personas que vivían allí. Pero no podía, no sin antes encontrar lo que estaba buscando y aclarar sus pensamientos.

Miró hacia su lado y notó un bulto en su cama. Levantó la sábana y comprobó que era lo que había pensado: Una mujer. La que había seducido la noche anterior en el pequeño bar. La pelirroja de carácter fuerte que de seguro lo castraría si le decía “Te mentí, no pienso quedarme por aquí, en realidad me voy hoy mismo y mañana mismo de seguro estaré en otra cama con otra chica más joven que tú”.

Silenciosamente escapó de allí, tenía que partir en unos minutos a su siguiente punto de búsqueda, no podía perder el tiempo ni tenía ánimos de recibir una bofetada.  Tomó su ropa y se la puso con rapidez, el sol aún no salía, lo cual era perfecto para fugarse sin pagar el hotel en el que se había hospedado menos de cuatro días. Por un lado se sentía culpable, porque tendría que pagar la pobre chica que había dejado en su cama, pero tampoco podía darse el lujo de ser un caballero (o no ser un sinvergüenza), no tenía dinero suficiente, sus ahorros ya se estaban acabando y aún debía visitar un par de lugares más antes de rendirse y volver a Fiore.

No le costó mucho salir, así que caminó tranquilamente por las calles del pueblito. Hacía frío, como casi siempre en esa región, y habían pronosticado una tormenta considerable para la tarde. La gente de allí estaba acostumbrada a esas cosas, pero a él no le hacía ni pizca de gracia el quedarse atrapado allí por más días gracias a la querida lluvia.

Caminó a paso lento, su cabeza estaba hecha un lío. Desde hacía casi cuatro meses, habían comenzado a aparecer confusas escenas en su cabeza. Fragmentos demasiado pequeños, de los que no lograba entender ninguno ni unir ideas, lo único que tenía claro era una sola cosa: Que alguien había estado jugando con sus recuerdos. Aquello hacía que se cuestionase si todo lo que había vivido era real, ahora que sabía más sobre magia y, por ende, de magos, no le sorprendería saber que alguien hubiese estado hurgando en su mente y cambiando a gusto algunas cosas. Quizá habían puesto recuerdos falsos. Había un sinfín de cosas que podrían haberle inventado, quizá lo que buscaba no existía en realidad, quizá no se llamaba como creía que se llamaba, quizá no había nacido en su pueblo, quizá si había conocido a sus padres y quizá el viejo no existía.

Esos “quizás” lo tenían vuelto loco. Junto con la búsqueda gracias a la cual había comenzado su viaje, había agregado el buscar a algún mago que manipulase la mente o algo por el estilo. Necesitaba descubrir sus verdaderos recuerdos, poder diferir sobre los reales y los inventados, para así poder continuar sin comerse la cabeza a preguntas.

Las imágenes que se le aparecían de vez en cuando eran casi siempre rostros de personas y un papel escrito. Y la mujer del piano. No podía reconocer a nadie, pero el papel sabía que era una orden de algo, y que debía quemarlo a penas lo leyera. No estaba seguro de haberlo hecho.

Siempre había creído que el único mago que había conocido era Haru, pero ya no lo sentía cierto. Algo no encajaba, su vida en las calles al lado de las lujosas salas que creía conocer ¿En qué minuto había pasado aquello? ¿Había estado en realidad forjando armas con hierro? ¿Había aprendido todo lo que sabía del anciano o de otra forma? Sólo estaba seguro de lo que había pasado desde su llegada a Fiore, de Haru y Urara. Porque ellos existían ¿verdad?

Por eso se había obsesionado más con encontrarlo. Algo le decía que si encontraba el dichoso collar podría descubrir algunas cosas, comprender lo que le pasaba a su cabeza, una pista o indicio de la verdad… O algo.

Siguió caminando, el problema de buscar en pueblos pequeños era que casi no había forma de acceder a ellos. En la mayoría no había estación de trenes, en algunos, ni siquiera caminos. Al llegar al límite del pueblo en el que se encontraba, el sol ya había salido. Tomó prestada una extraña criatura con montura, no sería primera vez que tenía cerca a uno de esos animales morados con cabeza inquieta, pero seguían pareciéndole algo repulsivos y graciosos a la vez.

A cambio del “préstamo” dejó las pocas monedas que aún conservaba, no era de su agrado seguir haciendo aquello, pero no le quedaba de otra. Se subió al animal y siguió el camino guiándose gracias al sol. Con que fuese hacia él, todo bien. O al menos eso le había indicado la mujer la noche anterior.

El animal era manso y veloz, así que fue un viaje bastante agradable y mucho más corto de lo que había pensado, llegando a vislumbrar las primeras casas un poco antes de acabar el día. El aspecto de aquél lugar era mucho más alegre que el del pueblo anterior, y el clima bastante más agradable. Había bastante vegetación, los caminos eran de tierra o rocas y las casas eran, en su mayoría, de madera. Muy rústico todo.

Lo primero que hizo fue dejar al animal en un pequeño establo que había cerca de la entrada oficial de la aldea.  Sería molesto caminar con él al lado dentro de aquellos estrechos caminos.

Se adentró en el pueblito, y sintió algo extraño. La gente lo miraba mucho. Quizá por sus pintas, todos allí iban con coloridas túnicas, algunas floreadas bastante acordes con el ambiente. Al menos las miradas que le lanzaban no eran sospechosas, más bien parecían de curiosidad, probablemente no recibían muchos extranjeros, después de todo era una zona alejada y que no aparecía en la mayoría de los mapas.

Estaba hambriento, así que buscó algún restaurant, hasta que se dio cuenta de que había dejado sus últimas monedas atrás… Su estómago rugió y él suspiró ¿Desde cuándo era tan blando? ¿Cómo se le ocurría dejar su dinero atrás? “Maldito Haru y sus buenas enseñanzas” Siempre era culpa de él, aunque no tuviese nada que ver.  

Quizá tenía suerte y un alma piadosa lo ayudaba… O podía recurrir a alguna hermosa jovencita que quisiera invitarlo a comer. Pero no encontró ni un solo local hasta que anocheció. Llevaba un día sin comer y al bendito pueblo se le ocurría ser lo suficientemente pequeño como para no tener ningún tipo de local comercial, la suerte parecía no estar de su lado aquel día.

Sediento y cansado se recostó apoyado en un árbol/casa. El sol se había escondido hacía unos minutos, y poco a poco comenzaban a encenderse las luces. Era hermoso de observar, pero estaba demasiado agotado como para importarle unas cuantas luces… ¿Eran luciérnagas? No parecían ser lácrimas… — ¡GANÉ! — Sintió un golpe en la cabeza y unas risotadas — Pero que cojo- — Intentó incorporarse, pero dos brazos lo retuvieron.

Vocabulario. No se habla de esa forma frente a los niños… Ay, estos extranjeros, sólo saben causar alboroto ¡Con lo tranquilo que es este pueblo! ¡HEY, NIÑOS! ¿QUÉ MIERDA LES ACABO DE DECIR? ¡LES DARÉ CON LA CHANCLA SI NO ENTRAN DE INMEDIATO! — Gritó una mujer de unos 45 años, apareciendo de la nada allí.

Señora…

¡Señorita! Y la boca te queda ahí mismo.

Perdón, señorita ¿Me puedo parar?

No.

¿Por qué no?

La respuesta está en tu corazón. — Dicho esto lo dejó allí y fue a buscar a los verdaderos alborotadores.

“… ¿En serio dijo eso?” El mago pestañeó repetidas veces, mirando con incredulidad la escena actual: La mujer persiguiendo con su chancla en la mano a unos seis niños, quienes rápidamente entraron a la casa que había a sus espaldas — Tú ¿No te piensas parar? ¿Acaso eres el portero? ¡Entra y come algo, que estás en los huesos niñito! — Silver se levantó automáticamente, por temor de que le pegara chanclanazos. Definitivamente no entendía a esa persona. Pero había oído algo sobre comida, así que no podía negarse.

Entró junto a la “dama” por una puerta de madera bastante pequeña, y si bien por afuera la casa se veía de tamaño medio, por dentro era enorme. Había muchos niños, y estaba algo desordenado, pero por lo demás era una casa bastante común dentro de su gran tamaño. — ¡Mamá! ¡Mira lo que está haciendo! — Llegaron dos niñas de unos cinco años, que al parecer estaban peleando por un muñeco — ¡Dejen de pelear o les rompo eso! Y vayan a decirle a su hermano que tenemos visita, así que ponga un plato más — ¿Tantos hijos tenía esa mujer? ¡Sólo en aquella habitación había más de quince! De entre tres y catorce años, aproximadamente. Las niñas fueron de inmediato a cumplir la orden de su madre, mientras que esta lo guió por la casa hacia probablemente el comedor —  Disculpa el desorden, estos niños me vuelven loca ¡Ya me las pagarán! Les daré con la chancla hasta que entiendan que la ropa no se deja tirada en el suelo… Y esa Camila que tiene su escritorio lleno de  cáscara de plátano ¡No aprenden nunca estos niños! — Llegaron justamente al comedor. El joven quedó completamente asombrado, allí había una mesa enorme, con casi media centena de sillas ¿En serio cabía tanta gente en aquella casa? ¿Cómo había tenido tantos hijos? Y eso que algunos no se parecían en nada entre ellos… Esa mujer era una loquilla.

Buenas madre, ya está todo listo para la cena — Dijo un joven que no parecía ser mucho menor que él. — Perfecto… ¡A COMER NIÑOS! — Gritó ella, dejando casi sordo al pobre de Silver.

Tú debes ser el invitado ¿no? No pareces ser de por aquí ¿Me equivoco? — Dijo cuando se fue su madre, quien se había sacado la chancla otra vez para ir a buscar a sus niños y llevarlos al comedor — Si, ese soy… Y no, en lo absoluto, estoy muy lejos de casa — Aseguró — Dime una cosa… ¿En serio todos son hijos de esa bru- mujer? — Preguntó en un casi susurro, provocando unas risas por parte del otro joven — Claro que lo somos, no de sangre, pero todos somos sus hijos… Ya vuelvo, iré a ayudarla a traer a los más pequeños — Silver asintió. Eso tenía más sentido, y en ese caso ¿Era una especie de orfanato? ¿De dónde había sacado a tantos niños?

Los niños más pequeños se habían sentado en sus respectivos asientos. En la mesa sobraban bastantes puestos, pero no tardaron en llenarse con la llegada de jóvenes de más o menos la edad del cocinero. Su presencia pasó desapercibida para todos, o eso había pensado.

Al terminar de comer, cuando se disponía a irse, una de las mayores de la casa se acercó a él. — ¿Quién eres? — Preguntó sin rodeos, medio tensa. La chica tenía el cabello medio anaranjado y unas pecas que la hacían parecer seguramente menor de lo que realmente era — Quien tú quieras que sea — Respondió automáticamente, sin pensar en que quizá era mala idea coquetear con una jovencita que tenía muchos hermanos mayores, quizá sobreprotectores — ¿Porqué siento eternano en ti? — ¿Cómo? ¿Esa chica podía sentir la magia? Eso no venía al caso ¿Porqué no había respondido a su evidente intento de flirteo? — Porque soy un mago — Dijo intentando sonar seductor — ¿Un mago? No puedo creerlo… — De tensión pasó a incredulidad, Silver no entendía a la muchacha ¿En serio iba a ignorarlo? ¿Acaso era periodista? Las periodistas siempre eran medio extrañas… — Vamos afuera, necesito hablar contigo — La joven lo tomó del brazo y lo guió al patio trasero.

¿Qué desea hablar conmigo una preciosidad como usted? — Preguntó cruzándose de brazos, no entendía nada — ¿Sabes por qué en esta casa hay tantos niños? — Esperó un momento, y al no conseguir respuesta alguna, continuó — El pueblo es muy pequeño y tiene muchos niños, claramente hay algo mal ¿No? — Bufó — Es  porque… porque este es el lugar donde gente de todo el mundo viene a abandonar a los hijos indeseados. Desde familias demasiado pobres como para mantener a un niño más, hasta miembros de la nobleza que producto de alguna infidelidad quedó con una… “Carga extra” — El muchacho endureció el rostro. Aquello le hacía sentido, un pueblo alejado de todo, tan pequeño que incluso es difícil de ubicar. Aún así, no entendía por qué le decía todo aquello a él justamente. La chica volvió a suspirar — Nunca antes había sentido eternano en otra persona, he leído sobre él en algunos libros, pero sólo se creía una leyenda… Quizá tú puedas saber de dónde vengo… — Ahora comprendía.

El que suspiró esta vez fue él — Lo siento mucho, princesa, pero dudo saber nada. Ni te imaginas la confusión que tengo en mi cabeza ahora mismo, no estoy seguro de donde vengo exactamente — La chica se acercó bruscamente a él y le tomó la cabeza con ambas manos — Un imperio… ¿Dónde queda Alvarez? — Se alejó de ella de inmediato — ¿Qué hiciste? — De repente sintió un mareo, así que tuvo que sentarse en el suelo — ¿No eres mago? ¿Acaso no todos hacen lo mismo? — Preguntó, realmente no sabía nada de magos — No, lo que yo hago es… diferente. No todos hacen lo mismo… ¿Y qué es eso de Alvarez? Nunca había oído sobre eso — ¿O sí? ¿Por qué estaba tan seguro? — Lo que vi en tu cabeza… Aunque tienes razón, tienes un enredo bastante grande… — ¿Podía ver sus recuerdos? — ¡Espera! ¿Qué más viste? ¿Puedes seguir viendo? — Se levantó casi de un salto, aquello sería increíble — L-Lo siento, no puedo… No sé usar mucho mi habilidad, así que sólo puedo hacerlo tres segundos y puedo provocar malestares en las otras personas… — ¡A la mierda los malestares! — No importa, sigue viendo — Insistió — ¡No puedo! Pero había algo… Un collar bastante extraño, en un lugar desértico. — El collar seguía siendo su objetivo, al parecer.

Dejó de insistir y estuvo unos segundos en silencio. Un lugar desértico… Su siguiente punto era un lugar que tenía esa característica. — ¡Gracias! Dile a tu madre que estaba todo muy bueno, que muchísimas gracias también… ¡Ah! Y un lugar donde hay mucha gente que puede usar magia es Fiore. Si me va bien en mi búsqueda, prometo volver y contarte todo lo que se sobre la magia — Le guiño un ojo y saltó la cerca del patio trasero. No podía perder tiempo, debía descubrir que demonios significaban esas imágenes en su cabeza. Al menos ahora tenía un lugar de referencia: El Imperio Alvarez.
avatar
Mensajes : 34
Fecha de inscripción : 29/06/2015
Nivel :
68 / 30068 / 300
Ver perfil de usuario

Silver
Rango C

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.