El despertar de un nuevo amanecer. [Fic - Angel Soul]

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El despertar de un nuevo amanecer. [Fic - Angel Soul]

Mensaje por Redclaw el 05/11/15, 06:32 pm




A veces intentamos refugiarnos en nuestro pasado para protegernos del futuro y otras veces lo culpamos por algo que ya no tiene arreglo. Dicen que los errores, el arrepentimiento e incluso el dolor, te hacen sentir vivo, te hacen sentir humano. Quizás eran palabras muy ciertas, pero ser humano no es una excusa ni una forma de enmendar una mancha que no puede limpiarse. -¿Por qué no puedo olvidarlo?- Se preguntaba Isma, sentado sobre su lecho, con las manos tapando su rostro y un pesar en su pecho que no podía arrancar.

Muchos creían que le encantaba dormir porque solía desperdiciar gran cantidad de horas acostado en su cama, pero no era esa la razón. Cada noche ocurría lo mismo. La misma pesadilla una y otra vez. Un mal sueño del que no podía despertar. Cada noche procuraba que fuese distinto, gritaba en pos de auxilio pero la voz no le salía. Corría para alcanzar un final, pero no lo había. Se escondía para no repetir la misma secuencia, pero era inútil. Era como una visión. Podía verse a sí mismo, cargando una espada candente, quemándose la mano, pero sin sentir el dolor. Avanzaba despacio, sin que nadie notara su presencia. Se acercaba a aquel hombre que mató a sus padres y amenazaba a su abuelo y a su hermano con el mismo destino y le arrebató la vida. Sintió como la hoja se introducía en la endeble carne. Sintió el último suspiro agonizante de su víctima y vio cómo su cuerpo inerte se desplomaba en el suelo sobre un charco de sangre.

-Lo hice para defenderlos...- Se decía una y otra vez. Pero no importaba. Al final, veía como él mismo se echaba a llorar mientras sus seres queridos le quitaban la culpa e intentaban hacerle sentir mejor. Era el único momento agradable, pero no dejaba de ser triste la idea de que, por mucho que sus palabras le ayudasen, no eran más que mentiras. Él era un asesino y sus manos estarían manchadas de sangre para siempre. -Nunca he tenido el valor de contárselo a nadie. Nunca he tenido el valor de hacerle frente. Quizás es por eso que me atormenta cada noche.- Suspiró de forma pesada y se levantó.

Se vistió y sin tan si quiera desayunar ni avisar a nadie, partió al lugar que permanecía en su mente. Su antiguo hogar. En un lugar apartado de toda civilización. Rodeado de campos y bosques. Un lugar hermoso y que gozaba de una paz incomparable. Tardó en llegar allí, y pareció ser en vano. Donde un día se irguió imponente una bonita casa de madera, ya no había nada. Ni si quiera los restos de lo que fue antaño. Nada que diera indicios de que allí vivió una familia. Pensó que se había equivocado, pero era imposible. Lo recordaba como si fuese ayer. Recordaba el lugar exacto donde todo aconteció, no había forma de errar.

-No queda nada...- Su voz era tenue. La nostalgia podía con él y los recuerdos venían como una estampida. Le inundaban los momentos felices y le atormentaban los trágicos. No pudo evitar derramar sus lágrimas. A pesar de que siempre se mostraba alegre, de que nunca dio a conocer a los demás su lado melancólico, allí no había lugar para las sonrisas. -Si tan solo hubiese sido más fuerte aquella vez. Quizás todos estarían vivos. Quizás mi hermano aún seguiría a mi lado y no cargaría con esta muerte en mi interior. Si hubiese tenido la fuerza y el valor... ¡Todo esto no habría ocurrido!- Hincó las rodillas en el suelo mientras lloraba a cántaros y golpeaba el suelo con furia usando ambas manos.



-¿Cuanto tiempo vas a seguir lamentándote por esa historia?- Preguntó una voz grave y que, por alguna razón, se le hacía familiar. -No eres más que un ser endeble que finge ser fuerte. Eres una basura.- Continuó, y se presentó ante el mago. Un hombre de mediana estatura y de complexión delgada. Vestido con un traje formal que variaba el negro y el blanco, con un par de cinturones para sujetar el pantalón y una cadena de hierro colgando del segundo y uniéndose en el bolsillo. Por encima llevaba una gabardina, abierta, de color amarillo y con símbolos en un tono azabache, con una capucha puesta. Empezó a crear un tipo de magia oscura amenazante, que rodeaba su cuerpo a espera de una orden. -¡Vámos, levántate!- Exclamó.

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Isma observó al sujeto. No sabía quien era, pero tampoco pareció importarle. Estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para prestarle atención. Sin embargo, uno de aquellos látigos mágicos golpeó al mago de Fairy Tail con un ataque ascendente en su mentón que lo lanzó de espalda contra el suelo. Se levantó, y con aquella mirada perdida, se quedó en silencio e inmóvil. -¡¿A qué esperas para actuar?!- Insistió el encapuchado. La misma situación se repitió un par de veces más, así que rechistó y se guardó las manos en sus bolsillos. -No me extraña que murieran tus padres. No eres más que un inútil.- Aquellas palabras penetraron en el castaño como mil puñales.

-Tú... Tú... ¡¡¡TÚ NO SABES NADA!!!- Gritó con furia, antes de encajarle un tremendo gancho en su rostro y conseguir que saliese despedido por varios metros en los que rodó contra el suelo hasta terminar frenando contra un árbol. El tipo misterioso comenzó a reír a carcajadas, como si el golpe no le hubiese hecho nada a pesar de la marca que le había dejado y el hilo de sangre que resbalaba por la comisura de sus labios. -Y aún así no pudiste evitar que tus estúpidos padres murieran. Pero qué triste.- Isma volvió a por él. Corriendo como jamás lo había hecho, transformando sus brazos por los de Blade Wyvern, que le hacían adoptar un tono escamado y negro con detalles anaranjados. Le golpeó hasta dejarlo en el suelo y se subió encima para seguir haciéndolo. Cada impacto era más fuerte que el anterior y su ira no disminuía.

Un aura oscura emergió de su interior y le envolvió. Su cuerpo empezó a cambiar poco a poco. Su piel se oscurecía, sus pupilas se rasgaban y su iris se tornaba tan rojo como la misma sangre. De su frente empezaron a brotar un par de cuernos y sus uñas se convirtieron en garras afiladas. -Eso es. Demuéstrame tu verdadero ser. Saca tu lado asesino una vez más.- Isma prosiguió con el castigo aún si era lo que su enemigo buscaba. La sangre ya teñía sus puños. -¡Continua! ¡Sacia tu sed de sangre! ¡Mátame tal y como harás con tus compañeros!- El miembro de Fairy Tail se detuvo al instante y se levantó. Miró sus manos aterrado. << ¿Qué estoy haciendo...? Este... Esto no soy yo. >>



De repente empezaron a llegar imágenes a su mente. Imágenes de todos los integrantes de su gremio con los que había compartido tan buenos momentos. Con los que se había sentido amado. Imágenes de aquellos que consideraba una familia y que le habían enseñado que la vida tenía sentido aún si lo habías perdido todo. Y por último Cana... una persona que siempre ha estado para él, que le demostró total confianza. Alguien con quien ha compartió todo tipo de experiencias, tanto buenas y malas. La persona que consiguió que dejase a un lado su amargo pasado para plantearse un futuro mejor. Y a pesar de todo, nunca le contó su historia. Y ahora la necesitaba. Más que a nada en este mundo. Quería estar a su lado, pero no así. -Yo... Yo no soy un asesino. Yo no soy así... ¡Yo soy un mago de Fairy Tail! ¡Yo voy a protegerlos a todos sin importar lo que pase!- Su oscuridad se desvaneció como si nada y la sustituyó un resplandor de luz, dando paso a una nueva transformación.

Su aspecto demoníaco desapareció por completo. Su vestimenta se vio tapada por una armadura celestial. De placas metálicas y doradas y de su espalda emergieron unas alas de luz. Sus ojos se tornaron plateados y su pelo albino. -No sé quién eres, no sé que pretendes. Pero si planeas hacerle daño a alguno de ellos, no voy a consentirlo.- El hombre, aún riendo ante la situación, se levantó y se acercó a él. -Sí me conoces, pero no lo recuerdas. Algún día sabrás la verdad, pero no la que sientes, sino la real. Ese día, volverás a mí una vez más.- Isma aún más desconcertado buscó una respuesta. -¿No lo recuerdo? ¿A qué te refieres?- Pero fue en vano. El hombre misterioso desapareció, dejando una ligera capa de humo negro. Así que acabó peor que al principio. Ahora tenía más dudas, aunque había conseguido culminar su magia de transformación que estuvo entrenando en secreto y borrar cualquier ápice de oscuridad en su interior, o eso creía. << Cana, necesito tu ayuda... >> Pensó, volviendo a Magnolia para buscar a su fiel compañera.
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