Near the fall {Priv. Lilith}

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Mensaje por Rexus Ardreghar el 29/09/15, 04:50 pm

- ¿Rumbo, destino, objetivo? Abordados con indiferencia tales conceptos se presentaron como meras nimiedades descartadas en el caminar del pelirrojo quien se inclinaba por un método mucho más anárquico y azaroso para recorrer el intrigante continente de la magia, las zonas pobladas no presentaban mayor emoción qué la de un bar o un evento qué difícilmente llamase la atención del joven mago, por ende los pasos de Rexus no eran enfocados hacia la urbe, quizá por la influencia de una vida silvestre e instintos qué no distaron en demasía de la incivilizacion se inclinó naturalmente hacia un bosque donde las hojas caducas ya empezaban a descender desde las ramas maternales de la madre naturaleza, marrones y en algunos casos amarillentas plasmaban una alfombra qué extendida a lo largo de la arboleda proyectaba el prospecto de una imagen pintoresca a los ojos del circunstancial visitante, quien pisaba sin gusto las hojas qué crujían como la réplica de una singular queja, el atardecer marcaba un tono anaranjado casi rojizo en el firmamento y poco a poco las tinieblas cubrían los recovecos del bosque, como una pantalla las altas copas de los árboles impedían qué los halos luminosos vástagos del astro rey se colasen hacia el interior del pequeño ecosistema formado en los exteriores de Fiore.

- El aire fresco comenzaba a soplar desde el norte interponiéndose entre la gelidez y su cuerpo llevaba puesto cierto abrigo amarronado de cordero, el qué vestía el hijo de Ardreghar y para entonces lo mantenía a una temperatura estable, no obstante y de todos modos la congelada respiración del pelirrojo modos era visible con cada exhalación, manos en el bolsillo y una actitud qué no distaba en nada de la habitual, recorriendo con sus ambarinos e indiferentes orbes el estético paisaje qué se le presentaba, los arbustos se movían a un par de metros << Ardillas >> Olfateó para confirmar la sospecha (como su padre le enseñó alguna vez) pues reacio a confiar tan sólo en lo qué sus globos oculares perciben aprovechaba el agudizado olfato, mismo sentido qué notaba una fuerte fragancia silvestre qué Rexus identificó como menta... u otra cosa, después de todo el pelirrojo poco sabe de herbolaria o semejantes, decir lo contrario sería mentir. Pese a ello le fue imposible no seguir el rastro de una esencia qué llamaba su atención, sobretodo porque no la conocía en absoluto, distinta y distante en el sentido qué nunca antes presenció un aroma remotamente parecido, no del qué estuviese consciente por lo menos. Meditabundo, más despreocupado definió el curso de su caminar hacia un punto fijo.

- Cruzó el ramerio a nivel de la tierra evitando arbustos espinosos surcasen sus ropas o cuerpo adentrándose en la parte más densa de la arboleda donde provenía la ya mencionada fragancia... esta se hacía más intensa y notable a medida qué se acercaba. ¿Una especie de flor o hierba totalmente desconocida? A lo mejor era sí, pero hubo una sensación de duda mucho más intrigante en el acto para desencadenar qué el mismo mago quisiera cerciorarse con sus propios ojos, un resquicio de humano y otro elemento de misteriosa procedencia clavaban la duda en Rexus. Marchaba a paso cansino, distancia aproximada de quince metros separaban la silueta del joven hacia su destino, contemplaba un 'algo'... ¿o un alguien? Avistó el fin de largas e interminables piernas, tobillos blancos sobre los cuales descendían pétalos qué cual cabellera  provenían de su cabeza, tonos rosas, anaranjados y carmín recubrían lo qué parecía ser la forma de un cuerpo ¿femenino, humano? Ardreghar llevaba consigo más dudas qué certezas, aún así siguió acercándose.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 29/09/15, 06:00 pm

No tenía motivos para estar allí, del mismo modo que no tenía motivos para estar en cualquier lado y, si no era así, daba igual, el recuerdo de algo como eso hacía tiempo que desapareció. Por eso solo caminaba, siempre en línea recta, avanzar era lo único que podía hacer pero por pura inercia, igual que el mundo gira sobre si mismo. ¿Esa sería su existencia? ¿Eso era existir siquiera? Preguntas que cualquiera se haría, pero no aquel ser que vagaba entre la maleza y confundiéndose con ella. Ella no tenía preguntas, porque no necesitaba respuestas.

Llevaba días caminando, sin prisa, pero no se detuvo ni para descansar o alimentarse, y una sensación extraña recorría parte de sus piernas y sus pies ensangrentados, dejando tras ella todo un reguero de huellas rojizas. Se miraba los pies, no entendía porqué cada vez que los apoyaba en el suelo para dar un nuevo paso era como si miles de agujas se incrustasen en su carne, pero su rostro no reflejaba dolor alguno, solo incertidumbre y hasta curiosidad. Le resultaba bonito el contraste del carmesí con el blanco de su piel, quizás por eso no se detenía, tenía mucho más blanco que cubrir, aunque lentamente el frío de la noche iba haciendo mella en ella poco a poco, algo de lo que tampoco era consciente.

Sin saber hacia donde iban sus pasos, pero dejando marcado de donde venían, su cuerpo tiritaba con suavidad, como un intento desesperado por no perder más calor. Sin embargo lo que su cuerpo suplicaba no llegaba hasta su mente. Sí se sentía incómoda pero, de nuevo, no sabía el porqué. Apretó los labios y con cada exhalación veía escapar el vaho por sus fosas nasales. Las primeras veces rió de manera divertida, ahora se limitaba a sonreír contenta pese a su estado. Bendita ignorancia, como se solía decir. En un momento dado, se abrazó a si misma casi sin percatarse de ello, y sus pasos se volvieron algo erráticos, sufriendo un par de tropiezos que abrieron más las heridas de sus pies, pero aún así no se detuvo. Había algo que seguía impulsándola a avanzar, tal vez un instinto primario o el destino.

La noche había caído, envolviéndolo casi todo con su manto de oscuridad absoluta, pero entre las ramas de los árboles de vez en cuando se vislumbraba una enorme y pálida luna, a la cual la muchacha dedicó una sonrisa agradecida. Y entonces se detuvo. Tal y como comenzó a caminar se paró, sin motivo o razón aparente. Su expresión comenzó a cambiar, su sonrisa desapareció hasta una mueca triste, y sus ojos se veían apesadumbrados.- Ya está aquí.- murmuró extendiendo un brazo al frente, por donde caía una de las miles de hojas que cubrirían el suelo con esa alfombra de colores cálidos, pero ella detestaba el otoño, siempre la entristecía, al igual que en esa ocasión. Escuchó sonidos a su espalda, pero no les prestó atención. ¿Por qué prestar atención a otras cosas cuando no sabes qué es el miedo?

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Rexus Ardreghar el 29/09/15, 10:08 pm

- Testigo del fenómeno denominado ocaso donde el luminoso astro esconde sus colmillos para dejar al mundo terrenal bajo la atenta supervisión de su compañera, la dama nocturna, cual ritual estelar el rojizo era reemplazando por el vacío de las tinieblas, la figura esférica de la luna era visible para la gran mayoría más no pera el pelirrojo sumido en lo denso de la arboleda, entonces los orbes del chico apenas podían contemplar lo qué tenía enfrente... ¿acaso lo qué parecía estar viendo era producto de la poco precisa vista? No, no era ninguna ilusión o confusión, el silencio de la atmósfera casi mágica e idílica de este virgen ambiente producto de la proliferación de la naturaleza misma imperaba salvo el sonido de los seres del bosque, búhos qué comenzaban a graznar observando con sus grandes, redondeadas y amarillentas pupilas cumpliendo el papel de la vigila, algún qué otro grillo qué despertaba de su sueño para poner de manifiesto el canto típico de dicha especie, por lo demás sólo estaban ellos dos, el mago de rojizos cabellos y la silueta de un ser qué tan delicado como una flor daba la espalda ignorando la curiosidad del otro personaje.

- Rexus no alzó su voz, seguramente porque no supo qué decir, las hojas seguían crujiendo con cada paso adelante qué le acercaba  a la figura contraria, la examinaba con cuidado siendo qué no sacaría ninguna conclusión apresurada, más espectador qué juez percibió el detalle de sus pálidos pies, sangrantes irradiaban el color de la sangre seca entre sus pies y tobillos. ¿Las razones, pisó espinas, recorrió el trecho del bosque descalza a lo mejor? Careció de relevancia, en todo caso lo qué necesitaba la frágil y única existencia qué los ojos ambarinos de Ardreghar tenían el honor de conocer era un brazo amable, un extremidad qué dispuesta bien dispuesta se le estreche, no lo debió pensar ni mucho menos... la voz del subconsciente habló, y el instinto protector del dragón tuvo qué aflorar. ¿Hacer el bien, o el mal, ayudar a otros en momentos de necesidad, cuestión de principios? Fue mucho más simple qué eso, como alguien impulsivo Rexus redujo el margen a la nada misma, de espalda a los multicolores pétalos siguió admirándolos, un halo de luz lunar se reflejó en ellos provocando qué la escena se vuelva tan bonita como triste cuando la voz aquejada del ser demostraba tener consciencia y uso de razón, una qué probaba ser taciturna, y tan endeble como su misma apariencia, acaparando la legítima atención del pelirrojo este alzó su voz respondiendo y en el acto sugiriendo qué su soledad era resquebrajada, para bien. – ¿Quien está aquí? Salvo nosotros, nadie más. – Emitió cálido, la brisa parecía estar jugando con los pétalos de la flor cuando de repente un mechón se extendió hacia sus dedos por gracia y obra de un repentino soplido, paseándose por su tacto. Absortó el mago dejó qué los segundos pasasen sin reacción alguna.  

– Estás desabrigada, deja qué... – Hasta qué milagrosamente volvió en sí retirándose de un tirón el abrigo para colocarlo sobre los hombros de la fémina, no terminó el enunciado con palabras sino con hechos, el roce de su mano con los la piel helada de los hombros ajenos denotó un halo de preocupación qué reflejado en su rostro le hizo comprender qué no eran meras suposiciones suyas sino qué aquel hacía ostento de una condición sumamente ¿crítica, delicada? Tal vez ambas o ninguna, Rexus se encontraba lejos de saber o conocer lo qué acontecía con una personas de características tan singulares, por ende se refugiaría en su ignorancia con la única pretensión de mirar por el presente de ese ser trazando la analogía de qué como cualquier flor enferma aquella necesitaba de cierto cuidado, y atención. Dudaba de poder dárselo, más nada perdía por intentar, tan delicadamente como pudo el pelirrojo tomó a la fémina por sus pequeños y delgados brazos para introducirlos en el interior de las forradas mangas de cordero qué minímamente le ayudarían a conservar el poco calor vigente en su interior. – ¿Por qué te encuentras aquí? – Cuestionó sin más preámbulos colocándose de frente a las afligidas y pálidas facciones ajenas, esferas amarillentas, casi doradas, y vidriosas, dotadas con una impalpable sensación pena e inocencia, una qué un mero ser humano no comprendería (Rexus no lo hizo), las largas pestañas qué le adornaban ayudaban a qué uno se perdiese en la inmensidad de aquel universo, vestido con una camiseta blanca, jeans con correas y zapatos de mezclilla el Dragon Slayer alardeaba de su casi permanente semblante indiferente salvo una especie de impresión qué dominaba de modos apenas perceptible una atenta mirada.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 30/09/15, 07:01 am

Estiró los dedos a tiempo de rozar aquella hoja marchita que no era otra cosa que el preámbulo del sueño moribundo en el que comenzaba a sumirse el mundo. Cerró la mano un segundo, alzó la vista hacia las ramas que, mecidas por el viento, parecían recitar un réquiem por todo lo que estaba por morir. Muy despacio volvió a abrir la mano con la palma hacia arriba, sin dejar de escuchar los sonidos de su espalda.- El otoño, con su sueño de muerte.- respondió con una voz dulce aunque en tono monótono, como si esa pregunta a la que daba respuesta únicamente estuviera en su cabeza. Y tal vez era así, después de todo no estaba ella sola allí dentro.

Se mantuvo inmóvil, notando como la desagradable sensación de sus pies subía aún más por sus piernas para terminar mezclándose con el desasosiego de saber que el otoño ya estaba allí, acechando. Un fragancia dulzona comenzó a llenar el lugar poco a poco, pero sin llegar a hacerse pesada, pues el viento se encargaba de llevarla en todas direcciones, al igual que ocurría con su extraño cabello, que se mecía lentamente, dándole un aura aún más melancólico, aunque eso escapaba de la atención de la muchacha, cuyos ojos se limitaban a seguir la caída de las hojas con la mano extendida, en donde ya había una.

De nuevo a su espalda escuchó esa voz, masculina, grave pero al mismo tiempo tranquilizadora. Apenas esas palabras dejaron la frase inconclusa, pareció que depositaban un peso sobre sus entumecidos hombros. ¿Cómo era posible que las palabras fuesen una carga tan real como esa? Muy despacio bajó la mano, dejando que la hoja siguiese su camino al suelo, y giró el rostro hacia su hombro derecho, donde había algo que antes no estaba. Sin entender qué ocurría, frunció ligeramente el ceño, pero antes de llegar a formular lentamente cualquier pregunta, sus brazos se movieron sin su consentimiento y pronto una nueva sensación de calidez parecía recorrer la parte superior de su cuerpo. Era tan agradable, tan reconfortante, tan…cálido.

Paulatinamente comenzó a esbozar una sonrisa, al principio tímida y pequeña, pero que creció hasta transmitir conforto e incluso alegría a pesar de que su condición física fuese desastrosa. Cerró los ojos y se dejó envolver por el calor que antes había sido de otra persona, encogiendo un poco el cuello y metiendo las manos en el interior de las mangas, hasta que solo sus ojos cerrados quedasen visibles, al igual que su larga cabellera, asomando por debajo. Aspiró con fuerza, captando un olor que no era suyo, no era desagradable aunque sí extraño. Expiró sintiendo como su propio aliento le calentaba más, y solo pudo seguir sonriendo, incluso cuando abrió los ojos por una pregunta que no entendió.

Fijó la vista en quien estaba frente a ella, un hombre de cabello rojizo y camiseta blanca que parecía brillar más a la luz de la luna. Guardó silencio mientras sus ojos lo recorrían queriendo asegurarse de que realmente estaba ahí, recorriendo centímetro a centímetro, hasta detenerse en unos orbes dorados que le transmitieron cierta preocupación, puede que incluso pesar.- ¿Debería estar en otro sitio?- respondió con la misma voz aterciopelada, dejando que su sonrisa se percibiera a través de aquella prenda, y entonces dio un paso hacia él, sacando la mano derecha para volver a extenderla, esta vez en dirección a su rostro, donde rozó una de sus mejillas con la yema de los dedos.- ¿Por qué pareces tan apesadumbrado?- ladeó la cabeza, poniendo fin al efímero contacto, pero dejando la mano a escasos milímetros de su piel, curiosa por saber qué clase de carga era la que le impedía sonreír. ¿Quizás tampoco le gustaba el otoño?

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Rexus Ardreghar el 01/10/15, 06:23 pm

- Inhalando una profunda bocanada de aire, y examinando con más detalle la morfología de una figura tan extravagante se encaprichó con definir tal singularidad como preciosa, no como mujer sino como un radiante producto de la naturaleza, el aroma define la esencia y como claro indicativa de esa norma la primera impresión no fue equívoca con respecto a la constitución de una forma de híbrida entre la consciencia del ser humano y las características de la flora. Pétalos, cabellos, o ambas danzaban al son de la brisa, al unísono dibujaban la impensada belleza de la melancolía de forma más vívida y legítima de lo qué un poema pueda hacerlo. Ardreghar aún lo sabía, más era afortunado, fue afortunado al presenciar la simbiosis del misterio y la magia tomar vida propia para encarnarse en un ser con consciencia propia, de repente las palabras mansas y acarameladas de ella cobraron sentido cuando definía la llegada de la estación de las festividades como un evento mortífero adjudicándole al cambio un tinte lánguido usando las palabras exactas de 'un sueño de muerte'. ¿Como explicar qué era justamente lo contrario cuando lo exclamaba con tanta seguridad? Negándose, tomó los sentimientos sinceros de la joven flor cuyo temor desmedido figuraba irreal, tan sólo respondió en tono suave a las palabras ajenas... – De cualquiera manera no tienes porqué temer. – Sintió qué eran las palabras correctas para borrar la sensación a la cual ella aludía como 'muerte' << ¿A qué se refiere? >> No pudo evitar cuestionarse, acaso consideraba la caída de las caducas el deceso de la vida misma más el pelirrojo no lo entendería de esa manera, asimismo las ocres hojas seguían descendiendo alimentando la amarillenta alfombra, y la creencia ajena de qué el otoño es sinónimo de fin.

- El abrigo cumplió ampliamente la figura menuda contraria vistiéndola y traspasando el calor qué no faltaba al cuerpo del pelirrojo hacia la desprotegida mujer, a la altura de sus muslos se extendía y bailando por su amplitud a la altura de los brazos la dotaba de una apariencia un tanto cómica sino fuese por su estado de fragilidad, subió el cierre del mismo, y contempló con más claridad además atención las facciones pálidas trazadas en ese rostro qué a pesar de todo paulatinamente se pintaba de colorado, simétrico, ostentoso de una mirada profunda y transparente, el mundo dorado qué provenía de sus globos oculares acompañó el ámbar de Rexus en el momento qué la tímida sonrisa de ella afloraba, primero con timidez más terminó por abrirse para desenvolverse y proyectar la luz de la cual inicialmente pareció carecer. El fuero interno del otro quiso conmoverse absorbiendo el halo alegre qué tomó lugar en el semblante ajeno más no lo haría a pesar de la intención, aún así se alegró e inclusive sintió feliz durante esos segundos en los qué la curvatura de los finos y rosados labios de la joven substituyeron al tristeza.

- Tal vez la pregunta de Rexus no fue concreta o perspicaz, con sorpresa la flor re-preguntaba... ¿por qué no estaba mal qué se encontrase allí? El pelirrojo no pudo decir con precisión el porqué, eran más bien las circunstancias con las cuales ellas convivía las qué provocaban el interrogante y la queja del mago. – Quizá, te encuentras sola, sangrando, y helada en un lugar desolado. Y nadie debe estar solo en estas condiciones, sobretodo no tú. – Afirmó en lo qué sonó como una sugerencia, una qué denotaba cierta preocupación y al mismo tiempo... ¿reproche? Uno fraternal qué era inspirado por la singular perspectiva ajena cuya razón impoluta no apreciaba el peligro, de pronto las facciones de Rexus fueron marcadas por el tacto terso de la pelirrosa, breve más estremecedor dejó absorto al joven, conjugándose el momento en el cual las miradas de uno y otra se encontraron, atrapó visualmente las palabras qué provenían de los labios contrarios, la voz suave y dulce de la fémina lo despertó del sueño y forzado a contestar frunció el ceño pues desconocía la respuesta, entonces predominó el silencio, el sonido de los grillos imperó como un matiz propio de la nochecita boscosa, Ardreghar en el intento de menguar las dudas y dar una respuesta adecuada terminaría por alzar tenue la voz. – No lo sé. – Fue lo más sincero qué pudo exclamar, una pausa entremedio dio cabida a la siguiente frase... – Tengo una idea, si me permites acompañarte me ayudarías a averiguarlo, y dejarías de estar tan sola. – Propuso remanso, más determinado. – El otoño está aquí no obstante puede qué lo haga parecer primavera. – Parafraseó formándose una muy tenue, además de cansina risa en las fauces y labios del ojos de ámbar.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 02/10/15, 06:28 am

¿Temor? Ella no sentía temor en absoluto. Para eso, primero necesitas saber cosas y todos sus conocimientos fueron arrancados tiempo atrás, induciéndola a un bucle que parecía eterno de olvido. El único consuelo que podría quedarle a esta desdichada criatura es que nada podía dañarla, no por mucho tiempo al menos, porque esto siempre terminaba precipitándose en el oscuro abismo de su memoria, que parecía no tener fin. Sin embargo la fémina no dijo nada más, no rebatió su extraño argumento, tal vez él lo decía para espantar sus propios miedos. No lo entendió, pero sí lo consideró legítimo.

Acurrucada en aquella prenda se sentía mejor que nunca. El calor la reconfortaba, el material suave parecía lamer su piel para que pudiera volver a sentir, y su cuerpo entero lo agradecía, dejando de temblar poco a poco y agradeciendo ese abrazo cálido, devolviendo el color a su rostro cansado, pero sonriente. Sin embargo la molestia de sus piernas no cesaba aunque la sangre parecía haber dejado de correr. Ignoró esto por completo, cambiando el peso de un pie a otro de vez en cuando y, pese al dolor, su rostro no reflejó nada de eso, seguía mostrando la misma sonrisa que se transformó en curiosidad en cuanto respondió a su pregunta con otra.

Le escuchaba con atención, pero no lograba descubrir el porqué estaba mal que ella estuviera allí o que estuviera sola. Nadie hasta entonces se había cruzado en su camino, nada la ataba a ninguna parte, ni prácticamente al mundo, había vagado sin molestar a nadie. ¿Había alguna regla que prohibiese algo como eso? Pero lo que más confusión le causó fue lo último que dijo, al parecer tenía algo especial que hacía que su comportamiento fuera aún más errado, pero era incapaz de entender el motivo. Pensativa, bajó la mirada un poco, tratando de poder encajar todas las piezas que a ella se le hacían harto complicadas, y eso le molestaba. De algún modo era como si tuviera la respuesta frente a ella, pero fuese incapaz de entenderla, por muy sencillo que pudiera ser.

Sin embargo, y por suerte para ella, el mismo contacto con el que lanzó la pregunta a ese extraño la ayudó a ella a no perderse una vez más. Esperó la respuesta paciente, observando sus reacciones con una mirada dulce e inocente, maternal en cierto modo. Y esta se vio acompañada por una sonrisa a juego cuando al fin obtuvo una respuesta que, en realidad, no decía nada. Retiró la mano despacio, escondiéndola nuevamente en el interior de la prenda, y también bajó la mirada, como si ya un hubiera nada más que decir entre ellos dos. Su sonrisa se mantenía pintada en sus labios, una pequeña, apenas visible, pero que parecía imborrable. Y esa cálida voz volvió a escucharse.

Alzó la cabeza lentamente hasta volver a encontrarse con esa mirada que, de algún modo, parecía ardiente, ocultó de nuevo parte del rostro dentro de la prenda y miró extrañada al hombre, al no entender en qué podría ayudar ella a ese descubrimiento. Por otra parte, casi parecía ser él quien no quisiera estar solo por allí, y era tan libre de acompañarla como ella de caminar por donde quisiera, pero sus últimas palabras consiguieron arrancarle una risa alegre, aunque en tono bajo y que le hicieron asentir casi de inmediato, sin pensar más en ello. Ya solo quedaba entonces reanudar el camino, y eso es lo que hizo. El primer paso le hizo apretar los labios por las molestias y el dolor, mucho mayores ahora que había estado un rato inmóvil, pero eso no la detuvo. Al principio despacio y con cierta dificultad, pero tras varios pasos volvió a tomar el ritmo, miró hacia atrás en busca del desconocido y le sonrió con la mirada, invitándole a seguirla. ¿A dónde? A cualquier parte.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Rexus Ardreghar el 03/10/15, 07:29 pm

- Cuando el habla del pelirrojo tuvo punto final daba espacio a qué la fémina alzase su voz asimismo permaneció en silencio, imperando para entonces la sinfonías naturales qué acaparaban la arboleda y el sonido del viento qué con más intensidad comenzaría a soplar y chillar durante esos segundos qué se pasaban rápido para el joven concentrándose en el cambiante semblante ajeno, de afligido a alegre y también a confuso << No es algo qué pueda entender >> Concluyo volviendo a enternecerse por el modo en el cual ella se aferraba al abrigo propio, de verdad se encontraba congelada... y el poder remediar eso en cierta medida entibiaba su corazón. Correspondió la sonrisa más no se hacía una idea del dolor qué experimentaba con el simple hecho de erguirse sobre sus lesionados tallos, perceptible en los gestos corporales de la flor trasladaba el peso de su cuerpo de un lado hacia otro. ¿Y todavía no entendía qué era lo qué estaba mal? Rexus sacudió su cabeza de un lado hacia otro mirando el suelo como diciendo 'no, no...' lo hizo en dos o tres ocasiones denotándose su fastidio ¿de aquello sí se daría cuenta? Difícilmente. Cualquier otro lo hubiese entendido sin chistar más no ella, lo qué la hizo especial y diferente también parecía herirla, y por más qué uno lo supiese carecía de la suficiente locuacidad como para expresarlo de modo convincente en el habla, entonces Ardreghar también haría silencio, las hojas barridas por los soplidos otoñales se precipitaban hacia los pies de ambos, las más livianas alcanzaban a planear para pocos metros después descender naturalmente volviendo a acompañar a sus pares.

- La hizo sonreír, no supo como pero lo hizo, privado de la total comprensión del acto opinó qué le encontraba divertido. Tampoco recordó sus exactas palabras (las propias), pues no las hubo pensado antes de soltarlas, lo qué a la postre alimentó la incertidumbre, en todo caso continuaba considerando lo mismo qué al comienzo, intuyendo qué habría de cobijarla del desamparo y qué no le permitiría quedarse sola en el bosque. ¿La convencería de irse, u obligaría? No, tampoco. Pero él permanecería allí, en principio lo sintió como una obligación... paulatinamente se transformaba en algo qué estaba gustoso de hacer, no se debatió un segundo lo qué haría después, al ser testigo de esa sonrisa dulce y gesto inocente reconoció su propia debilidad después de todo. El suelo qué pisaba se entibiaría, cual horno proyectó el calor de su espíritu de forma inconsciente, no fue sencillo o complicado.... sencillamente lo hizo. Tampoco rendiría frutos enseguida más los minutos harían de esa ínfima parte del bosque un sitio donde el frescor se asemejase a una mera anécdota cumpliendo en parte la promesa legítima de qué el otoño se volvería primavera, estaba quieto sin embargo. No obstante metros por debajo la tierra mutaba en magma dando un uso nuevo a la peculiar habilidad qué heredó del dragón rojo... por primera vez no la implementaba para la destrucción o la muerte.

– ¿Deseas irte, acaso no te gusta el calor? – Cuestionó siguiendo los pasos de la flor cuando pretendía escaparse momentáneamente de él, una mueca de dolor marcó su rostro y en el instante Ardreghar la detuvo extendiendo su firme tacto hacia la mano ajena, la qué quería esconderse entre el ropaje qué Rexus mismo le entregó, la sujetó y en el acto acariciando el dorso de su mano para qué perciba el calor de la cual el invierno la despojaba, la volvió a soltar pero antes haría una muy concisa acotación... – Te duele ¿verdad? – Puntualizó colocando su fuerte figura por delante de la delicada silueta femeninas antes de flexionar sus piernas ligeramente dándole la espalda, apartando la mochila de la misma y sujetándola con la mano zurda dijo. – No pareces pesada, podría cargarte sin mucho problema. Sólo tienes qué aferrarte a mí, yo haré el resto... el dolor desaparecerá. Apóyate en mis hombros y entrelaza tus manos alrededor del cuello. – Propondría sin dejarla avanzar, colocándose como un obstáculo en el camino ofreciendo una temporal solución para las lesiones qué presentaba en la planta de sus pies y aquejaban. Ella decidiría hacia donde más sería el pelirrojo quien se encargarse de llevarlos hacia ese lugar... por más qué desconociese cual. No desconfiaba en absoluto.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 06/10/15, 06:55 am

Se detuvo en seco, mirándole con la cabeza ladeada y dejando que sus orbes dorados reflejasen la confusión que nuevamente le invadía. ¿Por qué ahora la detenía si había dicho que iría con ella? La fémina comenzó a entender paulatinamente lo complicado que era tratar con alguien más, hasta que él llegó no había habido dudas, ni preguntas que necesitasen respuesta, se había limitado a avanzar junto con el tiempo. ¿Había sido bueno, malo? Simplemente había sido, pero ahora todo era mucho más complicado, y eso no sabía si le gustaba o no.

Sus ojos se clavaron en los ajenos fijamente, casi sin pestañear, y no apartó la mirada de ellos ni tan siquiera cuando notó el tacto de una cálida mano sobre la suya. Pero sí tuvo una sensación, una extraña y que no recordaba haber experimentado antes, aunque lo había hecho miles de veces, un presentimiento de que iba a robarle algo si seguían tocándose, algo importante y que ella no iba a poder evitar arrebatarle. Notó su corazón acelerarse, se puso nerviosa pero también estaba bloqueada, sintiéndose incapaz de retirar la mano y decirle que la quitase él, su cerebro parecía completamente subyugado al apetito de su cuerpo, de su piel. Lo notaba llegar, como si algo se extendiese velozmente desde el interior de su cuerpo hacia fuera por cada poro de su piel antes de comenzar a tragar. Ya estaba, faltaba poco, y eso la asustaba.

En el último momento, tras una caricia que no pudo disfrutar, la cálida mano se separó de la suya antes de que su piel diera el mordisco final. Como si de una fiera irritada por haber dejado escapar a su presa en el último momento, esa sensación depredadora se fue apagando como una hoguera, pero quedaban las ascuas. Su corazón seguía bombeando fuerte, ella miró los alrededores sin ver nada ni mover la cabeza, solo encogiéndose un poco más en el abrigo en busca de algo que la protegiera de esa sensación tan extraña. Cuando su mirada volvió a centrarse, descubrió al extraño frente a ella, agachado y parecía estar esperando por algo. Tomó aire tratando de tranquilizarse y se agachó a su lado, percatándose de que hacía allí hacía más calor que antes y parecía que, cuanto más se acercase a él, más aumentaba la temperatura.- ¿Qué eres?- le miró fijamente a pocos centímetros de su rostro, dejando que su curiosidad una vez más tomase las riendas de su cuerpo. Pero no se mantuvo quieta a esperar la respuesta, volvió a erguirse y observó su espalda, no había escuchado sus palabras anteriores, pero una postura como esa solo podía significar que estaba descansando, lo cual no parecía muy probable porque no tenía apariencia de cansado, o que quería que se subiera.

No las tenía todas consigo, pero se puso tras él y, con cuidado, se dejó caer sobre su espalda, sin llegar a agarrarse en un primer momento. Cerró los ojos y suspiró, podía notar su calor y casi sus latidos sobre el propio pecho al presionar el cuerpo contra el suyo. Muy despacio volvió abrir los ojos y fue entonces cuando pasó los brazos por su cuello, despacio, como si tuviera miedo de romperse por algún movimiento brusco.- ¿A dónde vamos?- susurró cerca de su oído, sintiendo, ahora sí, que las fuerzas empezaban a fallarle pero la molestia de sus piernas se hacía menos notable. Realmente era como si la primavera hubiera llegado para salvarla.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Rexus Ardreghar el 07/10/15, 03:47 pm

- El conocimiento qué disponían el uno del otro escaseaba, y quizá por ello en algún punto se descolocaban de manera constantes, efectos colaterales del relacionamiento entre dos personas que´a priori figuraban tan distintas... ¿entonces entenderse mutuamente no era diferente a una utopía? Tal vez de momento, el joven pelirrojo desorbitaba los grandes orbes dorados de la fémina cuyo nombre todavía se presentaba como una interrogante, afortunadamente para él no tenía qué meditar mucho sobre cada acción, por lo qué la situación avanzó sin sobresaltos. La expresión de ella sólo irradiaba una especie de tierna confusión, clavándose en Rexus más entrando en una especie de nerviosismo a medida qué el calor surgía del subsuelo para combatir el colmillo del otoño qué para ella trazaba la muerte misma, una vez más la consulta de este pasó desapercibida o fue ignorada, lo qué no pareció afectar en absoluto la actitud de quien en medio de la arboleda era el forastero. ¿Acaso no sabía responder, o sencillamente no quería? No era por malicia, eso estaba bastante claro para el mago quien no osaría seguir preguntando y por ende presionando los frágiles pétalos ajenos. Del mismo modo, esquivaría el tibio tacto de Ardreghar, siendo aquella la cúspide del estado exaltado qué parecía apoderarse del singular ser ¿la cercanía como gran culpable? Pese a ello el pelirrojo no tuvo la más mínima intención de retroceder, sintió un halo de culpabilidad emergiendo en su interior cuando ella se resguardaba acurrucándose en el abrigo, tan confusa como débil en la inconsciente búsqueda de un bálsamo donde apoyarse en momentos donde la intemperie aparecía para cubrirla en tinieblas... el de ojos ambarinos supo qué todavía no podría brindar una ayuda tal qué la haga emerger de tal inseguridad, aquello no estaba entre sus posibilidades y así sencillamente esperó a qué se recompusiera brindando su espalda cual pilar para qué la flor depositase su mínimo peso en él, la observaba de reojo cuando una consulta hizo qué frunciese el ceño y a la postre liberara sus labios para responder con tono cálido a la interpelación extraña qué le efectuó... << ¿Qué soy? >> Dudaba de qué pudiese llenar las expectativas de la fémina con una respuesta demasiado concisa, más lo intentó.

– Un mero hombre, capaz de imitar la magia de los dragones... ¿sabes lo qué es un dragón, verdad? – Cuestionó con verdadera incertidumbre sobre si acaso esa palabra significaría algo para la fémina, dando el beneficio de la duda claro está. Haría una acotación mientras tanto. – Pero dime Rexus, con eso basta. –  Esbozó una breve y sentida sonrisa destinada a desaparecer un instante después. – ¿Tienes un nombre por el cual pueda llamarte? – Cuestionó posteriormente dueño de cierta intriga, percibió el roce de la silueta ajena contra su espalda dejándose caer y enderezó su espalda para levantarla en el acto con el designio de sacar a lesionados pies contrarios del suplicio, no le fue nada difícil en realidad... supuso qué el peso de la flor era insignificante y no se equivocó en lo más mínimo, de repente ella se encontraba sobre él con las piernas en el aire y Ardreghar dando un paso hacia el frente. El tacto suave y terso de la flor acarició cuidadosamente el cuello propio comprobando entonces qué la temperatura de la antes helada tez contraria, y provocando cosquillas al unísono. No pudo rehuirse al sentir de satisfacción pues algo venía haciendo bien, ahora estaban en contacto directo y a lo mejor se daría cuenta de qué todo ese calor venía desde el mismo cuerpo de Rexus quien alzaba la voz una vez más. – Aférrate. – Requirió, realmente la endeble figura de la chica no hacía ningún daño, y ante el peligro de caerse le pareció más efectivo el nuevo prospecto, para asegurarse de ello aprisionó las piernas ajenas entre sus manos y cintura a la altura de las pantorrillas. La dermis de Ardreghar se estremecía percibiendo la acelerada respiración del ser qué cargaba a su espalda, su voz entretanto sonaba cerca del oído, mientras tanto los palpitaciones incrementaban su ritmo y ante la cercanía fue imposible no notarlo. – Vamos a comer algo caliente, y a menguar el dolor en tus pies. ¿Quieres? – Prometió, y cuestionó avanzando en el pastizal, la mochila qué portaba se le hacía incómoda y la acercó hacia ella... – ¿La llevarías en mi lugar? – Le pidió con la intención de usas sus brazos para hacer a un lado un circunstancial obstáculo, la orientación del mago no era del todo buena al caer de la noche más tenía un olfato, uno muy bueno. Supuso qué era una buena oportunidad para mejorar el estado de debilidad qué motivaba su preocupación ¿pero como reaccionaría ella ante el primer indicio de civilización?

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 13/10/15, 04:44 am

¿Un dragón? Rebuscó en el archivo de su memoria y, efectivamente, sabía qué era un dragón, sin embargo cosas que a priori debían ser más importantes y básicas como quién era ella, qué día era o cuál era su lugar en el mundo permanecían completamente en negro. Esto debería haber resultado frustrante para ella, pero la ignorancia de que eso fuera algo que tendría que saber la salvó de tener que autoflagelarse por no ser capaz de recordar quien era. Asintió con un movimiento veloz de cabeza al mismo tiempo que su cuerpo se tensaba levemente cuando sus pies dejaron de tocar el suelo. Aquello le sorprendió tanto que se agarró con algo más de fuerza y miró hacia abajo, observando como él se erguía de manera cuidadosa y la sostenía por las piernas. Aún no había desaparecido del todo la sensación de segundos atrás en su cuerpo, pero esta ahora parecía dormida y sin intenciones de ponerse en marcha, lo que la tranquilizó en cierta medida.

- El hombre - dragón Rexus.- repitió ladeando la cabeza para poder observar su rostro con una pequeña sonrisa. No le veía ningún parecido a un dragón, ni escamas, ni cola o alas, quizás los dientes sí los tuviera afilados, pero aún no se había fijado en ellos. La pregunta que él le lanzó la dejó pensativa, bajó la cabeza hasta apoyar el mentón sobre el brazo y trató de hacer memoria. Sabía el nombre de muchas cosas, árboles, animales, incluso estrellas, pero no había tenido la necesidad de nombrarse a si misma en ningún momento. Ella era ella, así de simple.- Nadie me ha llamado nunca, no tiene sentido nombrar algo que no necesita nombre.- respondió con cierta lentitud, aun poco confundida por el enrevesamiento de sus propias palabras, sobre todo porque ahora sí parecía necesitarlo, pero no sabía como se ponía nombre a las cosas.- ¿Me… Me darías uno?- volvió a mirarle con sus enormes ojos dorados, atenta y en cierto modo emocionada por la posibilidad de tener algo que sería solo suyo.

Poco a poco comenzaron a moverse, frente a la orden dada, la fémina obedeció agarrándose con algo más de fuerza a su cuello, mientras repetía el nombre del pelirrojo mentalmente una y otra vez. No sabía muy bien como colocarse, por el momento continuó con el mentón sobre el brazo, observando el camino que él decidía tomar para comer y curarse.- Supongo.- susurró como respuesta, si allí era a donde él quería ir, allí irían, era raro caminar con un rumbo o algo que querer alcanzar al final del camino. Y entonces le pidió algo extraño para ella. Observó la mochila en silencio durante varios segundos antes de agarrarla cuidadosamente con una mano, ya se la había visto antes, pero pensó que se trataba de una especie de joroba, nunca creyó que se trataría de una de quita y pon. Extendió la mano con la que la mantenía agarrada hacia un lado y siguió mirando esa cosa con el ceño fruncido. La agitó un poco y escuchó que de su interior provenían varios sonidos a los que no pudo poner una imagen en ese momento. ¿Tenía que ir durante todo el trayecto así? Iba a ser muy incómodo. Entonces recordó cómo la había llevado él, o al menos en parte. Sostuvo una de las asas y se la pasó por la cabeza, cargando el peso hacia atrás, pero al llegar al cuello, esta empezó a ahogarle. La flor tosió un par de veces sin entender qué estaba mal y, con esfuerzo, pasó el brazo por el mismo sitio por el que había metido la cabeza. Había muy poco hueco, pero supuso que era así de ajustada para que no se moviera y, de este modo, no perderla.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Rexus Ardreghar el 20/10/15, 04:54 pm

- Crujía la alfombra anaranjada hija de la misma zona forestal ahora que desechaba aquella camada para renacer en la estación siguiente, crujía al son de los sórdidos pasos del pelirrojo quien con una tan delicada como liviana carga a su espalda se abría paso entretanto su silueta y la ajena se difuminaba a causa de las tinieblas reinantes, una mochila cedió a la flor siguiendo con el recorrido. ¿Cómo contaría esta experiencia cuando todo hubiese terminado, sonaría demencial verdad? Ir al encuentro de un ser tan único y propio de un cuento de hadas para después cargarlo llevándolo hacia un sitio a salvo, no sonaba creíble en primer instancia, más los primeros en observar la escena una vez hubiese llegado al poblado más cercano no tendrían otra que dar crédito a sus ojos. ¿Por ahora? Lo dicho, caminaba, con la no tan enfática intención de conocer la naturaleza de esa fémina que dijo no tener nombre... << ¿De verdad? Puede que haya vivido toda su vida en este bosque, quizá es donde pertenece >> Se cuestionaba mentalmente replanteando la idea inicial, y si acaso era correcto llevarla consigo a un sitio donde quizá nunca había estado, por lo pronto la denominación de la flor hacia le parecería un tanto cómica a Rexus, tanto que se vio obligado a sofocar el origen de una risa, por algún motivo el imaginarse como el mítico ser halado que antaño le dio un nombre resultó curioso, bien dentro sabía que su existencia era incomparable a la de un dragón (a lo mejor un pensamiento enfatizado  a causa de la gran admiración hacia ellos) asimismo no se sintió obligado ni quiso negar el susodicho seudónimo... 'hombre dragón'. Bueno, lo podía permitir. Irónico fue lo posterior... – ¿Qué te de un nombre? – El pelirrojo adoptó una postura pensativa meditandolo, no se sintió quien para hacerlo y nunca lo había hecho antes, o acaso imaginado. – Todos necesitamos un nombre. El ahora es la mayor prueba de ello. – No dudó en acotar, de repente un nombre vino a su mente, un conjunto de letras de procedencia desconocida que no recordaba haber escuchado y menos leído pero que no obstante se estrecharon a la imagen e idea que tenía del singular ser.

– Lilith... Dhaen. – Soltó manifestando en voz alta, detuvo su caminar en seco y volteó ligeramente su cuello para observar de refilón la expresión ajena, estar al tanto de su reacción y expresión... asimismo se encontraría con algo creyó yacía dormido, ternura en cierta medida y auténtica estupefacción ¿qué estaba intentando hacer la flor con la mochila, usarla de corbata? Enseñó sus dientes y las fauces lentamente se desfiguraban para ir de sonrisa a risotada, parecía estar sufriendo con el mero objeto colgado de su cuello. << Fue una mala idea pedirle que la lleve >> En unos instantes progresaría, lógicamente aquella no era la forma de acomodarla, no le dijo nada pues supuso que la mejor forma de aprender sería experimentando, como el infante o cachorro que gradualmente va conociendo el mundo no sólo con sus ojos sino con el tacto, tocando, probando, y en el proceso cometiendo errores... la flor ya había cometido algunos, de ellos algo que quedaría, contaba asimismo en esos segundos con alguien dispuesto a corregirla pues su risa no era cruel. – ¿Crees que te agrada, Lilith? – Consultó enlazando el nombre con la silueta e imagen de la flor, creyó que era apropiado para ella más faltaba la opinión de la misma misma víctima  o afortunada de ser por fin nombrada, a continuación la aconsejó en un tono que no hacía más que sugerir. –  A lo mejor te sería más sencillo si haces correr ambas asas por tus brazos y cuelgas de tus hombros...


Minutos después...


- El olfato de Rexus empezaba a concientizarse de aromas urbanos, y de hecho a algunos metros se podían observar luces y focos, la parte más densa de la arboleda quedaba atrás junto a las caducas extinguiéndose la alfombra anaranjada qué antes figuró interminable, ahora era un sendero de pasto corto y la obscuridad rivalizaba con leves halos luminosos distanciados de su lugar de origen con respecto a la posición actual del ojiámbar y la pelirrosa por cincuenta o sesenta metros, la espalda de este todavía no se encontraba cansada ni mucho menos más le reconfortaba el haber cubierto la distancia y poder cumplir lo qué antes prometió. – ¿Conoces este pueblo? – Preguntó Ardreghar, con la seria duda de si acaso conocía la civilización en absoluto.

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Re: Near the fall {Priv. Lilith}

Mensaje por Lilith Dhaen el 11/11/15, 03:00 pm

Daba igual lo mucho que se moviera, se sentía incómoda. Aquella cosa que Rexus le había dado era verdaderamente molesta y la seguía ahogando de medio lado. ¿No había otra forma más decente de transportar cosas? Una con la que no te ganaras una tortícolis y un buen raspazo en el cuello, el cual ya podía empezar a sentir. Agarró la mochila, intentando separarla de su piel, con la nariz arrugada más por el enfado que empezaba a crecer en ella que por la propia molestia del roce. Y tal era la concentración de la muchacha en aquel asunto que no prestó ninguna atención a lo que el hombre-dragón estuviera diciendo.

Mordió el asa más próxima, gruño con suavidad, y una fuerte risa la dejó totalmente helada. ¿Le había estado mirando? Giró la cabeza muy despacio hacia el frente, al mismo tiempo que soltaba la tela, y notó un extraño calor que recorría sus mejillas, aunque no fue capaz de asociarlo con el sonrojo propio de estar pasando vergüenza. Trató de aparentar normalidad, algo imposible a esas alturas, pero pronto las apariencias pasaron a un segundo plano. ¿Cómo la había llamado? Abrió los ojos en su totalidad, apretó los labios mientras una sonrisa cada vez más grande se formaba en ellos y asintió de manera enérgica. ¿Qué si le agradaba? ¡Vaya que sí! De manera inconsciente se agarró a él con más fuerza, mientras no dejaba de repetir mentalmente el que, a partir de entonces, sería su nombre: Lilith.

De pronto ya nada le molestaba, ni la mochila, ni los pies, nada, pero asintió ante las últimas palabras del pelirrojo, sin hacer caso realmente a lo que le decía, por eso la mochilla siguió enganchada a ella de la misma manera. De vez en cuando se removía un poco para evitar el roce, pero no volvió a quejarse. Apoyó el mentón nuevamente sobre el brazo y fijó la vista al frente, aunque sin llegar a ver realmente nada, pues solo tenía atención para ese nombre, el cual repetía una vez y otra, dándole diferentes entonaciones. De vez en cuando se le escapaba una pequeña risita y volvía a sumirse en el silencio.

Tan entretenida estuvo con aquello que podía parecer una nimiedad, que ni se dio cuenta de cuándo comenzaron a salir del bosque.- ¿Hmmm?- distraída miró primero a Rexus y después al frente, donde algo que parecía nuevo para ella comenzaba a alzarse. Entrecerró los ojos, fijando la mirada en el horizonte y negó despacio con la cabeza, escondiéndose un poco en la espalda de aquel hombre.- No lo recuerdo...- susurró y era cierto lo que dijo, pero sentía un cierto malestar ahora que lo veía, como si ya hubiera estado antes en algún lugar así y algo desafortunado hubiera ocurrido. Sin embargo no dijo nada, gual eran simples imaginaciones suyas, pues, según su memoria, nunca había salido de ese bosque.

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