Memento mori(Dunya, Harken)

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Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Harken Abardanel el 21/07/15, 05:11 pm

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Dunya el 24/07/15, 03:23 pm

Nada había salido como Dunya había planeado. Días atrás, tuvo lugar un conflicto mágico en la capital del reino con repercusión en la mayoría de la población que habitaba en la ciudad. Un nuevo caos de dragones había tenido acto y toda la civilización se había visto obligada a hacer algo para poder remediar lo sucedido. Los magos legales habían acudido para apoyar en la protección de los recién descubiertos huevos de las aladas y llameantes criaturas. Los magos oscuros tenían misión de crear un caos aún mayor, y con fuertes armas bajo su poder desataron una horrible escena haciendo creer a la población que sus máquinas de guerra con formas de dragones eran verdaderas bestias. Dunya fue testigo de cómo magos daban su vida por proteger lo que al reino pertenecía. Algunos consiguieron evitar que las sombras envolvieran los apreciados huevos, otros murieron en el intento, y otro como Dunya dieron el máximo apoyo sin realmente conseguir nada. Había peleado tanto cómo su cuerpo le permitía, había ayudado a sus compañeros en todo lo posible, había derrotado a tantos soldados oscuros cómo su capacidad física le hizo capaz, pero al final nada de ello tuvo fruto. La oscuridad realizó un temible ataque que ni siquiera la espíritu había sido capaz de soportar, aún siendo inmortal se vio obligada a regresar al Mundo Celestial. Fue cuestión de permanecer unas horas en su mundo para que cuando regresara varios días hubieran pasado en el mundo humano. Investigó y preguntó por todas partes esperando que los ciudadanos pudieran indicarle lo que había ocurrido al final, pero nadie lo tenía claro. Algunos comentaban que todos los huevos habían sido destruidos, otros que las sombras habían vencido, y otros que algunos huevos se perdieron y ahora los cazarrecompensas parten en su búsqueda. La cuestión es que nadie estaba de acuerdo, por lo que la espíritu no tuvo más remedio que averiguarlo por su cuenta. Tenía que aclarar los sucesos ocasionados en la importante historia de la humanidad y descubrir que había traído por contra su cobardía al huir a un mundo seguro. No había sido capaz de tomarse la justicia por su mano, pero nunca era demasiado tarde. Los verdaderos dragones aún no habían comenzado un segundo infierno, lo que quería decir que todavía los gremios oscuros no habían descubierto la manera de eclosionar los huevos y mantener a las criaturas bajo sus órdenes. Dunya decidió aprovechar aquel tiempo y poner cuánto pudiera de su parte. Una única persona no sería capaz de cambiar nada, pero todo tiene un comienzo y ella era una mujer decidida.

Había oído días atrás que un criminal había escapado con uno de lo huevos que el reino trataba de proteger. Aquel bandido había tenido la mala suerte de encontrarse en una zona no muy lejana de la localización actual de la joven, o al menos aquello indicaban los rumores. Dunya, esta vez segura de sí misma, decidió partir lo antes posible y llegar a ese ladrón, aquel huevo debía de ser recuperado. No podía dejar que aquellas malas manos le hicieran mal. Estaba claro que muchos magos tratarían de cumplir con la misma misión que la espíritu, y de hecho si se conocía el rostro del bandido o su nombre no tardarían mucho en colocarle un precio a su cabeza. A pesar del sentido de la justicia de Dunya, el hecho de oler el dinero la volvía más decidida aún a ser ella quien recuperara el huevo, conseguiría acabar con dos pájaros de un solo tiro.

—¿Se puede saber cuánto queda?.— Le preguntó la espíritu al conductor del vehículo, que iba concentrado en dirigir los pasos de sus caballos. Llevaba día y medio viajando y aún no había llegado al lugar por el que se suponía que rondaba el criminal. Si seguía demorándose tanto, para cuando llegara ya le habría perdido la pista.

—No se preocupe señorita, la posada está a menos de un cuarto de hora.— La voz del anciano no la tranquilizaba nada. Llevaba todo el viaje soltándole respuestas así, por lo que ya no se creía nada de lo que decía. Sin embargo por una vez tuvo razón. Fue cuestión de minutos que el carruaje parara frente a un pequeño edificio de madera algo deteriorado por el paso del tiempo.—¿Ve cómo estaba en lo cierto?.— Se giró el conductor hacia la joven dedicándole una sonrisa y bajándose de su asiento para ayudarla con el equipaje. Dunya le respondió con una falsa y leve sonrisa.

Tras bajar el hombre su única bolsa de viaje, la espíritu le pagó lo que debía y se dirigió a la recepción de la posada, dónde otro anciano de llamativa nariz y ojos rasgados la miraba de forma curiosa a la vez que le preguntaba:

—¿Qué desea?.— Su voz era ronca y la espíritu se fijó que estaba encorvado y tenía varias cicatrices en las manos. Aquel hombre había sido maltratado con el paso del tiempo por el sobreesfuerzo en el trabajo, no había más que observarlo detenidamente para darse cuenta de aquello.

—El anochecer está cerca.—Comentó con su dulce voz mientras echaba un vistazo por la ventana para observar la puesta de sol.—Quiero la mejor habitación que tengas, baño incluido.— El hombre estuvo a punto de protestar, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, la espíritu como de costumbre pasó un dedo por el top que llevaba puesto y lo estiró hacia abajo, haciendo notar más sus voluptuosos senos. Seguidamente le guiñó mientras se mordía el labio inferior con suavidad, fue suficiente para engatusar al pobre hombre, quién mientras disimulaba un pequeño derrame nasal le ofrecía a Dunya la llave de su habitación y le indicaba con la mano en qué dirección estaba.

Dunya complacida y satisfecha se dirigió a su habitación con una expresión cansada. La habitación no era gran cosa, pero era cómoda. Además tal cómo le había prometido el dueño de la posada, tenía un baño incluido. Un pequeño baño suficiente para que la espíritu tomara una larga y reconfortante ducha de agua caliente. Cuando el vapor de agua ya había abierto por completo sus poros, salió de la habitación en dirección a la recepción de nuevo. Vestía unos cómodos pantalones largos, una camiseta azul cían con escote y una sudadera negra abrochada hasta la mitad. Caminó con los pies descalzos y el largo y azabache cabello mojado. Cuando llegó solo tenía intención de preguntar por algo de cenar, sin embargo se llevó una agradable sorpresa.

—¿Heath?.— Preguntó mientras hacía una mueca de sorpresa. Aunque esta vez vestía una armadura y su verdoso cabello había crecido un poco, la espíritu no tuvo duda de que era él. Nunca pensó que podría encontrarse de nuevo con quién fue su compañero durante una intrigante misión, una misión del pasado.— ¡Eres tú!, ¿qué estás haciendo aquí?.— Corrió hacia él y trató de abrazarlo rodeando su cuello por encima de las hombreras de la armadura. Aún recordaba el olor a heno que desprendía su cuerpo.—¿Vas a pasar la noche en la posada?.— Se giró hacia el recepcionista tras dedicarle una dulce sonrisa al joven.—Ponnos algo caliente para comer, estoy hambrienta y seguramente él haya tenido un agotador viaje también.— El anciano asintió nervioso y se dirigió a lo que parecía ser una cocina. Mientras tanto la espíritu dirigió a su viejo amigo hacia el pequeño comedor que no estaba a más de un par de pasos para tomar asiento junto a él. Tenía tanto que preguntarle.

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Harken Abardanel el 24/07/15, 06:36 pm

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Dunya el 28/07/15, 09:25 am

La calmada voz del peliverde la hacía volver a aquellos dos días dónde disfrutó de su compañía. Era un chico tan caballeroso y educado que al principio la espíritu no lo comprendía bien, de hecho cuando le contó acerca de los dragones para generar el caos en la antigua villa, ella lo tomó por chiflado. Luego sí pudo darse cuenta de a lo que realmente se refería y entonces ella misma pudo vivir de nuevo el infierno en llamas que fue la primera aparición de los alados seres en el reino. Por lo que cuando sucedió el acontecimiento de los huevos de dragón, apenas unos días atrás, no pudo evitar pensar en Heath. Pues para ella aquel caos había sido el tercero en llamas y no el segundo. A partir de ahí y de su cobardía, todo la hizo llegar a aquella posada dónde pudo encontrarse de nuevo con el pirómano. Por lo que aquellas casualidades no podían ser más que algo del destino, su primer encuentro con el peliverde no era un espontáneo encuentro dónde se generaría una amistad olvidada con el paso del tiempo. Aquello parecía sacado de una famosa novela.

—Pues no hay más que hablar, te quedas a pasar la noche en mi habitación.—Hizo una pausa para guiñarle un ojo insinuante.—Después de todo no sería la primera vez...—Comentó con tono irónico y comenzó a reír para hacerle ver al joven que no era más que una broma. Muchos se hubieran pensado que iba en serio y no sería la primera vez que tenía que desnucar a alguien por tener intenciones impuras hacia ella. Echó un vistazo distraída a su alrededor. El comedor no estaba muy lleno, pues aquella no era una posada demasiado frecuentada dada su localización. Se podía apreciar en la dejadez de su mobiliario, cualquier dueño de una posada con dinero se haría cargo de reparar todo los daños notables. Cuando devolvió la vista al joven advirtió que éste miraba sin mucha discreción a su pecho al tiempo que le brindaba un pañuelo rojo. Dunya, sorprendida, echó un vistazo a sus senos y se dio cuenta de a lo que se refería el peliverde. Con una sonrojada e inocente sonrisa tomó el pañuelo y secó la delicada piel. Cuándo fue a devolverle el pañuelo el caballero ya se había girado para hablar con otro joven que irrumpía, aquella interrupción agradó a Dunya que quitándole importancia a lo ocurrido colocó el pañuelo bien doblado sobre la mesa de madera mientras pronunciaba un leve "gracias" sin pretender que el joven lo oyera, simplemente por cortesía. Se acomodó de nuevo el cabello y rió con levedad ante las palabras del Heath. Luego, cuando éste se giró, lo escuchó con atención sin apartar la mirada ni un segundo de sus ojos.

—Así que tú también has venido por lo mismo...—Comentó algo preocupada. Tomó una pausa para cruzar una pierna por encima de la otra en un femenino gesto. Luego quiso seguir hablando de lo mismo, pero antes de que volviera a pronunciar una palabra, el joven ya se había adelantado, queriendo cambiar de tema.—Dormías como un bebé recién amamantado, me daba apuro despertarte.—Río junto al joven haciendo memoria para recordar aquel último momento en el que lo vio, por lo que ella pensó, por última vez.—No soy una mujer que permanezca mucho en el mismo sitio. Digamos que es más agradable cuando te encuentras conmigo después de una temporada pensando si volverías a ver a esta belleza, que poder encontrarme siempre en el mismo lugar. ¿No crees?.—Dijo con aires presumidos mientras le acariciaba la mejilla, mas su sonrisa indicaba que solo pretendía seguir la conversación con algo de humor.—Desde aquel día he estado viajando por el reino, he conocido nuevas personas: nobles, empresarios, increíbles magos. Pero ninguna de ellas llegará a otro nivel conmigo, no son más que conocidos. Pues no soy un pajarito fácil de enjaular.—Llevó su mano sus labios, riendo con femenino gesto. Luego su sonrisa se borró y su mirada reflejó seriedad.—Cuando ocurrió lo de los huevos de dragón...Acudí a la capital para apoyar a la protección, como hicieron muchos magos. Pero llegó un momento en el que tuve que huir...No fui lo bastante fuerte...—Su voz comenzó a temblar y desvió la mirada para ocultar sus llorosos ojos, aquello le resultaba vergonzoso. Cuando dejó de temblarle la voz pasó una mano con suavidad por sus ojos para borrar los pequeños brotes de lágrimas y devolvió su mirada al peliverde.—Pensaba que tendría la certeza de encontrarte allí, y así lo esperaba...Pero en cuanto los cadáveres comenzaron a hacer de aquello una pesadilla, deseé no encontrarte. Ya sabes a lo que me refiero...—Estuvo a punto de volver a la reacción de antes, pero por suerte llegó el anciano con la comida que la espíritu le había pedido. Dejó sobre la mesa los cubiertos que tenía en una mano y luego posó con cuidado dos platos. Ambos contenían una patata asada, un poco de arroz blanco cocido y un muslo de pollo asado cuya grasa resbalaba por el interior del plato.—Muchas gracias, muy amable.—Le agradeció Dunya al hombre con una forzada sonrisa y cuando este asintió expulsó el aire aliviada y volvió al peliverde.— Me alegro tanto de que estés bien, Heath.—Sus ojos verificaban que sus palabras no mentían, y de un impulso la espíritu volvió a rodear el cuello del joven para abrazarlo con cariño, con ternura. No habían frecuentado mucho, pero tras años de desilusiones sintió que al fin podía confiar en alguien, confiar en aquel apuesto joven.—Creo que deberías saber algo de mí....—Le soltó de golpe tras abrazarlo. Si su confianza era acertada y correspondida no tenía porque seguir ocultando su origen.

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Harken Abardanel el 28/07/15, 04:53 pm

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Dunya el 02/08/15, 06:21 pm

Las palabras del joven hicieron ver a la espíritu que él también había vivido semejante pesadilla ocurrida con los dragones apenas unos días atrás. Al igual que ella, no había detallado en sus acciones durante la guerra, pero si la consoló con su sincera voz. No sabía si lo había dicho por pena y compasión o por que fue cierto, pero al parecer él también se vio obligado a huir de aquella batalla. Aquella batalla que en un momento Dunya estaba decidida a ganar y que realmente nunca tuvo oportunidad de ello. Aún recordaba como empezó todo. Sentada ella en la cafetería leyendo el periódico mágico del día cuando los gritos y el temor de los civiles se apoderaron de las calles. La espíritu había pasado y sufrido mucho aquel día, y aunque sus llorosos ojos la hagan ver débil, el haber podido soltar y expresar su miedo, la hizo sentir mejor. Pero volviendo a los ojos del joven, tenía que cumplir con lo que acaba de decir y pensar. Tenía que contarle al caballero su historia, su origen y comprobar si la amistad de ambos permanecería aunque llegue el momento en que la vida y la muerte los separe por la eternidad.

Miró los platos de comida que tenían ante ellos, sobre la mesa, y aunque sentía lástima por el esfuerzo del cocinero, no era momento de comer. Colocó la palma de la mano extendida a unos centímetros por encima de la comida, y comprobó que el humo llegaba a su tacto y el calor verificaba que el plato estaba caliente. No se enfriaría rápido.

Se puso en pie con un lento movimiento y llevó su mirada a los ojos de Heath. Lo miró detenidamente unos segundos, fijándose en los esculpidos rasgos de su rostro, y luego le cogió la mano.—Salgamos fuera, este no es el lugar adecuado para hablar de ello.—Se giró decidida y echó a andar sabiendo que el joven seguiría agarrado a su mano y perseguiría sus resonantes pasos. Al salir por la puerta de la posada, el dueño los miró algo confuso y Dunya lo hizo volver haciendo unos gestos con las manos y pronunciando unas palabras que no llegaron a salir de su boca, pero el anciano pareció comprender que volverían luego y se limitó a asentirles con un firme movimiento de su cabeza. Las estrellas adornaban el bello y oscuro cielo, había anochecido muy rápido y la redonda luna ya tenía una gran presencia en la oscuridad de la noche. La espíritu miró dudosa en varias direcciones, y tras decidirse hacia dónde ir, se dirigió junto al peliverde a un pequeño claro cercano que había visto antes desde su transporte. Lo guió entre los árboles yendo ella en primer lugar, y fue cuestión de un par de minutos que llegaran a la vacía llanura de circular perímetro marcado por los árboles. Allí la luz de los cuerpos celestes era mayor, por lo tanto podrían apreciar sus cuerpos el uno del otro con más detalle. Sin decir nada y envuelta en el silencio, Dunya se sentó sobre un tronco vacío y caído dónde había espacio para ambos. Se subió sobre él con atlético movimiento y esperó a que Heath hiciese lo mismo. Luego echó un último vistazo a la luna y miró a los jóvenes ojos que había ante él. Debía hacerlo.—No sé exactamente por dónde empezar, pero iré al grano.—No estaba segura de cómo se lo tomaría su compañero.—N-no soy humana...Mi origen, mis raíces, son el Mundo Celestial. Tal vez hayas oído hablar de los magos celestiales y de las llaves celestiales, pues yo soy una de esas llaves.—Su voz era firme y decidida.—S-soy...una espíritu celestial.—Tal vez había sido demasiado directa, pero no quería andarse con rodeos.—He existido desde hace muchos años, mucho antes de nacieras tú, tus progenitores y los progenitores de tus progenitores. Muchas generaciones. He sido testigo de innumerables guerras. He visto como los humanos os matabais entre vosotros y como la magia os hacía perder el control y os destruía.—Sus palabras reflejaban su olvidado dolor, o al menos parecía enterrado en el pasado.—En un principio no era más que una espíritu que servía como criada a los magos celestiales, no tenía ningún uso más y mi inocencia no daba para más. Así permanecí hasta que me encontré con mi último amo. Él vio mi potencial como asesina y fui entrenada para ello. Decía que tengo un don de valor incalculable.—Realizó un grácil giro de muñeca y dos brazos aparecieron sobre el pecho del peliverde, se dirigieron a su cuello y lo agarraron sin ninguna fuerza, con delicadeza.—Tú mismo lo comprobaste.—Su expresión seguía seria. A continuación los brazos soltaron al joven y desaparecieron por dónde había brotado.—Pero no solo se aprovechó de mis habilidades, también de mi cuerpo. Fui violada inimaginables veces, y cómo los espíritus celestiales somos inmortales el riesgo que podía sufrir era inexistente.—Aquello si hizo que sus ojos se volvieran de nuevo llorosos. Pero alzó la mirada y dejó que las lágrimas recorrieran su rostro sin importarle.—Aunque si me hizo cambiar para bien en muchos aspectos arrebatándome algunos miedos, me hizo mucho daño, muchísimo...Tras su muerte, decidí que no volvería a hacer ningún contrato con ningún mago celestial más. Decidí ser libre y dedicar mi vida al estudio del mundo humano, a la investigación de los enigmas de la magia y disfrutar de mis aficiones. Nunca sin dejar de lado el continuar floreciendo mi magia.—Esta vez la pausa fue mayor. Se apartó las lágrimas que antes habían brotado de sus orbes y disfrutó del iluminado cielo unos segundos.—Por eso Heath.—Volvió a mirar sus bellos ojos y llevó su mano en un cariñoso gesto hacia su frente para continuar su caricia descendiendo por el lateral de su rostro, apartándole el cabello y avanzando hasta su cuello.—Ahora que lo sabes, ¿me aceptarás como espíritu celestial en nuestra amistad aunque un día te veas obligado a dejar este mundo y yo permanezca en pie, joven, viendo cómo los demás envejecen y caen sin remedio? ¿Permitirás que como la única persona que me has hecho sentir humana, no te importe mi origen ni mi raza?.—Sus palabras eran muy sentidas y cada sílaba que pronunciaba era una emoción más que su cuerpo encontraba. Su mirada era inapagable y los restos de lágrimas sobre sus mejillas resaltaban con la luz de la luna. Sus sentimientos y su deseo de seguir teniéndolo como compañero eran reales.


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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Harken Abardanel el 03/08/15, 08:58 pm

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Re: Memento mori(Dunya, Harken)

Mensaje por Dunya el 08/08/15, 06:52 am

La mirada del peliverde se dirigía a los ojos de Dunya. A veces apagada, a veces real, pero oyente. Su primera reacción fue una pregunta a la que la espíritu no quiso responder, pues prefirió seguir escuchando las palabras del caballero que inexpresivo le hablaba de forma sincera. Mientras hablaba, la dama se apartaba las lágrimas de los ojos y del rostro sin dejar de escuchar en ningún momento. Había tanta razón en las oraciones de Heath que Dunya no le podía llevar la contraria. Realmente no había motivo para que la espíritu le hubiera tenido que soltar aquella verdad, pues tampoco había nada atado a ella que le impidiera llevar una vida normal. Pero el hecho de haber confesado su origen por primera vez a alguien que no fuera mago celestial, la había hecho desahogarse, cosa que necesitaba desde hace tiempo. Se dejó acariciar el cabello como si fuera una niña, y trató de imitar la sonrisa que el chico le brindaba. No tenía palabras para responder a su cariño, no tenía forma de agradecérselo. Por lo que se limitó a dejar que las lágrimas brotaran de sus orbes nuevamente, esta vez de felicidad.

—Heath...—Trató de calmarse y cogió la mano del joven con sus dos manos.—No sabes cuanto te lo agradezco...—Quiso continuar, pero no podía. En su lugar dejó que el silencio los interpretara a ambos y que el paso de los segundos siguiera su ritmo mientras ella lo miraba a él sin pausa. Por un momento, tuvo la intención de inclinarse hacia él y besarle. De demostrar su amor a un paso más, a un paso al que ella ni siquiera estaba segura. ¿Aquellos sentimientos eran verdaderos o simplemente era un impulso por la situación del momento?. No lo sabía. Un conflicto interno le hacía dudar. Jamás había estado con alguien por amor. El amor verdadero para ella no existía. Los humanos no eran más que lujuriosos seres fáciles de engañar por la belleza de un cuerpo, y de ello se había aprovechado Dunya durante décadas. Pero Heath era diferente, era todo un caballero atrapado en una edad moderna. Era alguien especial y la primera persona en quién confiaba. ¿Pero que haría cuando su amor quedara atrás por la muerte del joven? Aunque él tratara de hacerle ver que no tendría que recordarlo con tristeza, las cosas no eran tan fáciles.—Y-yo...

Por suerte un fuerte ruido procedente de varios metros hacia la profundidad del bosque desde su posición la interrumpió. Era algo así como un arma de fuego preparándose. ¿Habría sido simplemente un animal asustado?, se preguntó la joven. Pero una bola de fuego que iluminó todo a su paso salió de entre los árboles y se dirigió a la pareja. Dunya como acto reflejo empujó al peliverde hacia atrás para caer ella encima suya tras el grueso tronco. La esfera en llamas impactó contra el tronco y al momento unas altas llamaradas se pudieron apreciar que se elevaban, separadas de ellos por a penas un metro de gruesa madera. Las figuras de ambos se iluminaron por la luz que desprendían. Dunya podía admirar el fuego en los ojos de Heath.

—¿Qué ha sido eso?.—Preguntó poniéndose en pie y alejándose de las llamas cuando estaba segura de que ya no había peligro. Miró en todas direcciones tratando de encontrar un culpable, pero la noche jugaba en su contra. Entonces escuchó el sonido de pasos sobre la hierba que corrían hacia el interior del bosque. Dunya haciendo caso de su intuición salió corriendo en dirección al origen de los pasos sin preocuparse por el peligro que aquello conllevaba. Podría ser un trampa, pero no le importaba. Por suerte para ella no llevaba sus usuales tacones, por lo que el terreno no le dificultaba su carrera. Tras ella, estaba segura de que el chico la seguiría y alcanzaría. Si alguien trataba de matarlos, no creía que se quedaría de brazos cruzados sin hacer nada.

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