A tragic Christmas Eve [Fic]

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A tragic Christmas Eve [Fic]

Mensaje por Invitado el 23/06/15, 05:52 am

El paisaje exterior se estaba cubriendo de un blanco familiar, de un blanco que todos los años en las mismas fechas volvía a aparecer para ocultar el marrón de una sufrida vegetación durante el otoño. La nieve caía sin parar y a medida que pasaba el tiempo, en el gran árbol del jardín se podía apreciar observándole como subía el nivel de blanco, creando cada vez capas más gruesas. Los copos de nieve eran una maravilla de la naturaleza, y esa increíble cantidad que se amontonaba durante la tarde significaba que al día siguiente si la ventisca había cesado podían salir a fuera a disfrutar cómo el niño que era. Desde la ventana observó a medida que el sol se iba escondiendo la preciosidad de la llegada del invierno, una estación del año dónde el ambiente familiar era el principal, dónde el fío te obligaba a acurrucarte con los demás frente al fuego y disfrutando de una charla o de algún juego de mesa para pasar el tiempo. ¿Y cómo olvidarse de los regalos y toda la tradición de la Navidad? Ver el árbol en el salón decorado de esas luces de colores y adornos voluminosos y navideños era maravilloso, sobre todo a Sharrkan le gustaba colocar el último de todos los adornos y el más importante: la estrella. Esa estrella significaba mucho para él, era una estrella que simbolizaba los cuerpos celestes que nos guían durante la noche y que embellecen el cielo con su luminoso resplandor. Y que además cuando sus localizaciones dibujaba nfiguras en lo más alto, daba lugar a increíbles historias provenientes de antaño. Además que esas estrellas eran mágicas, sus constelaciones eran una fuente de energía y poder para muchos magos del planeta, entre los que se incluían el novato Sharrkan y su instructora Rose. Una bella mujer de rojizo cabello, una mujer tan fuerte de alma y mente y tan débil en apariencia. Aunque no era más que una al servicio de los dueños de la mansión, era todo lo que necesitaba Sharrkan para ser feliz. El albino la quería tanto o más como a sus padres, en sus ausencias, ella era quien le ofrecía todo su amor y cariño que necesitaba como niño que aún era. Además era una mujer inteligente, sabía mucho del mundo y le contaba a su alumno historias increíbles; viajes que había realizado por todo el continente en incluso por otros aún no explorados en profundidad por el ser humano. Ella tenía un don, no solo el don de la humanidad, sino el don de la magia. Dada la aparición de eternano en el cuerpo de Shark cuando era solo un bebé, sus padres contrataron a Rose como su maestra y guía. Ella le hizo aprender todo lo básico que debía conocer el albino de la magia celestial, una magia muy valiosa dada a desaparecer, una magia que utilizaba el poder de las estrellas para abrir puertas a un mundo aún más mágico que Earthland, el mundo de los Espíritus Celestiales. De dónde proviene esta raza de criaturas tan particulares, que aunque algunos se veían a sí mismos como esclavos de los magos, otros llegaban a crear lazos con sus amos que permanecían intactos durante toda la vida. Rose en su quinto cumpleaños le regaló a Sharrkan su primera llave celestial, una llave plateada en forma de llama cuyo espíritu representante era una fuerte chica de misma edad aparente. Junto a esa llave, la instructora le mostró el maravilloso mundo de la magia, y le hizo prometer que jamás dejaría de lado la bendición que había recibido por ser mago, y que algún día se convertiría en el mago celestial más fuerte de todos los tiempos. Tal vez era solo un niño cuando hizo aquella promesa, pero la magia no tiene edad.

-Y bien, ¿sabes ya que regalarle a tus padres, Shark-chan?.- Aquellos bellos ojos y aquella maternal sonrisa cautivaba al crío cada vez que se encontraba junto a Rose. Cuando no respondía a sus preguntas, la maga solía acariciarle el blanco cabello mientras reía.- Recuerda que mañana por la mañana es Navidad, y ¡habrá regalos a montones para todos!.-

-Sí, lo sé.- Asintió Sharrkan dulcemente mientras Rose con la misma dulzura pasaba su mano por la lisa y tostada piel de su rostro.- Pero el regalo de ellos no me importa, yo solo quiero que tú veas lo que te voy a regalar a ti. ¡Verás, vas a alucinar!- Sonrió como el crío que era con su mellada dentadura.

-Oh, no esperaba que regalaras nada.- Mientras charlaba con su alumno, la maga estaba ordenando su pequeña habitación, la cuál estaba llena de libros de toda clase, aunque la mayoría eran sobre magia e historia.- No te ilusiones mucho...pero que sepas que yo también te tengo un regalito preparado.- Hizo varios gestos con la mano.- Y está bajo tu cama, ¿me prometes que será el primero que abrirás mañana?.-

-¡SÍ!.- Corrió hacia Rose y la abrazó por la cintura, que es hasta dónde su altura alcanzaba.

-Pero no vale abrirlo antes, sino ya sabes que no sería nada justo. Debes ser paciente.- Terminó de colocar varios libros.- Pero yo sé que tú eres un niño muy bueno y me harás caso, como siempre.- Dirigió su mirada a los ojos del albino y esbozó de nuevo una cariñosa sonrisa, la última sonrisa que Sharrkan vería en su rostro.

Aquella misma noche el albino se tuvo que retirar de la habitación de su instructora para dirigirse a una cena especial con sus padres. Una supuesta cena de Navidad en la que él lo único que hacía era estar sentado y callado mientras veía como sus progenitores reían y charlaban bebiendo alcohol sin hacerle ni pizca de caso. Se sentó allí bien vestido, tal como le había preparado una de sus criadas para que estuviera presentable. Sus padres al igual que él vestían de gala, no es que fuera una ceremonia a lo grande ni mucho menos, pero aquella cena significaba mucho para los dueños de la vivienda. Sharrkan se sentó en un extremo de la extensa mesa, mientras que sus padres tomaron asiento en el otro extremo. Los sirvientes comenzaron a llevar la comida a la mesa y a pesar de la buena pinta que tenía todo el albino no probó ni pizca de nada, no tenía hambre, lo único que quería era largarse de allí e irse con Rose, pero a sus padres no le importaba nada, ni siquiera le echaron un vistazo durante la comida. Aquello no significaba que sus padres no le tuvieran afecto, pues un hijo es un hijo, pero siempre interponían su empresa y negocios a su familia, cosa que provocaba el odio que ya tenía Sharrkan de por sí hacia sus padres. La cena pareció ser eterna, pero al fin el pequeño mago tuvo el permiso para levantarse de la mesa y dirigirse a su habitación, dónde intentaría coger el sueño lo más rápido posible para así levantarse a la mañana siguiente con una sonrisa mientras abría el regalo de parte de su maestra que se encontraba bajo su cama. Mientras permanecía con los ojos abiertos dudó varias veces acerca de si abrirlo ahora o no, pero no lo hizo, se lo había prometido a su amada instructora y no le desobedecería por una cuestión de tiempo. Por lo que en vez de dudar sobre si abrirlo o no, empezó a dudar sobre su contenido, preguntándose a sí mismo que podría ser. ¿Sería ropa? No lo creía, él conocía a Rose y ella lo conocía a él, sabía perfectamente que le regalaría algo que nunca olvidaría, pero no tenía ni idea de lo que podía ser. La duda lo estaba matando y al final se vio forzado a contar ovejas y a recurrir a métodos estúpidos con tal de quedarse dormido, lo único que quería era despertarse con la luz del amanecer atravesando su ventana.

-¡SHARRKAN!, ¡SHAAAAAAAAAARRKAN!.- Un furioso grito procedente de una voz masculino hizo despertar al albino y regresar de sus sueños. Al abrir los ojos se preguntó asustado qué era lo que ocurría, y cuando vio que aun era de madrugada se asustó más aún. No entendí lo que pasaba y al reconocer la voz de su padre menos entendía aún.

-Señorito, acuda al salón principal por favor.- La puerta se abrió de golpe y en ella Sharrkan pudo identificar una silueta femenina vestida de uniforme, era una de sus criadas que lo llamaba con dulce voz en comparación a la su progenitor.- Son órdenes de su padre.-

El albino asintió con la cabeza y cuando la doncella vio que se estaba levantando de la cama entonces se retiró a paso ligero. Sharrkan se colocó unas zapatillas para evitar el frío suelo y enseguida aún con el pijama de cuadros puesto salió corriendo en la misma dirección que había avanzado la doncella que le avisó. La mansión era tan grande que en aquellos momentos le resultaba un fastidio, mientras que cuando jugaba al escondite con Rose le parecía un castillo lleno de escondrijos. Desde su habitación hasta el salón principal había que pasar por varios pasillos y bajar varias plantas, aquello asustó al albino pues ¿cuán enfurecido tenía que estar su padre como para que sus gritos se escuchen desde allí?. No quería ni imaginarse lo que estaba pasando, solo quería volver a su cama y retomar el sueño de nuevo para despertarse en una alegre y feliz mañana de Navidad.

Tras recorrer todo el camino tan rápido como pudo, Sharrkan llegó a las puertas del salón principal, las cuales abrió de golpe para ver lo que ocurría dentro. Cuando las abrió no dio crédito a lo que veía, su padre se encontraba con las manos ensangrentadas y con las venas del cuello y la frente super gruesas. Se podría decir que en la expresión de furia de su rostro se podía ver incluso a un mismísimo demonio.

-Ahí está querido.- Su madre se encontraba tras la figura del padre, aún llevaba puesto todo lo que vestía y lucía durante la cena. Su expresión no era de furia, sino que se podía ver que la mujer también estaba asustada. Colocó una mano sobre el hombro de su marido y le hizo una pregunta, se la veía preocupada.- ¿Estás seguro de esto? No es más que un niño.-

-Cállate mujer.- Aquel hombre al que Sharrkan ya no reconocía como su padre quitó la mano de su esposa de encima de despreocupado tortazo. La mujer se echó hacia atrás y apoyada contra la pared se llevó las manos a la cara para ocultar sus lágrimas, por lo bajo se podía escuchar sus sollozos. El albino no podía pronunciar ni una sola palabra.

Su padre sin apartar la mirada de su hijo hizo varias señales con la mano y del fondo del salón salieron dos hombres vestidos completamente de negro, dos hombres de musculoso cuerpo y que con tan solo juzgar por sus caras y sus tatuajes se podía deducir que eran mercenarios o algo por el estilo. El problema es que si respondían así a las señales de su padre, ¿acaso trabajaban para él?. Sharrkan nunca supo nada sobre el trabajo y los negocios de sus padres, siempre fueron un misterio para él. Aquellos hombres arrastraban a una mujer, a la cuál el padre de Sharrkan tiró del pelo para levantarle la cabeza y que su hijo pudiera identificar su rostro. Era Rose. Su cara estaba ensangrentada totalmente y llena de restos de golpes por todos lados, ahora comprendía las ensangrentadas manos de su padre.

-¡ROSE!.- Sharrkan salió corriendo hacia su amada instructora pero entonces su padre se puso delante para irrumpirle el paso. El albino miró hacia arriba y entonces le tuvo miedo, no se atrevió ni siquiera a hablarle. Sharrkan retrocedió varios pasos y en su inocente rostro comenzaron a caer lágrimas, ¿qué coño estaba pasando? Se preguntaba una y otra vez, no entendía absolutamente nada. Parece que su padre se adelantó a sus pensamientos y enseguida comenzó a hablar.

-Ésta es tu querida maestra, ¿verdad hijo?.- Una macabra sonrisa se formó en su rostro.- ¡¿VERDAD?!.- Le dio una patada al estómago de Rose y ésta se retorció, aún estaba viva. Sharrkan no aguantaba más y se derrumbó en el suelo envuelto en lágrimas, en sus labios se podía apreciar que intentaba pronunciar sin éxito el nombre de su maestra.- Pues ésta mujer no es más que una impostora, no es más que una sucia farsante,...¡NO ES MÁS QUE UNA PUTA!.- Intentó calmarse.- Ésta mujer a la que tu llamas maestra ha intentado interponerse en nuestros negocios, al parecer no está solo aquí para instruirte sino para infiltrase e intentar delatarme. Ella pertenece al Consejo Mágico y todo el tiempo que ha estado en nuestra casa no ha estado realizando más que una misión...Y yo cómo un estúpido me lo he creído todo...¡¿PERO QUIÉN ES LA ESTÚPIDA AHORA?! ¡¿EH PERRA?!.- Le asestó otra patada en el estómago. La mujer ante el dolor escupió sangre que cayó al suelo.

-¡Mentira! ¡Mentira! ¡Ella jamás nos haría daño!- Sharrkan no lo aguantaba más, se puso en pie y se limpió las lágrimas para hacerle frente a su padre, quién comenzó a reír cuando vio la actitud de su hijo.

-Estás tan engañado como yo. Ella solo quería destruir esta familia, así que observa lo que le hacemos a ese tipo de personas.- Hizo señas a sus mercenarios.- ¡OBSERVA!.-

El resto de la noche fue a peor. Aquellos hombres le dieron una paliza de muerte a Rose y su cuerpo totalmente ensangrentado acabó por caer inerte en aquella sala. Su padre reía como un psicópata y su madre lloraba alejada en una esquina pero sin impedir nada de lo que estaba sucediendo. Sharrkan lo único que hacía era llorar, pero no podía apartar la mirada de su maestra, no podía y no sabía por qué. Al final, antes de ella morir pudo ver como sus labios se movían, intentó decirle algo pero el albino no lo entendió y nunca pudo saberlo. Aquella trágica noche fue todo un infierno, el pequeño mago solo quería desear que no fuera más que una pesadilla. Acabó subiendo a su habitación y encerrándose para meterse bajo la sábana, deseando con todas sus fuerzas que cuando despertara todo volviera a la normalidad, que fuera una mañana normal de Navidad y que todo aquello no fuera más que una pesadilla a causa de los nervios, pero no fue así.


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