Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

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Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 14/06/15, 08:24 am

El cielo estaba de color completamente rojo, el sol ocultándose detrás de las montañas era lo único que iluminaba aquél vacío infinito en el que pocas personas eran capaces de fijarse, de pararse un momento y mirar a este todo por sus ajetreadas vidas. En el patio trasero de su casa Seikuro era el claro ejemplo de ello, estaba transportando metales desde la fragua hasta un almacén que tenía para que ni se les juntasen ni los cambios de temperatura cuando trabajaba en la misma los estropease. En el trayecto no pudo evitar mirar con algo de melancolía el patio trasero de su casa, allí fue donde empezó todo, donde las primeras palabras de quien respetó como se respeta a un padre le preguntaron por algo que no tenía. Al dejar los metales volvió a aquél patio trasero, y no hizo absolutamente nada que pudiese decirse relevante, pero en su cabeza se estaban evocando recuerdos que siempre había tenido marcados a fuego en su cerebro, recuerdos que jamás desaparecerían ni con el paso de los años al haber sido estos tal vez los más "felices" de su vida hasta el momento.


Abrió los ojos con dolor, aunque no sabía de qué exactamente, el cráneo entero le dolía por los golpes que había recibido y la verdad es que le extrañaba no estar muerto, la última vez que estuvo consciente lo único que vio fueron dos guardias de la ciudad a punto de acuchillarle, luego, nada, solo sabía que se había despertado en un lugar extraño en el que no era capaz de reconocer cosa alguna. La luz del sol le molestaba y para su desgracia no podía levantarse al menos no de forma inmediata. Poco a poco se fue acostumbrando al mareo que se le había puesto por delante y se tocó la cabeza, allí pudo comprobar que tenía una venda puesta que, poco a poco se quitó y dejó caer sobre la cama en la que había sido puesto. Con cuidado se puso de pie para así visualizar correctamente las cosas, entre ellas, la habitación en la que estaba. No era nada del otro mundo, una cama, un espejo y un armario con ropa puesta encima. Pudo comprobar que le habían limpiado las heridas y que había sido atendido de otras que traía de otros momentos y que se habían infectado por el tiempo que había llevado tirado en la calle.

Se colocó la ropa que se trataba de algo que nunca había visto, sin embargo sabía como hacer nudos, así que, se colocó lo que le habían dejado, no entendía para qué dos pantalones, uno era blanco, del mismo color que la especie de chaleco que se puso luego de los pantalones, luego aquél segundo pantalón extraño, también de color blanco, luego unos calcetines y unas zapatillas hechas de madera para luego, salir de aquél lugar con cuidado de que nadie lo escuchase, no quería que le echasen una bronca por haber dormido en un sitio como aquél siendo él un ladrón de poca monta, ya por no decir que tenía miedo al contacto humano en todos los sentidos, no había tenido buenas experiencias con otras personas nunca. Solo con personas contadas y ya estaban muertas. El niño de ocho años andó por la casa de forma sigilosa mientras hacía lo posible por asegurarse de que no hubiese nadie en los alrededores. Aquella casa para él era demasiado grande así que se perdió un par de veces hasta que después de un pasillo llegó a ver una luz, luz solar.

Al correr hacia esta y al salir ya sin cuidado se encontró con una vista que nunca olvidaría. Un hombre de pelo blanco haciendo pedazos un trozo de madera con un simple movimiento. Definitivamente debía salir de allí aunque sus piernas no se querían mover. Lo peor de todo es que el hombre se percató de su presencia, ahora que lo veía debía tener unos 50 años así a ojo. -Al fin has despertado- El hombre se le acercó y cuando levantó la mano hacia el niño pelirrojo este se echó completamente hacia atrás, cayendo de culo de nuevo dentro de la casa. No sabía las intenciones del hombre pero el resto de la humanidad ya le había hecho lo suficiente como para desconfiar de todo ser vivo sobre la tierra. -Está bien.- La reacción del hombre fue alejar la mano con un gesto simpático puesto en la cara. Claramente estaba un poco impresionado, lo primero que habría hecho cualquier niño habría sido ponerse a llorar y sin embargo la mirada de este era de todo menos de miedo, en cualquier momento parecía que iba a levantarse a pelear y el viento que había alrededor de él era cuanto menos antinatural. Era algo que estaba usando inconscientemente, lo que a ojos del hombre ya le hacía tener bastante potencial.

De forma más conciliadora se sentó junto al chico como si no estuviese poniendo aquella cara de hostilidad. -¿Como te llamas?- El niño obviamente se alejó, parecía más un animal asustado o rabioso que una persona, sin embargo cuando le preguntó con el nombre la cara del niño lo dijo todo. -¿Sabes hablar?- La negativa fue absoluta ya que cuando fue a acercarse de nuevo lo único que recibió fue un rugido y una carga del niño, quien se esperaba chocar contra alguien y lo único que logró fue chocar de cara contra una pared.


.......

Hacía tanto tiempo de aquello...

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 14/06/15, 11:46 am

Los tres primeros días sin duda fueron los más difíciles, en los que Seikuro no salía de la habitación para nada por el miedo que tenía al exterior, en ese tiempo el hombre que le estaba cuidado prácticamente lo había estado acostumbrando a su presencia. Uno de esos días se fijó en que en la espalda del pelirrojo había un número tatuado junto con un código de barras, por lo que supo al instante que ese niño no tenía una familia, sino que tenía un dueño y aquél número era algo así como el collar que lo retenía y que le hacía no ser como una persona propiamente dicha, no había recibido educación alguna, por las cicatrices que tenía si que podía decir que lo más humano que había recibido era maltrato y por sus manos encallecidas había hecho trabajos muy duros para su corta edad. Una de las cosas que tenía que hacer era ayudarle a dejar de tener miedo de la gente, casi como si de un perro se tratase a base de amabilidad. Tras esos tres días el niño salió y se entretuvo mirando desde una posición escondido al hombre entrenando, aquellos movimientos rápidos que apenas podía ver con mucho esfuerzo, las ráfagas de viento que soltaba cada vez que hacía algo le llamaban mucho la atención, era un hecho que quería aprender, que quería luchar así, pero él no era alguien que pudiese luchar, al menos no en el estado en el que estaba.


A altas horas de la noche, Seikuro bajó al patio trasero donde estaban todas las espadas de madera y escalando a la estantería (Pues era demasiado bajo para alguien de su edad por la falta de alimentación y de desarrollo) logró alcanzar una de las espadas de madera, al hacerlo cayó de espaldas al suelo pues estaban colocadas a presión en la estantería y obviamente se hizo daño, pero no hubo quejido alguno que pudiese salir de él, había soportado cosas mucho peores que una caida de 90 centímetros. Al levantarse tomó la espada con ambas manos ya notando el peso de esta, era demasiado como para poder manejarla como lo había hecho el hombre que le había estado cuidando hasta el momento. Al mirar la espada empezó a pensar que si se iba con ella seguramente podría defenderse, pero al intentar dar un golpe al aire la realidad lo golpeó de cara y sin piedad. Solo necesitó un golpe para desequilibrarse y cansarse, había usado prácticamente todas sus fuerzas en aquél golpe, él definitivamente no tenía fuerza, aunque si que era rápido a la hora de correr, sin embargo, no se rendiría.

Levantó de nuevo la espada sobre su cabeza mientras miraba al frente con el ceño fruncido, sin querer dejó salir un grito de su boca cuando daba el siguiente golpe, al harcelo se tapó la boca, pues no quería que el hombre lo escuchase tocando las cosas que no debía tocar pues no eran suyas, recordaba cuando intentó tocar un juguete del que había sido su "amo", oh, si que lo recordaba, cómo olvidar aquél día, tal vez el peor de su existencia. Sin embargo el hombre no bajó, perfecto para él pues siguió dando golpes y más golpes, lo que no sabía es que realmente el hombre si que estaba allí, lo estaba mirando desde el tejado, sitio en el que el niño simplemente no se le ocurriría que pudiese estar. Con torpeza, pero con voluntad siguió dando aquellos golpes.

De tanto verlo, había adquirido la forma de tomar la katana, así que se podía decir que era una copia muy básica de lo que había visto, aunque cuando llegó a los 50 golpes la katana cayó de sus manos, estas estaban medio despellejadas por culpa de la madera, no se había dado cuenta hasta que sus dedos no pudieron más. Desde el tejado se pudo ver la cara de interés del hombre, que, ya estaba poniendo a prueba al niño. Este simplemente tomó la espada de madera de nuevo ignorando el dolor y comenzó de nuevo a repetir la serie de golpes hasta que su cuerpo colapsó contra el suelo por el cansancio, aunque esta vez no fue recogido, esta vez se quedó durmiendo a la intemperie, tampoco es que le molestase, no era la primera vez que lo hacía y seguramente no sería la última, nunca se sabía lo que pasaría en un futuro.

A la mañana, el hombre salió bebiendo sake, derramó una parte de este sobre el rostro del chico para que se despertase y luego se agachó junto a él mientras el mismo se incorporaba. -Si tanto quieres aprender, lo aprenderás absolutamente todo. Empezando por comportarte como una persona.- Tras eso, colocó su mano sobre la cabeza del pelirrojo quien esta vez no se apartó, había aprendido a confiar en aquella persona. -Y las personas necesitan un nombre... Hmmm, si tuviese un hijo lo habría llamado Seikuro, así que Seikuro Shin-Tensei.- Y por primera vez, no se sintió la mascota de nadie, simplemente uno más, alguien con algo que nunca pudo tener y que ya no le podrían quitar nunca más, un nombre por el que llamarse.

-¿Sei... Kuro?- Ladeó la cabeza levemente, todavía no se creía que tuviese un nombre.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 16/06/15, 10:48 am

Y así el tiempo pasó, en los que el animal pasó a ser un niño, aunque un niño no muy expresivo, la infancia se la ahbían robado completamente y eso era un hecho que incluso quien llevaba ya un año conociéndolo sabía de sobres, sin embargo veía algo en él que le hacía incapaz de dejarlo estar y era potencial. La curiosidad del pelirrojo era algo fuera de lo normal y pese a su edad era como una esponja asimilando cosas, por ejemplo, en la herrería. Algo tan simple como era el tratamiento del metal el hombre había tardado 3 años en aprender, el niño apenas 8 meses en los que era capaz de manejar dicho metal, aunque claro, le faltaba fuerza, cosa que trataba de compaginar con los entrenamientos que le estaba proporcionando y la buena alimentación, de ser un niño prácticamente anoréxico ahora era un saludable infante de 9 años que daba sus primeros pasos para convertirse en un espadachín decente. Al principio ni siquiera sabía lo que era la moral y lo que era lo correcto, como puro instinto simplemente robaba aquello que olía bien y le abría el apetito, sin embargo ahora era capaz de distinguir de lo que estaba bien y estaba mal de forma básica, aunque encontraba que le faltaba algo muy importante y es que aquél problema que se había encontrado en el que era carente de inocencia le hacía ver que en un futuro habría algo que no conectase entre su técnica y su espíritu, de todas formas era algo que no le podía dar, era su maestro, no su padre.

Sin embargo, el niño avanzaba, físicamente hablando ya era capaz de sostener bastante bien y rápido una espada, tanto que se hacía preguntarse a sí mismo si de verdad era un novato en aquél tema o si simplemente es que tenía un potencial oculto que solo se veía en ciertas generaciones cada mucho tiempo, pues eso era Seikuro, no quería saber lo que habría podido pasar si el chico hubiese tenido un entrenamiento desde su nacimiento y si no le faltase aquello que actualmente no podía encontrar, una razón para querer seguir adelante y vivir. Estaba claro lo que le pasaba por la cabeza al pelirrojo, si, quería aprender, quería hacerse fuerte y quería aprender, pero sin embargo su vida no era algo que valorase y había podidocomprobarlo cuando había intentado salvar a otros seres sin tener en consideración su propia seguridad, como por ejemplo, un perro herido al borde de un barranco que otros niños estaban apaleando, sobraba decir que los dientes de los niños habían volado por los aires y que el perro había acabado a salvo, sin embargo, Seikuro no tanto con heridas provocadas por piedras que habían podido usar los otros niños, aun así, nunca se había quejado y lo había aceptado.

Así pues, el pelirrojo se encontraba en el patio haciendo su serie de sablazos verticales al aire, gritando a todo pulmón cada vez que lo hacía para potenciar así el golpe con un arte antigua llamada Kiai y que formaba parte del Budo, soltar energía sobrante por la boca y aspirar inmediatamente después, aquello energizaba el cuerpo y hacía que pudiese seguir más tiempo realizando los golpes sin cansarse rápido. Sin embargo al no ser un experto en eso simplemente gritaba y respiraba, pero no adecuadamente así que se terminaba cansando bastante rápido. Su maestro sin embargo era con esto incluso capaz de proyectar un colpe varios metros por delante de él, quería llegar a eso, pero no encontraba una forma lógica para hacerlo, era un hecho que su cabeza no estaba puesta en lo que tenía que estar puesta, él lo veía todo como algo físico, cosa que le costaba más de una regañina al no ser capaz de ver por detrás de la técnica. Ese mismo día su maestro lo hizo sentar durante horas con las piernas cruzadas y las manos puestas entrelazadas sobre su estómago.

-Como ya te he dicho, no se trata solo de respiración, Baka-kuro.- Claramente le estaba llamando idiota porque a sus ojos el pelirrojo lo era al no poder distinguir en algo tan básico lo que era una técnica física de una mágica. Además tenían la suerte de que ambos tenían el mismo tipo de magia, así que enseñarlo iba a ser más fácil de lo que habría podido imaginar nunca. -Ahora quiero que cierres los ojos, te concentres y respires. Relájate.- Al hacerlo, del cuerpo de Seikuro se empezó a desprender una pequeña cantidad de viento, aunque eso no fue lo único que se pudo ver en el cuerpo del pequeño, al fijarse bien, el hombre vio una mancha detrás del cuello del pelirrojo que nunca había estado allí, sin duda alguna, el niño era una caja de sorpresas y no se había dado cuenta nunca antes. -Ahora abre los ojos, no olvides esa sensación.[/b]- Al hacerlo, el niño pudo ver como todo se movía violentamente a su alrededor, casi como si todo se estuviese sacudiendo de forma desordenada a su alrededor. Ante tal impresión obviamente perdió la concentración y el viento dejó de soplar.

Y un chichón apareció en su cabeza por cortesía de su maestro.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 16/06/15, 03:00 pm

A cada segundo que pasaba Seikuro iba aprendiendo y desarrollándose no solo física, sino que también mentalmente y en el tema del dominio de su magia estaba ya bastante por encima de lo que su maestro pudo haber imaginado siquiera al haberle provocado aquél chichón hasta el punto que el niño si usaba su magia era capaz de huir de su maestro con todo lo rápido que era el adulto. También tenía la ventaja de ser más joven así que se podía decir que incluso la edad era un factor a favor del muchacho que se abría paso rápidamente entre los árboles como una ráfaga de viento, mientras que su maestro era más lento el niño era capaz de cambiar de dirección rápidamente e incluso permitirse saltos imposibles, sin embargo, pese a que a su maestro le habría gustado que el pelirrojo se lo tomase casi como un juego o de forma divertida no se podía decir que este se lo tomase como tal, cada vez que tenía la oportunidad el niño se lanzaba contra su maestro con un gesto que poco se acercaba al de un niño pasándoselo bien, más bien parecía un depredador avalanzándose contra su presa, pero claro, pese a que fuese más rápido la experiencia no estaba de su parte y siempre acababa contra el suelo por la mano y peso de su maestro quien si que se lo parecía pasar bien pues acababa riéndose de varias formas de él.

Al menos hasta que llegó un día en el que Seikuro simplemente dejó de tomarse a su maestro en serio, simplemente corría y se escondía mientras su maesto lo buscaba, siendo el pelirrojo más pasivo cosa que desconcertaba al adulto, bien sabía que Seikuro no era un gran estratega al menos no por el momento, sin embargo esta vez paecía que había logrado evadirlo en todo el sentido de la palabra, además que ni siquiera podía oir los resoplidos del muchacho intentando recuperar el aliento, solo era capaz de escuchar los suyos propios, tal vez lo peor que le podía pasar dado que estaba persiguiendo a alguien que si se lo proponía, con su magia, aunque no desarrollada del todo, era capaz de ser lo suficientemente peligroso como para mantenerle a la defensiva en todo momento que era necesario y más le valía detectarlo rápido o sería demasiado tarde, al muchacho no le gustaba jugar en ninguno de los sentidos, podía notar su ansia asesina por los alrededores así que podía saber dos cosas, la primera es que estaba a punto de lanzarse y la segunda es que estaba tomándoselo en serio, menos mal que había dicho nada de armas, sin embargo era la primera vez que encontraba a alguien que no dudaba a la hora de actuar. Había encontrado a muchos expertos que eran vocazas, sin embargo, esto estaba a otro nivel, un asesino silencioso.

Finalmente el pelirrojo se lanzó envuelto en viento casi como si de una bala se tratase. Aunque aminoró casi al llegar hacia el hombre momento en el que pareció percatarse, sin embargo ya era demasiado tarde para el mismo, o eso creía el pelirrojo pues una patada llegó a su pecho y tras eso salió literalmente volando y fuera de control contra el suelo, varios metros estuvo rodando y levantando las hojas del suelo hasta que logró detenerse colocando una rodilla en el suelo y una de sus manos, la otra se tocaba la zona golpeada y al mirar hacia su maestro este se impresionó por lo que vio, los alrededores del niño estaban volviéndose rojizos, los ojos del mismo se habían coloreado de amarillo y ahora parecía más que nunca una bestia, la sed de sangre se había incrementado, lo que tenía delante de él no era el pupilo que estaba acostumbrado a ver, no, era otra cosa, cosa que estaba enterrada en el interior del mismo como una espina que parecía haber decidido salir al exterior.

Sin embargo, era el momento de tomárselo todo en serio, el maestro demostró al alumno que este no lo había estado tomando en serio hasta el momento. Fue un parpadeo, parpadeo en el que el hombre apareció hundiendo su puño en el estómago del niño sacándole todo el aire, después de todo la diferencia de fuerzas eran muy obvias entre ambos y ese era el claro ejemplo. Por otra parte, sabía que con el tiempo aquella fuerza que había mostrado acabaría controlándola, tenía fe en el chico y lo más importante, sabía que no tenía mal corazón, pero una cosa si que le preocupaba y es lo que había provocado aquello. ¿Qué es lo que le había pasado al pelirrojo para poder alcanzar aquél estado de desprecio por sí mismo y por la vida en general? Debía averiguarlo antes de pensarse siquiera si entrenarle en el Hiten.

Al despertar Seikuro lo hizo en su habitación, donde allí estaba esperando su maestro mientras bebían, la conversación que tuvieron duró horas, pero ese día Seikuro empezó a ver las vidas ajenas de otra forma muy distinta, tal vez desde el punto de vista de otra persona, pero un punto válido después de todo. Tras esa conversación se prometió que su espada sería para proteger y no para matar... Era tan ingenuo.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 16/06/15, 07:32 pm

Poco a poco el niño fue domando sus instintos hasta lograr encerrarlos en lo más profundo de si mismo a base de la charla que tuvo con su maestro, de la cual, logró sacar una conclusión para su estilo de pelea... Quería aprender a luchar para proteger a todo aquél que lo necesitase y que estuviese en un lío, a todo aquél inocente que lo mereciese desde la necesidad, especialmente si se trataba de algo a vida o muerte, su habilidad y su magia harían el resto. Así, el niño a sus doce años forjó su primera espada, en la que puso toda su existencia para realizar, la mejor espada que habría hecho en los largos años venideros, y a la vez, su propia katana en la que había puesto todas sus esperanzas y ganas de contribuir a un bien mayor para así porder, tal vez, encontrar aquello que su maestro le decía que le faltaba y que se negaba a decirle como si de una cruel adivinanza se tratase pues llevaba ya un año intentando encontrar la respuesta, sin embargo no encontraba nada malo en él, simplemente que no tenía miedo a la muerte por las cosas que había visto y sentido ya. No le importaba si se tenía que sacrificar por otra persona, si esta lo merecía estaría gustoso de hacerlo y además confiaba en sus habilidades, así que, poco más podía decir al respecto.

Así pues, el niño tuvo su primera katana, aquella que le iba a representar en los años venideros con una precisión más que absoluta. Aunque eso era algo que posiblemente no podría saber, de todas formas jamás se arrepentiría en un futuro sobre las decisiones que había tomado en ese entonces ya que principalmente lo encontraba como un insulto. Había aprendido a apreciar la vida alrededor de él menos la suya propia y eso era algo que su maestro tenía muy presente. Incluso con esa desventaja empezó a entrenar al pelirrojo en el Hiten. Obviamente con espadas de madera atacaba al niño como si fuese una pelea real mandándolo a volar más de una vez, otras, simplemente lo dejaba inconsciente, pero aunque sonase a masoquismo, cada uno de esos golpes era algo de experiencia que Seikuro obtenía. Uno de esos días fue el claro ejemplo de lo que ya estaba pasando con él, los reflejos del niño se hicieron muy rápidos y agudos, y aquello lo pudo comprobar su maestro de primera mano.

Una de las técnicas más rápidas del Hiten, una carga con desenvainado bastante rápidos ambos. Sin embargo el hombre no llegó a acertar el golpe, el muchacho pasó por debajo del golpe horizontal mientras colocaba su espada de madera por encima de la cabeza desviando el golpe y esto le provocó un gesto de victoria sobre el mayor, quien volvió a moverse esta vez su brazo contrario, la vaina de la espada. -¡Muy ingenuo!- Gritó, para luego impactar con la punta de la funda sobre el hombro de Seikuro y así lanzarlo hacia atras por el simple impacto, provocando que su cuerpo derrapase por el suelo varios metros y quedase tumbado sobre el suelo. El hombre vio la gravedad del golpe, le había fracturado la clavícula y Seikuro estaba que no se podía mover del suelo por el dolor. Fue la primera vez que alguien lo trataba estando consciente de lo que estaba pasando.

Y fue aquél simple gesto, un gesto de amabilidad y soliradidad el que le hizo ver que no todo el mundo en ese reino era malvado, que habían personas que si que valían la pena proteger, y como su maestro a él, ayudar a quien lo necesitaba se convirtió en su bandera y además le ayudó a ver a su maestro como algo que nunca había tenido, al menos de forma instintiva pues realmente no sabía qué era lo que sentía, delante de él tenía claramente a una figura paterna con la que en cierto modo cuando no era él el peligro podía sentirse protegido. Estuvo un mes sin poder entrenar, sin embargo por las curas mágicas que le daba su maestro pudo recuperarse como si no hubiese pasado nada. Nadie dijo que convertirse en un espadachín fuese fácil y que no fuese a doler, eso ya lo sabía de sobras, estaba aprendiendo a pelear, no a coser un pañuelo de tela, y lo que le había pasado en el brazo era el claro ejemplo de ello.

Y el tiempo pasaba como una ráfaga de viento.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 18/06/15, 07:12 am

Con el tiempo Seikuro maduró mucho más rápido de lo que lo podría haber hecho cualquier niño, sin embargo era algo bastante normal en él, en principio los pasos de gigante que daba en el area mental eran sin dudas digno de admiración teniendo en cuenta el retraso en educación que había sufrido desde el momento en que nació en todo el sentido de la palabra, solo le habían enseñado a obedecer, y sin embargo ahora era un espíritu completamente libre que se movía con sus propias ideas y pensamientos hasta el punto de poder decir "no" incluso aunque en su cuerpo tuviese las marcas de los castigos por decir esa palabra, era un hecho de que había dejado aquella etapa atrás aunque no lo que vivió, la primera vez que mató. Fue por ello por lo que la primera vez que tomó su katana se sintió un poco intimidado, por el hecho de que sabía que aquello podía quitar una vida, y que él ya lo había hecho antes varias veces por lo que no le inspiraba mucha confianza el tenerla. Sin embargo, eso era algo que se podía arreglar y era aprendiendo a controlarse o al menos aprendiendo a mantenerse frío todo el rato sin que nada le afectase más allá de lo que le pudiesen decir o hacer al menos a él. En cuanto a lo que les podían hacer a terceros no podía prometer nada, no por nada apreciaba la vida de los demás más que la suya propia, aunque eso no era dificil, la suya no la apreciaba en lo más mínimo.

Sus quince años no fueron algo que se pudiese decir tranquilo, había empezado su adiestramiento de verdad con la katana y una de sus lecciones era estar por Magnolia, la verdad es que para su mente no era nada reconfortante hacerlo, la gente prácticamente lo rechazaba al verlo por las calles y no era para menos, se había dedicado a robar todo lo posible y era más un indeseable que alguien que pudiese llamarse digno de confianza a sus ojos, el simple hecho de que el pelirrojo llevase una katana en su cintura ya era una especie de incitación a hacerle ver como un asesino o peor, alguien potencialmente peligroso que se iba a dedicar a matar a todo aquél que hubiese por los alrededores, y aquello simplemente era en la puerta de la ciudad donde ya de por sí los guardias hicieron lo posible para no dejarle pasar a base de empujones, aunque al final el pelirrojo terminó pasando usando la diplomacia de su parte y un poco la intimidación a base de cortar sus armas para que no supusiesen ningún peligro, vamos, que no podían haberle parado en ningún caso dentro de lo que era la lógica.

Sin embargo lo que vio dentro de la ciudad era muy distinto de como lo recordaba, la gente estaba demasiado podrida por dentro, tal vez él al ver las cosas de otro modo podía decir que le estaba repugnando lo que veía, la gente que hacía sus vidas normales dejaban de lado a lo que habían entre los callejones, allí donde miraba habíen borrachos y mangantes, alguna que otra prostituta en los barrios más bajos y mercados negros de droga allá donde mirase, por su parte se alejó de estos barrios y se entretuvo en el mercado donde pudo ver artículos desde lejos pues nadie quería que se acercase a mirar. Tras varios minutos, notó como alguien le empujaba, era un chico que estaba corriendo, huyendo de alguien que venía detrás de él gritándole. Tal vez fue que se vio a sí mismo en esa misma situación hacía años ya que simplemente no pudo seguirlo, no podía reprocharle nada, quien era pobre en Magnolia era absurdamente pobre y eso se podía ver en las diferencias entre las clases sociales y como estaban repartidos los beneficios. Sin embargo eso era algo que se habían buscado ellos mismos y pensaba que el culpable de aquello era el gremio Fairy Tail, siempre estaban destruyendo algo de la ciudad, o media ciudad si les daba por no controlarse.

Era algo contra lo que no podía hacer nada realmente, simplemente seguir paseando y viendo la ciudad, puede que fuese lo peor que hubiese podido hacer. Notó que le seguían varias personas y lo que hizo fue apartarse del gentío para allí ver como varios varones armados con cuchillos le taponaban la única salida que había tenido antes. -No creas que te hemos olvidado, rata, me debes una nariz partida.- El grupo de personas era grande, así que seguramente no podría luchar contra ellos en igualdad de condiciones, sin embargo si que tenía algo en contra de ellos, mientras avanzaban le dieron un navajazo a un anciano para que no viese nada ni contase lo que había pasado enel callejón, aquello hizo reaccionar a Seikuro violentamente quien desenvainó su katana e hizo que una ráfaga de viento los golpease, haciéndoles ver que el niño salvaje que podían golpear con facilidad no solo se había convertido en un espadachín, sino que también era mago. Cuando quisieron retroceder... Era demasiado tarde, el joven se podía decir que había hecho su primera masacre ese día.

Y con ello, el primer arrepentimiento de su vida, si no se hubiese mostrado tan confiado el anciano podría haber seguido vivo, y lo que le costó una paliza de su maestro, el hecho de que no le importase haber arrebatado la vida de tantos en un momento con su superioridad técnica.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 23/06/15, 07:34 am

La noche cayó, ese día había estado recordando todo lo que le había pasado cuando llegó al lugar, sus manos estaban enrojecidas por culpa del bokken que estaba usando para entrenar sus movimientos más básicos. El hecho de visualizar lo que habíao ocurrido en su pasado le hacía ver las cosas de otra forma, no solo el hecho de que hubiese recordado la primera vez que mató con su antigua katana ahora rota, sino también de lo inocente que era su mente. Solo actuó para defenderse, pero en su momento su mente no podía visualizar más forma de salir del callejón donde le tendieron la emboscada. Ahora sin embargo todo era diferente, era más fuerte, tenía más recursos a su alcance y era capaz de desenvolverse con mayor facilidad en cuanto al poder salir de un sitio como ese, sus habilidades actuales le permitían hacer aquello, sin embargo si que tenía el amargo sentimiento de que tal vez, y solo tal vez había podido confiar en sus habilidades un poco más para solo dejarlos inconscientes, después de todo era alguien que había usado sus habilidades de combate para sobrevivir, no pensó en aquél momento que tal vez con las mágicas habría podido solucionarlo todo sin derramar sangre. Incluso aunque hiciese años fuese más irrespetuoso en el sentido de que no le importaba tanto matar como le importaba ahora, que, directamente era partidario de no tener que hacerlo.

Recordaba la bronca de su maestro con respecto a la utilización de las habilidades y lo que le hizo realizar. Tuvo que aguantar durante un día sobre un precipicio haciendo equilibrio solo para que sus mente no fuese capaz de flaquear como lo había hecho dejando paso al instinto de huir o de avalanzarse.

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El cuerpo de Seikuro en elquilibrio sobre un trozo firme de madera, sosteniéndose con una sola pierna sobre una caida de más de 40 metros de altura, cualquiera que lo viese se escandalizaría, sin embargo el muchacho con los ojos cerrados estaba concentrándose en directamente no sentir nada, ni miedo, ni impaciencia, ni duda. Cualquiera de esos tres podían hacerle perder el equilibrio y realmente el equilibrio allí lo era todo en cuanto a lo que supervivencia se refería. Ya llevaba bastantes horas, horas que había perdido la cuenta pues también le daba igual, lo único que sabía es que tenía las plantas de los pies sangrando por la madera que, pese a ser lisa, estaba acabando con el pellejo ante la superficie rasposa de la misma. Esto añadía dolor al castigo, pero bueno, no sería un castigo si no doliese nada, además él ya estaba acostumbrado al dolor, aquello no era nada comparado a lo que había pasado hasta el momento. Su maestro en cambio estaba sentado en uno de los extremos del precipicio bebiendo sake, acompañando a su alumno en la penitencia de vez en cuando desconcentrándolo, o al menos haciendo el intento. Para la corta edad que tenía Seikuro tenía la concentración de un monje budista cuando se lo proponía.

Incluso sentía la tentación de mover la tabla, sin embargo aquello sería matar a su alumno de forma inútil. Al pasar el día, Seikuro salió de la tabla por su propio pie y cuando tocó tierra firme finalmente sus piernas fallaron, aunque no solo sus piernas, toda fuerza que había mostrado antes era borrada en un solo segundo solo con tocar la tierra. Era el instinto de supervivencia lo que le había mantenido, como lo que le había hecho lanzarse en su momento, sin embargo eso no era lo que su maestro pretenía que aprendiese, sino que fuese capaz de mantenerse frío en las situaciones más adversas, ciertamente se había mantenido como tal, era un hecho que había podido salir cuando quisiese de allí así que se podía decir que la prueba había sido completada por el muchacho. Aunque era un hecho que todavía le quedaba un largo camino por delante, eso era algo que él solo debía recorrer.

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 25/06/15, 07:24 pm

Finalmente el día llegó, en el que Seikuro había dejado de ser un aprendiz y estaba preparado para convertirse en el maestro tras pasar todo tipo de pruebas y aprender a paso acelerado lo que su maestro le había estado enseñando sobre el Hiten y sobre la magia. Tal vez no fuese la persona más diestra del mundo, pero según su maestro era alguien que desbordaba talento en el arte de la espada y que tenía un potencial por encima de lo normal de lo que se había encontrado. Tal vez porque cuando lo encontró era un lienzo en blanco capaz de aprender todo aquello de lo que le pudiese enseñar o porque simplemente estaba en su genética, simplemente los avances del pelirrojo habían sido demasiado rápidos. Normalmente hacer que una persona pudiese controlar por completo el Hiten Mitsurugi eran necesarios de 15 a 20 años para lograr realizar cada técnica en combate de forma efectiva, Seikuro en cambio había necesitado unos pocos de años en los que había estado curtiéndose y madurando tanto mentalmente como físicamente hasta el punto que el muchacho de 18 años iba a pasar a ser un adulto finalmente en el sentido de la espada. Era un atardecer bastante bonito sobre una colina, y hasta el momento había estado esperando la aceptación de su maestro. No sabía de lo que consistía la prueba que le iba a poner, como tampoco sabía la técnica que le iba a proporcionar para poder defenderse más adelante. Solo sabía que quería conocer los secretos de la técnica final del Hiten.

Cuando su maestro llegó, vio que lo hizo con dos katanas, una de ellas era la de Seikuro, cosa que el pelirrojo no se explicaba, normalmente entrenaban con espadas de madera, no sabía porqué había llevado ambas espadas. Sin decir nada y más serio que nunca el hombre le lanzó la espada al pelirrojo quien la recogió con nerviosismo. -La enseñanza final del Hiten Mitsurugi... Un golpe que supera la velocidad de los dioses hecho para matar al enemigo rápidamente, para ello, tienes que moverte con velocidad y fuerza a la vez, para eso han servido todos estos años de entrenamiento que hemos tenido... Ahora, déjame mostrarte.- Dicho esto, el hombre desenvainó su katana mientras una especie de luz azúl le rodeaba. Tal vez porque los ojos de Seikuro ya estaban acostumbrado a la velocidad de su maestro pudo ver claramente lo que hizo, nueve golpes consecutivos tan rápidos que parecían uno solo... ¿Sería el siquiera capaz de realizar dicho movimiento? Solo había una forma de verlo, ¿No? -Sin embargo, ¡Hay algo que te falta!- Peligro, mucho peligro y una sed de sangre creciente a su espalda.

Instintivamente se agachó y saltó hacia adelante todavía sin desenvainar su katana, su maestro le había atacado al cuello con intenciones de matar, aquello no era un entrenamiento, lo que le estaba proponiendo era un combate a muerte, quería que aquella técnica impactase contra su cuerpo o que muriese en el intento. ¿Porqué? ¿Porqué le hacía aquello a esas alturas? No hacía falta que le dijese nada, sin embargo el lazo que tenía con él era demasiado fuerte como para simplemente desenvainar su katana en su contra. Una rápida estocada fue lo único que tuvo como resupesta, estocada que intefceptó con su katana enfundada y que provocó que la vaina volase tras un tirón con todas sus fuerzas. Se quedó mirando la vaina por unos segundos hasta que un susurro apareció en los labios de su maestro. -Levantate... No te he entrenado para que mueras como un perro asustado.- ¿Pero qué...? ¿Cómo iba a poder levantar siquiera la katana contra su propio padre? Retrocedió dos pasos, para luego ser atacado de nuevo por el adulto con un golpe vertical desde el aire. -¡Ryu tsui sen!- Seikuro quien estaba bloqueado solo pudo atinar a interponer su espada entre él y la de su maestro, el golpe era demasiado fuerte y el filo terminó por hacerle un corte en el hombro antes de que pudiese desviar por completo el golpe.

-N... No puedo pelear contra tí.- Una patada en el estómago fue lo que recibió.

-¡Tonterías!- Un nuevo ataque se acercaba al pelirrojo, y la verdad es que no podía reaccionar, en ningún momento le habría importado morir, sin embargo... ¿Sería siquiera justo que muriese sin haber probado siquiera sus habilidades obtenidas hasta el momento? No quería que su maestro muriese en ninguno de los casos. ¿Cómo iba a poder siquiera defenderse si su propia cabeza estaba en contra de pelear? ¡Era una locura!

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Re: Wind's Oldest lullaby. [Entrenamiento-Flashback]

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el 30/06/15, 06:41 pm

La pelea estaba siendo cuanto menos dura, Seikuro no era capaz de ver por donde venían los cortes de su maestro por lo que muy de vez en cuando se veía obligado a salir volando hacia atrás hasta chocar contra algo, pues su maestro, pese a la edad que tenía no solo era fuerte, sino que también era rápido, él en cambio estaba en lo más básico de cada una comparado con su maestro, era como pelear sabiendo que no podías ganar, pero entonces entendió algo, su maestro no era lo que le causaba miedo, no era lo que estaba haciendo que su espada dudase, tampoco era el respeto a la vida que tenía sino que era él mismo, él mismo estaba quedándose bloqueado por alguna razón y al ver la duda en el rostro de Seikuro la espada del maestro se distanció del cuerpo del mismo hacia un árbol que literalmente destruyó detrás del pelirrojo como si hubiese tirado una piedra contra un cristal, tanta facilidad para destruir le hacía ver que el combate podría haber terminado desde hacía bastante tiempo. Sin embargo allí estaban, uno delante de otro, Seikuro temblando notoriamente intentando encontrar una razón por la que luchar, pero es que simplemente no podía, estaba luchando contra quien era como su padre, era la única persona con la que no quería luchar en lo más absoluto, mucho menos a muerte tal y como se lo había propuesto, era imposible para él el hacer eso.

-¿Entiendes que no estás preparado para nada de lo que te espera?- Algo resonó con fuerza en la cabeza de Seikuro, no fueron las palabras de su maestro, sino de sí mismo, diciéndose que no le importaba morir. -No encontrarás la respuesta por mucho que te ayude... Lo mejor será acabar de una vez. Es una pena, estabas a punto de llegar a la conclusión correcta.- Y tras eso, el momento fatídico, en el que Seikuro se vio empujado a actuar por pura supervivencia. El viento los rodeó a ambos como si fuesen dos tornados que estaban a punto de chocar, un zumbido, luz, y luego... El Sol terminó de ponerse detrás de las montañas a la par que su maestro caía al suelo con varios cortes por el cuerpo... Lo había conseguido... Había dominado la técnica, pero sin embargo estaba congelado, su mente y su cuerpo no respondían.




Finalmente se giró, como no queriendo ver lo que iba a encarar, la figura de su maestro en el suelo respirando dificultosamente debido a los profundos cortes que tenía, él sin embargo no tenía siquiera un arañazo, su maestro se había contenido, si, lo había hecho completamente hasta el punto que el alumno había terminado por derrotarlo. Rápidamente se acercó a él dejando caer su espada en el suelo, como un trasto inútil, y es que en esos momentos realmente lo era. Como pudo de la forma más delicada le dio la vuelta al ya anciano para ver las heridas que le había causado... Un profundo surco en el pecho que le cruzaba de lado a lado, varias heridas profundas en 9 puntos distintos de su cuerpo... Pero la peor era la del pecho que no paraba de sangrar. Nunca antes el pelirrojo había sentido la desesperación que estaba sintiendo en esos momentos, no podía decir nada, solo apretar los dientes y llorar, las primeras lágrimas que derramaba en su vida por alguien, porque se sentía impotente al ver como la vida de su maestro se le escapaba entre sus manos y como este empezaba a perder la vida en sus brazos.

-En la última... Enseñanza... Uno de los dos tiene que morir... Seikuro, crece... Lucha... Encuentra tu camino... - La mano ensangrentada del adulto se posó en la mejilla del pelirrojo quien simplemente había podido asentir un par de veces sin saber muy bien que decir, solo repetía una y otra vez una palabra "Lo siento", si, no quería matarlo, prefería que hubiese sido su vida la que hubiese acabado y no la de su maestro. Su destino estaba maldito, lo sabía desde bien pequeño, pero aquello era demasiado, estaba destinado a estar solo siempre, ese era sin duda el camino que tenía que tomar, un camino solitario entre las sombras. No aceptaría alumno alguno, no quería que acabase como su maestro, no se desviaría de su paso tampoco, su espada tendría un solo propósito fuera de todo poder que le pudiesen dar o pudiese servir. Un gremio no iba a ser para nada su objetivo. -No olvides... Que llevas mi apellido, hijo.-

Y tras eso, la mano cayó desplomada en el suelo como un trozo inerte de carne, sin duda aquello si que le había dejado sorprendido al pelirrojo, sin embargo tenía una mezcla de sentimientos tan grande que simplemente no pudo abandonar la tristeza, ciertamente para él era un orgullo que le hubiese dicho "hijo", sin embargo quería decir que acababa de matar a su padre por decisión del otro sin siquiera ser consultado si quería seguir vivo en lugar de él. Pero cuando la parte racional se apoderó de su cabeza pensó en dos posibilidades, la primera es que su maestro no lo quisiese matar, tal y como él no quería matar a su maestro y al ver esto le había empujado a hacerlo, lo segundo es que quería dejarle un legado que proteger, sin embargo, aquella técnica moriría con él, no sería traspasada a una siguiente generación... Nadie, absolutamente nadie tomaría el testigo ni tendría que pasar por lo que había pasado él...


Con sus ojos puestos en el rojo anochecer que daba el sol ya escondido en las montañas Seikuro se adentró a su casa mientras colocaba su katana en lo alto de una repisa con un soporte, justo al lado había una foto suya con 15 años y con su maestro, sonriente aplastándole la cabeza con una mano. Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Seikuro, quien se inclinó levemente, ya había encontrado su camino y había entendido las palabras que le había dado, había sido el resultado de su paso hasta el momento.

-Gracias, padre.-

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