La piedad proteja a las almas que se encuentran camino a la perdición... la justicia destruya aquellas que se han perdido [Misión Rango D] [Haanato Kobato]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

La piedad proteja a las almas que se encuentran camino a la perdición... la justicia destruya aquellas que se han perdido [Misión Rango D] [Haanato Kobato]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 12/05/15, 10:41 am

Shadow Town. Cualquier mago que escuchara hablar de este nombre era capaz de reconocerlo, ubicarlo y, en la mayoría de ocasiones, rehuirlo. Lugar de corrupción, muerte y pecado, esta era la tierra en la que se escondían los más grandes y conocidos magos oscuros, aquellos que pertenecían a los gremios del inframundo: asesinos, violadores, traficantes de esclavos, no habían adjetivos despectivos suficientes para calificar a seres de esta calaña. Con los ojos abiertos o cerrados, igual es posible diferenciarlos: por el olor a putrefacción de su alma, por el sabor a sangre emitido por su mera presencia, por el tacto amargo y agonizante que siente uno al entrar en contacto solo con el mismo aire que ellos respiran. No son los personajes antagónicos para un cuento de niños. Son algo mucho más bajo y repulsivo que ello. Más bien como los granos de pus o la enfermedad propagatoria que sufre el planeta tierra. Evitar su existencia era el menester, el fin absoluto, de todo aquel que se considerara un guerrero de la justicia. De todo aquel que deseara un bien mejor para el mundo y los que lo habitan.

Había dos formas de hacerlo: evitar que este mal naciera o una vez nacido, mientras es débil y no ha causado perjurios, exterminarlo sin ipiedad. Ese era mi trabajo, esa era mi determinación, ese era el fin por el que mi vida seguía adelante en ese momento concreto. Por esa razón en cuanto llegó a mis manos el documento que anunciaba la solicitud de magos para llevar a cabo esta cruda tarea no dudé un solo segundo en tomarlo entre mis manos y registrarme como uno de los participantes en la misma. Espíritus corruptos, ¿Eh? Era curioso saber que no solo la raza humana podía ceder frente a la oscuridad y el caos, sino que los espíritus celestiales también podían hacerlo. No importaba en lo más mínimo, sin embargo, al menos no a mí. La resolución del conflicto era la misma: primero, intentar convencerles de que renuncien a su ira y acepten a la raza humana tal y como es, más allá de sus defectos. En caso de que la negociación fuera fallida tendría que acudir al segundo de mis métodos: espada en mano atravesar los corazones -si es que lo tenían- de esas criaturas y hacer que su maldad desapareciera junto a su existencia.

Un pequeño sacrificio era a veces necesario para lograr un bien mayor. Esto era un hecho, y con esta idea en la cabeza guardé el documento bajo mi túnica azabache y, ocultando mi rostro bajo una capucha y mi cuerpo bajo el resto del traje, emprendí silenncioso y melancólico el viaje hacia aquel que fuera mi nuevo destino. Quizá al final de ese día tuviera que poner a mi espalda el peso de mayor número de pecados a los que enfrentar. Sinceramente esperaba que no, pero no tenía la más mínima idea de como alguien que no creía ya en la raza humana -y aun asi se obligaba a protegerla- podría convencer a alguien para que lo hiciera. Irónico el destino que me deparaba, ¿No creéis?

En cuanto llegué a la zona fronteriza entre las putrefactas y yermas tierra y el territorio aun perteneciente a la provincia de Magnolia levanté la braga que cubría mi cuello para que tapara también tanto mi boca como mi nariz. Simplemente, el olor en ese área era nefasta. Había venido detectándolo desde hacía algo de tiempo, aunque en menor grado, pero mientras me acercaba a esta zona fronterizo el enfermizo sentido se iba acentuando hasta hacerse insoportable. ¿Olor a qué? A sangre, a muerte, a putrefacción, a basura, a lujuria, a todos esos pecados que rondan por el mundo y lo convierten en un lugar verdaderamente oscuro y despreciable. La explicación es sencilla, si bien Shadow Twon podría considerarse como la "ciudad del pecado", la capital de todas las depravaciones, no era menos cierto que su influencia se extendía más allá de sus tierras. En otras palabras: no era raro encontrarse actos tan sucios u oscuros en las zonas colindantes: cadáveres -de niños, hombres, mujeres, ancianos. o simplemente animales, sin distinción-; personas desválidas y perdidas, desnudas, azotadas por taumas y heridas fñisicas o psicológicas; asaltantes del camino: asesinos, ladrones, mercenarios o cazarrecompensas, etc. Y todo lo que uno podía hacer al ver todo esto era -al menos yo- era confrontarlo en la medida que pudiera, o bien derramando más sangre pecadora o bien ayudando a aquellas personas que ni siquiera tenían ya esperanza en sí mismos. En otras palabras: todo ello era un despropósito.

Una ligera niebla cubría una amplia zona frente a mi mirada, más allá de la frontera que aun no me había dignado a traspasar. El siniestro sentimiento que desprendía Shadow Town bajo un cielo nublado, con el intenso frío de una tarde adormecida, donde la penumbra era dueña de hasta el último centímetro de nuestro entorno, era simpllemente macabro. No era la primera vez que enfrentaba a este tipo de terror por lo que ni siquiera me ponía los pelos de punta, mas independientemente de esto no dejaba de resultarme repulsivo y en cierta medida me ponía de mal humor. Palpé la larga funda de mi nodachi al costado derecho de mi cintura, asegurándome de que estuviera firme en su lugar. No sabía cuánta sangre tendría que derramar ese día sobre ella. Las probabilidades de que fuera ninguna era más bien nulas, solo esperaba que la sangre bebida por el filo de esta impura arma fuera del mismo modo carente de pureza y sin ningún tipo de salvación posible. Cerré los ojos un instante. De verdad deseaba salvar a aquellas almas perdidas de la mano del orden, encaminadas hacia la inevitable vía de la perdición y la muerta. Si hiciera falta les rogaría, suplicaría y me arrodillaría si pudiera perdonar aquellos agravios que la raza humana hiciera contra ellas, sin importar cuántas veces hubiera de hacerlo. Si eso era suficiente para calmarlas de nada valía mi orgullo en esta situación. Pero... dudaba mucho que la situación se desarrollara tan felizmente. De algún modo tenía el instinto de que hoy iba a pasar por situaciones dificiles y que tendría que tomar decisiones igualmente complicadas. En fin... si había que hacerse, se haría. No podía decir ni pensar nada más al respecto.

Volví a abrir los ojos y crucé los brazos a la altura del pecho, mirando hacia el mismo camino por el que yo había llegado. El propio rey de los espíritus, quien nos había contratado para esta tarea, se había encargado de designar este lugar como zona de encuentro para las dos personas que participaríamos en la resolución de la misma. Me pregunté qué tipo de persona me acompañaría esta vez: si alguien fuerte o alguien débil, alguien alegre o alguien amargo, alguien inocente o alguien realista. No lo sabía en realidad, no tenia información alguna sobre mi compañía, todo lo que podía hacer era esperar y desear. Y si deseara ¿Qué desearía? Mmm... es una buena pregunta, supongo. Creo que... si estuviera en mis manos decidir rogaría para que la persona que me acompañara en esta ocasión fuera más inocente, dulce, amable y pacífica que yo. No me importaba en realidad si no podía luchar o si tenía que cubrirle las espaldas para que no le hicieran daño. Si de verdad era alguien capaz de enternecer y ablandar el corazón de aquellos a quienes habíamos de visitar... me daría por conforme. No podía más que eso.

_________________
Kakugo Kasuka

Rising my arm, my sword will make you feel that you're safe... that I will be by your side protecting you...
avatar
Mensajes : 1203
Fecha de inscripción : 29/09/2014
Nivel :
127 / 300127 / 300
Ver perfil de usuario

Kakugo Kasuka
Rango B

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.