La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

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La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 24/09/14, 08:57 am

Gota tras gota el llanto celestial descendía desde lo más alto de los cielos sobre aquel lugar desamparado, provisto de negrura e inercia sin parangón. El cielo cubierto por una densa masa de nubes oscuras hacía que la penumbra se propagara por toda la escena, y aunque no pasaba más de una hora del mediodía daba la sensación de que la noche ya estaba anunciando su llegada. No había color, no había vida, no había nada. Solo un sinfín de troncos esqueléticos, de tierras yermas y de cuerpos inertes desperdigados por toda la zona. Un conjunto bicromático de gris y negro que resultaba enfermizo, vomitivo... doloroso. Cualquiera lo sentiría así, cualquiera que hubiera visto en el pasado la grandeza, la belleza con la que la madre natura dotaba a los lugares como aquel. Aun podía recordarlo con total claridad: un color verde intenso, formado por las voluminosas copas de los árboles, que hacía parecer que el cielo estuviera compuesto por hojas y nada más. Los rayos de luz se filtraban a través de los escasos huecos que habían entre hoja y hoja, permitiendo que delgados hilos blanquecinos descendieran hasta impactar sobre el suelo terroso. La frescura era palpable gracias al rocío, el viento era puro gracias a la abundancia de naturaleza, y los animales daban la vida y la alegría que restaba a esta magnífica escena. Era bello, no hay otra forma de describirlo... divino... y se había convertido en nada.

Colocándome de rodillas y pasando mis dedos por la capa de cenizas que cubría todo el suelo podía sentir la sequedad desagradable y el aun palpable calor. Cerré los ojos con fuerza y en mi gesto se dibujó una mueca de dolor que casi deja paso al desliz de las lágrimas entre mis ojos. Mis dedos índice y corazón de ambas manos, aquellos que han sido bañados en el color ceniciento, se posan sobre mis mejillas y deslizándose dejan en ellas sendas líneas grisáceas. Ahora esa tierra formaba parte de mí, solo con eso sabía que no volvería a olvidarla y que jamás dejaría que su antigua belleza cayera en la ignorancia. Me incorporé con lentitud, respiré hondo, cerré los ojos y alcé el brazo en dirección al cielo. El aire se sentía... viciado, seco, casi ardiente. Tuve que contener unas arcadas al sentir todo esto. Los pobladores del elemento eólico se mostraban taciturnos, carentes de vida, tristes y sombríos. Era doloroso solo el escucharles hablar entre ellos y contarme palabra a palabra cómo había sido su sombría experiencia. Les escuché con paciencia y traté de mostrarme lo menos afectado posible por aquel dolor que entumecía mis sentidos. Compartí la tristeza que la madre natura experimentaba y la guardé en lo más profundo de mi alma; posteriormente, volví a abrir los ojos, bajé el brazo y respiré profundamente.

Un silbido agudo surgió de entre mis labios. Apenas unos segundos más tarde un lobo de grisáceo pelaje y robusto cuerpo ya se había colocado a mi costado derecho, levantando la cabeza y mirándome directamente a los ojos. No hubo necesidad de que nos comunicáramos con palabras, solo con mirarnos y unos escasos gestos genéricos pudimos entendernos el uno al otro a la perfección. Menos de un minuto más tarde el lobo ya había emprendido la tarea que le encomendé: buscar cualquier indicio de vida a lo largo y ancho de esta zona. Era improbable que algo hubiera sobrevivido, pero quería asegurarme de que no había ni un brote de vida, ni un animal perdido y desolado que pudiera necesitar nuestra ayuda. Si no intentara esto al menos me sentiría demasiado arrepentido conmigo mismo. Alcé el gesto hacia lo alto de los cielos y clavé mi mirada en las oscuras nubes. No teníamos mucho tiempo antes de que la lluvia empeorara y se convirtiera en una poderosa tormenta. Por el momento dejaríamos que nuestros cuerpos fueran bañados por las lágrimas celestiales, pero lo mejor era que buscáramos un refugio donde pasar la noche cuanto antes...
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 24/09/14, 10:09 am

El cielo, de un terrible gris oscuro, amenazaba tormenta. Ya caían algunas gotas sueltas pero no lo suficientemente fuerte como para que Akira decidiera volver a la sede del gremio. Caminaba con paso lento observando el paisaje que se extendía ante sus ojos. Antiguamente había sido un bosque con gran abundancia de vegetación y unas cuantas especies de animales exóticos, ahora solo era una masa de cenizas y árboles muertos, de los animales era mejor no hablar. La tristeza, junto al olor a quemado, impregnaban la atmósfera, habían pasado tres meses desde el ataque y aún así la zona no había podido recuperarse, la vegetación no lograba ganar terreno. Era un paisaje devastador que no hacía otra cosa si no deprimir, pero aún cosas Akira se negaba a dejar de caminar por aquella tierra yerma.

Canturreaba en voz alta una canción alegre para mantener la alegría que amenaza con abandonarla de un momento a otro. -"Fuerte, hay que ser fuerte"- Se dijo para sí misma mientras terminaba la última estrofa y volvía a comenzarla otra vez. Según su madre le había dicho, cuando aún era una niña de apenas cuatro años, las plantas crecían más fuertes con música y por esa razón se encontraba en aquel lugar cantando. Quería hacer algo por ayudar, quería que el bosque recuperase su esplendor de antaño y así poder subir a lo alto de las copas de los árboles y, que mientras escalase, las hojas acariciasen su cara. Miro a su alrededor, intentando imaginar el aspecto del bosque años atrás y casi lo consiguió, sin embargo el ruido de un trueno hendiendo en el cielo le distrajo y la escena desapareció ante sus ojos como el agua se escapa entre los dedos.

Caminó un rato más, logrando que la aflicción no le superase, pero se paró al llegar ante el tronco de un árbol muerto particularmente grande. Posó su mano sobre la corteza, que se quebró ante el leve toque, manchándose la mano de cenizas, la observó un momento antes de encogerse de hombros y limpiarse descuidadamente en el vestido -"Es negro, no se notará"-. Iba a continuar su camino cuando entró en su visión un verde brillante, se paró en seco y miró con más atención, cuando se dio cuenta de lo que era se acercó rápidamente y apartó las cenizas, con gran cuidado, de alrededor del pequeño brote que luchaba por crecer y vivir en aquel desierto de fuego. La emoción embargó a Akira, miró a su alrededor para ver si había más pero no logró encontrar ninguno, se lo quedó mirando, fascinada por aquella pequeña vida que había nacido, cuando se dio cuenta que debía hacer algo -"Tengo que hacer algo, algo...." - La canción volvió a su mente y tras sentarse en el suelo, a pesar de mancharse y de que la lluvia comenzaba a caer fuertemente, comenzó a cantar, deseando transmitir su fuerza al pequeño brote.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 24/09/14, 11:27 am

Ambientación


Un aullido surcó el aire como lo hace el pájaro que vuela precipitadamente hacia su destino. En cuanto aquel sonido fue percibido por mi sentido auditivo mi cuerpo se tensó, mi rostro se alzó y clavé una mirada preocupada en un punto indefinido frente a mí. ¿Qué había sido eso? ¿Un aviso? ¿Una alarma? Había podido percibir el sentimiento de urgencia plasmado en el sonido emitido por aquel ser lupino, pero mi mente aun se cuestionaba sobre la importancia o el significado que tenía. Mi búsqueda en aquella mitad del bosque aun no había acabado, podía haber algo que requiriera de mi ayuda y atención, pero si de verdad había ocurrido algo... un segundo aullido, esta vez más cercano a mi posición, me confirmó mis sospechas. Esta vez pude entenderlo perfectamente, no cabía duda alguna. Solo había un concepto, una idea, que mi mamífero compañero había querido expresar con su onomatopeya. Una sencilla y significativa palabra: humanos.

El rápido movimiento de mis piernas dejaba a su paso profundas huellas en el suelo, que posteriormente eran borradas por el paso del agua que circulaba en el suelo. Mis piernas se veían sucias, al igual que mis pies, por los inevitables rastros que dejaba el barro al entrar en contacto con mi piel. La ropa se sentía pesada por la acumulación de lluvia, y algunos de los cortes y cicatrices más recientes que poblaban mi cuerpo se reproducían un molesto dolor. Pero nada de esto era capaz de hacerme perder la concentración, de hacerme perder el horizonte ni disminuir mi velocidad de carrera en lo más mínimo. Ni el cansancio, ni la lluvia, ni la sangre ni la aflicción eran mis enemigos. Ellos ningún daño podían hacer a lo que más me importaba, no había ninguna posibilidad de que sumieran en esta ya desoladora tierra en una desesperación aun mayor... no, porque yo la protegería, yo evitaría que esto ocurriera.

Como una sutil sombra atravesé la distancia que me separaba del objetivo. ¿Cómo pude ubicarlo? Normalmente lo habría hecho mediante mi olfato, sentido lo suficiente desarrollado como para detectar cualquier olor característico en un perímetro a mi alrededor (y creedme, los humanos tienen un olor muy característico), pero la lluvia entorpecía esta tarea y me forzaba a dejarme llevar tan solo por mi oído y los aullidos que se escuchaban en el ambiente a cada minuto. Me llevó poco más de tres minutos llegar a la posición en la que se encontraba mi amigo animal, quien ya se enfrentaba, agazapado e intimidante, a una pequeña figura que podía verse empequeñecida pocos metros por delante nuestra. Mis ojos salvajes se clavaron en ella con toda la intensidad y la fiereza del más peligroso de los depredadores, mostrando un gesto cargado de rabia, odio y repulsión. Mi siguiente acción fue la de abrir la boca ligeramente y exhibir los largos y afilados colmillos que en ella se escondían, rugiendo cual felino y haciendo denotar a nuestra "visitante" que aquí no era bien recibida. Pero este no era un idioma que pudieran entender los de mi raza... o eso era lo que me había dicho mi maestro años atrás. Estos seres eran tan estúpidos que tenías que decirles explícitamente lo que debían hacer, si no probablemente se quedarían sumidos en un bucle de dudas e incongruencias.

-¡Humana, fuera!-mi voz resonaba con intensidad y fuerza por encima del constante tintinear de la lluvia y los cada vez más abundantes relámagos- Humana trae muerte, humana culpable de esto, ¡¡Humana fuera!!

En cuanto pronuncié la última parte de mi advertencia me agazapé, imitando la posición en la que se encontraba el lobo, tensé mis músculos, mostré mis garras y me preparé para saltar hacia el frente en cualquier momento. No me importaba cuál fuera la respuesta de aquella criatura, si insistía en seguir marchitando la vida de este lugar con su simple presencia... yo no estaba dispuesto a permitírselo.
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 24/09/14, 12:21 pm

La lluvia caía sin tregua sobre Akira, quién no se movía ni un milímetro del pequeño brote, su único pensamiento en aquel momento era el de protegerlo, darle fuerzas como sea y ayudarle a crecer aunque fuera un poco. Tras la tercera vez que cantaba la canción, Akira se detuvo y miró al brote para luego estremecerse de frío - "¿El brote también tendrá frío?... Quizás debería darle calor de alguna forma, aunque planta sigue siendo un ser vivo, así que por fuerza tiene que tener frío"- Totalmente convencida de que su pensamiento era correcto se acercó más a él con mucho cuidado y se colocó de forma que no le cayeran gotas de agua, cierto era que Akira con su magia podría encender un fuego, pero aquello era demasiado peligroso, no había forma de que se arriesgara de esa manera, un mínimo descuido podría suponer el fin de la vida del pequeño arbolito.

Los miembros se le empezaban a entumecer, estaba empapada y con toda la parte baja del vestido embarrada pero mientras aún pudiera aguantar no pensaba moverse de ahí, sus ojos denotaban seriedad, su entrecejo fruncido por la concentración, en su interior ardía una llama de decisión que nadie podría apagar, una vida era demasiado valiosa como para abandonarla. Y así continuó, totalmente inmóvil hasta que creyó notar la presencia de un animal, un escalofrío le subió por la espalda y no pudo evitar ponerse alerta. Lentamente y con cuidado empezó a girar sobre sí misma para, al final, encontrarse ante ella a un lobo de gran tamaño, inmediatamente Akira se relajó - Ah, es solo un lobo - soltó en voz alta con voz despreocupada, seguramente se había esperado a un monstruo mágico y un lobo, en comparación con aquello, era más fácil de lidiar. No era esa la única razón por la que se había relajado, a Akira le encantaban los animales, confiaba en ellos y a pesar de que se encontraba ante un enorme canino salvaje con grande colmillos y garras no sentía miedo, por lo menos no de momento que no se había parado a pensar en la situación.

Pasaron unos minutos observándose los dos, Akira le miraba fascinada sin poder apartar los ojos del animal - " ¿Se dejará acariciar? "- pensó con algo de emoción más no se atrevió a comprobarlo pues el lobo inspiraba respeto. Finalmente el lobo aulló, fue un aullido estremecedor que trajo recuerdos desagradables a la mente de Akira, quien no pudo evitar llevarse las manos a los oídos para intentar escapar del miedo que de repente le había atenazado. Siendo consciente, por primera vez, en que quizás estaba más en peligro de lo que creía, alzó las manos en son de paz y se alejó un paso. Aquello solo empeoró las cosas pues el animal volvió a aullar, esta vez más fuerte, temiendo que el volver a moverse empeorara las cosas Akira se mantuvo quieta, casi sin atreverse a respirar fuerte o a apartarse el pelo que le había caído sobre la cara.

Poco tiempo después se oyeron, entre el ruido del agua contra el suelo y el retumbar de los truenos, unos pasos apresurados, Akira no pudo si no preocuparse - "Oh no, oh no... voy a ser comida de lobos... ¡no quiero ser comida de lobos! ... es más, no soy comida de lobos, se lo diré vaya si se lo diré "- . En cuanto la figura apareció, Akira sin pararse a pensar ni un segundo, ni siquiera a procesar la imagen que veía ante sí que distaba lejos de parecerse a otro lobo, gritó - ¡¡No soy comida de lobos!! - Después de gritar aquello bien alto, se apartó el pelo de la cara y miró con atención, quedando muda de la impresión, el que se había unido no era un lobo, era un joven de rasgos salvajes que únicamente llevaba por ropa unos rudimentarios pantalones y una especie de capa blanca que le cubría los hombros y descendía por su espalda.

Akira le miró, totalmente sorprendida, estaba en shock. Los latidos de su corazón, antes demasiado rápidos, comenzaban a regularse aunque aún retomaron algo de velocidad cuándo el joven le gruñó, le gritó unas cuantas palabras y se agazapaba en posición atacante junto al lobo. - "¿Me acaba de gruñir?... me ha gruñido..."- Estupefacta como estaba Akira tardó un poco en reaccionar pero cuando lo hizo expresó su indignación - Se puede saber cómo le hablas así a una desconocida eh, ¿no te han enseñado modales?...con el miedo que tenía yo y te presentas así de repente y me gruñes... aun encima me gruñes - Le miró algo enfadada, para luego respirar hondo y calmarse, entre todo el alboroto que era su mente en aquellos momentos recordé al pequeño brotecillo que se encontraba detrás suya, algo asustada, por quizás haberlo pisado, más se tranquilizó cuando comprobó que se encontraba en perfecto estado. Recuperando la compostura asimiló lo que le había dicho el joven y frunció el ceño, a continuación se sentó en el suelo, tapando de su vista al brote, y se cruzó de brazos - Yo no me muevo de aquí, además yo no he tenido la culpa de este accidente - soltó resueltamente a la vez que un poco de preocupación por el joven llegaba a alcanzarla pues era imposible que con la ropa que llevaba no pasara frío - Deberías ponerte algo más o te vas a resfriar - después de decir esto y viendo que el joven continuaba en su actitud amenazante reafirmó su decisión - Que no me voy - dijo mientras le gruñía como si ella misma fuera un lobo - "Si se piensa que es el único que sabe gruñir está muy equivocado, hmp"-

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 24/09/14, 01:22 pm

Ambientación

La tensión se respiraba en el aire, la rabia casi podía escucharse y la ira era capaz de percibirse con un simple olfateo. No, aquella no era la escena digna de uno de esos encuentros felices entre dos personas que acaban convirtiéndose en buenos amigos. Claro, parecía que la falta de esta predisposición provenía netamente de mi parte. Solo había que mirarme a la cara: con los ojos entrecerrados y las cejas acentuadas, marcando agresivamente hasta el último de los músculos de mi faz, mostrando los colmillos y preparándome para lanzar un ruidoso gruñido en cualquier instante. Sí, me parece que lo último que pensaría una persona al encontrarse a un sujeto así sería: "¡Ey, seamos amigos!". Y no es que pareciera precisamente que la situación fuera a mejorar rápidamente... al contrario, a cada segundo que pasaba el ambiente se hacía más pesado, y todo ese sentimiento de rabia se iba expandiendo más y más a través de las partículas que formaban el aire. El tiempo se empezaba a dilatar: era como si cada gota de agua tardara un siglo en llegar al siglo, como si pudiera percibir hasta el más mínimo cambio de temperatura en el ambiente, como si mis ojos se acentuaran y fueran conscientes de hasta el más mínimo cambio que ocurría a mi alrededor. Todo lo que estaba haciendo era dejar atrás mi percepción humana del mundo y entregándome a los sentidos y las sensaciones que todo depredador tiene al acechar a su presa. La sed de sangre debería ser lo siguiente que apareciera en mi mirada... pero no ocurrió. Era cierto que el aire intimidatorio era intenso, poderoso... pero de algún modo no se podía percibir ni un ápice de intención asesina en todo mi ser. Ahora bien, ¿Sería capaz aquella joven de diferenciar una cosa de otra?

Al parecer pronunció unas palabras, pero tanto el sonido de la lluvia como mi completa concentración en mis sentidos salvajes ofuscaron el sonido o el mensaje que mis oídos deberían haber detectado. De cualquier modo, no era como si sus palabras banales pudieran hacerme cambiar de parecer en lo más mínimo respecto a la posición que estaba defendiendo. Solo tenía que mirar directamente en sus ojos para entender lo que aquella joven decía, solo tenía que ver su postura cerrada y su ofuscación en la decisión de permanecer allá donde se encontraba. Maldita humana... estúpida humana... malvada humana... ¿Tanto mal deseaba para el mundo que le permitía vivir? ¿Tanta crueldad había en esos jóvenes ojos? Sí... no tenía que pensarlo por más tiempo, al fin y al cabo era así como eran los humanos. Despiadados, arrogantes, egoístas, inmorales... despreciables. Pero yo no iba a ceder frente a una de esas criaturas. Aunque tuviera que dar un pasó más allá de lo que tenía planeado, no dudaría ni me doblegaría frente a tamaña vileza. Se lo debía al mundo. Se lo debía a la vida.

Un ruidoso rugido surgió de entre las fauces del agresivo y empapado lobo que se encontraba a mi vera. Era palpable que la agresividad y el deseo de sangre en él eran muy superiores a los que yo mismo sentía, en cualquier momento podría lanzarse de un salto sobre aquella humana, y sin duda él no sería indulgente en absoluto. En respuesta a estas intenciones me limité a extender mi brazo izquierdo en su dirección y dirigí un gruñido hacia él. Él desvió su gesto hacia mí y me lo devolvió, tras lo que mantuvimos un duro enfrentamiento de miradas... pero finalmente se resignó a mi encomienda y empezó a retroceder lentamente, sin dejar de mirar ni gruñir en dirección a la que consideraba como su enemiga. Segundos más tarde, después de distanciarse varios metros, daba la espalda a la humana y se alejaba de nuestra posición. Fueron mis ojos rabiosos e intimidantes los que volvieron a tomar el lugar de su mortal y sanguinaria mirada, junto a una nueva exposición de mis afilados dientes y un gruñido gutural. Aquello no iba a ser suficiente, estaba seguro de ello, pero al menos ya había conseguido el primero de los objetivos... sería yo quien me encargara de reducir a los de mi raza, y no quería que nadie se pusiera de por medio.

Después de esta nueva advertencia mi cuerpo agazapado, que había llegado a colocarse a cuatro patas, se alzó ligeramente, de modo que me hiciera ganar un poco de mi altura original. A continuación mis piernas empezaron a moverse con lentitud y presteza, lentas pero seguras, rodeando a la muchacha mientras caminaba en círculos e iba reduciendo su perímetro más y más a cada momento. La rabia, la agresividad y la violencia no desaparecieron ni por un solo segundo, sino que se hicieron más y más intensas, de modo que la presión que sintiera mi presa fuera en aumento hasta el punto de intentar hacerla temblar. Pero no era suficiente. No, no lo era de ningún modo. Por esta razón, cuando lo creí oportuno, mi cuerpo se movió al máximo de su velocidad y me abalancé sobre ella violentamente, tratando de caer justo frente a ella, agarrarle de los hombros y tirarla al suelo, ofreciendo una notable presión y fuerza sobre los miembros apresados. Finalmente, mi cuerpo volvería a agazaparse más aun y mi rostro se acercaría al suyo hasta quedar a centímetros de distancia. En esta posición, amenazante a más no poder, volvía exhibir los colmilllos como sables y rugí con el máximo de las fuerzas que mis pulmones me permitían.

-¡¡¡¡Fuera humana, fuera!!!!-probablemente mis ojos se estarían saliendo de sus órbitas y la fuerza de mi agarre podría llegar a hacer que sus músculos y huesos se resintieran- ¡¡¡Humanos arrogantes destruyen, talan, queman, matan, torturan, desprecian tierra!!!! ¡¡¡¡Fuera humana, fuera, este no hogar para ti!!!!
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 24/09/14, 02:17 pm

El ambiente se encontraba cargado de tensión, de rabia y sobre todo de instinto asesino. Akira pudo mantener su posición obstinada y desconocimiento de la situación únicamente durante unos segundos más pues pronto notó que a pesar de la llegada del joven aún se encontraba en peligro, quizás más que antes. Su cuerpo entró en tensión y se puso en alerta a regañadientes, no le gustaba que la seriedad se adueñara de su mente, era algo que odiaba, estar siempre feliz y sonriente era su guía, su día a día, su norma... el deseo de su madre. Pero había momentos en los que era imposible mantener aquella felicidad y debía dejar paso a otras emociones y este era uno de esos momentos. Akira sentía su vida totalmente amenazada, notaba el odio que le profesaba el joven, si bien ignoraba la razón, al igual que la mirada de sed de sangre que le dirigía el lobo. Con cuidado y lentitud movió sus brazos y los apoyó en la tierra embarrada un poco por detrás del nivel de su cadera, formado así una especie de barrera entre aquellos dos sujetos y el brote.

Si, un momento en el que cualquiera se preocuparía por su vida y por nada más, Akira se preocupaba no solo por ella, sino también por la vida del pequeño brote que crecía a su espalda. Un mareo repentino la arrolló, fruto del miedo y la tensión, perdiendo el sentido del espacio durante unos segundos pero lo recuperó rápidamente y se centró más en intentar analizar la situación, no se le ocurría nada que hacer, ella no era de hacer estrategias, ella era de lanzarse al ataque sin pensar en nada más pero no podía hacerlo, cualquier pelea podía acabar con el brote y además estaba en una clara desventaja. Cada segundo que pasaba Akira estaba más nerviosa y más segura de que aquello no iba a acabar bien, no podía huir, simplemente no podía, aunque su instinto de supervivencia se lo pedía a gritos. Millones de posibles soluciones le pasaron por la mente, intentar hablar con él, ofrecerle su amistad quizás, lanzar fuego para asustarlos e irse... irse... esa era la idea que más le asaltaba, irse del bosque de cenizas para estar a salvo de tal amenazadora presencia pero lo único que hizo fue permanecer sentada sin moverse, observando al joven y al lobo.

El lobo miraba a Akira con ganas cada vez más agresivas, en el momento en el que pareció ir a saltar, Akira, cerró los ojos fuertemente y repitió en su mente -" Feliz, feliz, feliz... hay que ser feliz" - una y otra vez, esperando el momento en que las garras del animal le cayeran encima. Pasaron los segundos y nada ocurrió, se atrevió a abrir los ojos y quedó, de nuevo, sorprendida al ver que el lobo había dejado sus intentos ante una orden del joven. El lobo se retiró completamente de la escena pero aquello tampoco la tranquilizó demasiado, el hecho de que un ser humano hubiera podido liderar a un lobo decía mucho, decía que igual él era como el animal, lo cual se corroboraba al ver su aspecto y actitud.

Una vez el lobo se hubo alejado el joven volvió a mirar a Akira, esta vez más intensamente y comenzó a dar vueltas a su alrededor, ella respondió ocultando de su vista el brote, como si su sola mirada pudiera hacerlo añicos. No lo había esperado o quizás había deseado no esperarlo, el golpe brusco contra el suelo debido al fuerte empujón del joven le dejó sin aliento, su cabeza chocó fuertemente contra el suelo, dejándola aturdida. Intentó zafarse de él pero no podía, su fuerza y su peso eran muy superior a las suyas. Intentó pensar con claridad, acordarse que había estado pasando unos momentos antes pero no lo lograba. Oyó con demasiada claridad las palabras del joven, quería responderlas, quería responder a esas palabras pero no sabía que decir, tampoco tenía claro que decía, estaba perdida.

Entre toda la confusión una idea fue creciendo en su mente hasta ser la única cosa que sentía, ni la lluvia, ni el peso del joven, ni tampoco la humedad, solo veía el brote ante sí. Una furia que hacía mucho tiempo que no sentía se apoderó de ella, solía, siempre más bien, ser una chica alegre pero había momentos en los que ni ella podía mantener esa felicidad. Con un grito por el esfuerzo y utilizando toda la fuerza de la que disponía se quitó al salvaje de encima y le gritó, presa del miedo - ¡El brote, estúpido! ¡El brote! -. Se puso a buscar con desesperación entre el barro el brote, removía rápidamente la tierra - "No va a desaparecer no, no, no será como mis padres" - . Un inmenso alivio la acunó cuando vio surgir de entre la suciedad al pequeño brote verde, algo doblado pero por lo demás vivo. Se dejó caer en el barro, para luego acordarse del salvaje, haciendo un esfuerzo extra se puso de pie y se colocó delante de la pequeña vida al tiempo que decía - No pienso permitir que le pasa nada al brote, ¿quieres pelear?, peleemos, pero no aquí - Akira dijo aquello con valentía, como si fuera perfectamente capaz de hacerse cargo del tema, pero la verdad es que la vista se le nublaba y las piernas le temblaban, el frío y la enorme tensión, además del terror psicológico que había soportado, empezaban a afectarle.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 25/09/14, 03:22 am

No me quiero ni imaginar el aspecto que tendría en ese momento. El agua había calado ya en todo mi cuerpo, pegando el cabello y dejando sucios rastros de la ceniza en mis mejillas. Al menos el barro de las piernas había acabado por ser borrado. La temperatura corporal también estaba alcanzando un peligroso bajo nivel. Aun así mi corazón lo compensaba latiendo a un ritmo frenético, haciendo que la sangre circulara por todo mi sistema a semejante velocidad. En cualquier caso, nada me importaba el estado de mi cuerpo en ese momento. La concentración ya tenía un objetivo más importante que este mal temporal y la repercusiones que se dignara a dejar en mi cuerpo. Sí, la asustadiza mirada de aquella joven era mucho más interesante. Frente a mis ojos, apenas a unos centímetros de distancia, pude sentir como el pánico y las dudas afloraban en su ser segundo a segundo. Eso era una buena señal, si seguía llevándola un poco más por ese camino sin lugar a dudas acabaría por huir a la carrera. De algún modo me sentía un poco... culpable. Mis sentimientos estaban en conflicto, no me gustaba tomar el papel del niño malo, ni mucho menos hacer daño a nadie, pero en esta caso era necesario. Eso era lo que me quería hacer creer repitiéndolo en mi mente una y otra vez. Sí... lo que estaba haciendo era lo correcto.

Por razones desconocidas, como limpiados por el riachuelo de agua, el miedo y el pánico empezaron a desaparecer inesperadamente. Algo estaba pasando por la cabeza de aquella humana, algún tipo de pensamiento que parecía estar dándole unas fuerzas mayores a las que había demostrado hasta este momento. La determinación y la fuerza hicieron el primer amago que yo pude visualizar entre sus ojos, y esto me hizo dudar por un segundo. ¿Quién era esa chica? ¿Ni siquiera en este punto perdía su fuerza de voluntad? Mis dudas desaparecieron al segundo siguiente, y respondí a su nuevo gesto con más gruñidos y exhibición de dientes. Sin embargo, el hecho de que la joven tuviera las fuerzas suficientes como para intentar quitarme de encima ya fue demasiado. Fui yo mismo el que retrocedí dando un pequeño salto hacia atrás, volviendo a agazaparme y colocarme en posición atacante frente a ella. Pero... había algo mal. Entre su fuerza de voluntad aun había algo de miedo que podía detectar en ella, no miedo a mí... sino algo diferente. Relajándome un poco intenté entender qué era lo que pasaba por la mente de ella, por lo que me centré en observar lo que estaba haciendo, como apartaba las cenizas embarradas que cubrían el suelo, en busca de algo... verde. Un claro color verde surgió de entre ese cúmulo de grises y negros. Verde... en ese momento y solo ese momento pudo entender la palabra que había escuchado pronunciar instantes atrás a la joven:

-¿Bro... te...?

Un impulso hacia delante, un nuevo salto, y en cuanto estuvo justo al lado de la humana traté de darle un brusco empujón para apartarla de aquella quimera de vida que había visto... porque era una ilusión, ¿Verdad? Solo podía ser eso. Mi cuerpo se relajó al instante, como si nunca hubiera estado ahí la rabia y el odio habían desaparecido de mi expresión por completo, y ahora todo lo que hacía era inclinarme sobre aquel intento de planta y observarlo con los ojos abiertos como platos. Con miedo, como si temiera que se esfumara frente a mis ojos, adelanté mi mano derecha hacia ella y acaricié sus verdes hojas con tremenda lentitud y dulzura. Su suave tacto, su forma perfecta, su delgado tallo... era real, nada de eso era una mentira, aquello era una verdadera...

-¿Vi...da...?-mientras pronunciaba estas palabras dos lágrimas se deslizaron por mi gesto, probablemente entremezcándose con las hijas de la lluvia, pero el quebrado y a la vez esperanzador tono de mi voz sin duda acabarían por delatarme frente a quien prestara la suficiente atención.

Pero no tenía tiempo para quedar pasmado, aun habían muchas cosas por hacer antes de cantar victoria. Al instante siguiente eché mi mano hacia el suelo y cavé un poco bajo aquel brote, recogiendo un poco de tierra que tenía allá por donde se encontraban sus raíces. Del mismo modo, con mi otra mano, cogí algo del barro en el que se habían convertido las cenizas. Miré a un lado y a otro, olfateé una y otra, y finalmente lamí muy levemente una tierra y otra, procediendo al instante siguiente a escupirla rápidamente. La lluvia hacía que la diferenciación fuera mucho más compleja, no era fácil determinar la diferencia entre esas dos clases de tierra solo con el olfato y el gusto, pero a primera vista podía aseverarse la diferencia de color entre ambas. Para más detalles al respecto tendría que esperar a que el tiempo fuera más propicio.

A continuación me incorporé y lavé mis manos de tierra con el agua que me ofrecía la lluvia. En cuanto los rastros de barro hubieron desaparecido coloqué mis dos manos de modo que entre ellas pudiera acumularse algo de agua, y en cuanto tuve lo suficiente para probar un trago las llevé hacia mis labios y permití que el líquido fluyera por mi garganta. Mi mirada quedó perdida un segundo, intentando determinar si los componentes eran puros o había algo nocivo. No parecía haber nada en el ambiente que fuera perjudicial para la planta. Volví a separar las manos y dejé que el agua acumulada cayera sobre ella.Una suave y calmada sonrisa se dibujó entre mis labios. Así que al final... sí que había algo... aunque fuera ese poco, sí que había algo que nos pudiera dar esperanza. Era gratificante.

Después de todo este proceso y de la sorpresa al haber encontrado la planta entre toda esta tierra yerma volví a fijar mi mirada en la joven humana. Durante los pasados minutos me había olvidado de ella por completa, pero no importaba: hay que tener claras las prioridades sobre lo que es más importante y lo que es menos. Con este nuevo gesto mi rostro había dejado de expresar la anterior rabia y agresividad. La miraba con el entrecejo fruncido, intimidantemente, pero no había en mis ojos la más mínima intención de atacarle. Más bien... la estaba evaluando.

-¿Por qué humana con brote?-mi voz no era rabiosa, más bien neutra, carente de emoción; sin embargo, fue tomando un tono melancólico, entristecido, a medida que pronunciaba las siguientes palabras:- ¿Qué quería hacer humana con brote? ¿Bosques no suficiente? Humanos liberaron reyes del cielo, reyes del cielo mataron naturaleza. Humanos mataron naturaleza.-volví a acentuar las cejas, aunque dijera esto... ahora que lo veía desde esta perspectiva estaba claro que la humana no intentaba hacer daño a la planta, la posición en la que se encontraba cuando era amenazada por el lobo y por mí era la misma que tomaba una madre protegiendo a una cría- ¿Por qué humana con brote? ¿Por qué protege brote?
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 25/09/14, 09:40 am

Manchada de barro y cenizas, a la par que empapada y mareada, Akira se mantenía firme en su posición, pero poco pudo hacer ante el nuevo empujón del salvaje que la apartó violentamente del lado del brote. Volvió a caer al suelo, esta vez con suerte de no golpearse la cabeza, más se levantó rápidamente para después dejarse caer, pues le desconcertó la escena que se desarrollaba ante sus ojos. El joven miraba con ojos incrédulos el brote, parecía no creerse que aquella pequeña criatura estuviera creciendo ante su vista, pero era real - Ten cuidado - dijo Akira, con voz cansada pero a la vez con cierto reparo, la tensión del ambiente había desaparecido de repente pero aún así no confiaba en el salvaje y a pesar de que quería alejarlo del brote, sabía que no tenía fuerzas suficientes. Su temperatura corporal había descendido alarmantemente y la cabeza aún le palpitaba por el golpe de antes, se frotó suavemente la zona afectada para luego soltar una leve expresión de dolor.

Observó como el joven... - "Acaba de... ¿acaba de probar la tierra?" - le miró incrédula, mientras además de la tierra tomaba agua y examinaba el terreno, le vio escarbar la tierra cercana al brote, con cierta preocupación Akira se movió para ver si el brote seguía intacto, pues el cuerpo del salvaje le tapaba la visión, y se relajó al comprobar que se encontraba a salvo. Toda la rabia y el odio, que hacía momentos casi cortaban como cuchillos, se habían esfumado como una hoja arrastrada por la corriente de un río. No parecía que hubiera peligro de que el joven volviera a atacarla así que, arriesgando y probando suerte, se acercó un poco más al brote, más el peligro por la pequeña vida parecía haber pasado pues todo el lenguaje corporal del joven dejaba intuir que no pretendía hacerle daño, sino todo lo contrario.

Atenta como estaba a Akira no le pasaron desapercibidas las palabras del joven, ni su tono esperanzador y algo quebrado - "¿Llora?" - pensó sin poder asegurarlo, la lluvia dificultaba la visión y además el salvaje se encontraba lleno de barro y cenizas, haciendo sus rasgos muy difíciles de leer. La escena había cambiado radicalmente, la atmósfera antes llena de sed de venganza ahora emitía una melodía melancólica con algo de esperanza.

En aquel momento Akira se sintió en paz, cerró los ojos y dejó que el ruido de las gotas al caer contra el suelo la envolviera. Ya no estaba preocupada por la seguridad inminente del brote, este estaba a salvo, al contrario quizás de ella pero no le importaba. Una pequeña lágrima, imposible de de distinguir, cayó por su mejilla - "He salvado una vida" - pensó con alivio. Quizás fuera solo una y demasiado pequeña, pero eso no le importaba, una vida era un vida, todas importantes indiferentemente de su materia. Posó las manos sobre la tierra y descansó el peso de su cuerpo sobre sus brazos, hundiendo sus manos en el barro, era muy húmedo y algo desagradable al tacto pero aún así no se movió durante unos segundos, estirando sus otras extremidades para que no se le entumecieran. Su aspecto en general era deplorable, ninguna parte de su cuerpo y ropa estaban exentas de cenizas pero ,como Akira no podía verse, aquello no le importa mucho aunque sí sentía cierta molestia en la pesadez de los párpados debido a las gotas acumuladas.

Abrió los ojos cuando oyó la voz del joven, al principio carente de emoción para luego tomar un tono desgarrador y triste, Akira negó suavemente con la cabeza - No quería hacerle daño... solo lo estaba protegiendo - se acercó un poco más para que pudiera entender sus palabras sin tener que levantar la voz, le costaba hablar - Los humanos... - se paró y trabó al recordar la gran catástrofe de los dragones, no sabía cuál había sido la causa exacta pero si sabía que otra humana les había salvado - Los humanos cometieron un erro, muy grande... demasiado grande - tragó saliva y continuó - Pero fue otra humana la que salvó a todos, incluidos animales - o por lo menos eso contaban, el gran sacrificio de Ultear.

No esperaba sorprenderse pero lo hizo en cierta medida, Akira abrió los ojos y le miró seria y directamente a los ojos - ¿Qué por qué lo protegía? - repitió la pregunta - Pues porque es una vida, y las vidas tienen que protegerse, da igual sea un humano, animal o planta - miró al brote con ternura sin poder evitar esbozar una leve, muy leve, sonrisa - Me alegro de que no le haya pasado nada - comentó en un susurro.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 29/09/14, 11:20 am

El olor a humedad empezaba a inundar todo el ambiente. Era un olor nostálgico, pero a la vez deprimente. Cuando aquel salvaje vivía entre la abundancia de la vegetación y la naturaleza no fueron pocas las noches en las que hubo se soportar trombas de agua. Las copas de los árboles no eran suficientes protectores para que esta no se filtrara hasta el suelo, por lo que los animales se veían en la necesidad de esconderse en  cuevas o lugares que pudieran ofrecerles una protección segura, todo con el fin de no enfermar ni hacer que su cuerpo se debilitara por factores externos. A pesar de esto, la lluvia siempre había sido bella. Siempre había sido agradable ver como las gotas de agua se deslizaban por los pétalos de una flor, como las hojas acumulaban ciertas cantidades en ellas y se hacían más pesadas segundo a segundo, para acabar inclinándose y dejando caer todo el líquido al suelo, retomando una posición erguida al segundo siguiente y retomando el proceso de acumulación; los riachuelos se formaban en la tierra, que se convertía en un elemento que quedaba entre las fronteras de lo líquido y lo sólido; las raíces de las plantas absorbían todo lo que podían, y a cada instante se volvían más y más grandiosas y brillantes; y finalmente, cuando el chaparrón cesaba y volvía a aparecer el rey solar en lo alto de los nítidos cielos azules, todo brillaba con un esplendor y una grandeza que casi parecía convertirse en un terreno celestial, lleno de vida y pureza. Era entonces cuándo mejor se podía sentir ese olor a humedad, una humedad que no traía consigo malestar o molestia, sino vida y grandeza.

Sin embargo, en esa situación era totalmente diferente. No había árboles o plantas que acumularan el agua, las cenizas solo formaban una masa viscosa y desagradable de un color casi tan oscuro como el negro, y los esqueléticos árboles restaban belleza en lugar de proporcionarla, haciendo aparentar aquel escenario al más digno hogar de los monstruos participantes en historias de terror. El salvaje autodenominado "Kuro" respiró hondo y cerró los ojos por un instante. Este era un pensamiento que no había dejado de atormentarle desde el mismo momento en el que se adentró en aquellas yermas tierras, pero tenía que sobreponerse y superarlo, no era ese el momento para llorar la pérdida, sino uno para luchar y esforzarse por la ganancia. Sus ojos volvieron a abrirse y se dirigieron instantáneamente al brote de planta. Sin duda, parecía un brote sano: un tanto doblado, pero colorido, y ya casi podía presentir el resplandor y la belleza con la que brillaría a la mañana siguiente. La tierra parecía ser propicia para absorber nutrientes y ayudarle a crecer, al menos aquella de la que se nutrían sus raíces, pero al salvaje no le agradaba la idea de dejar que aquella vida creciera sola, no le gustaba pensar que sus hermanos y semejantes jamás estarían a su vera y crecerían a su lado... había algo que tenía que conseguir, había algo que aun tenía que lograr.

Los ojos azulados del joven se alzaron en un solo instante y esta vez se clavaron directamente sobre los óculos de la humana. Los sentimientos que ahora se transmitían eran dureza y seriedad, pero al mismo parecía que intentaba escudriñar algo en lo más profundo de la mente humana... intentaba comprender aquello que la chica le estaba diciendo y discernir entre lo que era verdad y lo que era mera falacia.

-¿Humana de verdad pensar eso? ¿De verdad humana preocuparse por vida?-los ojos se achicaron cuando el muchacho frunció el entrecejo- Difícil de creer humanos arrogantes preocuparse por vida... pero humana haberlo hecho... ¿De verdad humana diferente? ... ¿De verdad... naturaleza puede confiar en humana...?

Los musculosos brazos del pelicastaño se cruzaron a la altura de su pecho, mientras seguía juzgando y escudriñando en lo más profundo de aquella mujer. Sin embargo, no duró mucho en esta posición, sino que unos pocos segundos después cerró los ojos y suspiró profundamente, mientras dirigía su gesto por un instante hacia el suelo. No podía pararse a pensar ahí sin más, su cuerpo se había acostumbrado a las inclemencias del clima, por lo que era más resistente a enfermedades y bruscos cambios de temperatura, sabía resistirlos mejor... pero probablemente esto no era algo que se aplicara a todos los humanos. Si seguían ahí por mucho más tiempo, bajo una lluvia que ya se había convertido tiempo atrás en tormenta, la situación podía incluso llegar a ponerse peligrosa.

-No quedarnos aquí. Aquí peligroso. Humana espera, humana en silencio, no molesta ahora.

Pronunció dichas palabras con una voz monótona, sin siquiera mirar a aquella a quien se dirigía. Seguidamente el chico alzó el rostro hacia el cielo, retiró sus cabellos hacia atrás y respiró profundamente. Con los ojos completamente cerrados su cuerpo se relajó por completo, casi llegando a quedar flácido. Su respiración se acompasó hasta tal punto que parecía que ni siquiera estaba respirando. El ritmo de su corazón descendió notablemente. La lluvia empezó a lavar todo su cuerpo, todo su rostro, dejando la claridad de su pálida piel a la vista y llevándose consigo toda mancha que el barro o las cenizas pudieran haber dejado. En ese momento el salvaje parecía una estatua, un árbol, una piedra... era como si en ese instante ya no fuera un ser vivo cualquiera y hubiera pasado a formar parte de la misma naturaleza. Su conciencia ya no se encontraba en el mundo real, sino que había viajado más allá de este, y en su lugar hubo algo que empezó a rodearlo y acariciarlo con suavidad. Viento. Ligeras ráfagas de viento, no afiladas ni frías, no molestas ni opresoras. Suaves, sencillas, amables, como la mano de una madre que acaricia con amor el cuerpo de su hijo. Las gotas de agua ya no llegaban a su cuerpo, sino que se desviaban y quedaban flotando gracias a la presencia del elemento eólico. En ese momento Kuro el humano había desaparecido por completo... aquel que se presentaba ahí era Kuro, el hijo del viento.
Spoiler:
Primero, ya sabes: disculpa por la demora. Falta de un poco de tiempo y también me estuve dedicando más al rol y la moderación en otro foro, pero aquí lo tienes. Se me ocurrió una pequeña trama que podríamos llevar adelante en un par de temas más. Ahora bien, hablando del post, si he acabado así es porque estoy usando una habilidad (hijo del viento) que requiere de un turno de carga. Este es el turno de carga, el efecto se verá en el post siguiente. Si no tienes mucho a lo que reaccionar no te fuerces y haz un post rápido y sencillo, a tu gusto.
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 29/09/14, 12:26 pm

La lluvia se había convertido en tormenta, caía incesablemente sobre los dos jóvenes y sobre el pequeño brote. Aquel escenario parecía surrealista, ambos, maga y salvaje se habían enfrentado, una por proteger una pequeña vida y el otro por expulsar a una especie que consideraba dañina para la naturaleza y sin embargo, en aquel momento, toda razón de discusión había desaparecido. El pequeño brote parecía haberles unido de alguna forma, aunque nada profunda, pues el joven todavía mostraba una clara desconfianza por Akira. Por su parte la joven confiaba en el salvaje, aún este habiéndole empujado y amenazado de una forma claramente directa, ella no veía más que instinto protector por la naturaleza, algo que ella tenía arraigado también. Aún con esas, se mantenía algo alejada de él pues la inquietud se negaba a dejarla libre, sobre todo en aquellos momentos en los que su debilidad estaba presente.

El frío se había extendido por todo su cuerpo pero lo peor eran las manos y los pies, los dedos de ambas extremidades se encontraban casi congelados y su movilidad se había reducido considerablemente, el solo hecho de moverlos ligeramente le producía dolor. Aguantaba los climas de calor, los aguantaba mejor que otras personas, por algo era el tipo de maga que era, pero en cuanto a climas lluviosos su resistencia bajaba demasiado. No habría tenido que salir en aquel día tormentoso, en cuanto las primeras gotas de agua habían empezado a caer del cielo gris tendría que haberse vuelto a la sede del gremio, cobijarse de su enemigo natural pero el encuentro del pequeño rastro verde y su testarudez le habían mantenido en un terreno totalmente perjudicial para ella. Cada ciertos segundos su vista se nublaba y la cabeza le daba vueltas, para intentar aliviar su mareo Akira se agarró firmemente al suelo, volviendo a hundir sus manos en el fango de cenizas, aquello ayudó a que se orientara algo pero no hizo más que su frío aumentara.

El cansancio se iba apoderando de ella, intentaba mantenerse lo más consciente que podía, el salvaje parecía estar diciendo algo pero casi no escuchaba sus palabras, los truenos ahogaban su voz, aún cosas Akira fue capaz de captar algunas palabras sueltas, naturaleza, confianza... poco a poco procesó la frase que el salvaje le había dirigido y con más esfuerzo del que aparentaba asintió con la cabeza y se aproximó más al brote y al joven, buscando quizás el poco calor que este desprendía al medio. - Puede confiar, yo quiero protegerla y aún no contando con su confianza lo haría, no quiero que ninguna vida se pierda - conforme hablaba su voz iba perdiendo volumen hasta ser una atalía de palabras que incluso una ligera llovizna habría ahogado tras su sonido.

El salvaje pareció ignorarla, mientras se cruzaba de brazos y meditaba algo desconocido para Akira, ella solo pudo observarle y le observó, los músculos del joven se encontraban tensos quizás por aquello que le había hecho fruncir el entrecejo, sus ojos cerrados denotaban indecisión. Pero aquello no duró mucho, abrió los ojos con una decisión tomada en ellos, se giró hacia Akira y le mandó no molestar, ella asintió sin decir palabra y si quejarse, de todos modos poco podía hacer en aquella situación. El salvaje se volvió ante los ojos de Akira un verdadero salvaje, no le había visto como uno hasta ese momento en el que parecía fundirse con el entorno, irradiaba una especie de fuerza que atraía a Akira, quién únicamente se quedó quieta, bajo la lluvia aquella extraña pero en cierta forma hermosa escena.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 29/09/14, 01:21 pm

Anotaciones:
Me pediste que te diera una valoración del post, así que te iba a hacer una pequeña crítica... pero la verdad es que no tengo mucho que decir. Me ha parecido el mejor post en lo que llevas de tema: muy fluido, muy equilibrado entre narración, descripción e interiorización del personaje; muy detallado especialmente a la hora de describir tanto los efectos del frío como el consecuente mareo. Ese punto podrías haberlo exprimido un poco más con algunos detalles: su respiración, su ritmo cardíaco, temblores... pero bueno, a lo mejor eso sería exagerar con los detalles (yo suelo exagerar a veces... muchas veces xD). En definitiva: todo eso lo has hecho perfecto, así que de buenas a primeras, ¡Enhorabuena! x3

Solo una anotación: para el estado en el que se encontraba la frase con la que le ha respondido me parece muy larga, demasiado compleja. Es decir, si no he entendido mal está tan enferma que casi se desmaya, entonces algo como balbuceos: "Puede... yo quiero... protegerla... no quiero... vida.. perder..." Sé que suena algo incongruente el final, pero así habría quedado mejor marcado como se va nublando su consciencia. No es lo mismo que pasa con Kuro, él habla así porque aunque conoce relativamente el idioma humana no ha estudiado tanta gramática, sintaxis y demás, por eso usa composiciones simples y abusa del infinitivo. Son razones diferentes, pero el principio es el mismo: contextualizar el habla del personaje con su personalidad y su estado físico o anímico.

El mundo desapareció, literalmente. El poderoso ruido provocado por el repiquetear de la lluvia se esfumó como si de una resonancia fantasmagórica se tratara; la suave y fresca caricia del viento también dejó de causar sensación alguna. Ya no había frío ni calor, ni tristeza ni alegría, ni tranquilidad ni agitamiento... la conciencia de aquel extraño salvaje había desaparecido como un ser autónomo, y se había unido en el acto a una conciencia mucho más amplia, tan amplia como el mundo, tan amplia como la misma naturaleza. Poco a poco, sin siquiera abrir los ojos, las imágenes empezaron a sucederse en la mente del joven. Imágenes sobre el bosque, sobre el mismo lugar en el que él se encontraba en ese mismo momento... pero desde un sinfín de perspectivas diferentes. Podía ver desde lo alto de los árboles, desde lo más bajo del suelo, desde las ramas... desde cualquier lugar que se encontrara en su zona de jurisdicción. Los ojos de Kuro habían dejado de ser esos órganos visuales que usa todo humano para desarrollar el sentido de la vista, sino que su mirada abarcaba ahora todo lo que el aire le pudiera ofrecer. Y el aire todo lo abarcaba, todo lo veía, en todas direcciones se dirigía. No había nada que pudiera escapar de su poder, nada que huyera de su vigía mirada, nada que pudiera ser libre de su imperceptible presencia. Por eso la conciencia de Kuro era tan amplia en ese instante, solo durante unos segundos, pero unos segundos extremadamente intensos.

El chico viajó a través del espacio a la velocidad de la luz, observando cada detalle de su entorno, escuchando cada palabra que la corriente le susurrara, tratando de hallar un lugar en el que pudiera descansar cuerpo y mente. Y lo encontró, tardó cerca de un minuto en hacerlo, pero finalmente lo encontró. Al oeste de la posición en la que se encontraban se podía observar una superficie rocosa. Algunos lo llamarían montaña, pero su altura no era la suficiente como para compararse a esos monumentos de cientos, si no miles, de metros de altura. Mas lo importante no era la sustancia, el material del que se formaba aquella estructura, sino que en una determinada posición de ella se podía observar una obertura, una entrada, aquello a lo que llamaban cueva o caverna. El poder mágico de Kuro no le permitía discernir del todo la profundidad, pero sí que podía ver que, a pesar de haber algunas goteras en la entrada, el lugar era una buena opción para cobijarse y permitir que sus cuerpos descansaran.

Una vez alcanzado el objetivo solo restó cortar la conexión, no de forma brusca, sino con la misma lentitud y progresión con la que había entrado a este estado. Poco a poco la visión empezó a recogerse hasta volver a su localización, a continuación fueron los sentidos los que volvían uno tras otro: caricias eólicas, la lluvia a cántaros, la frialdad de su cuerpo, la respiración volviendo a tomar un ritmo más acelerado, su corazón volviendo a latir con más ánimo y fuerza... y finalmente sus ojos se abrieron con exasperante lentitud. En este punto ya había vuelto por completo a ser él mismo, y toda la diferencia que pudo percibir respecto al momento anterior a su desconexión era un penetrante dolor de cabeza, como si le estuvieran taladrando el cerebro. Bueno, esta era una reacción natural, su mente se había desconectado por casi minuto y medio y toda la información que había asimilado en este tiempo representaba lo que en cualquier otra situación habría asimilado en al menos una hora de minuciosa observación. El dolor era tan intenso que su cuerpo se tensó y hubo de quedar callado por unos segundos, pero fue remitiendo y permitió al joven salvaje volver a sus habituales facultades físicas y mentales.

-Cueva, Refugio cerca. Correr rápido, si no cuerpo...-enunciaba el joven como una máquina, mientras buscaba con su mirada a la humana, pero cuando finalmente dio con ella paró de hablar en seco.

Su mirada quedó fija en ella, sin decir nada, solo observándola a ella y el pésimo estado en el que se encontraba. Seguidamente cerró los ojos e inspiró profundamente. Sin decir palabra alguna dio un par de pasos al frente, se acuclilló frente a la joven y, sin siquiera esperar confirmación o aceptar queja alguna por su parte, la cogió en brazos y se volvió a incorporar. No hizo caso alguno a las posibles quejas, agarres, golpes o como fuera que reaccionara la muchacha; simplemente flexionó sus piernas y se lanzó hacia delante, corriendo cual gacela todo lo rápido que le era posible. La distancia que hubo de recorrer no era grande en absoluto, pero la inestabilidad del terreno le hizo prestar doble atención a su equilibrio para no resbalar y caer al suelo. De cualquier modo, pocos minutos después el pelicastaño ya cruzaba la entrada de la cueva y se resguardaba de la torrencial caída de agua. Aquí el joven dejó de correr y pasó a caminar con tranquilidad, pero se adentró aun unos cuantos metros más para llegar a una zona en la que no hubieran tan abundantes goteras. Una vez en un lugar seco el chico se colocó de cuclillas y dejó a la humana sentada sobre lugar seco.

-Lugar seco, más seguro, mejor para esperar lluvia acabe.-dijo esto de manera casual y después de hacerlo suspiró profundamente y se estiró a un lado y a otro... después de hacerlo empezó a quitarse las prendas completamente mojadas con las que vestía, tanto la que cubría su espalda como la que protegía por debajo de la cintura- Humana también quitarse ropa. Ropa mojada, ropa fría, ropa peligrosa ahora. Cuerpo frío, humana calentar cuerpo.
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 29/09/14, 02:41 pm

El frío se volvió silencio, en algún punto mientras observaba al salvaje convertirse en uno con el entorno, todo perdió el sonido. Apenas momentos antes el espacio tenía sentido más ahora todo era caótico, no sabía dónde se encontraba o que había estado haciendo hasta aquel momento, todo era un galimatías contra el que no podía luchar. No sentía su cuerpo, entre toda la maraña condensada de pensamientos el miedo se alzó como una ola y se llevó todo lo demás, algo comenzó a dar vueltas haciendo que Akira se encontrase más pérdida. Intentaba resistirse, pero no tenía claro como, ante sus ojos lo único que veía era oscuridad, una oscuridad helada que la iba envolviendo cada vez más, hasta que sus ojos se comenzaron a cerrar. Justo en el momento en el que su resistencia llegaba su fin y la rendición aparecía ante ella como una salvación, todo lo contrario a lo quera, un leve calor se extendió por su cuerpo.

Su cuerpo reaccionó al calor, el sonido pareció volver a una baja intensidad, unos murmullos parecidos a palabras alcanzaron la mente de Akira, pero no llegó a descifrarlas -¿...Qu-e...oc..urr.... - intentaba articular pero no lograba anexar las letras unas con otras. Se debatió débilmente, sin comprender la razón por la que se sentía ligera, realizando un gran esfuerzo alzó la cabeza. Ante sus ojos bailaron diversos tonos predominando el blanco y en un momento dado un color profundo que la miraba atentamente, aquello le hizo cerrar los ojos mientras intentaba sin éxito comprender lo que ocurría. Cuchillas parecían clavársele en la piel, como si el viento helado si hubiera afilado tanto como para cortar, sin embargo aquella sensación no duró mucho.

Pronto su cuerpo experimentó un alivio que había olvidado, la pesadez húmeda que antes había perdurado incansablemente había desaparecido si bien algún momento aislado se daba. La conciencia volvía lentamente a ella, sintió un descenso y luego lo que parecía superficie seca bajo su cuerpo empapado. Alzó la vista y ante ella apareció una figura humana, llena de cenizas y fango, una leve nota de temor se elevó suspendida en su mente para luego dejar de sonar, algo en aquella figura le hacía pensar que no era peligrosa, que en un momento dado lo había sido pero ese momento ya había pasado. Cada vez era capaz de procesar más elementos, por ejemplo, que el lugar en el que se encontraba parecía ser una cueva poco profunda y que aquel que se encontraba con ella era... - "S-al...va-je"-. Aquella palabra acudió a su mente junto con retazos de escenas que habían transcurrido momentos antes.

Su movilidad retornó en pequeña medida e intentó incorporarse aunque solo lo logró a medias, entre esto la voz del joven alcanzó sus oídos y confusa como estaba no se le ocurrió desobedecerle, todavía seguía sin comprender lo que ocurría pero llegó a articular algunas palabras -Mo-ja..da...qui-tar ro..pa -. Con aquello en mente Akira comenzó a quitarse las botas, solo para quitarse una ya tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano que le dejó momentáneamente sin aliento. Entonces llegó la parte difícil, quitarse el vestido, sin cuestionarse si quiera si debía hacer aquello comenzó a levantar la tela empapada. En aquel momento un pequeño rayo de lucidez aclaró su mente y sus mejillas se tiñeron de rojo - P-pe..ro qu-e.. - se tambaleó y dio con su espalda en la pared para luego abrir los ojos con gran sorpresa y se cabe sonrojarse más cuando la escena que veía ante sus ojos se procesaba -N-no p-p-ued..e...s-er, ot--ra...for..ma -dijo intentando sin éxito encontrar una manera de superar aquella situación a muchos rasgos, de vida o muerte. Pero su conciencia se volvía a borrar lentamente a la vez que la imagen del salvaje despojado de sus ropas se desvanecía ante sus ojos.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 30/09/14, 06:36 am

Las prendas con las que vestía el salvaje se despegaron de su cuerpo sin problema alguno, quedando desnudo en cuestión de unos pocos segundos. Seguidamente el chico se limitó a dejarlo todo en el suelo y empezó a quitarse los restos acuáticos que tenía en el pelo y a lo largo de su piel. Cuando agitó el cabello hacia un lado y a otro cual canino todo su cuerpo le acompañó, quedando medianamente seco aunque frío. El interior de la cueva también estaba gélido, pero el joven poseía la sangre bastante caliente, por lo que su temperatura no tardaría en ensalzarse a pesar de ello. En definitiva, no parecía que él fuera a pasar por resfriado ni molestia alguna. Sin embargo, esta no parecía ser una afirmación que también se aplicara a la humana de cabellos castaños, quien frente a la mirada del tranquilo salvaje no dejaba de agitarse y temblar.

Los síntomas eran claros: su piel había palidecido notablemente, su pulso no podía mantenerse firme, escalofríos se veían reproducidos uno tras otro y sus palabras eran incapaces de ser pronunciadas con claridad. El muchacho frunció el entrecejo y mordió su labio inferior con fuerza, dejando que por él se deslizara una gota de sangre. Los esfuerzos que estaba llevando a cabo la joven eran dignos de consideración, pero ni siquiera era capaz de mantenerse en pie sin tambalearse. Por si esto fuera poco su rostro estaba empezando a cobrar un intenso color rojizo, lo que para el salaje denotaba un aumento de la fiebre y un consecuente mareo que la incapacitaría... si de verdad iba a dejar que se desprendiera de su ropa por cuenta propia tardaría tanto en hacerlo que para cuando lo lograra ya habría amainado la lluvia.

-Humana lenta, Kuro ayudar.

No hizo falta que mediaran más palabras, ni siquiera espero a una confirmación por parte de ella, sino que el de ojos azulados dio un par de pasos hacia el frente y quedó a pocos centímetros dela humana. Miró su vestido por unos segundos, intentando descubrir cómo se podría quitar, pero no tuvo la paciencia suficiente para hacerlo, por lo que se limitó a recoger un cuchillo que había dejado junto a su ropa y rasgó por completo la vestimenta de la doncella, dejando que esta cayera al suelo sutilmente. Sin embargo, cuando llegó el momento en que solo quedaron las prendas que protegían el pecho y la parte posterior a la cintura el chico se quedó mirando fijamente la primera de ellas, y tras unos pocos segundos cruzó loa brazos a la altura de su pecho, como si estuviera pensando en algo. Tal pensamiento fue pronunciado directamente después:

-Cuerpo humana diferente cuerpo Kuro. Humana rara, ¿Enferma ya? Tratar enfermedad rápido, si no humana morir.

El de sereno gesto no conocía esa parte de la vestimenta, así que no tenía idea alguna sobre cómo se podía quitar. Se planteó si debía preguntarle a la muchacha si era capaz de quitársela ella sola, pero viendo las dificultades que ya llevaba teniendo se limitó a tomar la salida rápida y lo cortó con ligereza y rapidez. Las dos orbes que sujetaban cayeron con ligereza y el joven las observó por un instante, pero poco después ya había desviado el rostro hacia otro lado. Esa era una parte de la anatomía humana que no había conocido nunca... era evidente, aquella era la primera vez que veía el cuerpo de una mujer de frente, ¿Y qué decir de una mujer desnuda? El muchacho no tenía el suficiente sentido común como para azorarse del mismo modo que lo haría otro humano cualquiera, pero aun así sí que era capaz de percibir algún ligero cambio en su propio cuerpo. De algún modo presentía que no sería bueno, ni para él ni para ella, que se quedara mirando por mucho tiempo. Los pasos del chico se dirigieron al lugar en el que había dejado su ropa, donde arrojó de nuevo el cuchillo. Se colocó de cuclillas y cogió la prenda que portaba en la espalda instantes atrás. La tela de la que estaba tejida aquella vestimenta no absorbía el agua con facilidad, por lo que aunque poseía gotas de agua sobre ella solo con expolsarla y quitarle las gotas que tenía por encima quedaba seca y preparada para su uso. Eso es lo que hizo el muchacho, cogiéndola y llevándola junto a la humana, ofreciéndosela mientras miraba hacia otro lado.

-Humana usar esto, frío no bueno, humana protegerse.
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 30/09/14, 08:45 am

De fondo todavía se podía escuchar la gran tormenta que en aquellos momentos se desataba con gran poder, sin embargo en el escenario de la cueva, Akira oía por encima de todo los latidos desenfrenados de su corazón a la vez que el sonido de multitud de gotas salpicar contra las paredes de piedra. El primer sonido era difícil acallarlo, por más que intentaba calmarse no lo lograba, el cuerpo desnudo del salvaje se lo impedía, el segundo sonido tenía su origen en el joven que se sacudió el agua de su cuerpo de la manera primitiva, sacudiendo todo su ser, aquello hizo que Akira apartara la vista bastante azorada. Su conciencia iba y venía como si de olas se tratase, más cada vez que volvía lo hacía con más fuerza, el no encontrarse totalmente a la intemperie ayudaba bastante pero aún así no podía dejar de temblar y le era difícil mantenerse en pie. Apoyada con la espalda en la pared intentaba recobrar algo de energía y analizar más profundamente la situación en la que se encontraba.

La pausa de la escena hizo que sus latidos se regularizaran en gran medida pero aquello no duró mucho, el salvaje se acercó a ella y con solo cuatro palabras la dejó paralizada de miedo, vergüenza e impotencia - N-o - alcanzó a decir mientras trastabillaba hacia atrás sin poder alejarse del joven. Con un simple y ligero movimiento de cuchillo el salvaje se deshizo de su vestido, quedando únicamente en ropa interior, poco más podía hacer Akira que sonrojarse ilimitadamente y cubrirse con las manos todo lo que podía. El joven se encontraba demasiado cerca, Akira sentía su espacio vital bastante mermado e invadido pero la gran impotencia física que sufría le robaba la posibilidad de una negativa eficaz, en el fondo sabía que no había otra opción pero eso no significaba que aquello le gustara.

- Y-a...b-b-ast-a co-n est-o - las palabras comenzaban a salirle más fluidas, pero aún así el tartamudeo causa del frío no cesaba y el procesamiento de las frases seguía tardando más de lo normal. Una pequeña esperanza de que quitado el vestido no hiciera falta quitarse nada más se desvaneció rápidamente, a la misma velocidad en la que el cuchillo cortó con pericia el tirante de aquello que sujetaba los senos de Akira. El bochorno se alzó como una marea imparable dentro de ella e hizo que un mareo súbito le atacara el cuerpo, teniendo que agarrarse con la mano a la pared, intentando mantener el poco equilibrio que en aquellos momentos poseía. El joven se la quedó mirando, tarde alzó las manos cubriéndose aquella parte tan íntima que el salvaje observaba como algo totalmente nuevo, ante el disparate que este soltó ni siquiera tuvo fuerzas para contestarle, simplemente se quedó mirando a un lado, deseando que aquel momento pasara cuanto antes.

Una pequeña aguja de pánico se clavó en su mente y con una mano rápidamente fue a agarrar la única prenda que llevaba puesta, más parecía que ya era suficiente con la ropa quitada pues el joven se retiró del lado de Akira para recoger su capa y tendérsela. Tenía que aceptarla e iba a aceptarla, no tenía otra opción pues si no había pocas posibilidades de que pudiera sobrevivir habiendo perdido tanto calor, cogiendo la capa con manos temblorosas se tapó con ella de forma que toda su parte frontal quedaba cubierta y escondida de los ojos del joven quien además mantenía su vista apartada del cuerpo de la pequeña maga, algo que ella le agradeció interiormente. Estableciendo por fin que el estar de pie no le sentaba nada bien se sentó sin apoyarse en la roca pues su contacto era demasiado frío para su espalda desnuda e intentando evitar aquella zona tan problemática del salvaje, le miró a los ojos con una grave mirada - G-graci-as - dijo algo a su pesar pues por lo menos le podría a ver pedido permiso a la hora de desnudarla de aquella manera, sin embargo estaba en deuda con él y ella lo sabía perfectamente - ¿Y t-tu?, ¿n-no neces-sit-tas-s la c-capa? - el tartamudeo iba remitiendo conforme el calor volvía muy lentamente a su cuerpo.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 30/09/14, 10:27 am

El salpicar del agua, aquella cueva oscura y fría, las sombras alargadas y profundas... todo ello traía gratos recuerdos al joven salvaje. No se había dado cuenta hasta ese momento, pero aquella cueva era exactamente igual a aquella en la que fue abandonado siendo apenas una criatura. Sí, lo sé... es extraño recordar algo tan lejano, algo sucedido tanto tiempo atrás, pero para él esta había sido una de las experiencias más intensas que jamás había experimentado... al fin y al cabo había estado a las puertas de la muerte. Un bebé que pasa no horas, sino días abandonado a la intemperie, en una cueva sin comida, sin agua, sin calor, a la merced de los vaivenes que la naturaleza quisiera dar. No es que estuviera cubierto por una sábana, una manta o cualquier tipo de objeto que pudiera proporcionarle un mínimo de calor...no, nada, ni siquiera una digna vestimenta, él solo era un deshecho humano al que se había dejado atrás con desprecio y desapego. Eso es lo que fue durante largo tiempo. Todo lo que podía hacer era llorar, llorar hasta que sus pulmones se quedaran sin fuerza, llorar hasta que el eco de aquella cueva hiciera que sus tímpanos explotaran.

Y sus llantos llegaron a alguien. Era un día lluvioso, tan oscuro y bizarro como el presente, y una madre loba atravesaba un frondoso bosque después de haber capturado la cena del día para ella, en busca de la madriguera de sus pequeños cachorros para poder volver a su lado y darles de mamar. Fue entonces cuando el llanto irrumpió en el sentido auditivo del animal. Este se paró en seco y miró hacia un lado y a otro, intentando ubicar el origen de la llamada de la naturaleza. Su notable sentido auditivo le permitió ubicarlo sin ningún tipo de problema. Las piernas de la loba se moviern a la misma velocidad a la que lo harían las de una gacela, y en menos de un minuto recorrió la distancia que le separaba del origen de aquel molesto ruido. Ahí lo encontró: una pequeña criatura de diminuto cuerpo y blanquecina piel.Alguien cuyas fuerzas solo le permitían temblar, temblar y llorar con una intensidad demencial. Ya había sobrevivido por demasiado tiempo aquella criatura, cualquier otra hubiera muerto después de todo ese tiempo, pero aquel niño era alguien especial... aquel niño era un hijo de la naturaleza. Esto es algo que la propia loba pudo descifrar con solo verle, sabía que no era uno de esos desalmados humanos que destruían su hogar y asesinaban a sus hermanos... aquel ser también había sido tirado por los suyos, como basura, como algo innecesario. Y allá donde los humanos le rechazaron... la naturaleza le daría cobijo. La loba dejó la presa que había cazado, se acercó a la inocente criatura y la recogió entre sus fauces. Después se levantó y volvió a salir corriendo en dirección a la madriguera donde se escondían sus crías. Durante toda esa noche la loba dio calor al bebé con su cuerpo. Era imposible olvidarse de ese calor, esa sensación de candidez y cariño... o al menos Kuro jamás llegaría a olvidarlo.

¿Por qué se acordaba de eso en ese momento? Supongo que por el ambiente y la situación. Aquella no era la cueva en la que le habían encontrado, de eso estaba seguro, pero el ambiente y la situación no era tan diferente... solo que su puesto había sido cedido a la humana que le acompañaba. Kuro echó una ligera mirada al rostro de la pelicastaña. Estaba rojo, muy rojo... demasiado rojo. Aquello no podía ser bueno, su fiebre debía estar por las nubes. Sin pronunciar palabra alguna el joven dio un par de pasos hacia el frente, se acuclilló para quedar a la altura de ella e hizo que su diestra avanzara hacia la frente de la joven.

-No moverse.-anunció sin más- Cuerpo de Kuro cálido, Kuro resistente a temperaturas y a lluvia, Kuro no necesita ropa.

La mano entró en contacto con la parte superior de la cabeza de la muchacha y pudo sentir el desbordante calor que emitía. Sin embargo, a pesar de que la temperatura era alta, su rojez era demasiada... esperaba que hubiera alcanzado una fiebre mucho mayor. Mientras retiraba la mano el joven dibujó una mueca de molestia y cierta preocupación, mientras cruzaba los brazos a la altura del pecho, aun en cuclillas. No podía dejar que el cuerpo de la muchacha se enfriara aun más, si lo hacía podía llegar a ser fatal, y sin duda alguna la pobre prenda que le había ofrecido no era suficiente. Formas de hacer que alguien entre en calor, formas de hacer que alguien entre en calor... solo se le ocurría una. No había prendas secas ni nada a lo que pudieran acudir para que sirviera como ropa de abrigo, así que lo único que restaba que pudiera dar calor a un cuerpo humano era otro cuerpo humano. Para fortuna de la joven la temperatura del cuerpo de Kuro era bastante alta, así que solo con abrazarla podría parecer como una calefacción andante. No veía ningún tipo de inconvenientes en ello, así que el joven se preparó para dar un paso hacia el frente y colocarse junto a la joven, pegado a ella...

Pero fue interrumpido por un rugido. El sonido puso al salvaje en alerta, haciéndole dar un salto y colocarse en la dirección de la que provenía. Esta fue su reacción instantánea, un acto reflejo, pero poco después su cerebro ya estaba procesando el tono del aullido, el posible origen de su generador, su raza y género, su tamaño... sí, todo eso era posible descifrar al analizar un sonido. Y gracias a esto el chico entendió que no debía preocuparse con nada, se limitó a levantarse y quedar erguido, pero con el cuerpo relajado.

-Tsuki.-se limitó a pronunciar un nombre.

Tras este enunciado unas ligeras pisadas empezaron a escucharse desde la profundidad de la cueva, unos pocos metros por delante de donde se encontraban los dos seres humanos. El pelicastaño esperó pacientemente, con las manos en jarras a la altura de su cintura, pero se veía totalmente relajado, como si supiera exactamente lo que iba a salir a continuación. Y así parecía ser, pues aquel que hizo acto de presencia no era otro que el lobezno que tiempo atrás le había acompañado al presentarse a la joven. En cuanto se dejó entrever su figura Kuro le indicó con la mano diestra que se acercara, y el lobo aceleró ligeramente su paso sin decir nada al respecto. Una vez más el chico se colocó en cuclillas y acarició la cabeza y el cuello del animal, pasándola entre su abundante pelaje seco. Este le respondió echando su hocico húmedo hacia delante y restregándolo por su cara. La presentación duró unos pocos segundos más, pero para cuando hubo acabado el salvaje se giró en dirección a la gélida chica, y señaló al lobo en su dirección, diciéndole algo esta vez en lo que se asemejaban a los gruñidos lupinos. El lobo acentuó su mirada y mostró estar inconforme, pero Kuro siguió acariciándole el cuello y se volvió a dirigir a él con sonidos tranquilos y suaves, pero fáciles de entender para él. El animal suspiró profundamente y echó el aire a continuación, pero sin decir nada más dio unos pocos pasos hacia delante y se acurrucó junto a la humana, dándole soporte y calor con su peluda y cálida figura. El de ojos azulados asintió al estar conforme con la situación y a continuación se dirigió a la pared frontal a aquella en la que se encontraba apoyada la humana. Vigiló su rostro con mirada perspicaz y trató de vislumbrar cualquier tipo de cambio en él.

-¿Humana mejor? Lobo ayuda humana, lobo cálido, humana cálida. ¿Humana mejor?
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 30/09/14, 02:12 pm

Gracias al resguardo que le proporcionaba la capa el cuerpo de Akira se recuperaba poco a poco, no era suficiente para solucionar el gran entumecimiento que sufría en la mayor parte de sus extremidades pero si servía para evitar que continuara perdiendo temperatura y que su mente se restableciera a un ritmo normal. Pasó la mano por el exterior de la capa, tenía un tacto muy suave y cálido así que le dio la vuelta en un momento en el que el salvaje miraba hacía la entrada de la cueva en la que se habían resguardado de la tempestad. Su conciencia funcionaba a grandes rasgos por lo que intentó buscar alguna solución a aquella situación en la que ambos se encontraban pero lo único que le venía a la mente era esperar a que la tormenta remitiera y aquello no era muy alentador. La capa que le había prestado le serviría pero no por mucho tiempo, si la tormenta empeoraba o pasaba mucho tiempo en aquella condición volvería a empeorar y no solo estaba ella, también estaba el joven, por mucho que aguantara el clima no estaba segura de que pudiera por un tiempo ilimitado.

Había algo de lo que no se había recuperado ni un poco y el joven solo hizo que empeorara cuando se acercó a ella y le puso la mano en la frente, seguramente tendría algo de fiebre pero si se seguía acercando tanto a ella estando desnudo iba a tener un problema de otro tipo. El tono rojizo de su cara se negaba a abandonarla, seguía sintiéndose muy avergonzada a pesar de que ella era una persona poco vergonzosa, aquello superaba sus límites. Mientras le tomaba la temperatura el salvaje pronunció varias veces un nombre, lo utilizaba en tercera persona por lo que Akira tardó en intuir que aquel nombre seguramente era el suyo - ¿Tú nomb-bre es Kuro? - preguntó con gran curiosidad mirándole directamente a los ojos, intentando establecer alguna conexión con él. No dudó de su afirmación, de que era resistente al clima, lo había demostrado con creces cargando con ella hasta la cueva y estando en aquel mismo momento sin ropa alguna pero aún así la quietud no se iba - S-si la necesitas de vuelta - paró a coger aliento, todavía se encontraba cansada y le costaba articular un poco - s-solo dímelo, es t-tuya después de todo - consiguió decir para después cerrar los ojos intentado ordenar sus pensamientos y que el cuerpo desnudo de su salvador no se le apareciera.

El súbito salto de Kuro hizo que Akira entrara en alarma también, sin saber muy bien que hacer se fue a incorporar pero le fallaron las fuerzas y apenas pudo elevarse unos centímetros. Ni siquiera tenía fuerzas para utilizar un pequeño hechizo de ataque, Akira sentía por alguna razón que no debía utilizar su poder en frente de Kuro, pues había hablado con odio y pena sobre el ataque de los dragones cuyo poder era sobre todo su aliento de fuego, por tanto era mejor ocultarle aquel hecho al joven, aunque si entraban en una situación nuevamente peligrosa no dudaría en atacar para salvarle, aún a pesar de que con eso se granjeara su odio. Akira miró con gran interrogación a Kuro que parecía haberse relajado y esperaba en una posición de confianza, como si supiera lo que iba a ocurrir, y así tenía que ser porque poco después en la cueva entró una silueta cuadrúpeda que poco a poco se fue definiendo en un lobo. Había aprendido a confiar en las dotes de liderazgo de Kuro, así que en aquella ocasión no temió por que el lobo la atacara repentinamente, se quedó observando la escena sin intervenir. Ambos intercambiaron unos cuantos gruñidos, les miraba maravillada mientras se comunicaban mediante aquel rudimentario lenguaje.

Ante su gran sorpresa y una pizca de miedo repentino, el lobo se dirigió hacia donde se encontraba recostada, Kuro seguía tranquilo incluso mostraba cierta satisfacción o por lo menos eso creía leer en él, por lo que se obligó a mantenerse calmada. El animal se tumbó a su lado, no tardo en notar el calor que le proporcionaba el cuerpo del lobo, elevó su vista hasta toparse con la cara del joven, evitando en su ascenso cierta parte que no le provocaba ningún bien. - S-si, muchas gracias - dijo mientras esbozaba una leve sonrisa - G-gracias por salvarme - luego se giró hacia el lobo, totalmente maravillada de que pudiera estar tan cerca de él y de que además le estuviera ayudando - L-lobo-chan, gracias a t-ti también - no se atrevió a acariciarlo sin embargo. Cerró los ojos disfrutando de la calidez que le llegaba, entonces recordando que no se había presentado, los abrió pero recordó súbitamente la situación de ropa en la que ambos se encontraban, sus mejillas se arrebolaron pero no tanto como antes, volviéndose a armar de valor miró directamente a Kuro y se presentó - Y-yo me llamo Akira - dijo con una voz suave que intentaba sonar enérgica.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 08/10/14, 07:48 am

Una vez el salvaje cerró los ojos, el silencio dominó el interior de la cueva. La joven, ahora arropada por el cálido cuerpo del lobo, pronunció unas breves palabras de presentación, pero el chico no dio muestra de responderle. Del mismo modo tampoco había respondido por el momento a las preguntas que se le habían planteado, simplemente él también necesitaba descansar un poco y plantearse algunas cosas. Ciertamente su cuerpo era más resistente al frío y al calor, estaba acostumbrado a autorregularse, pero no era como si él pudiera elegir el subir o bajar ciertos grados susodicha temperatura. Por esta razón, la temperatura del joven también había bajado ligeramente, sin cruzar la franja de los 35 grados ni hacia arriba ni hacia abajo, pero en el límite de lo aceptable sin considerarlo enfermo. Por esta razón, para mantener su propio calor, el joven recogió las piernas y se abrazó a las mismas. El contacto con su propio cuerpo era suficiente, no requería de ningún tipo de abrigo extra para mantenerse. Ni siquiera podía contar el gran número de noches que hubo de pasar así, cubierto como mucho por un abrigo de hojas o algunas finas pieles, para superar las gélidas temperaturas del invierno.

Una vez el frío dejó de ser un problema la mente de Kuro empezó a trabajar con rapidez, intentando dar respuesta a algunas dudas que aparecían en su cabeza. Aquella había sido la primera vez que se encontraba con una humana cara a cara, aparte de aquel ermitaño que tanto le enseñó y ayudó... y había sido una experiencia un tanto extraña. Kuro siempre creyó que la raza humana era malvada por naturaleza y que todos sus miembros compartían esta característica, por lo que siempre pensó que en su primer encuentro con un humano no podría hacer más que corroborar lo que ya sabía y aumentar su odio hacia ellos... por eso los evitaba, porque no era de su agrado el buscar problemas, el odiar a algo o alguien por malo que fiera. No, esos sentimientos no pertenecían a la madre natura, y por lo tanto eran impuros e innecesarios. Sin embargo, lo sucedido había sido todo lo contrario. No solo había visto que la joven Akira no era una criatura malvada, sino que su inocencia y la bondad en su mirada habían llevado al muchacho incluso a preocuparse lo suficiente por ella como para salvarle la vida. Él... salvar a un humano... ayudar a alguien de su raza... nunca lo habría pensado, pero le resultaba una experiencia un tanto extraña. Pero quizá... quizá fuera él mismo quien estaba equivocado. Quizá fueran sus prejuicios y sus temores los que le forzaran a ver a los humanos como algo que no eran. ¿De verdad su raza era la oscuridad del mundo? ¿De verdad todos y cada uno de los miembros que la componían eran seres despreciables y dignos de odio? No lo sabía, pero lo dudaba... él era humano, al fin y al cabo... el ermitaño también lo era... y no lo era menos la joven de blanquecina piel y rojizo gesto.

Los ojos del salvaje se abrieron y sus ojos azules, calmados, se clavaron sobre los color café de Akira, mirándola fijamente sin despegar la mirada ni por un solo segundo. Quizá pudiera confiar en ella. Quizá ella fuera el inicio de una nueva forma de ver el mundo, de ver las cosas... de ver a los suyos. Solo tratar con una persona no podía demostrarle que el resto eran iguales que ella, esto se aplicaba tanto en un sentido como en el otro. Entonces la imagen de la chica defendiendo el brote cual madre loba aparecía en su mente. Era cierto... pero quizá hubieran más como ella. Quizá hubieran más personas, más humanos, a los que pudiera prestar su confianza. Creer en eso... no era desagradable. Al contrario, hacía que sintiera en su corazón una tranquilidad muy extraña y agradable. Si de verdad todos esos pensamientos se convertían en realidad... él se vería obligado a convertirse en una persona distinta.

-Kuro...-pronunció el salvaje repentinamente, tras lo que volvió a quedar callado unos segundos; seguidamente se señaló a sí mismo para repetir:- Kuro Tsuki.-seguidamente señaló al lobo que Akira tenía encima- Tsuki. Solo Tsuki.

Una vez hechas las trabajosas y complejas presentaciones, el chico volvió a abrazarse a sus piernas, pero aun mantenía los ojos abiertos fijos en la chica, sin despegarlos por un solo instante. Aparte de su comportamiento, aparte de todo lo que ya había visto... había algo en ella que llamaba la atención al joven. No sabría decir lo que era, pero resultaba extrañamente conocido. De repente, una luz apareció en la cabeza del joven, quien alzó el gesto y miró dubitativo a la humana. Había recordado algo, una explicación que se le había dad tiempo atrás, pero que jamás había desaparecido de su conciencia y de su interés:

-Akira... ¿Maga?-preguntaba el joven con curiosidad; eso era lo que había detectado, una esencia mística, algún tipo de energía mágica rodeando a la joven; esto no era tan descabellado de pensar, teniendo en cuenta que la energía mágica puebla el aire del mismo modo que lo hace el oxígeno, y que es más afín y cercana a los magos que a aquellos que no pueden hacer uso de ella; Kuro volvió a señalarse a sí mismo una vez más, y esta vez anunció:- Kuro, adepto. Adepto elemental de viento. Kuro mago. ¿Akira maga?
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 08/10/14, 09:30 am

Tras su simple presentación en la cueva reinó el silencio, el joven se sentó en la pared de enfrente a la de ella y se abrazó las rodillas mientras cerraba los ojos, todo su lenguaje corporal indicaba que se encontraba cansado y quizás algo malhumorado con Akira, o por lo menos eso pensaba ella pues Kuro no le había contestado ninguna de sus palabras, se había limitado a ignorarla. La joven le observaba, manteniendo una pequeña esperanza de que le respondiera o al menos la mirara, pero él, perfectamente impasible a aquello continuó descansando con los ojos cerrados, parecía concentrado en algo. El sonido en el interior de la caverna no era absoluto, con un ruido sordo se oía la lluvia que todavía golpeaba fuertemente el suelo, la tormenta parecía ir cada vez a menos pues hacía unos pocos minutos el ruido era mayor, además del sonido que las respiraciones de los allí presentes provocaba. Akira no soportaba el silencio, deseaba decir algo, cualquier cosa y romperlo pero no se atrevía, sobre todo por no molestar al lobo que se encontraba encima de ella proporcionándole calor.

El calor comenzaba a revitalizar por completo su cuerpo, no sentía las extremidades tan doloridas como antes e incluso podía mover cómodamente los dedos de los pies al igual que los de las manos. El lobo obedientemente seguía en la misma posición, con la cabeza ligeramente hacia un lado de forma que podía mirar a Kuro sin problemas, no había mirado a Akira ni un momento, ni siquiera cuando se fue a tumbar sobre ella, no parecía agradarle el tener que hacer de manta de la joven. Su proceso mental había recuperado la velocidad normal aunque realmente aquello no le servía de mucho pues tampoco es que antes se parara mucho a pensar en las cosas, actuaba más intuitivamente o por una idea simple que no llegaba a ser compleja. En aquellos casos especiales en los que estaba en peligro si solía considerar algo las cosas pero en aquel momento no se le ocurría nada que poder hacer más que esperar a que su salvador hablara o... hiciera lo que considerara oportuno. Había desviado su vista momentáneamente hacia la entrada pero volvió a dirigirla a Kuro para comprobar que él la miraba fijamente, su cuerpo se puso en guardia tensándose ligeramente al recibir su mirada directamente con los ojos.

El lobo pareció darse cuenta del cambio en el cuerpo de la joven pues soltó un ligero gruñido, apenas audible para Akira y mucho menos para Kuro, se obligó a relajarse de nuevo concienciándose de que lo que tenía encima no era, desafortunadamente, un animal domestico. El salvaje la miraba como intentando decidir algo, ella se limitó a aguantarle la mirada recuperando, junto con la estabilidad térmica, algo de su cabezonería, aquel cruce de vistas se le hizo eterno pero un cambió en los ojos de Kuro indicó que llegaba su fin, el cual vino de la mano con las palabras del joven que confirmó su nombre además de presentar también al lobo. - Kuro Tsuki - dijo mientras le miraba para luego mirar al lobo - Tsuki - volvió a voltear la mirada hacia el joven, aquel desvío de miradas había sido para que entendiera que había comprendido los nombres de ambos, no podía gesticular con las manos pues estas junto con los brazos habían quedado debajo de la capa y con el animal encima no podía sacarlos sin moverlo.

La siguiente pregunta hizo que un pequeño brillo de miedo se reflejara en los ojos de Akira, tenía miedo de responder a lo que le había preguntado, miedo en la misma medida que se había sorprendido al descubrir que Kuro también poseía el don de la magia, si bien había utilizado un término algo extraño, "adepto", aquella palabra se le hacía desconocida. Con una gran resignación decidió responderle, él la había salvado e incluso le había dicho que era mago así que no podía simplemente pasar de ello - Si,... soy Maga Elemental - dijo intentando escoger las palabras más adecuadas, no sabía cómo se tomaría el que su elemento justamente fuera el fuego, el elemento que había causado la muerte total del bosque en el que se encontraban - M-mi elemento es el... - su tartamudeo se debió a la inseguridad que en aquel momento sentía - Es el fuego - sentenció al final sin poder retrasarlo más, luego añadió - El fuego no es solo destrucción, sin su calor sería imposible la supervivencia - explicó, intentando defender su poder, el fuego era su elemento y ella se sentía orgullosa de él.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 08/10/14, 01:21 pm

No sabría decir si el salvaje se sintió reconfortado o no cuando supo que la joven era una usuaria del poder elemental, mismo tipo de magia que su maestro dominaba, aunque con un elemento diferente como dominio. En cuanto al elemento del que se trataba... Kuro no pudo evitar fruncir el entrecejo ligeramente, e incluso apretó sus puños con fuerza por unos segundos... pero el mismo entendía que esta no era una reacción debida, y que no debía guardar ningún tipo de rencor a aquel elemento natural cuyas llamas abrasaban todo a su paso.

-Fuego no malo, fuego elemento, parte de la tierra.-el chico entrecerró los ojos, intentando ser todo lo objetivo que podía; no se le daba bien eso de ver las cosas con lógica y sentido común, pero cuando se trataba de su amada tierra... el asunto era diferente- Culpables quienes lo usan mal, no el elemento. Akira no avergonzarse de su poder, Akira enorgullecerse de su fuerza.

El final de las palabras vino acompañado del ligero despegar de sus párpados, con una mirada más calmada y suave que la más ligera de las brisas. Finalmente, el muchacho, volvió a quedar pensativo. Ya sabía que había sentido algo en aquella humana, y ahora que sabía el origen de su poder entendía qué había sido ese algo. Se sentía frustrado por haberla juzgado incorrectamente en su primer encuentro y al mismo tiempo relajado e incluso orgulloso de saber que entre los suyos aun habían personas con poderes que les mantenían en contacto y relación con el mundo. Y si ellos eran ayudados por el mundo... el mundo debería recibir su ayuda. Esa era la regla del intercambio equivalente, esa debería ser una ley universal comprendida y aceptada por todos. Sin embargo... la realidad era distinta.

-Akira... ¿Alguna vez pensar en el dolor de la tierra?-la pregunta del salvaje fue repentina, pero calmada, como una ligera llovizna de agua fría- Akira preocuparse por las plantas, por los animales... ¿Pero alguna vez ayudarlos? ¿Alguna vez tratarlos como iguales?-para algunas personas tratar a plantas y animales como semejantes podía resultar una locura, pero para ese joven resultaba lo más normal del mundo, pues era así como había aprendido a actuar desde su infancia- Mundo cuidarnos. Mundo darnos lo que necesitamos. Mundo estar siempre a nuestro lado. Por eso... humanos crueles, no entender mundo, no tratar mundo bien, no cuidarlo, no protegerlo.-en ese instante el joven se puso en pie con fuerza y rapidez y golpeó su pectoral derecho con la diestra- Por eso Kuro odiar humanos. Por eso lobos odiar humanos. Por eso naturaleza odiar humanos. Por eso mundo odiar humanos... pero Akira diferente. Akira poder cambiar pensar. Akira poder ayudar, poder cuidar, poder comprender. Akira tener poder para hacerlo.-la mirada del salvaje quedó fija en ella una vez más, y a continuación empezó a dar un par de pasos hacia delante para acercarse a la humana, colocándose de cuclillas y quedando con el rostro justo delante del de ella- Escuchar. Mundo enfadado. Mundo cansado de humanos. Mundo dolorido por maltrato. Mundo... no piedad. Humanos cambiar, si no mundo expulsar humanos. ¿Akira entiende Kuro?-lo que le estaba diciendo a la chica era algo demasiado repentino, demasiado radical, demasiado... ¿Apocalíptico? Pero era algo que él sabía, la información estaba a su alcance: el aire viciado, las temperaturas extremas, el cambio del comportamiento animal... el mundo estaba cambiando, eso era innegable, y cada uno de estos cambios transmitía el mismo mensaje de rechazo contra la raza humana-`b] Akira puede cambiar humanos. Akira puede ayudar su raza. No daño. No muerte. No egoismo. Humanos tener que comprender naturaleza. Si no hacerlo... humanos morirán.[/b]

Los ojos azulados del pelicastaño siguieron clavados en los de ella por unos segundos más, sin decir nada. Todo lo que le había dicho en ese mismo instante demostraba cuánto confiaba en la muchacha, era la primera persona a la que hablaba al respecto. Kuro sabía ya desde hacía bastante tiempo sobre el resentimiento del mundo, y sobre todo ese odio y rechazo que se estaba tejiendo día a día. Pero él solo no podía hacer nada para evitarlo. La única solución era confiar esto a otras personas, a sus semejantes, para que se concienciaran al respecto y fueran capaces de cambiar los cauces del mundo... ¿Pero de verdad existía alguna posibilidad? ¿De verdad era mínimamente posible que la raza humana cambiara a esa velocidad? No... no lo era. Era cuestión del tiempo de que todo empezara. Kuro había sido demasiado lento, su trato con sus semejantes había sido demasiado malo... y ahora el mundo no estaba preparado para darle otra oportunidad. El muchacho cerró los ojos por enésima vez, respiró hondo y se puso en pie. Esta vez sus pasos le llevaron hacia la salida de la caverna, quedando apenas a un par de metros del exterior. La lluvia era ya mucho menos intensa, apenas unas gotas cristalinas perdidas aquí y allá. Pronto podría volver a correr por esas tierras humedecidas... pronto sería el momento de despedirse de aquella humana.
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 10/10/14, 12:04 pm

Se notó claramente el ligero cambió de expresión del salvaje al oír el nombre del elemento que dominaba la joven maga, su entrecejo se frunció e incluso sus puños se apretaron dejando verse marcados los tendones... pero todo aquello comenzó y terminó en pocos segundos, algo que sorprendió enormemente a Akira, quién esperaba una reacción más exagerada. Generalmente las personas odiaban equivocarse pero en aquel momento ella se alegraba, no quería volver a ver a Kuro enfadado, la última vez la había tirado al suelo violentamente y amenazado, si eso se repetía no tendría muchas posibilidades de supervivencia a pesar de que había recuperado parte de sus fuerzas. - Lo sé y me siento orgullosa de él, me siento orgullosa de todo lo bueno que puedo lograr gracias a él - respondió cuando el joven, tras un evidente esfuerzo por ser algo objetivo, terminó sus palabras, a pesar de que parecía habérselo tomado bien Akira no quería presionar más el tema así que dejo que se esfumara con el silencio, sin volver a mencionarlo.

El silencio volvió a reinar en el escenario, pero solo por un corto espacio de tiempo, tras la calma viene la tempestad quizás esta frase se podría transformar ligeramente de sentido y utilizar en este caso, tras el silencio vienen las palabras, la mayor cantidad de frases que Akira había oído a Kuro pronunciar. Le escuchó atentamente, prestando la atención que nunca había tenido en el colegio, la que incluso nunca había tenido hacia sus padres, bebía totalmente de sus palabras, asimilándolas conforme salían de la boca del salvaje, tan concentrada estaba que incluso cuando él se acerco a ella quedando separados por un espacio muy pequeño, no le importó ni se preocupó por la falta de ropa. Entendía lo que le decía, ciertamente nunca se había parado a pensar profundamente en ello, debido a que seguramente le produciría dolor de cabeza el llegar a comprender aquello a la perfección pero aún así lo sentía, lo intuía, su forma de actuar era un claro indicante de ello. En todo el rato que estuvo hablando no se atrevió a interrumpirle, quería escuchar todo lo que tenía que decir y entonces ella respondería, respondería con algo demasiado pequeño, tan insignificante ante el significado de sus palabras, en aquel momento Akira se sentía más pequeña que nuca.

Todo principio tiene su fin, todo río desemboca en el mar y toda conversación muere cuando las palabras se silencian, le miraba a los ojos, pudiendo notar a través de ellos la urgencia, la necesidad de lo que le había contado - Yo... - ni siquiera sabía por dónde comenzar - Después de... - su cabeza le daba vueltas, bajó su mirada para luego con decisión y fuerza alzarla - En cierto momento me empecé a plantear las cosas, crecí rodeada de naturaleza y desde pequeña la amé enormemente... aún así hay otros humanos que no lo ven de esta forma - paró para coger aliento - Entiendo lo que me estás diciendo, lo veo de la misma manera por eso protegí a ese brote, para mi toda vida es importante sea humana o no - tragó saliva - Ayudaré en todo lo que pueda... si lo que dices es cierto y, no lo dudo, hay que hacer algo antes de que sea demasiado tarde... si la tierra sufre hay que ayudarla - su mirada cada vez se volvía más seria, ayudaría y daría su vida por ello si era preciso... pero lo haría a su modo, con alegría, felicidad y mucha dedicación, así era ella. - Ayudaré - repitió queriendo dejarlo claro. Tras la conversación más larga que habían mantenido, Kuro se volvió y se acercó hasta la entrada de la cueva, Akira miró también, la lluvia casi había cedido, la temperatura parecía haber ascendido.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Kuro Tsuki el 11/10/14, 11:03 am

Las últimas gotas cayeron desde lo alto del cielo como el cese del llanto de una madre lamentando la muerte de sus hijos. La mano de Kuro avanzo hacia el frente y en lugar de ser bañada por el agua celestial fue un rayo de sol furtivo, escapándose entre la capa de nubes, el que le dio calidez y luz. El tiempo era muy inestable, solo eso demostraba ya lo frágil y voluble que se estaba volviendo la madre naturaleza. No sabías cuando podía empezar otra de aquellas torrenciales lluvias, ¿Un granizo, un terremoto, un huracán? Todo ello estaba dentro de la ruleta. Siempre había sido fácil para los animales prevenir este tipo de cambios, pero últimamente el trabajo se volvía mucho más complicado. Por supuesto, esto también se aplicaba al joven salvaje. El pelicastaño acabó retirando su miembro del exterior, dio media vuelta y volvió a entrar al interior de la caverna.

Cuando llegó a la altura de la humana, quien empezaba a responderle a sus palabras, quedó mirándola de soslayo, sin siquiera sentarse frente a ella. Eran muchos los rasgos, sentimientos y detalles que podían avistarse entre cada sílaba. Era evidente que la joven se estaba enfrentando a las palabras de alguien a quien acababa de conocer, un salvaje que le había atacado y quien demostraba una gran carencia de sentido común. Teniendo en cuenta todo esto no es extraño dudar de las palabras pronósticas y conspiratorias de alguien... pero aun así no lo hacía, no del todo. Era posible que la joven no entendiera la gravedad de lo que se le había informado, pero al menos no lo rechazaba de forma absoluta, e intentaba darle cierto sentido y veracidad en su propia mente. El esfuerzo de la joven era loable, sin despreciar a aquel que tenía al frente, sin mostrarse superior o arrogante en lo más mínimo. Solo eso... ya era mucho más de lo que Kuro esperaba recibir en un primer momento de parte de cualquier humano. Y en combinación con la sinceridad y la honestidad de la pelicastaña, todo ello fue suficiente para que un milagro ocurriera.

-Akira buena. Kuro confiar en Akira.-probablemente por primera vez no en ese dia, ni en semanas, ni en meses, sinoen años... una sonrisa de amabilidad y agradecimiento surgió entre aquellos labios rosados y resecos- Ojalá humanos como Akira... mundo sería mejor lugar, seguro.

Dando eso como última parte de su conversación Kuro avanzó un par de pasos hacia delante, hasta donde había dejado la parte baja de su ropa caída, la recogió y la llevó hasta la ubicación de Akira, ofreciéndoselo directamente.

-Akira vestir, Kuro hará nueva ropa. No dudar, Akira usar, proteger bien.-dejó caer la prenda sobre ella y seguidamente se acuclilló junto al lobo, diciéndole algo al oido; el animal respondió sin moverse en lo mas mínimo, pero resoplando levemente.- Tsuki quedara un poco más con Akira, cuando Akira esté bien decir a Tsuki y Tsuki marchar. Recuperarse bien, sino peligroso volver a la ciudad.

El joven palmeó levemente sobre el torso del anima, y seguidamente se puso en pie caminando en dirección a la salida de la caverna. Lo suyo no eran las despedidas, y mucho menos con sus semejantes -de hecho, cuando marcho de la casa de su maestro, lo hizo con un seco "adiós"-, por lo que parecía perfectamente capaz de dejar aquel oscuro lugar sin siquiera pronunciar una palabra más. Sin embargo, no lo hizo, hubo una última frase dirigida a la humana antes de que el salvaje de cuerpo humano saliera al exterior y empezara a correr tan rápido como sus fuerzas le permitieran:

-Akira... encontrarnos... otro día. Quizás. Hasta entoces.
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Kuro Tsuki
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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

Mensaje por Invitado el 11/10/14, 12:06 pm

Tan repentinamente como había empezado la lluvia cesó, la tormenta desapareció por completo quedando únicamente en el cuerpo celeste nubes vacías de agua que comenzaban a disgregarse en el aire, algunos tímidos rayos de sol alcanzaron la tierra. Parecía mentira que tanto Kuro como Akira se encontraran ahora en aquellas condiciones, tan pacíficos e incluso con una pequeña unión de ideas, una hora atrás todo esto hubiera parecido más bien una mentira que una realidad inminente. Pero allí se encontraban ambos, en silencio tras finalizar la profunda conversación que habían llevado a cabo, en el ambiente se notaba el final de algo, al igual que la tormenta había finalizado aquel encuentro debía terminar. Akira desvió la vista de Kuro, que todavía se hallaba desnudo, para mirar al calmado Tsuki que todavía permanecía encima de ella, respiraba tranquilamente y miraba con gran atención a su compañero, claramente deseando que le diera la orden de apartarse de una vez de la humana.

Una nueva preocupación inundó su mente, cierto era que solía ser una chica bastante desvergonzada pero por mucho que lo fuera no podía volver desnuda hasta su habitación en la ciudad, mucha gente la vería, no creía poder soportarlo. Con leve meneo de la cabeza, que hizo que el lobo la mirara con cierta irritación, desterró de sus pensamientos aquel problema, ya pensaría en él cuando llegara el momento, todavía no había llegado la hora de despedirse aunque para ella no quedaba mucho. Y muy cierto era aquello pues no habían pasado ni cinco minutos desde que Akira alejó sus preocupaciones cuando Kuro se acercó de nuevo para hablar, le miró dedicándole de nuevo su atención. - Gracias, pero no digas solo como yo, otras personas también son así - sintió la necesidad de proteger la forma de ser de todas las personas que de algún modo se parecían a ella pero que no se encontraban en aquel momento reunidas con aquel hijo de la naturaleza.

Con asombro observó como Kuro le tendía sus pantalones, ofreciéndoselos, sacó con cuidado del brazo de debajo de la capa, intentando no molestar con el movimiento a Tsuki y cogió la prenda que le tendía el joven - Gracias - volvió a darle las gracias mientras dejaba a su derecha los pantalones. Tras esta acción Kuro se alejó de ella y se despidió, poniendo fin a todo aquel encuentro tan extraño, antes de que este saliera de la cueva Akira se despidió - Adiós Kuro, espero que... te vayan bien las cosas - no tenía muy claro que decir en aquel momento - Adiós - repitió mientras el joven salía de la cueva y comenzaba a alejarse. Poco tiempo después de quedarse sola, Akira, armándose de valor,  le dio un suave toque en el lomo al lobo para indicarle que ya se podía ir, el animal se levanto y rápidamente se fue por el mismo camino que su compañero. En soledad, se vistió tranquilamente con los pantalones del salvaje, le estaban algo grande pero servirían, se colocó la capa de modo que le cubría bien la parte delantera y tras mirar un último a la caverna, salió al exterior marchándose hacia la ciudad.

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Re: La búsqueda de un nuevo mañana [Akira Hyata]

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