El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

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El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 03/04/15, 07:37 am

-Mierda, ¿desde cuándo me están siguiendo?.-

Comentó Judal en voz alta para sí mismo mientras corría tan rápido como podía, esquivando y saltando los obstáculos que el bosque le ponía en su camino. No tenía ningún punto en concreto al que llegar. Estaba corriendo simplemente hacia donde le parecía y sin saber con qué se podía encontrar.

Varias horas antes mientras el mago investigaba las profundidades de aquel extraño bosque se topó con una tropa de caballeros del Consejo Mágico liderados por un alto cargo que Judal desconocía. En un principio pensó que simplemente fue casualidad e intentó huir de la zona sin que se dieran cuenta de su presencia pero cuando el mago recibió varios ataques mágico entonces comprendió que lo buscaban a él y que lo habían localizado.
A pesar de pertenecer a un gremio oscuro Judal pensaba que no había información sobre él como criminal recorriendo la base de datos del Consejo, pues siempre se había preocupado de eliminar a cualquiera que le viese lo suficiente mientras realizaba sus misiones. Pero entonces cayó en la cuenta de una de sus últimas en el Monte Hakobe: de la gran cantidad de guardias que había no pudieron morir todos por lo que algunos supervivientes darían algún retrato de los magos oscuros enviados a la misión. Lo que incluía a Judal.

Aquello era un peligro pues ahora debía de andar con cuidado allá donde fuese. Había pasado de mago oscuro común a mago oscuro buscado por la ley. Aunque podía ser una desventaja, aquella situación excitaba en cierta forma a Judal. El miedo que causaba sobre la población se convertía en peticiones de busca y captura para los gremios legales y el Consejo Mágico. Ahora todo era mucho más divertido, pensó el mago.

-¡No huyas cobarde!.-

Gritó uno de los soldados que iba atrás él. Judal había pensado en darse la vuelta y simplemente pelear contra ellos. Invocando a los espíritus clave habría sido pan comido pero había algo que se lo impedía. Mientras corría intentó usar sus llaves y a cambió recibió un fuerte dolor en el estómago que casi le hizo perder el equilibrio y caer ante sus buscadores. ¿Que era aquello? Aquello era un hechizo desarrollado por los miembros más fuertes del Consejo Mágico. Consiste en una onda mágica que en un radio de X metros implanta al mago deseado, si éste se encuentra en el radio, un sello antimagia temporal. Aquella información había llegado a todos los gremios oscuros a pesar de su recién aparición, es por ello que Judal conocía lo que le habían hecho.

-¿Y ahora qué?.-

Preguntó el alto cargo dando la orden a sus inferiores de que dejaran de correr y rodearan la zona. Judal no sabía a que se refería con aquella pregunta ni porqué habían parado pero entonces miró al frente y frenó en seco observando el lugar. Había llegado a una especie de acantilado en el terreno y no tenía más opción que volverse hacia los soldados si quería salir de allí. El mago esbozó una falsa sonrisa para enmascarar su preocupación sobre como salir de aquella situación. No podía usar magia y no había más alrededor que una alta caída y una zona rodeada de guardias dispuestos a capturarle.

-¿Eh-eh?.-

Un bola de energía de color azul salió disparada hacia Judal el cual con intención de esquivarla pisó mal y el terreno acabó desprendiéndose junto con el mago. Judal cayó desde gran altura y al tocar el suelo se dio un golpe en la cabeza que le hizo perder el conocimiento. Se quedó allí en el suelo desmayado e incapaz de moverse por la pérdida de conciencia. Los miembros del Consejo no podían ver el cuerpo del mago a causa del follaje de los altos árboles que impedía su visión. Por lo que tras las órdenes de su superior salieron de allí y a buen ritmo buscaron una forma de bajar hasta donde se encontraba el mago. Lo que les llevaría un par de horas.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 08/04/15, 04:08 am

"¿Mmm?"

Un extraño sonido, estruendoso e intenso, hizo que mi atención se desviara brevemente de la criatura que se retorcía a mis pies. Los pájaros alzaron el vuelo, y el eco del gran impacto resonó por unos segundos. Se escuchó muy cerca de mi posición, lo suficiente como para llamar mi atención e instarme a descubrir qué acababa de ocurrir exactamente. Pero claro, para eso debía acabar mi trabajo en primer lugar.

-Piedad... por favor, piedad...

"¿Ah? ¿Piedad?"

Bajé la mirada hasta clavar ese gélido témpano sobre los horripilantes ojos negros del sujeto que, desbordando sangre por la boca, con brazos y piernas separados de su torso, lloraba y lloraba a mares en busca de alguien que se apiadara de su vida. Ese alguien no iba a ser yo, por supuesto. Mi sombría mirada, compañera del gesto del más indiferente y despiadado verdugo, penetraba en aquellos ojos temblorosos y suplicantes. Mi espada se clavó sobre el pecho del sujeto, haciéndole escupir nuevas proporciones de sangre y gemir dolorosamente. Me preguntaba si el lugar en el que me encontraba era realmente el oportuno para llevar a cabo un castigo de este calibre. Los árboles eran nuestros espectadores, la tierra el suelo en el que desarrollábamos nuestra obra y el aire con intenso olor vegetal el ambiente que nos envolvía. Pudiera pensar que el mundo sufriría horrores al ver una escena como aquella, pero... lo sentía, podía decirlo de primera mano: el mundo se había cansado de la raza humana. Ya no había piedad en él, ya no había tristeza frente a nuestro dolor, ya no existía esa madre protectora... el mundo decidió liberarnos de sus sentimientos, convertirse en un mero observador de nuestros viles actos, sin interferir en ellos... siempre y cuando no le hiciéramos daño a él.

-¿Piedad? No me insultes, escoria.-anunciaba siseante, con sangrienta y mortal mirada en mis ojos- Perdiste el derecho a ella en el momento en que tus manos se mancharon de sangre inocente.

La hoja de mi espada salió de su pecho y posteriormente pasó a atravesar limpiamente el cuello del viejo humano: un hombre que alcanzaría probablemente los setenta años de edad. Un anciano inocente y débil a primera vista... un asesino, sin embargo. Viejo miembro de un gremio oscuro, prófugo, asesino de más de una decena de familias. ¿Cómo iba a merecer alguien como él el más mínimo rasgo de piedad? No me insultes, escoria. El polvo al polvo, la muerte a la muerte. El que este hubiera sido su lugar de muerte, en vez de un sitio más digno quizá, había sido su completa decisión. Fue él quien corrió, quien huyó, quien creyó inocentemente que podría salvar su vida. Yo solo le arrebaté esa esperanza.

Agité la espada hacia mi derecha a hice que los restos de sangre salpicaran a un costado, quedando aun en ella matices color carmesí. Saqué de mis sencillos pantalones vaqueros un pañuelo blanco, pasándolo a través de la larga y brillante hoja y librándola de aquel impuro color rojo. A continuación volví a enfundar el arma, dando la espalda al cuerpo sin vida y saliendo al encuentro de aquello que me había llamado la atención con anterioridad. Mi víctima ya no merecía siquiera un pensamiento piadoso más de mi mente.

Solo hube de avanzar aproximadamente veinte metros hasta llegar al lugar del que provino el poderoso sonido. Me encontraba frente a una alta pared de roca, de más de diez metros, en la cima de la cual estaba la parte superior de aquel espeso bosque. A los pies de la pared se acumulaban los arbustos, en uno de los cuales se podía identificar, inconsciente y desparramado, lo que parecía ser el cuerpo de un joven humano. Me acerqué hasta su ubicación y le cogí en brazos para sacarle de aquel cúmulo de ásperas hojas, dejándole a continuación en el suelo y observándole con atención. No parecía estar consciente. Le tomé el pulso, el corazón latía y también respiraba. Eché un vistazo a su cabeza. En la parte trasera de la misma se podía ver una brecha de medio tamaño, no era una herida especialmente grave pero bien podía haberle causado una conmoción cerebral. Solo se me ocurría una idea: debía haber caído por alguna razón desde lo más alto de aquella pared rocosa.

No esperé ni un segundo más. No sabía quién era aquel muchacho, tampoco de dónde había salido ni porqué había llegado hasta aquí. Por el momento, solo me preocupaba que el joven no muriera por pérdida de sangre y pudiera recuperarse de aquel duro golpe. Había tenido suerte, sin embargo. El arbusto sobre el que cayó probablemente hizo que la caída no le causara un daño letal, dada la altura de aquella pared rocosa la situación en la que se encontraba era una de las mejores que podía siquiera imaginar. Respiré hondo y extendí mis manos hacia el frente, colocándolas a la altura en la que había visto la brecha abierta como herida. Las esferas de luz empezaron a fluir a mi través y se concentraron en el concreto lugar donde se ubicaba la herida. Aquello no tardaría mucho, una herida como aquella debería sanar en apenas unos minutos...


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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 10/04/15, 10:06 am

Los ojos del mago comenzaron a abrirse poco a poco y la borrosa visión de su alrededor acabó por volverse del todo clara y normal. Lo primero que llamó su atención fue un chico que se encontraba sobre él. Se apartó rápidamente arrastrándose hacia atrás por el suelo. ¿O eran hojas?. Se encontraba sobre un aplastado arbusto.

-¿Qui-quién eres tú?.- Preguntó asustado mirándole a los ojos y por un momento le pareció ver su alma. Un alma sumergida en el ideal de la justicia. Después de todo se dice que si miras fijamente a una persona puedes acabar abriendo la puerta hacia su alma interior.- ¿Dónde estoy?.- Observó detenidamente al joven que tenía ante él y se fijó en sus rasgos. Advirtió que portaba una espada y tenía pinta de viajero solitario.

Judal notó un pequeño pinchazo sobre su cabeza y se llevó sus manos al origen del dolor. Con los dedos palpó la piel y notó una brecha sobre la cabeza que antes no estaba ahí. Sin embargo la brecha estaba cerrada y de ella no salía sangre. Notaba el sobresaliente o la rugosidad de una cicatriz oculta bajo el cabello. Fue entonces cuando se dio cuenta del dolor que ocupada todo su cuerpo. Notaba una gran pesadez encima a causa de éste y se preguntaba que podría haber pasado para que se encontrara así. Echó un vistazo hacia arriba y admiró un gran barranco de rocas totalmente vertical del cual no se podía apreciar el final. Se encontraban en medio de un profundo bosque. No habría caído desde allí, ¿no?. Todo apuntaba a que sí. Sin embargo aquella caída debía de haberle dejado una grave factura.

Como una luz que se enciende e ilumina, la mente de Judal reaccionó y unió todas las observaciones para concluir que había ocurrido. Aquel dolor que sentía y aquel enorme barranco significaba que había caído por éste. Cayendo sobre un espeso arbusto que con suerte amortiguó la caída. Sin embargo aquello no era suficiente para salir ileso y es por ello la brecha de su cabeza. Una brecha  que se abrió en el momento del golpe. Sin embargo aquella herida ya estaba sanada y es ahí donde entre el joven desconocido de fulminante mirada y seria expresión.

-¿Has sido tú quién me ha sanado? ¿Eres mago?.-Preguntó con la intención de resolver el misterio y confirmar su pensamiento. Quiso darle las gracias y presentarse ante el muchacho pero cayó en la cuenta de que no recordaba absolutamente nada. De nuevo un pinchazo volvió a recorrer la cabeza del mago y hacerle sentir dolor. Se llevó las manos a la cabeza nuevamente y apretó los dientes para evitar quejarse. ¿Qué había pasado para que acabase así?.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 19/04/15, 03:26 am

El poder purificador de la luz hizo su trabajo más rápido de lo que esperaba. Últimamente estaba ganando bastante poder, por lo que mi relación con los djinns que poblaban el ambiente y el poder que me prestaban era mucho más cercana, permitiéndome llevar a cabo tareas que en otras circunstancias ni siquiera habría imaginado. Cerré los ojos y agradecí internamente a aquellos espíritus elementales el poder que me conferían y la ayuda que siempre me prestaban. Por supuesto, aquel agradecimiento no era suficiente, nuestra relación era de reciprocidad por lo que también tenía que entregarles parte de mi vida y mi energía mágica, mas aun con esto sentía que debía ser agradecido y honesto con ellos.

Volví a abrir los ojos para clavarlos con seriedad sobre la figura del muchacho de sombrío aparecer. ¿Quién sería él, y cómo había llegado hasta ahí? ¿Acaso sería un prófugo como el que acababa de cazar? Existía la posibilidad, pero no tenía ninguna prueba para creer ciegamente en ella. Por el momento esperaría a que despertara para poder hablar con él y preguntarle lo que creyera oportuno. En el caso en que después lo creyera necesario, ya haría que la hoja de mi espada pasara por su cuello y lo rebanara sin el más mínimo ápice de piedad.

Estiré las piernas y me incorporé, estirando la espalda hacia atrás y mirando mi cuerpo a ambos lados, haciéndolo crujir y recuperando las buenas sensaciones. No me gustaba ser tan rígido, y mis músculos y huesos también lo rechazaban, pero en fin: era una de las características de mi persona. Eché un vistazo a mi alrededor, percibiendo la presencia del aire, del calor y de la naturaleza en sí, cerrando los ojos y respirando profundamente para retener su esencia en mi pecho. Definitivamente, estos lugares eran los mejores. No era que me desagradara la ciudad, pero la naturaleza tenía esa esencia que hacía que uno quedara embriagado por ella. Eso era lo que sentía, aunque quizá era mi condición como adepto elemental lo que me hiciera expresarlo de este modo.

Un nuevo sonido frente a mí me llamó la atención, por lo que giré mi gesto en su dirección y observé al recién despierto peliazabache con gesto tranquilo e imperturbable. El chico parecía encontrarse bastante desorientado, no era para menos después del golpe que se había dado y al encontrarse frente a sí con una persona a la que no conocía de nada. Chasqueé la lengua, no sería fácil darme a entender, el muchacho estaba demasiado a la defensiva, si tan solo pudiera hacer que confiara un poco en mí para facilitar las cosas... entonces preguntó al respecto de su herida curada y la magia.

-¿Mmm? Así que sabes sobre magia, eh... ¿Debo suponer entonces que eres un mago o solo has oído hablar de ella?-crucé los brazos a la altura del pecho y asentí dos veces- Sí, fui yo quien te curó la herida, pero no te preocupes por eso, simplemente dio la casualidad de que te encontré y no podía dejar que te desangraras sin más.-quedé mirándole fijamente, mi gesto no transmitía más emoción que la frialdad, pero en realidad estaba intentando ser considerado; me preguntaba cuánto podría hacer trabajar a su mente sin que se viera molesto por el traumatismo causado por el golpe- ¿Te sientes bien? ¿Puedes recordar tu nombre, quién eres o porqué caíste aquí? Te diste un golpe bastante fuerte, así que no sería de extrañar que tuvieras algún tipo de traumatismo, así que no es necesario que te sobreesfuerces. Todo puede ir a su tiempo.-relajé mi postura y decidí también relajar mi gesto, no haciéndolo sonreir -o al menos no del todo- pero sí barriendo esa seriedad y dotándolo con algo de calidez- Mi nombre es Kakugo Kasuka. No te preocupes y no tengas miedo, estoy aquí para ayudarte así que puedes confiar en mí.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 21/04/15, 01:34 pm

Cuando el chico de desconocida procedencia advirtió de que el mago había despertado. Observó y escuchó su reacción ante la escena y enseguida le lanzó aclaraciones y preguntas a todas las dudas de Judal. El chico a pesar de todo seguía confuso y desconcertado, no sabría cómo sería capaz de recordarlo todo nuevamente. ¿Lleva eso mucho tiempo? ¿O simplemente era cuestión de horas? No tenía ni idea pero sin sus recuerdos ni identidad se sentía como si estuviera desnudo a un gran público. En aquellos momentos era un blanco débil.

-Sé sobre magia...-Empezó sin quitar la mirada de su salvador.- Pero no sé el motivo, tal vez sea mago. Tal vez no.- Judal intentó concentrarse y recrear alguna corriente mágica por su cuerpo pero fracasó.- En estos momentos no estoy lo suficientemente estable para comprobarlo.-Agachó la mirada desilusionado.- Te agradezco mucho que me ayudaras, si no hubieras intervenido...- Se tocó la herida nuevamente y un punzón de dolor recorrió su cuerpo al contacto con la cicatriz.- Quien sabe cómo habría acabado.- Ambos sabían la respuesta. Judal intentó hacer un esfuerzo por recordar algo de lo ocurrido. Por recordar cómo había llegado hasta allí o incluso por recordar quién era y de dónde venía. Pero todo era en vano pues lo único que recibía a cambio del esfuerzo era dolor de cabeza.- N-no recuerdo nada.- Encogió su cuerpo durante un instante a causa del dolor y se llevó la manos a la cabeza mientras apretaba nuevamente los dientes. Cuando se le pasó el ataque acomodó nuevamente su postura y miró seriamente al muchacho, que acaba de presentarse e intentaba transmitirle confianza.- Me presentaría también pero...- No terminó la frase. La continuación era obvia.- Kakugo, es probable que me equivoque y tal vez esté fastidiando tu generosidad. Pero aunque no recuerde nada no soy estúpido.- Ladeó la cabeza y su mirada se tornó más oscura.- ¿Quién me confirma a mí que no intentas aprovecharte de mi situación? Sinceramente, ahora mismo mi confianza no creo que alcance tus expectativas. Yo no sé que estuve haciendo antes del golpe y cabe la posibilidad de que tú estuvieras involucrado y ahora mismo todo sea un papel. Ojalá por ambos que no fuese así, pero comprende que en mi estado esté tan a la defensiva. Ahora mismo soy un blanco fácil y será mejor que cada uno siga su camino.-

Judal se puso en pie lentamente y con cuidado. Echó una última mirada al castaño y comenzó a caminar hacia las profundidades del desconocido bosque que se abría ante él. Su paso era torpe e iba cojeando, aún así el chico fue cabezota y decidió no parar. No quiso recuperar fuerzas, simplemente quería alejarse y averiguar quién era. Apenas había recorrido diez metros cuando el cojeo le incordió y chocó contra un tronco que había en el suelo, cayendo de lado con el costado sobre el tronco de un árbol en pie. ¿Estaba haciendo bien?.
En aquel momento un nuevo dolor de cabeza llegó a su cuerpo y sin poder aguantarlo se dejó resbalar por la madera del tronco para encogerse en el suelo aún apoyado contra el árbol. Su estado era peor de lo que pensaba.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 23/04/15, 02:39 am

Chasqueé la lengua y fruncí el entrecejo. Conque un muchacho desconfiado, ¿Eh? Bueno, no podía culparle, al fin y al cabo el gran golpe se había dado debía haberle dejado como mínimo aturdido y confuso en demasía. Vera los desconocidos como posibles enemigos quizá fuera lo más lógico. ¿Acaso no podría ser yo quien le hubiera hecho caer desde lo alto de aquella planicie rocosa? Sin duda, desde su punto de vista era posible. Ahora bien, ¿Por qué razón habría, entonces, curado sus heridas? ¿Por qué me habría preocupado por permanecer a su lado y no le había arrebatado la vida? ¿En qué sentido era realmente posible que me aprovechara de él? No llegaba a comprenderlo del todo, pero en fin, en su derecho estaba el verme de ese modo, y en mi derecho estaba el reaccionar de la forma siguiente:

-Ya veo. Estás en todo tu derecho de pensar de esa forma, pero en ese caso creo que mi presencia aquí ya no es necesaria.-le hablaba con gesto indiferente, con mirada analítica y simplemente observadora- Si así es como te sientes en realidad supongo que estarás más tranquilo quedando solo, ¿No? Tengo más cosas que hacer en este lugar, por lo que tampoco yo tengo razones para perder el tiempo.-incliné mi cabeza en su dirección con ligereza, cerrando los ojos y manteniendo la calma en toda mi faz- Pero ten una cosa en cuenta, muchacho. Si hubiera sido yo quien te hubiera hecho caer desde arriba del barranco para matarte habría acabado mi trabajo en cuanto te encontrara, y no te haría curado la herida. Si hubiera querido robarte o aprovecharme de ti en cualquier sentido tampoco te habría curado y habría hecho lo que hubiera querido antes de que te despertaras, créeme que he tenido tiempo para ello. No está mal que seas precavido y dudes de la gente, y no te diré tampoco que no seas sincero y expreses todo aquello que pase por tu mente, pero si alguien te ayuda alguna vez ten en cuenta que ese tipo de palabras le harán desear no volver a hacerlo. Ahora, si me disculpas.

Dicho todo lo anterior volví a alzar el gesto y di la espalda al muchacho, volviendo a encaminarme hacia la zona en la que abundaban los árboles y la vegetación. No me sentía molesto por lo que me había dicho el joven, en realidad, pero del mismo modo que él había sido sincero y directo conmigo me sentí en la necesidad de comportarme del mismo modo con él. No sería justo que solo uno dijera lo que pensaba desde la parte más profunda de su corazón. En fin, ya no tenía mucho por lo que preocuparme. Su herida estaba curada por lo que ya no creía que su vida corriera peligro, y probablemente después de descansar un poco podría volver a moverse con normalidad y ponerse en marcha a un nuevo destino por su propia cuenta. Lo mirara como lo mirara mi compañía no era ya necesaria. Había decidido en primera instancia acompañarle hasta la salida del lugar y guiarle hacia la salida del bosque, pero viendo que no se sentía cómodo con mi presencia a su lado esta idea se convertía en despropósito.

Además... aun había allí algo que yo debía hacer. El cuero caído a mis pies hacía unos minutos no era el único ser que merecía ser ajusticiado en este terreno. Aun había algo por hacer... alguien a quien jugar y rechazar. No tenía en mente ser tan radical como antes en este caso, pero... no sabía cómo se iban a desarrollar los hechos. Si mis próximas víctimas se negaban a cumplir con aquello que les propusiera, probablemente sería mi espada la que hubiera de comenzar con la negociaciones.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 25/04/15, 06:04 am

Cuando el dolor ya se le había pasado volvió a ponerse en una postura natural mientras resoplaba y empezaba a gemir levemente. Cuando se había despertado no estaba tan mal como ahora, sin embargo el esfuerzo por moverse le había debilitado bastante. No podría moverse por un rato si quería conseguir salir de allí y recuperar su identidad. Pues la recuperaría, ¿verdad?.

Su curador antes de irse le mostró con sus palabras su punto de vista acerca de lo que Judal comentó con anterioridad. Aquellas palabras se clavaron bien en la mente de Judal y las racionó. El chico realmente tenía razón. Si hubiera sido él quién hubiera tirado a Judal desde allí arriba no se hubiera tomado la molestia de curarle ni mucho menos, hubiera terminado su trabajo antes. Sin embargo aún quedaba algo sin resolver. Si no fue él, ¿quién fue? Quién fuera quién le tirase se pensó que moriría por aquella caída y no tendría la necesidad de bajar a comprobarlo. ¿O es al revés y ahora mismo esa persona está en su búsqueda? No tenía ni idea. También cabía la posibilidad de que se cayese solo, pero ¿quién era tan estúpido?. De cualquiera de las formas no ese esforzaría ahora por recordar, era mejor guardar fuerzas y terminar de descansar unos minutos antes de volver a partir.

Judal no respondió al mago y simplemente se limitó a mirar como su silueta iba desapareciendo entre la profundidad del bosque. Perdiéndose una vez los árboles le terminaron de taparle por completo. Aquel chico era realmente misterioso. ¿Qué hacía allí? La gente normal no suele adentrarse en un bosque tan grande si no es con un objetivo en concreto. ¿Cuál sería el suyo? Judal también tendría uno pero con la caída se perdió junto a sus recuerdos.

Cuando ya pasó el suficiente tiempo el pelinegro se puso en pie y probó a caminar con tranquilidad. Estaba mucho mejor. Aquel descanso le había servido más de lo que creía. En un principio miró en todas direcciones. ¿Por dónde coger? No podía guiarse por nada, lo único que había era vegetación y toda del mismo tipo. Además de vez en cuando se escuchaba el canto de los pájaros por varias zonas y eso le confundía aunque pareciese una tontería.

Un arbusto comenzó a moverse con intensidad y Judal miró hacia él un tanto asustado. Temía que saliese alguna peligrosa criatura. Sabía que en perfectas condiciones podría con lo que saliese pero en aquel momento no era así. Pasó unos segundos de angustia y cuándo el arbusto dejó de moverse advirtió que lo que había salido de allí era un simple conejo. Judal sopló aliviado y se calmó. ¿Por dónde coger? Era nuevamente la pregunta.

Al final se decidió por seguir la ruta que el castaño había cogido tiempo atrás. No sabía a donde se dirigió el chico pero tal vez fuese el camino hacia la salida del bosque, o a alguna cabaña dónde pudiera comer algo. La tripa le rugía de vez en cuando. Sin pensárselo más, a paso lento se adentró entre los árboles siguiendo las huellas en la tierra y los arbustos y flores aplastadas. El mago tomó una pausa cuando vio un manzano con unos apetitosos frutos en sus ramas. Tomó una y le dio un mordisco. Deliciosa. Además su fruta favorita. ¿Favorita? No se lo podía creer pero había recordado algo. Era cierto que aquella carmesí fruta era la que más le gustaba al pelinegro. El chico se alegró, podría ser un principio. Retomó el camino mientras se terminaba la manzana.

-¿Qué cojones?.-

Se dijo para sí en voz baja. No daba crédito a lo que veía ante él. A apenas un par de metros y en medio de la ruta, había un cuerpo humano con el pecho ensangrentado que formaba un enorme charco de sangre a su alrededor. Judal se acercó un poco y lo investigó sin asquearse demasiado. Tenía una gran herida en el pecho y el cuello cortado. Por la perfecta línea del cuello se podía apreciar que el arma utilizada fue un arma blanca de afilada hoja. Pero las posibilidades eran grandes, podría ser una espada, una daga o incluso una katana.
Judal se echó un poco hacia atrás y miró a su alrededor. Se preguntaba que habría hecho ese anciano y quién lo habría matado. Espera, ¿había alguien más allí?.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 18/05/15, 05:44 am

El quinto chorro de sangre del día atravesó el aire como una tenue lluvia rojiza, desprendiéndose del cuello cercenado de aquel hombre de robusto cuerpo , barba azabache y dentadura podrida. El cuerpo inerte de aquel sujeto cayó al suelo reproduciendo un grave sonido que señalaba el notorio peso de su cuerpo, desprendiendo el riego vital que circulara por su cuerpo segundos atrás y uniéndolo al del resto de cuerpos que habían caido a su lado: un total de tres más. Suspiré profundamente mientras pasaba un pañuelo por la hoja de mi espada, lanzando tan solo una mirada despectiva y desinteresada a aquellas bestias a quienes había matado de manera rápida y eficiente, tan solo rebanándoles la cabeza de un golpe. Había veces que me molestaba con este tipo de gente y hacía que su muerte fuera más lenta, pero cinco muertes en una mañana eran ya suficientes para mí, por lo que decidí acabar con estas cuatro sin complicarme mucho. En fin, ya se convertirían en presas de los animales carroñeros, o quizá fueran encontrados por alguien que quisiera darles sepultura. No la merecían, a mi parecer, pero seguro que habría algún idiota que igualmente se la otorgaría.

Ignorando a los sucios humanos pasé por el lado de sus cuerpos, caminando cerca de tres metros hacia el frente y enfrentando a un par de cuerpos más: uno de ellos inerte, el segundo tembloroso y visiblemente dolorido. No era humanos esta vez, sino ciervos: la madre ciervo, adulta, elegante y grandiosa, caída con una bala incrustada en el cráneo; el hijo ciervo con la pata atrapada por una trampa, desgarrándole la carne y casi alcanzando el hueso. El animal estaba asustado, visible y descaradamente asustado, por lo que antes de nada intenté calmarle acariciándole con ligereza y susurrándole palabras de apoyo. Seguidamente me limité a quebrar la trampa con un golpe seco, liberar su pata y finalmente curarla con mis habilidades lumínicas. La herida desapareció en un instante y el animal se puso en pie, pero no hizo otra cosa que rondar alrededor del cuerpo de su madre al tiempo que reproducía un sonido triste, lastimero.

-Lo sé, pequeño... lo sé. Pero ya no podemos hacer nada.-le decía mientras acariciaba su cabeza, intentando darle ánimo y fuerzas para seguir adelante.

En cuanto al animal muerto, me limité a prepararle una tumba dentro de mis posibilidades. No tenía herramientas para cavar ni tampoco las fuerzas necesarias, pero al menos pude reproducir un intento de tumba que ocultaba su cuerpo por completo, haciendo que pasara a formar parte de la propia tierra. Frente a la tumba improvisada me limité a dar dos palmadas, inclinándome hacia el frente levemente y después volviendo a alzarme. tras lo que di la espalda al animal muerto y al vivo, alejándome paso a paso de su posición. El superviviente, sin embargo, no quedó mucho tiempo alrededor de la tumba, sino que aun reproduciendo su lastimero llanto se acercó hasta mí y decidió caminar a mi lado. Volví a acariciarle con levedad en la cabeza, lo que hizo que se pegara aun más a mí e incluso que tocara mi gesto con su morro.

Caminamos por varios minutos, quizá media hora, volviendo sobre mis pasos y de nuevo recorriendo el mismo camino que había seguido hasta alcanzar a los cazadores furtivos. No había señales de aquel chico, por lo que supuse que finalmente se había ido por su propia cuenta... o eso habría deseado. Siempre con mi nuevo amigo al lado seguí retrocediendo, llegando al cabo de un par de minutos al lugar en el que había quedado mi primera víctima, y encontrando frente a esta, colocado de cuclillas y observándola con interés, al cuerpo de ese mismo joven a quien había curado antes. Le observé por segundos, sin reproducir temor o sorpresa alguna en mi mirada, y al cabo de un instante me limité a hacer notar mi presencia diciendo con voz neutra:

-Su nombre era Jason, Jason Vorges. Asesino, violador, torturador y ladrón. Llevaba más de diez años en libertad desde su primer asesinato, las autoridades nunca pudieron capturarle, y aunque lo hiciera no tenían pruebas de sus delitos.-empecé a caminar hacia el frente, con tranquilidad, rítmicamente- Hay pecadores que la sociedad no puede capturar, o solo no quiere hacerlo. Es por eso que a veces tiene que haber una persona que se limite a hacer justicia y hacerles pagar por aquello que hicieron.-una vez al lado del chico, con el ciervo a mi otro costado, le dirigí una mirada indiferente y simplemente anuncié:- Es mejor que olvides que has visto eso, sera más fácil para ti no cuestionarte si es lícito o no matar de esa forma. De cualquier modo, es el camino que yo he elegido seguir, y ya no tengo la opción de renunciar a ello.-sin añadir más palabras, simplemente seguí caminando hacia delante, dejando atrás tanto el cuerpo inerte como el probablemente confuso peliazabache, clavando mi mirada en el destino y avanzando hasta que pudiera ser capaz de encontrar las escasas luces del atardecer.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 21/05/15, 10:43 am

Los ruidos que escuchó no hicieron equivocar su intuición. Frente a él, a un par de metros y de entre los árboles llegó una figura humana, una silueta que cuando dejó que la luz pudiera iluminarle el mago pudo identificar cómo Kakugo. El chico que anteriormente le había salvado y ayudado a pesar de la poca confianza del pelinegro. Éste caminó hacia él sin pararse mientras hablaba al tiempo que le seguía un ciervo aún no adulto, Judal se fijó en que el ciervo tenía una pata herida y por lo tanto no caminaba del todo correcto.

El pelinegro escuchó con atención todo lo que le decía el mago. Y a medida que las palabras salían de la boca del joven y llegaban a oídos de Judal, sus ojos se iban abriendo de par en par cada vez más ante la sorpresa. Al parecer aquel hombre no fue una persona muy "humanizada" y el horroroso crimen cometido sobre su cuerpo fue cosa del castaño. Judal no tenía palabras, no sabía qué pensar ni qué opinar de aquello, aunque dado que no recordaba nada de su pasado la forma en la que pensara ahora no sería la suya propia.

Sin decir nada se levantó del todo y miró una última vez al inerte cuerpo que yacía ante él para luego seguir con la mirada los pasos del asesino, el cuál le daba ya la espalda y seguía caminando hacia delante sin siquiera limitarse a devolverle la mirada a Judal.

-¡AHÍ ESTÁ!.-

Unos gritos procedentes a unos 20 metros de distancia llegaron a la zona en la que los chicos se encontraban. Judal no entendía que pasaba pero se limitó a quedarse quieto mientras el sonido de los rápidos pasos sobre la tierra llegaba cada vez más alto. En apenas unos segundos y  ante él se encontraba ya la tropa de caballeros del Consejo Mágico, delante de ellos destacaba un hombre alto de cabellos rubios rizados y que vestía un uniforme diferente, debía de ser quién lideraba el grupo.

-Al fin nos volvemos a encontrar, Judal.- Dijo el alto cargo con voz seria mientras daba unos pasos hacia delante.-Oh, veo que tienes un acompañante, ¿quién es?.-Preguntó mirando la espalda del castaño, el cuál estaba a unos pocos de metros detrás de Judal.

El pelinegro se quedó quieto, inmovilizado. De repente como si la luz de una bombilla se encendiese llegaron a su cabeza cantidad de imágenes, nombres y palabras. Los recuerdos cruzaron su mente y volvieron a su memoria todos de golpe, era tanta información la que su nombre le dio que Judal no podía soportarla toda durante unos segundos. El joven se echó hacia adelante y agachó la cabeza, flexionando las rodillas y hundiendo su rostro en sus piernas. Su cuerpo empezó a temblar y parecía que estuviese llorando.

-¡¡¡SON TAAAAAN PATÉTICOS!!!.-

El pelinegro alzó su cuerpo de nuevo sin parar de reír, con sus típicas carcajadas infantiles e irritantes. Se llevó una mano a los ojos para quitarse las lágrimas que la risa le había provocado. En aquel momento los caballeros le miraban sin entender lo que veían.

-Siempre con vuestras normas, vuestras leyes y vuestros estúpidos uniformes.- Le dio una palmadita en el hombro al líder, éste le miró arqueando una ceja.- !Y cuándo por fin me encontráis en malas condiciones! Me devolvéis la memoria.-Volvió a reír nuevamente y dio unos cuantos pasos mientras se calmaba. Los demás le seguían con la mirada.-Dejarme deciros una cosa...-Con un elegante movimiento pasó su mano derecha por el recordado estuche de llaves que llevaba atado sobre el muslo y sacó una llave plateada con forma de serpiente.- ¡Ahora me toca a mí mover ficha!.- Sus ojos mostraron una seria mirada mientras que su boca formaba una creída sonrisa.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 23/05/15, 05:16 pm

Problemático, simplemente problemático. Esto es lo único que pienso cuando veo aparecer el grupo de soldados del consejo, quienes ahora son espectadores y testigos del cuerpo que yace inerte a los pies del pelinegro, y lo que es peor: yo estoy en medio de esa escena. Frunzo el entrecejo. No es que me avergüence de mis actos, pero ganarse una fama de asesino para el consejo siempre complica las cosas, el matar a los impuros sin llamar la atención ha sido siempre una de las prioridades de mi trabajo, y esto no va a cambiar esta vez. No puedo evitar fijarme también en el repentino cambio de personalidad y actuación del joven peliazabache. En fin, todo son problemas, problemas y nada más que eso. ¿De verdad me van a hacer ponerme serio tan pronto?

Un pequeño salto, dos pequeños saltos, tres pequeños saltos. Mi cuerpo sale disparado hacia delante cual fugaz estrella. Con un solo movimiento ya me he colocado a la espalda de Judal, desenvainando la saya con la zurda y la nodachi con la diestra, golpeando con la primera el brazo cuya mano esgrime una llave por debajo de la axila, con dureza, acechando a la más que probable rotura. No sé exactamente lo que haya pasado con este chico, pero el solo verle sacar una llave y amenazar a aquellos que tiene al frente ya demuestra que puede ser un sujeto verdaderamente impetuoso y molesto. Lo mejor es dejarle sin opciones cuanto antes. Menos de un segundo después del primer ataque simplemente me deslizo por su lado izquierdo, deslizando a su vez el filo de mi espada por la altura de la pierna desde la que le vi desenfundar la llave, cortando el recipiente de las mismas y lanzándolo al aire varios metros. Seguidamente, sin cortarme en lo más mínimo, solo trato de golpear al joven con el antebrazo de mi diestra a la altura del cuello, con la única intención de hacerle caer al suelo. En cuanto las llaves vuelven a caer simplemente las golpeo con la saya y las lanzo a volar varios metros hacia mi izquierda, perdiéndose entre la espesura de los árboles.

-Me vas a tener que explicar algunas cosas, muchacho, pero... lo primero es lo primero,

Flexionando las piernas y cargando la fuerza sobre ellas, vuelvo a salir disparado hacia delante como un rayo. Para mi fortuna la atención de todos los caballeros ha recaído sobre Judal, quien ahora está tendido en el suelo, por lo que siendo rápido y eficaz puedo acabar rápidamente con esto. Son cinco soldados... no son tantos, además. Mi primer movimiento acaba dejándome por detrás del grupo de soldados, quienes al momento de sentirme pasar intentan girarse en mi dirección... demasiado lentos. Un giro de 180 grados me permite golpear con mi larga saya el cuello de tres de los cinco caballeros, mientras hundo el mango de la espada en el estómago del cuarto de ellos -teniéndolo justo al frente-, dejando a los cuatro inconscientes en el acto. Débiles novatos, ni siquiera tienen resistencia física. El quinto de ellos, sin embargo, parece poder recuperarse a tiempo y volverse hacia mí antes de que pueda hacer nada con él. Alzando su espada empieza a arremeter contra mí intentando asestarme algún mandoble. Vaya molestia, además... sigue siendo demasiado lento. Mi espada se recubre de una blanca luz en un instante, golpeando en el acto la hoja metálica contra el suelo y desplegando un intenso fulgor capaz de cegar a aquel que me enfrenta de frente, logrando por supuesto aturdirle. Demasiado fácil. Finalmente, vuelvo a pasar a la espalda del robusto hombre y dando un nuevo giro sobre mi eje golpeo su nuca con la saya de la espada. El quinto soldado cae inconsciente al suelo. Suspiro profundamente mientras paso por encima de sus cuerpos y vuelvo a dirigirme en dirección al peliazabache:

-Y bien... ¿Vas a decirme quién eres y qué hacían ellos aquí o voy a tener que descubrirlo por mi propia cuenta?


Habilidades físicas de Kasuka:
Velocidad +120%
Fuerza: +75%
Resistencia ataques mágicos y físicos: -60%
Resistencia al cansancio: -50%
Pasivas usadas:
Nombre de la habilidad:: Kokoro no kenjustsu 2.0 (El arte de la espada del corazón) (Habilidad no mágica)
Descripción: esta técnica tiene la misma base que su precedente, pero dada la mejoría de Kasuka en el uso de la espada y la evolución de su habilidad física, también este poder alcanza un nuevo nivel más allá del básico.

Por una parte, la capacidad física de Kakugo se ve incrementada respecto a su ya destacable mejora anterior, siendo capaz de demostrar una habilidad física muy superior mientras blande una espada y enfrenta a un enemigo seriamente. El cansancio, sin embargo, también se sigue acentuando, pues aunque también va en aumento la resistencia no es capaz de seguir el mismo ritmo que el resto de las capacidades físicas. Por otra parte, aparte de las ya mencionadas mejoras, Kakugo ha desarrollado una capacidad analítica excepcional en medio del combate, siendo posible para su mente también trabajar a velocidades sobrehumanas y analizar cada movimiento o cualquier tipo de cambio en el cuerpo enemigo, permitiéndole no solo percibirlos sino analizarlos y darles un significado -acción-reacción-, facilitándole el trabajo de predecir los movimientos o ataques enemigos, siempre refiriendo exclusivamente al combate directo cuerpo a cuerpo.

Habilidades físicas usando la espada: +40%
Agilidad mental: +40%
Resistencia (al cansancio) usando la espada: -50%

Tipo: Pasiva
Rango: C
Duración: Indefinida.
Debilidades: cuando Kasuka combate haciendo uso de la totalidad de sus facultades exige mucho a su cuerpo, ya de por sí debilitado. Un combate muy prolongado en este estado puede acelerar su asma y hacerle sufrir un ataque en el que le falte el aire inesperadamente.


Nombre de la habilidad: Estilo de desplazamiento: Tenken: Shukuchi (Espada divina, la velocidad que mata) (Habilidad no mágica)
Descripción: esta no es una habilidad física que Kakugo haya heredado de las habilidades de los samurais, sino más bien una capacidad que él mismo ha desarrollado a modo de necesidad para suplir sus carenias. Kakugo es un luchador cuerpo a cuerpo que tiende a dejar de lado el aspecto defensivo para centrarse puramente en la ofensiva: su cuerpo es débil y dificilmente puede resistir los golpes enemigos ya sean mágicos o físicos. Sin embargo, para suplir esta carencia, el chico ha desarrollado la capacidad para no ser golpeado, una habilidad evasiva casi perfecta que al mismo tiempo le sirve como ofensiva para acercarse al enemigo y atacarle antes de que siquiera pueda ser detectado. Este es el estilo del "tenken" o "la espada divina".

El estilo en sí mismo se basa en una capacidad de aceleración instantánea combinada con una movilidad verdaderamente ligera y veloz por parte de su usuario. El cuerpo de Kakugo es muy ligero, y a pesar de esto sus músculos están desarrollados hasta la exacerbación, por lo que no es de extrañar que la combinación de estos dos factores le doten de una velocidad de movimiento y ataque de alto nivel. Esta característica se demuestra en el presente estilo. El estilo "tenken" se especializa en dos tipos diferentes de movimientos. Por una parte, en la ofensiva, se especializa en movimientos de larga distancia llevados a cabo con una aceleración instantánea y la velocidad máxima de la que dispone el usuario hasta llegar a su objetivo. Estos movimientos son directos, lo que quiere decir: casi unidireccionales; no es imposible para el usuario el cambiar de trayectoria en uno de estos largos movimientos, pero puede dar lugar a un error de cálculo en la trayectoria y, en cualquier caso, para hacerlo debería parar en seco y volver a calcular su dirección -lo que, sin embargo, no le llevaría más de un segundo-. En segunda instancia están los movimientos especializados para la evasiva: movimientos cortos, de no más de dos metros habitualmente, que también poseen las mismas características de aceleración instantánea y velocidad máxima que en el supuesto anterior, pero que ahora además poseen una capacidad de redireccionamiento del movimiento perfecta o la posibilidad de repetir estos cortos movimientos uno tras otro sin problemas.

-Velocidad de movimiento y ataque: +45%
-Resistencia a los golpes físicos y mágicos: -60%

Tipo: Pasiva
Rango: C
Duración: -
Debilidades: el uso continuo de este estilo de combate conlleva dedicar la totalidad de la importancia a la ofensiva y dejar de lado la defensa, por lo que los daños de cualquier tipo de ataques que logren acertar sobre él.


Nombre de la habilidad: Estilo de ofensiva: Tenken: kingen (Espada divina, sentencia) (Habilidad no mágica)
Descripción: Kakugo es un luchador extremadamente impetuoso, hasta el punto de convertirse en una persona temeraria. La personalidad y la ideología del joven influencian no solo sobre su determinación, sino incluso sobre sus capacidades físicas. Lo que quiere decir: la eficiencia en combate del muchacho, concretamente su velocidad y su fuerza, incrementa exponencialmente a su determinación y sus razones para llevar a cabo esa batalla. Cuando el combate se lleva a cabo por un tema superfluo como un mero reto a un duelo o algún tipo de entrenamiento carente de fundamento. Este es un requerimiento para que la eficiencia de esta habilidad se active en batallla, y habrá de ser justificado interpretativamente.

Ahora bien, entremos en sustancia definiendo cómo se ve este estilo de combate en miedo de la batalla. Como se ha dicho anteriormente, Kakugo es un joven temerario aunque fuerte. Suele centrar todo su potencial en el aspecto ofensivo, dejando de lado totalmente la defensa persona y, por lo tanto, demostrando un gran número de oberturas. Sus arremetidas y sus golpes pueden ser tan certeros y letales como los de un guepardo o tan veloces y repentinos como los de un ave rapaz. Difícilmente el joven retrocederá una vez se ha lanzado sobre el enemigo, atacándole desde cualquier ángulo posible y sin piedad -lo que no conlleva que desee llevarlo hasta la muerte-. Por lo tanto, como se ha de preveer, aunque es difícil acertar al joven gracias a su fugaz velocidad una vez se le acierta no es difícil causarle heridas de gravedad, más que con el resto de afectados posibles.

-Velocidad y fuerza: +35%
-Gravedad de las heridas causadas: +40% (ver debilidades)

Tipo: Pasiva
Rango: C
Duración: -
Debilidades: la gravedad de las heridas recibidas por parte del enemigo aumenta debido a la temeridad de sus ataques. Los ataques de enemigos de nivel inferior no aumentan su gravedad, la de personajes de su mismo nivel aumentan en 1 nivel de gravedad y las de nivel superior en 2 niveles de gravedad.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 24/05/15, 02:07 pm

Antes de que pudiera hacer nada el mago notó como algo se movía rápidamente tras él, aquella silueta era el castaño con dos espadas en sus manos. El chico se movía con mucha rapidez, y sin darle oportunidad a Judal de reaccionar le dio fuertemente en el brazo y le arrebató las llaves, tanto la que tenía en la mano como las demás que llevaba en el estuche. Todas cayeron a varios metros del mago. Seguidamente el pelinegro recibió un golpe menor que le hizo perder el equilibrio y parecía que iba a caer al suelo.

Por el rabillo del ojo Judal pudo ver como Kakugo salía lanzado a ocuparse de la tropa del Consejo Mágico. Podía quedarse observando como caían uno a uno pero no conocía con exactitud las intenciones del chico. Así que cuando perdió el equilibrio, mientras apretaba los dientes para aguantar el dolor del brazo, dio unos cuantos pasos antes de caer, de forma que al final cayó en la localización a la que había ido a parar la llave que tenía en la mano.

Agarró con la mano izquierda la llave y la pasó por su dolorido brazo, provocando un pequeño corte en el hombro que bañaría con unas gotas de sangre la punta de la llave. Seguidamente recitaría en voz baja:

-Ábrete, puerta de la serpiente gigante, Manda.-

Un destello a espaldas del castaño aparecería y tras éste una gigantesca serpiente de escamas moradas que rodearía con todo su cuerpo al mago para protegerle. Judal echó un vistazo a cómo iba el castaño y advirtió que aún seguía con el último soldado de los cinco que había. Aprovechó el momento, haciendo fluir su magia las llaves del estuche reaccionaron a su dueño y comenzaron a brillar todas al mismo tiempo. De forma que el pelinegro pudo ver el paradero de éstas, que era a un par de metros detrás suya, entre un arbusto. Le indicó con el dedo a su espíritu y la cola de Manda con rapidez se movió hasta el estuche, enganchándolo en su punta para luego lanzarlo hasta Judal, quién lo recibió con la mano buena. Seguidamente el espíritu volvió a enrollarse en el mago, mientras éste hacía un apaño para volver a colocarse el estuche en su muslo, dejando al menos un metro de separación con su cuerpo en todas direcciones para que éste puediera moverse si era necesario.

En aquel momento los cinco cuerpos de los soldados ya estaban en el suelo, todos muertos. Y el castaño caminaba con tranquilidad por los cuerpos, y sin variar su expresión se dirigió a Judal. La mirada del pelinegro no se podía definir como confiada ni con seguridad, qué era lo normal, sino que sabía que estaba en un apuro. Aquel chico no era normal. ¿Cuántas personas había matado en un solo día? Y a ninguna de ellas le daría seguramente tiempo para despedirse de su vida. Lo podía comprender de los asesinos como el viejo cuyo cuerpo allí seguía, pero, ¿de los soldados del Consejo? Ellos no eran torturadores ni violadores. Aunque Judal les hubiera matado de la misma forma, hablamos de una persona distinta, de un supuesto "justiciero".

Kakugo se dirigió a Judal con una pregunta muy concreta. El pelinegro se tomó su tiempo para abrir la boca y se limitó a apretarse el brazo en el que había recibido el fuerte golpe sin quitar su mirada de los ojos del castaño. Su espíritu aún rodeando a Judal estaba aún más alerta que el mago, tampoco se movía, siseaba de vez en cuando sacando su larga lengua de reptil. Aunque aquel espíritu era de los más fuertes del mago, de los mas veloces y más destructores, el mago no se sentía protegido del todo.

-Podría limitarme a engañarte...podría improvisar e inventarme una historia, una historia que según pudiera intuir que te agradara.....-se tomó una pausa para respirar hondo.- Sin embargo no lo haré...Sigo sin comprender bien tu sentido de la justicia, sigo sin saber tus intenciones, pero responderé con sinceridad a tu pregunta.-Judal comenzó a tranquilizarse y alzó su brazo para acariciar con suavidad la cabeza de su espíritu mientras se preparaba para contar algo que nunca antes había contado a nadie.- Me crié en una familia adinerada y dedicada al negocio. Mis padres casi nunca estaban por casa y rara vez los veía, sin embargo tenía a alguien que me daba todo el cariño necesario de una madre, su nombre era Rose.- una pequeña lágrima estuvo a punto de aparecer en los ojos de Judal, pero éste enseguida se pasó la mano para no mostrar ningún tipo de debilidad.- Ella lo fue todo para mi en mi niñez. Pero un día Rose se entrometió en los asuntos de negocio de mis padres. No eran negocios legales y se dedicaban a la venta masiva de droga, armas y artilugios retirados de la venta al público por la razón que sea. Rose quiso llevarlos ante la justicia...Pero no acabó bien...Mi padre junto a unos de sus hombres la llevaron el día de Navidad ante mí, y para demostrarme lo que ocurría si me entrometía como hizo ella,....la asesinaron delante de mis propios ojos.- El mago hizo otra pausa y respiró con profundidad nuevamente.- Aquella misma noche decidí vengarme, decidí "tomarme la justicia por mi parte", tal como tú dices, y asesiné a mis padres por quitarme lo que más quería. ¡SÍ!, los maté y...¡DISFRUTÉ VIENDO COMO MI VENGANZA SE CUMPLÍA!.- Aquellos recuerdos que creía olvidados provocaban que se alterara, sin embargo el pelinegro consciente de su actitud procuró calmarse.- Tras aquello permanecí con mis sirvientes durante unos meses. Sin embargo, un inesperado día el Consejo Mágico se presentó ante las puertas de mi casa y los mató a todos, a todos....excepto a mí. ¿Y por qué hicieron eso? Por el asesinato de mis padres...No importó nada la razón que tuviera, no importó nada cuando incluso mataron a todo el personal por tal de llegar hasta mí...Sin embargo yo conseguí escapar, conseguí huir y esconderme, aunque me pusieron en busca y captura. Incluso ofrecían una recompensa por mi cabeza, y no era más que un niño....-El pelinegro alzó la mirada al cielo y luego la devolvió al castaño.- Los años pasaron y yo creía que se olvidarían de mí, creí que ya lo habían dado por imposible y que jamás me encontrarían...Lo creí hasta el día de hoy.- Aquella fue toda la historia del pelinegro que respondería a la pregunta de Kakugo.- Y el resto ya lo conoces....- Judal ladeó la cabeza y llevó la mano a su costado. No sabía que haría el castaño ahora, pero debía estar preparado para todo lo que pudiera venir a continuación. ¿Qué diría el justiciero?. ¿Qué le respondería?.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 07/06/15, 02:14 pm

Habilidades físicas de Kasuka:
Velocidad +170%
Fuerza: +75%
Resistencia ataques mágicos y físicos: -60%
Capacidad de corte: +50%
Resistencia al cansancio: -50%
Agilidad: -100%
Nuevas técnicas en uso:
Nombre de la habilidad: Samurai no Battoujutsu (El arte de desenvainar del samurai) (Habilidad no mágica)
Descripción: Las habilidades de los samurais como espadachines son bien conocidas a lo largo y ancho del mundo, y entre la gran diversidad de capacidades que estos guerreros pueden desarrollar se encuentra aquella llamada "el battojutsu". El Battojutsu es el arte utilizado por los samurais como medio para tomar la iniciativa en una batalla: la capacidad para prepararse para un combate y, a la hora de desenvainar su espada, hacerlo a una velocidad y con una potencia de un altísimo nivel, casi invisible para la vista del oponente -dependiendo del nivel de este-. En eso se basa esta técnica, precisamente. Es una técnica de iniciativa que potencia la capacidad física de Kakugo al desenvainar su espada y llevar a cabo un primer ataque contra el enemigo desde una posición estática. Esta habilidad no puede usarse cuando el joven se encuentra en constante movimiento, sino que ha de tomar una posición estable y posteriormente llevarla a cabo. La habilidad consiste de dos fases: un movimiento de extrema velocidad y la acción de desenvainar la espada en ese mismo movimiento. Ambas etapas reciben una mejora en la fuerza y la velocidad tanto de movimiento como ataque, tan solo aplicable en esa aislada ofensiva y no después de que la misma haya finalizado. Cabe mencionar que este movimiento es unidireccional y que dada la agresividad y la fuerza del mismo el usuario no es capaz de moverse o evadir ataques ajenos más allá de lo que pueda ofrecerle un rápido movimiento rectilíneo.

Velocidad de ataque y movimiento +50%
Agilidad -100%

Tipo: Activa
Rango: C
Duración: Instantánea, 3 turnos de recarga, tres usos por combate.
Debilidades: el usuario ha de llevar a cabo la técnica desde una posición estable, lo que puede convertirle en un fácil objetivo en ese instante concreto. Por otra parte, la carencia de movilidad mientras lleva a cabo el ataque -a pesar de que este se lleva a cabo en menos de un segundo- podría ser una contra si alguien logra alcanzar su velocidad y responder a ella antes de que Kasuka pueda recomponerse. Los magos de rango superior podrán ver con mayor claridad este movimiento.


Nombre de la habilidad: Junketsu no ken 2.0 (Espada de la pureza)
Especialización: Elemental
Descripción: de nuevo, el incremento del poder mágico permite que esta habilidad llegue a su siguiente nivel. La luz emanada del cuerpo de Kasuka y aplicada a cualquier parte de este -o por defecto, que es lo habitual, a su espada-, se torna de un brillante color blanquecino más sutil y puro, pero al mismo tiempo más intenso y poderoso.

La capacidad de corte de esta espada incrementa aun más y le permite empezar a atravesar metales con gran facilidad dada la alta temperatura a la que se encuentra la hoja, además de causar quemaduras de tercer y cuarto grados a aquellas personas sobre las que impacte. Por otra parte, el fogonazo de luz surgido con cada golpe se vuelve mucho más intenso y dificulta la tarea de recobrarse de él, prolongándose la ceguera por unos segundos más. Además, ahora la acumulación de la luz sobre el arma permite alargar el filo de la misma hasta un máximo de un metro y medio más allá de la longitud original (1 metro y 70 centímetros) -este filo extra estará, evidentemente, formado por la energía mágica del usuario, no se alarga el metal de la espada-.

Capacidad de corte: +50%
Ceguera al enemigo: 60% (quedará ciego durante todo un turno después de ser afectado por la habilidad), en caso de llevar gafas de sol o algún objeto que tape sus ojos: 30%,

Tipo: Activa
Rango: C
Duración: 3 turnos de duración, 3 turnos de recarga, 2 usos por combate.
Debilidades: esta habilidad es inútil contra enemigos que Kasuka no considere como enemigos. La luz que rodea el arma se trata de una luz con atributo de "pureza", lo que significa que solo puede herir aquello que el propio usuario de la técnica valore como "impuro" o "malvado". No es un poder que pueda usarse contra aliados o en simples enfrentamientos de entrenamiento.


Nombre de la habilidad: Shinjitsu no shiru (El sello de la verdad)
Especialización: Elemental
Descripción: Cuarta habilidad de sello. Esta habilidad difiere también de las dos primeras, no siendo de aplicación sobre aliados -para ayudarles o protegerles-, sino sobre enemigos -para reprimirles-. Este será el kanji en esta ocasión, el cual habrá de ser colocado sobre el pecho del objetivo -puede atravesar prendas de tela, pero no armaduras de metal-: "誠", el cual podemos traducir como el principio de "la sinceridad absoluta" que recoge el bushido.

A partir de aquí el efecto y la realización difieren y a la vez se asemejan al sello anterior: las partículas de luz pasan a través de la ropa y entran al cuerpo enemigo a partir de los poros de la piel, llegando en cuestión de un solo instante al corazón enemigo. Una vez en esta ubicación se convierten en pequeñas cadenas blancas que se enrollan alrededor de este órgano, manteniéndolo en principio bajo ninguna presión. Una vez hecho esto, el usuario de esta técnica puede llevar a cabo tantas preguntas como desee. A cada pregunta, si el interrogado responde con sinceridad mantendrá un constante ritmo cardíaco, mientras que al mentir este se acentuará y esto podrá ser detectado por la cadena que lo rodea, momento en el que esta se ceñirá sobre él y podrá llegar a oprimirlo con fuerza suficiente como para matar al afectado por esta técnica. En definitiva, esta es la función de la habilidad: "un detector de mentiras". Kakugo no puede oprimir la cadena por sí solo, sino que esta actuará bajo su propio designio y tan solo se ceñirá de haber detectado mentira alguna. En el caso de recibir tan solo verdades, acabará desapareciendo, al igual que las anteriores habilidades, al tercer turno de su activación.

Tipo: Activa
Rango: D
Duración: 2 turnos de duración, 1 uso por tema.
Debilidades: como ya se ha dicho, Kakugo no tiene control de la técnica, por lo que él no decide si el enemigo vive o muere, sino que lo hace el propio afectado por la habilidad. Por otra parte, esta técnica requiere que la energía mágica del usuario invada el sistema enemigo, lo que obviamente despertará un rechazo por parte de este. Por esta razón, la habilidad solo surtirá efecto cuando el enemigo sea notablemente más débil que el usuario, y para esto habrán de cumplirse dos requerimientos: 1) deberá ser un rango -como mínimo- más bajo que el usuario de la técnica; 2) habrá de tener, por lo menos, 20 niveles menos que el usuario de la técnica, si no la invasión de energía mágica al organismo puede ser bloqueada. Si cualquiera de las dos condiciones, no solo una de ellas, no se cumple, la técnica no será efectiva. Por otra parte, cabe añadir que Kasuka requiere de una concentración total para llevar a cabo esta técnica, ante la más mínima intromisión ajena (no proveniente de él o de aquel que tiene al frente) la técnica forzará su desactivación.
Requisito extra: solo se podrá llevar a cabo esta técnica a modo interpretativo, con previo consentimiento del usuario del personaje afectado.

El solo hecho de empezarle escuchar a hablar me resulta irritante. Enarco una ceja ante la altanería de sus palabras y, sin embargo, logro retener por el momento la rabia y la molestia. Sin embargo, toda paciencia tiene un límite. El hecho de escucharle empezar a narrarme la historia de su vida, aun a grandes rasgos, me hace enarcar una ceja y mirarle con un gesto que parece preguntarle: "¿Va esto en serio?". Suspiro profundamente, solo escuchando cada palabra que sale de sus labios y esperando pacientemente, analizando sus vivencias y entendiendo lo que quiere transmitirme con ellas. Solo es la historia de un pobre niño que se manchó las manos por dramáticas razones, nada especialmente diferente de lo que se trata mis propios antecedentes. Sin embargo, eso no es lo que me preocupa, lo que verdaderamente me preocupa son las malas vibraciones que he sentido al ver al joven reaccionar de forma tan dramática y ofensiva hace unos segundos, como si fuera capaz de matar sin titubear a aquellos que yacen ahora inconscientes en el suelo. Esos no eran los sentimientos de alguien que mata por justicia, por bondad, sino los de alguien que se ha acostumbrado a la muerte hasta hacerla formar parte de su vida. Nada más.

En cuanto las palabras del chico llegan a su fin, mi ofensiva da su inicio. Con un solo movimiento instantáneo, forzando mi velocidad original más allá de sus límites, atravieso la escasa distancia que nos separa como un espectro invisible. Tal es la velocidad y la fuerza de mi estocada que, con el arma envuelta en su característica luz blanquecina, pura y abrasadora, con una sola estocada intento atravesar centímetro a centímetro las vastas paredes de piel y carne que conforma la gigantesca serpiente, solo quebrando el insípido muro y llegando hasta la posición del muchacho, colocándole la punta de la abrasadora espada en el cuello.

-No te muevas ni un solo centímetro.

Sujetando el arma aun con la diestra y sin separarla del cuello de él, mi zurda se despega del mango y se dirige al segundo hacia el pecho del muchacho de oscura cabellera, rozando apenas a la altura del corazón y... dejando en el acto una pequeña luz blanca en el mismo, la cual en cuestión de un segundo se limitó a atravesar las prendas vestidas por el chico y atravesar su propia piel para adentrarse sin piedad hasta alcanzar el órgano principal del cuerpo humano, rodeándolo y oprimiéndolo en un segundo con pequeñas cadenas hechas de pura energía lumínica. Mi gélida mirada, con un gesto impenentrable y despiadado, se clava directamente en los ojos del joven, asegurándome de que escuche las siguientes palabras:

-Ahora te voy a hacer dos preguntas. Tienes que responder sinceramente a ambas, en el caso en que mientas morirás. No es una amenaza, es un hecho, tenlo en cuenta. Tampoco valen evasivas o respuestas a medias.-me alejo ligeramente del muchacho, sin despegar aun mi solemne mirada de él- Pregunta número uno: ¿Eres miembro de algún gremio oscuro?-la pregunta más evidente, sin embargo su respuesta no quería decir nada, lo verdaderamente importante... era la pregunta número dos- Pregunta número dos: ¿Has matado a algún inocente a sabiendas de que lo era?

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 10/06/15, 11:50 am

Tras las palabras de Judal, tras todo lo que había contado, tras su historia, el castaño se movió enseguida. Ni siquiera se tomó un tiempo para observar al pelinegro y pensar sobre lo que había dicho, sino que al instante se precipitó con su arma en mano y a una velocidad increíble hacia su posición. Manda intentó reaccionar pero su velocidad no era comparable a la del chico, por lo que la luminosa espada del mago atravesó su cuerpo, provocando que el espíritu desapareciera al instante dejando un brillo tras de sí. No había muerto, los espíritus celestiales eran inmortales en lo que a daño físico refiere, pero cuando les causaban un ataque cómo ese, era irremediable que volviesen al mundo al que pertenecen.

Kakugo seguidamente colocó la espada sobre el cuello de Judal, el pelinegro no le quitó los ojos de encima y alzó un poco el cuello para tragar saliva, aquel movimiento provocó que la espada se hundiera en su piel y unas gotas de sangre salieran dónde estaba colocada la hoja. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Iba a acabar con él?. Su pregunta fue respondida al segundo. El castaño llevó su otra mano al pecho de Judal y una luz blanca surgió de ésta para adentrarse en su cuerpo, aquello no le dolía, pero si podía notar como algo recorría su interior hasta llegar a su corazón, dónde sí pudo sentir algo de dolor. Notó como algo que desconocía se envolvía en su órgano vital. A continuación el castaño se alejó un poco y abrió su boca para informar al mago de lo que había hecho, después le lanzó dos preguntas sin quitarle el ojo de encima.

Judal se tomó su tiempo, tenía que asimilar lo que estaba sucediendo y analizar la situación que no estaba a su favor para nada. Aquel chico, hasta el día de hoy desconocido, había acabado sin esfuerzo alguno con su espíritu más poderoso, dejando al pelinegro totalmente indefenso. Sus habilidades físicas eran increíbles y Judal a pesar de todo el ego que tenía acabó aceptando que no tenía ninguna oportunidad contra él, su vida dependía totalmente de las acciones de aquel misterioso mago con el que nunca se debió de haber cruzado.

Sin embargo no quiso hacer notar ninguno de los sentimientos que por dentro le comían, no mostró ninguna expresión de miedo o pánico, sabía como enmascarar su interior con una usual sonrisa. Sí, sonrió, y además con desprecio. Incluso en situaciones así podía mantenerse en pie y plantar cara, aunque por dentro fuera todo lo contrario.

-Sí.- Respondió con sinceridad y sin dudar a la primera pregunta. Si aquel joven quería matarle lo haría, ¿que necesidad tenía de arriesgarse a mentir? Después de todo Judal tampoco negaría aquella pregunta, estaba acostumbrado a lo que era. Para la segunda pregunta se tomó unos segundos, unos segundos de los que tampoco quitó la mirada del castaño.- ¿Qué entiendes por inocente? Porque si por inocente entiendes corruptos, jefes de empresas que juegan sucio con sus rivales, usurpadores o suplantadores...entonces sí. ¿Qué creías? ¿Qué era un sucio mago de gremio ilegal que mata hombres honrados y viola niñas?.-Su mirada siguió constante, esperaba reacción por parte del otro chico, pero enseguida se apresuró a soltar más palabras.- Sin embargo, si por mi propio bien es, no dudaré en matar ni un instante, sea quien sea. ¿Acaso en estos tiempos no se trata de sobrevivir?.- Sinceró. Si realmente lo que le había colocado en el corazón hacía lo que decía, no mentiría para "suicidarse". Todo lo demás quedaba ahora a la decisión de Kakugo.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 26/06/15, 05:08 am

Suficiente. Es suficiente para mí. La hoja de mi espada penetra ligeramente en el cuello del peliazabache, haciendo que más de un hilo de sangre se deslice por el mismo. De verdad que este sujeto me está resultando insoportable, irritante, molesto, despreciable, vomitivo. No es solo que pueda sentir la maldad y su carencia de moralidad por cada uno de sus poros, escuchándole hablar con total indiferencia de temas como aquellos que trata, sino que su forma de expresarse e intentar engañarme o maquillar su respuesta es totalmente irritante.

Mis ojos se entrecierran, mis manos se ciernen sobre la espada con más fuerza, y siento que a cada momento que pasa tengo más ganas de arrebatarle su vida. No es un deseo caprichoso, nada de lo que tenga que arrepentirme, sino... un solo esotrbo más, una más de esas escorias. ¿Matar a corruptos, asesinos y violadores? Algunos de ellos sin duda lo merecerían, pero algien que es capaz de matar por su propio bien... es incapaz de entender esto.

-Suficiente.-mi espada se retira de su cuello en un instante, lo que seguro le da unos segundos para respirar con tranquilidad, pero al instante siguiente aquel filo puntiagudo se coloca en el acto a la altura del corazón de él, atravesando el pecho con facilidad aun sin llegar a tocar el coraón por el momento; esa es la sentencia definitiva- La vida humana no es algo que deba tomarse por el bien propio, si actúas por ti mismo y para tu propio beneficio, no eres mas que un asesino sin escrúpulos.-pronuncio estas palabras en tono bajo, oscuro, pétreo, entrecerrando los ojos y apretando con fuera el agarre del mango de la espada- Si estás preparado para matar por eso... aunque sea a inocentes... en ese caso deberías estar preparado también para morir por tus propias acciones.-la espada se hunde en el pecho un poco más, mientras mi gélida mirada solo se baña en la desesperación y la oscuridad de los ojos ajenos, sin inmutarse en lo más mínimo, y acaba anunciando:- Buenas noches, asesino, espero que recibas de vuelta aquello que ofreciste al mundo allá donde vayas a arar.-y el último movimiento de mi arma atraviesa definitivamente el vital órgano.

La resistencia es nímia, nada que pueda detener la fuerza de mi avance, por lo que soy capaz de sentir perfectamente la sensación del arma atravesando el corazón, al tiempo que observo fijamente como la sangre brota de la boja del oscuro sujeto. Sin arrepentimientos, sin dudas, frívolo, absoluto, con la total conciencia de que aquello que hago no tiene vuelta atrás, que la desaparición de una pequeña parte de toda la escoria de este mundo no es algo de lo que me tenga que arrepentir. Por eso lo hago sin remordimientos, pero al mismo tiempo siento como la carga de una vida más ocupa su lugar correspondiente a mi espalda: un nuevo pecado, un nuevo acto en que la vida me maldice y jura otorgarme el más insufrible de los tratos una vez la mía haya acabado. Sin que me importe. Este es mi camino, esta es la determinación que yo y solo yo he tomado.

Retiro la espada del lugar donde fue clavada, retrocediendo un par de pasos y limpiado el filo con un blanco pañuelo sacado de mi bolsillo antes de volver a envainarla. Seguidamente, solo alzo el gesto y observo a mi víctima una vez más antes de salir del sangriento escenario.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 26/06/15, 05:08 pm

El castaño no pareció tomarse muy bien la respuesta de Judal a sus preguntas. El mago lo pudo notar por como apretó la hoja de la afilada arma contra su cuello, provocando un corte superficial mayor del que la sangre comenzó a fluir lentamente. El estómago del pelinegro comenzó a revolverse, y éste trago saliva e intentó respirar hondo para aliviarse. No tenía escapatoria y ya lo único que se esperaba era lo peor. No podía hacer nada contra aquel mago, no podía hacerle frente. Se podría decir que tuvo la mala suerte de encontrarse con él y no con otro que se limitara a curarle de su caída y marcharse sin problema alguno, pero no fue así, tuvo que encontrarse de nuevo con él y que el odio hacia la autoridad le consumiera para llamar su atención y que éste dudara de sus intenciones. ¿Por qué había sido tan estúpido? ¿Por qué había tenido que enloquecer por unos míseros caballeros del consejo? Hubiera sido mucho más fácil seguir fingiendo amnesia y que el castaño se ocupara de ellos, tal vez hubiera salido mejor aquella jugada. Pero la situación seguía siendo la misma: entre la espada y la pared.

Por un momento el mago apartó la espada del cuello del pelinegro, y éste respiró profundamente, aliviado por liberarse de la presión del arma. A continuación fue a mirarle a los ojos pero antes de que pudiera encontrar su mirada, sintió como el filo del arma entraba por su pecho y lo atravesaba. Esta vez no era como aquella luz que usó anteriormente, no. Este vez lo había atravesado de verdad. Enseguida la mirada de Judal se tornó apagada y agachó la cabeza, al tiempo que la sangre comenzaba a fluir por su herida comenzó a escupir sangre por la boca, se estaba desangrando pero aún seguía vivo. El castaño estuvo diciéndole unas últimas palabras antes de arrebatarle la vida, pero Judal no escuchó nada. Se encontraba retorciéndose de dolor pero sin moverse demasiado, siguió escupiendo sangre y sufriendo hasta que al fin la hoja de la espada entró más adentro y atravesó su corazón. En aquel momento no sintió nada, para él todo había acabado. Tuvo la sensación de que el tiempo a su alrededor había quedado congelado, de igual forma sus cinco sentidos comenzaron a perderse y a desaparecer, hasta que finalmente su cuerpo cayó al suelo, derrumbado, acabado, desorientado, sin vida.

De golpe el cuerpo de Judal se elevó en el aire, todo envuelto en sangre. Se quedó levitando con todas las extremidades caídas, y aunque se podía ver claramente que estaba muerto, sus apagados ojos comenzaron a emitir una luz roja y de repente la cabeza del mago se alzó en el aire levantando la mirada hacia el castaño. Sus labios formaron una sonrisa malévola, tan malévola y psicópata que era impropia del verdadero Judal. Entonces su boca habló:

-T-te pudrirás en el infierno, Kasuka.- El poseído cuerpo comenzó a reír y una niebla al mismo tiempo hizo aparición e inundó el lugar. Dando un tono más oscuro a aquel bosque, asemejándolo a los bosques de cuentos de terror.- Será mejor que vayas alargando tu vida lo máximo posible, porque será mía en cuanto tu alma cruce al otro lado. Recuerda el nombre de tu futuro amo, Zeref.- El supuesto Judal comenzó a reír de nuevo a carcajadas y cuando las risas finalizaron la cabeza volvió a caer agachada, inerte de nuevo. Del cuerpo comenzaron a fluir sombras, rostros espectrales y montón de oscuridad que era liberada al exterior. Todo comenzó a nublarse de negro y lo peor eran los susurros, aquellas sombras hablaban y susurraban por todas partes. Sus habladurías venían de todas direcciones. Todas aquellas voces, unas sobre otras, parecía eterno. Hasta que todo acabó. El cuerpo volvió a caer sobre la hierba y toda aquella oscuridad y niebla desapareció al instante, por una desconocida razón. El cuerpo de Judal comenzó a deshacerse y desintegrarse, consumiéndose por sí mismo y desapareciendo sin dejar rastro. Aquel fue el final del mago oscuro, un mago que jamás regresaría de entre los muertos.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Kakugo Kasuka el 21/07/15, 05:17 am

La apatía que experimenta mi corazón mientras la vida del peliazabache fluye a través de mis manos, en forma de líquido carmesí desprendido en amplias cantidades, me recuerda una vez más hasta qué punto he perdido la humanidad y el sentimiento de sentirme culpable al arrebatar la vida de alguien, aunque sea un villano pecador. El sufrimiento reflejado en su gesto, los últimos alientos de su vida y su forma de usarlos en forma de meros impulsos y convulsiones.

Frunzo el entrecejo mientras espero que la vida ajena desaparezca lo más pronto posible, pero no parece dispuesta a hacerlo con tamaña facilidad, pues la prolongación de su existencia en este mundo prosigue por más tiempo del que estaba esperando, y desencadena lo que pudiera parecer la escena de un macabro filme de terror, donde los demonios y los espectros dejan el plano astral para adentrarse en las tierras de lo verdadero, de la realidad, de lo humano.

El simple hecho de ver como el sujeto se empieza a levantar desde el suelo me insta a volver a empuñar mi espada, flexionando mis piernas y apuntando con la punta de la misma en dirección a su cabeza. Banas palabras sin significado alguno salen de sus cuerdas vocales, como el hechizo necromántico salido de los tenebrosos libros de magia negra, maldiciendo y prometiendo mala fortuna y penosa vida para aquel que ha desatado el caos y ha liberado a la bestia encadenada.

Chasqueo la lengua ligeramente, tensando mis músculos y preparándome para acabar con todo de una vez por todas. Sus palabras no me asustan, ni siquiera me hacen sentir duda alguna, solo me hacen desear acabar con él más pronto... rápido... eficaz. En el momento en que mi cuerpo está a punto de lanzarse en su dirección para acabar el trabajo rebanando su cabeza, la figura del oscuro mago se deshace en nada más que sombras y sustancia ectoplásmica.

Esto sí que logra pillarme por sorpresa, instándome a dar un gran salto hacia atrás, poniéndome en guardia y previniendo la avalancha de sombras y energía oscura. Raudo como me es posible me incorporo, bajando la espada, irguiendo mi cuerpo y adelantando mi zurda hacia el frente. Todo mi cuerpo empieza a desprender una intensa energía lumínica que todo lo que hace es exterminar toda aquella oscuridad que intenta pasar a través de ella en mi dirección, devolviéndola al plano de la inexistencia y librándome de todo achaque o peligro de posesión.

Un espectáculo macabro, sin lugar a dudas, pero no por eso voy a dejar que me lleve consigo. La luz no desaparece ni mengua en lo más mínimo hasta el momento en que siento como cada resquicio de oscuridad ha desaparecido del ambiente, quedando mi existencia libre de peligros y volviendo a mirar a mi alrededor para analizar la situación en la que ha quedado el entorno. Espero que el tenebroso espectáculo no traiga grandes problemas consigo, si no tendré que volver a ponerme serio y acabar con todos ellos despiadadamente.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

Mensaje por Invitado el 03/08/15, 11:15 am

Toda la oscuridad que consumió el inerte cuerpo del mago rodeó las zona varias veces como si buscara una presa. Sumergió de nuevo todo en su interior y por un momento el bosque entero se vio inundado en la oscuridad absoluta, cómo si de una habitación completamente aislada del exterior sin luz se tratase. Una oscuridad capaz de crear un miedo superior al convencional, un temor horripilante y una verdadera pesadilla. Los susurros comenzaron de nuevo, por todas partes, en todas direcciones. Las voces hablaban y maldecían sin objetivo concreto. La masa oscura seguía extendiéndose y poco a poco avanzaba engullendo todo a su paso.

Todo lo que pudo hasta que de golpe una luz se iluminó dónde antes habría estado el cuerpo del mago celestial. Una pequeña luz que comenzó a elevarse y cuando al fin se pudo identificar se pudo apreciar que se trataba de una llave celestial plateada con unas alas envueltas en llamas del mismo plateado en los laterales. La llave emitía una considerable luz que se hacía notar bastante en aquella masa oscura. Pronto nuevas luces del mismo tamaño y forma se unieron a la llave en el aire hasta formar ocho pequeñas figuras luminosas. Las ocho llaves celestiales del difunto Judal se alinearon y formaron una circunferencia vertical en el aire. Las llaves comenzaron a moverse por las líneas circulares que ellas mismas trazaron y cada vez su velocidad aumentaba más. Al igual que su velocidad aumentaba la luz que emitía, una potente luz que comenzó a extenderse por aquella oscuridad hasta hacerla desaparecer por completo y regresar el bosque a la normalidad. Las llaves continuaron con aquel aro de luz y seguidamente en su interior se formó unas pequeñas partículas mágicas.

Las llaves celestiales disminuyeron su velocidad hasta dejar de moverse y limitarse a levitar en el aire con la misma formación, parecían tener vida propia. Las brillantes partículas mágicas del centro de la circunferencia comenzaron a aumentar de tamaño a medida que las llaves se separaban para agrandar la figura. Poco a poco aquel brillo de un considerable tamaño comenzó a optar por formar una silueta, la silueta de una figura humana que flotaba en el aire. El cuerpo comenzó a coger volumen y con el paso de los segundos se podían apreciar los rasgos faciales, los contornos de la musculatura y el cabello que se hacía ondear con la brisa del viento a la altura del cuello. Aquella figura era completamente una masa de luz, y la magia que emitía se podía notar con gran consideración. El eternano fluía por su cuerpo y poco a poco obtuvo la capacidad del movimiento, la consciencia y el alma. Cómo si los pulmones de aquel cuerpo de luz no hubieran recibido aire en siglos, la figura inspiró con fuerza y llenó su desnudo cuerpo de oxígeno. Las funciones, los aparatos y los órganos comenzaron funcionar cómo los de un ser vivo cualquiera. El último paso fue el más increíble: el cuerpo de luz comenzó a dejar de brillar y la masa unicolor pasó a dejar ver la figura humana de debajo. Lo primero fue el rostro del chico. Su tostada piel era muy diferente a la Judal, al igual que sus verdosos ojos y albino cabello que seguía en movimiento a causa del aire. Se podía decir que era completamente una versión opuesta del difunto mago. El organismo siguió mostrándose hasta que al fin, en el aire, se encontraba el tostado y desnudo cuerpo de Sharrkan. Así era como se llamaba aquel joven, aquel joven que acababa de renacer tras liberarse de la posesión del oscuro Zeref.

El cuerpo humano, sin recuerdos aún de lo que había pasado, miró curioso al joven espadachín que minutos antes lo había librado de su maldición matando a aquel impostor mago oscuro. Lo miró sin expresar sentimiento alguno, desde la lejanía. Entonces murmuró unas palabras que difícilmente podían llegar al castaño y acto seguido sus ojos se iluminaron con la misma luz que antes componía su desnuda figura. Las llaves giraron una última vez sobre el humano y al instante un pulso de luz inofensivo recorrió todo el bosque desde ellas. Segundos después el cuerpo y las llaves brillaron y desaparecieron en el aire, siendo transportadas junto al mago a dónde procedían: al Mundo Celestial.

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Re: El perseguido y el perseguidor [Priv: Judal- Kakugo]

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